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La escuela secreta de Nasreen

Una historia real de Afganistán

24/05/2015 - Autor: Jeanette Winter - Fuente: Cuentos para crecer
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La escuela secreta de nasreen: una historia real de afganistan
La escuela secreta de nasreen: una historia real de afganistan

Mi nieta, Nasreen, vive conmigo en Herat, una antigua ciudad de Afganistán. Hubo un tiempo en el que allí florecieron el arte, la música y el saber.

Entonces llegaron los soldados y todo cambió. El arte, la música y el saber desaparecieron. La ciudad se cubrió de nubes negras.

La pobre Nasreen  se quedaba en casa todo el día, porque a las niñas les estaba prohibido ir a la escuela. Los soldados talibanes no quieren que las niñas aprendan nada acerca del mundo, como su mamá y yo hicimos  cuando éramos pequeñas.

Una noche, los soldados vinieron a nuestra casa y se llevaron a mi hijo sin ninguna explicación.

Esperamos su regreso durante muchos días y muchas noches.

Al final, la mamá de Nasreen, desesperada, salió a buscarle, aun sabiendo que las mujeres y las niñas tenían prohibido salir solas a la calle.

La luna llena pasó muchas veces por nuestra ventana, y Nasreen y yo seguíamos esperando.

Nasreen nunca decía una palabra. Nunca sonreía. Sólo se quedaba sentada, esperando a que papá y mamá regresaran.

Supe que tenía que hacer algo.

Había oído hablar de una escuela – una escuela secreta para niñas detrás de una puerta verde en una calle cercana. Yo quería que Nasreen fuera a esa escuela secreta. Quería que aprendiera sobre el mundo, como yo había hecho. Quería que volviera a hablar.

Así que un día, Nasreen y yo nos apresuramos por las calles hasta que llegamos a la puerta verde.

Por suerte, no nos vio ningún soldado.

Llamé con suavidad.

La maestra abrió la puerta y entramos rápidamente.

Cruzamos el patio hacia  la escuela, una habitación llena de niñas en una casa particular.

Nasreen se sentó al fondo de la estancia. Allah, por favor, haz que abra sus ojos al mundo, recé mientras la dejaba allí.

Nasreen no hablaba con las otras niñas. No hablaba con la maestra. En casa permanecía en silencio.

Me preocupaba que los soldados descubrieran la escuela.  Pero las niñas eran listas. Entraban y salían  a distintas horas para no despertar sospechas.  Y los niños, cuando veían a los soldados cerca de la puerta verde, los distraían.

Oí que un soldado un día aporreó la puerta exigiendo entrar. Pero todo lo que encontró fue una habitación llena de niñas que leían al Corán, lo que sí estaba permitido. Las niñas habían escondido sus deberes, y habían engañado al soldado.

Una de las niñas, Mina, se sentaba al lado de Nasreen todos los días. Pero nunca hablaban entre ellas. Mientras las niñas aprendían, Nasreen permanecía encerrada en sí misma.

Yo estaba muy preocupada.

Cuando la escuela cerró por el largo descanso invernal, Nasreen y yo nos sentábamos junto al fuego.

Los parientes nos daban toda la comida y la leña que podían compartir. Echábamos de menos a su mamá y a mi hijo más que nunca.

¿Sabríamos algún día qué fue lo que ocurrió?

El día que Nasreen volvió a la escuela, Mina le susurró al oído “Te he echado de menos.”

¡Y Nasreen le contestó!: “Yo también te he echado de menos.”

Con esas palabras, las primeras desde que su mamá salió en busca de su papá, Nasreen abrió su corazón a Mina. Y sonrió por primera vez desde que se llevaron a su papá.

Por fin, poco a poco, día a día, Nasreen aprendió a leer, a escribir, a sumar y a restar.

Cada noche me enseñaba  lo que había descubierto ese día.

Las ventanas del mundo se abrieron por fin a Nasreen en aquella pequeña aula de escuela. Aprendió acerca de los artistas, escritores, sabios y místicos que, tiempo atrás, hicieron de Herat una bella ciudad.

Nasreen ya no se siente sola. El conocimiento que atesora en su interior le acompañará siempre, como un buen amigo.

Ahora ya puede ver el cielo azul que hay detrás de esas negras nubes.

En cuanto a mí, mi mente está en paz.

Sigo esperando a mi hijo y a su mujer. Pero los soldados ya nunca podrán cerrar las ventanas que se han abierto para mi nieta.

Insha’Allah.*

*La expresión Insha’Allah significa «Si Dios quiere».

Nota de la autora
Global Fund for Children, una organización sin ánimo de lucro comprometida con la ayuda a los niños de todo el mundo, contactó conmigo para que escribiera un libro basado en una historia real de uno de los grupos a los que presta su apoyo.
Me llevaron hasta una organización en Afganistán que creaba y mantenía escuelas secretas para niñas durante el régimen talibán (1996-2001).
El fundador de esas escuelas, que quiere permanecer en el anonimato, compartió conmigo la historia de Nasreen y su abuela. El nombre de Nasreen no es su nombre verdadeiro.
Antes de que los talibanes se hicieran con el control de Afganistán,
        *  el 70% de los profesores eran mujeres
         *  el 40% de los doctores eran mujeres
         * el 50% de los estudiantes de la universidad de Kabul eran mujeres
Después de que los talibanes se hicieran con el control de Afganistán,
         * a las mujeres no se les permitió ir a la escuela o a la universidad
          * a las mujeres no les estaba permitido trabajar fuera de casa
          * las mujeres no podían abandonar su casa sin que un hombre de familia las acompañase
          * a las mujeres las obligaron a llevar un burka que les cubría el cuerpo entero, con tan sólo una pequeña abertura a la altura de los ojos.
No se podía bailar ni cantar ni hacer volar cometas. En la tierra que vio nacer al inmortal poeta Rumi se prohibieron el arte y la cultura. Los colosales budas de Bamiyan, esculpidos en la ladera de una montaña, fueron destruidos. Había empezado una época de miedo y aislamiento.
Pero también hubo muchos ciudadanos valientes que desafiaron a los talibanes de muchas maneras, incluyendo el apoyo a las escuelas secretas para niñas.
Incluso después de la caída de los talibanes en 2001 el peligro continúa. Aún se bombardean, se incendian y se cierran escuelas. Aún se amenaza y ataca a las niñas sólo por ir a la escuela.
Y AUN SÍ, las niñas, sus familias y las maestras desafían esta tiranía al mantener las escuelas abiertas.
Su valor permanece inquebrantable.
Jeanette Winter
La escuela secreta de Nasreen - Una historia real de Afganistán
Barcelona, Editorial Juventud, 2010
 
El Proyecto CUENTOS PARA CRECER consiste en el envío semanal, gratuitamente por correo electrónico, de relatos destinados en especial a niños y adolescentes, así como a todos los que encuentran placer en la lectura.
Debido al tipo de historias ofrecidas, este proyecto permite reflexionar sobre una serie de valores considerados esenciales para el desarrollo del carácter, como la tolerancia, la generosidad, el espíritu de diálogo y la honradez, proporcionando además un valioso instrumento de aprendizaje.
Si ha disfrutado de la historia, reenvíela para compartirla con todos cuantos puedan estar interesados.
Desde ya gracias por su atención,
El Equipo Coordinador del Proyecto CUENTOS PARA CRECER.

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