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La historia del águila

13/07/2001 - Autor: Izz al-Dîn al-Madani
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águila
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Tú la conoces, él la conoce, ellos conocen la verdadera historia. Es más, te estarán mintiendo si te dicen que nosotros no la conocimos, ni la conocemos, ni la conoceremos.

Yo también la conozco; más bien la conocía. Conocí a aquella vieja, incluso la reconocería en cuanto la viera. No tenía relación alguna con ellos. Pertenecían al valle al igual que yo. Sus caminos se cruzaron en otro tiempo. Ahora el valle es estrecho y está cerrado.

La vieja se sentaba junto a la verja, quiero decir la verja del jardín que ellos construyeron. El jardín medía 30 metros de largo y 20 metros de ancho, alcanzaba los 4 metros y la tierra del jardín los 50 centímetros sobre el nivel del suelo, ni uno más, ni uno menos. Colocaron alrededor de la verja unos barrotes, previamente bañados en oro, afilados como puntas de lanza que apuntaban al cielo. Una vez colocados los barrotes a lo largo de los 30 metros de largo y los 20 metros de ancho, dispusieron entre ellos una distancia de 10 centímetros, ni uno más, ni uno menos. Pero su interior no se veía, pues la puerta era de hierro macizo y quizás ni siquiera había sido construido. ¿Quién sabe?

Cuando la gente pasaba junto a la verja decían que la gigantesca construcción databa de la primera generación preislámica. -Es lo único que nos ha quedado de ellos - decían, y a continuación exclamaban: ¡Y vaya lo que nos han dejado!

Colgaron letreros en los cuatro lados de la verja, en los que se podía leer en letras cufíes : "Cuidado con el perro". Cuando el guardián del jardín murió, el perro lo sucedió en su puesto. Como había sido entrenado durante años para estar en guardia no conocía el significado de la calma. Nunca había dejado de ladrar, de moverse y de dar vueltas alrededor de la estatua que ellos habían colocado en el jardín, cuyos rasgos se asemejaban a los de Nasser Samuzaras. Renunciaron después a esta idea y destruyeron la primera estatua levantando en su lugar una segunda que representaba a Venus portando una antorcha ; pero volvieron a cambiar de ida y destruyeron la segunda estatua ; en el mismo sitio levantaron una tercera que representaba a uno de los más elocuentes poetas antiguos cuyo nombre mencionaré más tarde ; mención que, por otra parte, no tiene importancia. Él fue quien dijo : " La tierra no es sino tierra, el cielo no es más que cielo ; En el mundo se encuentran los ríos y los árboles ".

Este famoso verso, que han leído grandes y pequeños, lo memorizan ahora los estudiantes tras leerlo unas 13 veces. Lo han conservado, transmitiéndolo de generación en generación. Lo redactaron los sabios maestros en grandes volúmenes para que fuera investigado, analizado, criticado, examinado y explicado, dieron una explicación y otra explicación, y otra ; lo explicaron a la luz de las ciencias humanas, por supuesto. Claro que eran ellos quienes sostenían la vara entre las manos, mientras nosotros recibíamos sus enseñanzas.

Me pregunto que opinaba la gente. La gente se quejaba y protestaba contra estas sabias disertaciones estando en sus tiendas, en sus comercios, en los cafés, se quejaban incluso en sus proyectos aunque luego se postraban estupefactos con respeto y consideración. Mientras tanto, los estudiosos habían agotado sus fuerzas, tras noches de intenso trabajo, intentando esgrimir alguna nueva idea. Estas ideas resultaban agotadoras, especialmente cuando se deseaba obtener un nuevo examen y análisis de este elocuente verso poético, que una vez estudiado tendrían que presentar, de nuevo, a la ciencia y al mundo. Incluso se había llegado al punto de adoptar el verso como lema en varias asociaciones ; en la asociación de mujeres ; también en otra asociación cuyos miembros eran animales e incluso en una tercera, más original que las anteriores y de carácter aperturista. Lo incluyeron en sus estatutos para lo bueno y para lo malo, como garantía en un futuro próximo.

¿Qué hacen mientras los escritores? La opinión de los escritores es la que prevalece en las asociaciones de prensa y de revistas. Primero discuten a gritos, luego se emborrachan, se insultan y se vuelven a emborrachar, después se pelean y se emborrachan de nuevo.

Recientemente, uno de ellos ha obtenido un gran éxito tras descubrir un manuscrito único y singular en la biblioteca de Tarudant, situada en un lugar remoto de Marruecos. En la página 24 de dicho manuscrito se apreciaba la elisión de la Wau copulativa en el primer hemistiquio de un verso ¡Qué escándalo!

¡Cuánta cultura y cuánto conocimiento los de este sabio!

Mientras tanto otro escritor e investigador, ya encumbrado, encontró en una de las bibliotecas de Kirkuk, al norte de Iraq, otro manuscrito originalísimo en el que se demostraba que la maldita wau, la cual era la causante de las desgracias que habían sacudido al mundo..., pero esta es otra historia que, si Dios quiere, contaré a su debido tiempo.

Volviendo a la historia de la pobre vieja... los escritores siguen sitiados en su afán de resolver el problema de la wau copulativa; mientras los jóvenes, encerrados, se han quedado estancados en el problema sin conseguir aportar nuevas teorías. La gente se aburre con tanta suposición, con tantas maravillas y con tantos enfoques. Inclinan sus cabezas hasta caer dormidos.

Aquella vieja, se sentaba junto a la verja, mientras el bulldog ladraba rabiosamente. Sus ojos echaban chispas, su lengua colgaba ancha y larga, sus dientes estaban afilados como clavos. La paloma, asustada, zureaba; incluso excretó sobre la cabeza de la estatua que representaba al elocuente y mordaz poeta, cuyo nombre olvidé causándome esto gran pena. No había ni pájaros, ni mariposas, ni hibisco madurando tierno esta primavera. Las adelfas, los higos, el espliego, el clavel, las margaritas, las arcadias, las rosas salvajes, los sauces, los eucaliptos, las hayas y el arroz; los parásitos trepando lánguidamente por los barrotes. ¡Qué bello era el jardín! ¡Un momento! Si no había ni pájaro, ni mariposas, ni palomas, ni brisa, ni nada, excepto aquel perro infernal y alborotador. La gente asustada y temblorosa, pasaba cerca del jardín lo más rápido posible al tiempo que decían " Tienen una deuda pendiente con nosotros ¡Maldito seas gigante! - le gritaban a la estatua -, han decorado nuestra ciudad contigo ".

La vieja seguía sentada cercana a la verja, con las manos extendidas; y como si ella fuera ciega ve pero no ve. En la palma de su mano reposan migas de pan; viste de luto, pues mataron a su primer hijo, fue una muerte injusta. Por la mañana, desde muy temprano, extiende sus manos y como si fuera muda habla, pero no habla; pues mataron a su segundo hijo, lo fusilaron en el lugar donde se sienta ella ahora. El perro diabólico se abalanza sobre la verja, su repugnante cabeza sobresale entre los barrotes. Desgarra trozo a trozo su vieja capa, negra y raída por el tiempo; la vieja alza sus manos como si fuera una pordiosera; encarcelaron, torturaron y dejaron inválido a su tercer hijo con latas de Coca-Cola en el mismo sitio donde ella se sienta ahora. Nadie le habla y nadie la mira. La consideran basura e inmundicia. Su presencia no es nada más que una excusa. Su presencia es sospechosa. Desde la primera mañana sus manos se alzan queriendo invocar, pero no invocan. El perro, y la valla hostil, y el monumento al poeta imbécil y el sol abrasador. ¡Qué bello es el jardín!. Capturaron a su marido, todavía retumba el sonido de las balas; y como si ella fuera sorda oye pero no oye. Quizá lo único que deseaba era coger un pájaro, pues reposaban en sus manos las migajas de pan. Ya es tarde, las bandadas de pájaros se han dispersado en el séptimo cielo. El perro ladra junto a ella. Encerraron a su cuarto hijo en la casa ; lo juzgaron a puerta cerrada, sellaron la casa con celofán y dejaron salir el gas lentamente. Sólo quería un pájaro ¡Nada más! Este deseo de mujer vieja y loca le hizo decir a los compañeros de su hijo muerto: ¡Libráos de encasillamientos!. Pero ellos pensaron que era una vieja libertina y redactaron un extenso informe contra ella. Volvió la vieja a decir a sus vecinos: "Vuestras cabezas se inclinarán hasta que caigan para después ser colgadas en los barrotes de la verja ", y la lapidaron y escribieron otro informe. La vieja dijo a los profesores, compañeros de su marido: "Vuestro poeta es mediocre, y su estatua aún más mediocre". Y la golpearon con palos y volvieron a escribir sobre ella, insultándola y humillándola. Pero ella no se separaba jamás de la verja. El perro criminal, la mordió y la mordió hasta que los dientes la alcanzaron el hígado. Su presencia es sospechosa, su presencia la condena. A pesar de todo lo que le pueda suceder, sus manos siguen alzadas con sus migas de pan. El Silencio, El Silencio. Ni pájaros, ni mariposas, ni palomas, ni nada, ni sol, ni perros, ni verjas. ¡ Que bonito es el jardín!

De repente el cielo se oscurece y las bandadas de pájaros se dispersan en el séptimo cielo. En la vastedad del horizonte aparece un águila. Cae en picado sobre aquella mano extendida y la destroza, cae sobre aquellos brazos alzados y los desgarra, la hace pedazos, mientras mana la sangre picotea su cabeza. El águila, presuroso, desaparece rumbo a otra misión. Cuando cae la tarde, salen los barrenderos, recogen la basura y limpian el sitio, como si no hubiera pasado nada, como si el águila no hubiera venido nunca, como si la vieja no hubiera sido destrozada, como si sus hijos y su marido no hubieran muerto. La verja continúa en pie. El perro sigue furioso. La estatua continúa visible. La gente sigue asustada. Y el mundo está bien.

Esta es la historia del águila, aunque no en toda su extensión...

Si la vieja, después de tantos meses de espeluznantes sucesos, hubiera sabido que el águila era de plástico, el perro de goma y la verja de cartón. ¡Ay, si lo hubiera sabido!


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