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Majlis de Zikr en Maata Maulana

No hay nada más importante que recordar a Allâh y a su mensajero (saws)

10/02/2015 - Autor: Shabab Maata Maulana - Fuente: WebIslam
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Muhammad Mishry (RA)

Maata Maulana es un pueblo modélico, bien organizado. Con tan sólo sesenta años de historia, pues fue el padre del Cheij El Hayyi quien se estableció por primera vez, tras construir un pozo de agua dulce, un agua buena y abundante.

El padre del Cheij fue discípulo de uno de los más grandes maestros de la Tariqa Tiyani al otro lado de la frontera, en Senegal. El célebre Cheij Ibrahim de Kaulack. Maata Maulana tiene una mezquita que es una copia de la que existe en aquella ciudad senegalesa, de donde beben su sabiduría como beben el agua de su pozo. Maata Maulana tiene alumbrado público, una red local de agua y luz y un responsable de la seguridad que no tiene relación alguna con el gobierno. Es como una pequeña república independiente, limpia y ordenada.

Cuentan que la primera vez que Cheij Ibrahim estuvo en Maata Maulana narró la historia de un loco que vivía en Dakar al que los niños hacían mucho sufrir con insultos y pedradas. Un día, este loco partió andando hasta Saint Louis y en la orilla del río Senegal, se encontró un árbol con un tronco inmenso, que ofrecía una sombra refrescante, al tiempo que los habitantes de una casa contigua, al verle tan agotado, se apiadaron y le llevaron un plato de arroz con pescado que dejaron a su lado mientras él dormía. Al despertarse se lo comió de una sentada y de la sensación tan grata se volvió a quedar dormido hasta que una brisa procedente de Malí le despertó. Se levantó y dijo: “¡En verdad que este lugar está bien aireado!”. ¡Bien aireado! Fue ésta y no otra la expresión que empleó para decir que aquel era un lugar muy agradable. Cuando terminó de contar esta anécdota, dijo Cheij Ibrahim: “Ciertamente, lo mismo que le ocurrió al loco de Dakar, me ha pasado a mí en Maata Maulana. Este es un lugar bien aireado.”

Y yo pensé: “Igual de loco debía estar yo cuando llegué al Africa del Oeste el pasado año, y puede que por eso llamáramos a mi casa, el Palacio de los Vientos. Necesitaba un lugar bien aireado. Por eso Nouakchott para mí, es la ciudad que está en el aire. Un aire de arena suspendida en cinco llamadas a la oración... Como comenzaba el primer poema que me inspiró Mauritania”.

Cuando me encontré con el Cheij El Hayyi le di saludos de ciertos musulmanes de Granada que le conocen, pues en algunos de sus viajes ha pasado por Andalucía. El Hayyi me preguntó por el estado de la Mezquita del Mirador de San Nicolás en el Albaicín. Con el Cheij casi es imposible mantener una conversación continuada, porque constantemente viene gente para hablar con él, interrumpiendo. El se disculpó por esto y le dije: “No se preocupe. No necesito hablar directamente con usted. Donde más fácil, mejor y con más privacidad puedo encontrarle es en sus seguidores. Si no le veo y le escucho en sus discípulos, tampoco le veré ni le escucharé a usted. Sólo quisiera ofrecerle unos regalos. Esta es una pequeña pieza de cerámica, réplica de un bronce de la puerta del Perdón de la Catedral de Sevilla, la ciudad de donde vengo. En su tiempo fue la puerta que daba acceso al patio de las abluciones de la Gran Mezquita. Es una caligrafía que dice: AL MULKU LILLAHI WA AL BAQA LILLAHI. “El poder y la eternidad pertenecen a Allah”.

El Cheij me respondió: “En las paredes de esta casa no hay más que un solo cuadro. Es un pequeño banderín enmarcado, traído de la China con un texto en árabe y en chino: “Todos los musulmanes son hermanos”. Como te estoy muy agradecido, voy a mandar colocar a su lado esto que me traes. Queremos hacer un Centro Cultural en este pueblo para que los hijos de musulmanes europeos vengan a estudiar a Mauritania y mandar niños mauritanos a Europa en intercambios familiares. Habla con Mohamed Isa (Mohamed Jesús) sobre este proyecto, cuando regrese el mes próximo, pues ahora está en París.”

En la conversación con el Cheij, surge otra vez como protagonista la Educación y le insisto que me especifique la palabra árabe que emplea para éste concepto. Y pronuncia ¡TARBIYAH!, sonidos que incluyen la raíz RABB: Señor. Y me habla el Cheikh de la “mundialización” desde el otro lado del espejo. Y me habla del ejemplo de Medina al Munauara, la ciudad iluminada, donde se agruparon, entorno al Profeta Mohamed, hombres de todos los continentes conocidos y de las culturas más importantes de su tiempo, como Salman de Persia y Bilal de Etiopía. “La fuerza interior de esa gente irradió una sociedad que se extendió como un rayo hacia el oriente y el occidente, facilitando la cotidianidad de los pueblos al paso de su expansión”.

Y me habla el Chiej de una mundialización distinta a la del dólar, la coca-cola, el orden internacional capitalista y en definitiva, diferente a la aldea global del sueño americano. Y me habla de la mundalización del espíritu, la educación, el respeto y el amor. Me habla de la aldea global de la Paz. 

El Cheij me regaló una antigua luja, una de esas planchas de madera que se utilizan para enseñar el Corán a los niños en las Mezquitas y Escuelas Coránicas (Madrasas) y me dijo:
“Este era el arma más temida de todas las que llevaban los almorabitum en sus alforjas de viaje, el arma que convierte en Señor a quien la porta y que conduce a La Educación. No es tiempo para frases publicitarias, sino tiempo de dar contenido a las formas. Hacer aparecer la belleza y esconder la fealdad, perdonar los errores, proteger los secretos y tolerar de la manera más excelente. La herramienta más potente que el pueblo mauritano utilizó contra el colonialismo francés fue rehusar la escuela colonial. Hoy en día, en las profundidades del desierto, hay quien sigue negándose a mandar a sus hijos a la escuela del Estado pues piensan que aún es la misma escuela de los franceses y se contentan con beber un poco de leche de camella o de sus cabras, antes que comer algo que venga de la cultura de los extranjeros”.

Fragmento de La puerta de Poniente de Saleh Paladini (Rahimahullâh), pp.7-8


Majlis de Dhikr | Duración: 00:18:58 | Idioma: Árabe



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