webislam

Jueves 5 Diciembre 2019 | Al-Jamis 07 Rabi al-Zani 1441
552 usuarios en linea | Español · English · عربي

WebIslam.com

» Cuentos

?idt=6037

Un té

Sabe, dijo suavemente mientras ponía las hojas de té en el pote, que el maestro no está sujeto a las metáforas que utiliza.

27/10/2006 - Autor: Sufismo.org.ar - Fuente: sufismo.org.ar
  • 0me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación

reflejo
reflejo

Cierto día, una anciana, cuya fe era sincera y la ejercía a conciencia, se encontró con un derviche que erraba y, con una muestra de respeto lo invitó a compartir su alimento.

Si bien el derviche había alcanzado el dominio de su hambre, se sintió complacido con la manifestación de la fe de la anciana, que no era ostentosa ni supersticiosa, sino que provenía de un corazón sincero. Consecuentemente aceptó. Al término de la comida él le preguntó si existía algo que pudiera hacer para compensar su generosidad.

Ella rechazó que la recompenzara ya que estaba más que contenta con las bendiciones que ya tenía. Pero los derviches no son de aquellos que juzgan por la expresión exterior y el detectó en su corazón un nudo de ansiedad. Con gentileza la presionó para que se desahogara, y ella, casi contra su voluntad, se encontró contándole un problema que tenía con su hijo y al no había podido encontrarle una solución.

“Mi hijo, es de buen corazón y bastante inteligente” dijo, rompiendo a llorar- “mas está llevando una vida disoluta, tomando vino, y recuentando mujeres de vida ligera, también se entrega al juego. He hablado con él pero está convencido que, sólo cuando agote el disfrute de sus vicios y esté saciado de los placeres de este mundo, experimentará un sincero arrepentimiento, y cree que entonces, sus pecados le serán perdonados y volverá a lo bueno. Hasta cita las escrituras para apoyar su tesis. No puedo persuadirlo de su insentatez aun cuando él sostiene que me respeta e intenta ocultar sus correrías de mí”.

El derviche reflexionó un momento y con un tono cálido y tranquilizante le dijo: “En virtud de tu buena naturaleza y por la gracia de la salvación y para que tu hijo continué a respetarte veré que se puede hacer para resolver este caso. Voy a acampar allí a la vista cerca de la corriente de agua. Cuando tu hijo regrese, envíalo a que me traiga algunas hojas de té - y ahora no te preocupes más”.

La buena mujer sonrió radiante y sintió que el nudo de su ansiedad se evaporaba al influjo del sol de la mirada de ese santo hombre. A su debido tiempo el hijo volvió a su casa, todavía entonado por los abrazos del amor y un poco borracho. Su madre pidió que llevara el regalo de unas hojas de té al anciano que encontraría a la orilla del curso de agua cercano. Él asintió y enseguida llegó al lugar donde el derviche estaba sentado.

Ese venerable hombre había encendido fuego, y, suspendido de algunos troncos, había colgado un recipiente de metal en el cual el agua comenzaba a hervir. El joven hizo una pausa y se quedó observando el comportamiento del derviche - tan pronto como el agua estaba en el punto de hervir el derviche vertía algo del agua sobre el fuego encendido, el que silbaba y crepitaba, de modo que se encontraba con su vieja enemiga agua, hasta que luego se apagaba y moría. El derviche entonces permitía que el fuego continuara hasta que el agua comenzaba a calentarse otra vez. Entonces repetía el comportamiento hasta que el agua comenzaba a hervir y el fuego volvía a morir. Repitío esto varias veces. El joven tosió y el derviche se dio vuelta.

“Ah¡” – dijo, fingiendo sorpresa- “Que bueno que has traído las hojas de té”

“Siéntate y beberemos un poco de té tan pronto como hierva el agua”.

El joven se sentó y el derviche volvió a repetir el mismo comportamiento. Esta vez llegó a hacer que se extinguiera el fuego casi totalmente y permaneciera solamente una llama muy pequeña.

-¡Señor! - dijo el joven - este comportamiento es muy extraño, y si no fuera por tus canas yo lo llamaría estúpido. -¿Cómo harás que el agua hierva si continúas a apagar el fuego con el agua? Si no tienes cuidado vas a apagar el fuego totalmente y entonces, ¿cómo lo reencenderás y harás tu té?. No tendrás ni agua ni fuego. Aún cuando no lo apagues del todo. ¿Cómo harás para que el agua hierva con este método?”

El místico clavó entonces su mirada en el joven.

-“Miras este comportamiento como absurdo” le dijo con agudeza, “entonces, ¿como es que tu te guardas de apagar el fuego del arrepentimiento con el agua de tu lujuria por los placeres de este mundo?. Debes saber que el arrepentimiento es un fuego feroz que puede cocinar el alma de un hombre hasta que Dios le otorgue Su misericordia. Pero si continúas a quitar ese fuego no recibirás la cocción que necesitas, y entonces, ¿cómo la misericordia descenderá?. De hecho si persistes y vas demasiado lejos, el potencial para que ese fuego siga encendido puede un día desaparecer del todo”.

En el momento que hablaba las débiles llamas restantes del fuego se extinguieron y murieron. El joven se horrorizó y buscó la caja de fósforos cercana que resultó estar vacía. Se dío cuenta de la insentatez de su comportamiento y esta manifestación lo inundó totalmente, a través de sus raíces y ramas, y se arrojó a los pies de ese hombre sabio e hizo el voto de reformar su vida que se le mostró tan hueca e inútil como el tronco de un árbol muerto. Le rogó que lo aceptara como su humilde discípulo de ahí en más. El místico sonrió y aceptó el clamor del corazón del joven.

-“Muy bien” dijo, “entonces ahora tomemos nuestro té”

-Pero, ¿cómo será posible si el fuego está apagado y no hay más fósforos?” se lamentó el joven.

-“No preguntes al Sheij cómo”, dijo el maestro sonriendo mientras la llama comenzaba a reencenderse y a bailar feliz hasta que el vapor del agua comenzó a ascender al cielo.

-“Sabe”, dijo suavemente mientras ponía las hojas de té en el pote, “que el maestro no está sujeto a las metáforas que utiliza, pero hasta que no alcances la maestría no dejes de aprender de cada cosa que ves y oyes – y mira todo como signos de Dios”.


Anuncios
Relacionados

Deseos

Cuentos - 13/07/2004

Bailaré claqué sobre tus sombras

Artículos - 18/06/2008

El cuento de las arenas

Cuentos - 01/01/2010



Escribir comentario

Debes iniciar sesión para escribir comentarios.

Si no estás registrado puedes registrarte en un minuto.

  • Esta es la opinión de los internautas, no de Webislam
  • No están permitidos comentarios discriminatorios, injuriantes o contrarios a la ley
  • Céntrate en el tema, escribe correctamente y no escribas todo en mayúsculas
  • Eliminaremos los comentarios fuera de tema, inapropiados o ilegibles

play
play
play
play
Colabora


 

Junta Islámica - Avda. Trassierra, 52 - 14011 - Córdoba - España - Teléfono: (+34) 957 634 071

 

Junta Islámica
https://www.webislam.co/cuentos/30122-un_te.html