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La danza de las abejas

Segunda parte, capítulo tres.

25/05/2014 - Autor: Prof. Yahia Said Al Andalusí - Fuente: shadilia.com.ar
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Sufíes en recuerdo de Dios.
Sufíes en recuerdo de Dios.

III
Pasó el tiempo, y Hussein decidió emprender un viaje sin saber cuando regresaría a Iurtibak.
Se dirigió al oeste, deshaciendo los pasos que su maestro Yamil había recorrido años antes.
En Latakia un mercader, antiguo discípulo de Yamil, le permitió subir a un barco, y partió hacia Al Andalus.

Antes había pasado por Irak y cruzado Siria, había transitado el Hiyyaz, había saludado en Medina y había circunvalado la Sagrada Kaaba.
El barco atracó en Chipre, para aprovisionarse, Hussein fue a tierra y encontró un vendedor de limones en el puerto.
Quiso Allah, que guía a quien desea ser guiado, que el limonero de alguna manera lo reconociera. Saludó el vendedor:
La paz sea contigo, ¿acaso eres el sheikh Hussein Al Iurtibaki?
Soy yo, dijo Hussein, voy de paso en un viaje largo, como desde que emprendí este sendero.
-Hussein –dijo el vendedor- he visto cartas que enviaste en respuesta a gente de Chipre, que te preguntaba por diversas cuestiones y me ha llamado la atención que tus cartas fueron de tono muy diferente las primeras y las últimas. Hace años, recomendaste combatir al sheikh Al Tamarindi y sus seguidores. Pero luego te volviste muy indulgente con ellos.
- De cada persona –dijo Hussein- solo puede esperarse que sea bondadosa en la medida de sus posibilidades, Allah –swt- guía a quien desea ser guiado, pero algunas personas pueden ser y otras no de los que desean ser guiados y entre ellos hay muchos grados de deseo de guianza.
Yo me excedí con esa gente, ya que los seguidores de Al Tamarindi son personas de mente simple, salida de un duro desierto, que solo alcanza a comprender un séptimo de la revelación, y quiera Allah eso les sea suficiente.
-Pero ellos te insultaban y te insultan, dijo el limonero, me parecía más lógico que los detestaras.
-Yo no detesto a nadie, mucho menos a musulmanes, si los reprobé fue porque el Profeta –saws- ordenó reprobarlos, más no soy yo juez sino de mi mismo, intento medirme antes de ser medido, intento pesarme antes de ser pesado, y el juicio es un derecho de Allah Solo, sin asociados.
-¿y qué dices de esta gente?
-¿qué gente? –dijo Hussein
-de los seguidores de Al Tamarindi.
-¡Ah!, dijo Hussein, están algo secos creo, pero Al Tamarindi ha partido a encontrarse con Su Señor,Tu Señor y El mío, que es quien decide todos los asuntos, ellos me maldecían mientras yo pedía perdón y bendiciones para ellos, solo se puede ser bueno en la medida que es a cada uno posible.
-¿Es verdad que el Profeta –saws- dijo que en la tierra donde vivía At Tamarindi se elevará el cuerno del Shaytán?
-Si, lo dijo- dijo Hussein- está el relato en una conocida colección, pero como te decía, no somos jueces, sino meros transeúntes, gente de paso, y no debemos hablar de quien no tenemos nada bueno para contar.



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