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“Asistimos a la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial... decir Mediterráneo hoy, es decir cementerio”

Entrevista con Alfonso Sánchez, presidente de Amnistía Internacional, sobre la tragedia en el Mediterráneo: “el número de muertes de personas migrantes y refugiadas se ha multiplicado por más de 50”

19/04/2015 - Autor: Iman Baraka - Fuente: Webislam
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Decía Rabindranath Tagore: "Es fácil hablar claro cuando no va a decirse toda la verdad". Amnistía Internacional lleva desde 1962 haciendo lo más difícil: hablar claro y decir la verdad. Su trabajo en favor de los derechos humanos le lleva a investigar, promover, sensibilizar, actuar y denunciar para defender los derechos humanos. Con sus informes, desde el primero relativo a las prisiones de Sudáfrica en tiempos del apartheid, realizado en 1965, consigue que se sonrojen gobiernos de todo el mundo.

Algunos afirman que no son buenos tiempos para los derechos humanos, que la crisis nos ha hecho evolucionar hacia el homo economicus. Alfonso Sánchez Ramírez, presidente de Amnistía Internacional España, nos recuerda que todo puede cambiar, si nos ponemos en marcha. Ingeniero en telecomunicaciones, docente, activista, ha participado en proyectos educativos de cooperación con instituciones y organizaciones de Guatemala y ha tenido también la oportunidad de conocer sobre el terreno la situación de Cisjordania, donde estuvo en contacto directo con organizaciones de DDHH (derecho al agua, derechos de los presos, de las mujeres, etc.) de los Territorios Ocupados.

Leemos en vuestra página web que casi 10.000 personas han sido rescatadas desde el fin de semana, según el servicio de guardacostas italiano. A su vez, los naufragios en 2015 suman miles de muertos ¿Cómo analiza Amnistía Internacional lo que está sucediendo en el Mediterráneo?

Asistimos a la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial, debido a que muchas personas de Libia, Siria y otros países de la zona están intentando trasladarse a áreas más seguras; pero también debido a las políticas europeas de control de fronteras. Desde que se ha puesto en marcha la Operación Tritón, se ha producido un cambio importante, el objetivo es ahora controlar e impedir la entrada de migrantes en las fronteras, pero sin operaciones de búsqueda y rescate que respondan a la actual situación de emergencia. Tal y como ha afirmado Jesús Nuñez, en la presentación del un reciente informe anual de AI, "decir Mediterráneo hoy, es lo mismo que decir cementerio"...

Hace un año AI lanzó una campaña #soseurope, en ella afirmábais: “los políticos miran hacia otro lado mientras, las personas mueren”. ¿Han cambiado las cosas un año después?

Lamentablemente, un año después estamos viendo cómo se cumplen los peores pronósticos. En octubre de 2014 terminó la operación Mare Nostrum, que tenía también como objetivo la asistencia, rescate y salvamente de migrantes y refugiados, salvando más de 150.000 personas de naufragios en el Mediterráneo. Este año, la falta de acción y la negligencia de los gobiernos europeos respecto a la crisis humanitaria en el Mediterráneo ha contribuido a que, desde que comenzó 2015, el número de muertes de personas migrantes y refugiadas se haya multiplicado por más de 50. Ciertamente, la responsabilidad no es solo de los gobiernos, pero AI trabaja fundamentalmente para que los gobiernos cumplan sus compromiso con los derechos humanos. Estamos trabajando mucho para que los países europeos corrijan la actual inacción en políticas de asistencia y salvamento, pero también hacemos un llamamiento a la sociedad, trabajamos también para sensibilizar y movilizar a la sociedad para que presione a sus gobiernos.

Lo que le sucede a la UE es que, como se dice coloquialmente, le resulta más fácil abrir la boca que la cartera, es decir, habla de derechos humanos, pero no dedica recursos a su defensa y promoción. Parece que la tragedia que vive el Mediterráneo se reduce a su dimensión económica, y no tanto a su dimensión ética o política…

Ciertamente, la cuestión económica tiene mucha importancia, pero no se puede analizar la lucha por los derechos humanos bajo parámetros económicos. La defensa de los derechos humanos es un compromiso básico, y debería ser una prioridad para cualquier gobierno democrático. En AI estamos convencidos de que hay recursos económicos suficientes para desarrollar estas políticas de salvamento. La UE no puede renunciar al salvamento de miles de vidas por este motivo. La anterior operación en marcha, Mare Nostrum, costaba 9 millones de euros al mes. La que está actualmente en vigor, 3 millones. Lo que debemos preguntarnos es: ¿la UE no dispone de recursos para desarrollar estas políticas de asistencia a migrantes?

Quizá todo se deba al proceso de "chinatización", es decir, a la imposición de un modelo que no se compromete con la defensa y promoción de los derechos humanos, sino con el crecimiento económico, poniendo la política al servicio de la economía, y no al revés.

Esa contradicción entre política y economía siempre ha existido, pero es cierto que se está observando en la UE un retroceso muy importante en libertades y derechos civiles que estaban asentados y se creían definitivos. Los gobiernos están “olvidando” su deber de promover los derechos humanos y respetarlos, ahora parece que algunos gobiernos europeos presionan en sentido contrario.

En el proceso de globalización, hay una total libertad para la movilidad de capitales, bienes y servicios, con consecuencias desastrosas para muchas economías. Frente a ello, las personas que viven en zonas en guerra, en países muy pobres o que son perseguidas por razones políticas, religiosas no tienen movilidad, no pueden salir de su país. Condenamos las guerras en nuestros discursos, pero no atendemos a las sociedades civiles que las sufren y por eso las condenamos a ellas también, a una muerte segura…

Algunos países europeos tienen indudablemente una fuerte responsabilidad en muchos de los conflictos que agitan actualmente el Mediterráneo. En Siria, se ha contribuido más  a la cronificación de la guerra que a su fin, y las políticas migratorias y de asilo de la UE no permiten atender a las víctimas. Los Estados europeos pueden regular sus fronteras, pero la legislación internacional obliga a los países a atender a las personas que huyen de zonas de conflicto, que solicitan asilo. Esto se observa claramente en Ceuta y Melilla. El gobierno español tiene la capacidad de regular sus fronteras, pero no puede expulsar a personas, muchas de ellas solicitantes de asilo, que ya han entrado en el país, no se pueden realizar “devoluciones en caliente”.

Se condenan las barbaridades del mal llamado Estado Islámico, pero resulta hipócrita que no permitamos a miles de personas huir de las zonas controladas por esta mortífera hidra de mil cabezas.

Por supuesto, hay que condenar las atrocidades que comenten los grupos armados como Estado Islámico, que ejercen un control similar al de un Estado sobre cada poblaciones civiles, sometidas a ataques, persecución y discriminación. Esto provoca que se esté produciendo un incremento de los crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, pero también por parte de muchos Estados en la zona, no solo el llamado Estado Islámico. Hay que intentar resolver esos conflictos, pero no podemos dejar mientras tanto desamparadas a miles de personas. Hay que volverlo a repetir: vivimos la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial, hay más de diez millones de refugiados y desplazados internos solo como consecuencia del conflicto de Siria. Seis millones refugiados fundamentalmente en los países del entorno y cuatro millones de desplazados dentro del propio país.

ACNUR, que está desarrollando una extraordinaria labor de asistencia a millones de personas, por ejemplo en los campos de refugiados en Siria, ha realizado un nuevo llamamiento a los gobiernos de la región para que den prioridad a salvar vidas, tomando, entre otras, medidas urgentes para ampliar y reforzar la capacidad de búsqueda y rescate en el mar. Sin embargo considero que las políticas migratorias son el síntoma del fracaso de otras políticas: cooperación, desarrollo, políticas educativas, lucha por los derechos humanos a nivel mundial… Estamos trabajando sobre los síntomas: inmigración ilegal, crisis de refugiados, pero no sobre sus causas: pobreza, conflictos, analfabetismo… Nos centramos en medidas securitarias y de asistencia en nuestras fronteras, pero ¿no ha llegado el momento de ser utópicos y tratar de luchar contra la pobreza y las guerras, de promover un diálogo norte-sur, de que Europa considere el Mediterráneo como espacio de cooperación, y no solo frontera?

El origen de los problemas migratorios hay que buscarlo en cuestiones económicas, sociales, políticas, en conflictos, pobreza… Pero tampoco podemos pasar por alto la responsabilidad de los gobiernos de esas sociedades en muchos de los problemas que viven. Desde AI estamos demandando no solo políticas de rescate y salvamento en el Mediterráneo. Tenemos actualmente una campaña que ya has mencionado, SOSeurope, que realiza un llamamiento a los países europeos para que se refuercen las políticas de salvamento y asistencia, pero también para que la UE cree unas rutas seguras para personas que huyen de zonas de conflicto, y que se lanzan al mar de manera desesperada, porque no existe una forma legal de pedir refugio y entrar de forma segura en Europa; y en tercer lugar, pedimos que no se coopere con países que violan los derechos humanos al intentar restringir los flujos migratorios. España e Italia han solicitado cooperación a Marruecos, a Libia, para que restrinjan los flujos migratorios a cambio de recursos económicos. La consecuencia ha sido que esos países han violado los derechos humanos de miles de personas de forma evidente.

Pero, ¿le importa a alguien la violación de esos derechos humanos? El discurso dominante sitúa a los inmigrantes como los bárbaros que acabarán con nuestro bienestar europeo. No es que no sepamos lo que ocurra, es que queremos que, ocurra lo que ocurra, no lleguen los inmigrantes a Europa…

En Amnistía Internacional observamos un creciente interés y una clara demanda de parte de la sociedad mundial de respeto por los derechos humanos, pero por otro lado nos preocupa la creciente popularidad de organizaciones políticas que hacen campaña con programas basados en la discriminación, como está ocurriendo en distintos países europeos. La influencia de actitudes nacionalistas con un carácter xenófobo apenas disimulado es especialmente evidente en las políticas de inmigración, cada vez más restrictivas en varios países europeos.

Visitando vuestra página web, se encuentran muchas denuncias de violaciones de derechos humanos en países árabes y musulmanes. Cuando organizaciones internacionales realizan, como AI, un meritorio trabajo de promoción de democracia y derechos humanos, de respeto a las minorías, se les acusa de obedecer a intereses o servicios de inteligencia extranjeros. Las teorías conspiranoicas en el mundo árabe / musulmán ¿son consecuencia de la falta de autocrítica de muchas sociedades árabes/musulmanas?

Amnistía Internacional documenta violaciones de derechos humanos en todo el mundo, y el mundo árabe/musulmán no es tan homogéneo como se piensa, existen diferencias muy importantes entre los países. Nuestra presencia en más de 150 países, también en Norte y Centro de África, Oriente Medio, con personas de esos países muy comprometidas con la defensa de los derechos humanos, nos hace estar vacunados contra cierto tipo de denuncias, ya que nuestro trabajo es, precisamente, defender los derechos humanos en todo el mundo y esto nos obliga a hacer frente a las presiones que se reciben o se puedan recibir desde muchos los países: países árabes, pero también Israel, EEUU, Rusia o China… Nuestros informes son incómodos para los gobiernos, los ataques que recibimos son en realidad una muestra más de la necesidad de nuestro trabajo.

Esta semana hemos conocido una noticia muy triste. Unos inmigrantes musulmanes han tirado por la borda a unos inmigrantes cristianos, que han muerto ahogados. Pero la semana pasada, vimos también cómo milicianos libios (musulmanes) hundieron una barcaza con 400 refugiados palestinos (musulmanes) que murieron ahogados. En el primer ataque se puede hacer una lectura religiosa, pero no en el segundo. La conclusión para ambas situaciones puede ser en una pérdida del valor de la fraternidad en la adversidad, las guerras, los conflictos, la pobreza están produciendo un repliegue hacia “identidades asesinas”, como diría Maalouf…

Amnistía Internacional lleva ya muchos años denunciando que la mayor violación de derechos humanos es la pobreza, ya que supone la vulneración de derechos básicos como la educación, la alimentación, la vivienda, la salud… Además, la pobreza pone de manifiesto la interdependencia de los derechos humanos, sin educación, ¿puede desarrollarse una vida digna? El insuficiente acceso a la educación, y particularmente a la educación en derechos humanos, hace que la gente no conozca sus derechos. Este es otro campo muy importante de trabajo para Amnistía Internacional, la educación en derechos humanos, el trabajo en el conocimiento de los derechos humanos, la sensibilización, ya que es el fundamento básico para que puedan ser respetados.

El próximo 28 de abril, Amnistía Internacional va a publicar un informe sobre lo que está sucediendo en el Mediterráneo. ¿Podrías adelantarnos algo de su contenido?

No conozco todavía todos los detalles. Lo que sí puedo decir es que va a realizar un profundo análisis sobre las consecuencias de la actual política de fronteras europea. El objetivo es poner fin a esta política europea de mirar hacia otro lado, mientras en el Mediterráneo mueren miles de personas.

Qué dirías a un/a ciudadano/a europeo/a interesado en poner fin a esta situación vergonzante. ¿Qué podemos hacer?

Lo primero es concienciarse, y para ello, informarse, conocer qué está pasando realmente, qué alternativas existen para limitar la tragedia que se vive en el Mediterráneo y a continuación, hay que presionar a los gobiernos, a través de Twitter, de cartas, se puede movilizar uno en la calle, se puede realizar una aportación económica a organizaciones que trabajan en el tema como Amnistía Internacional, que se financia con donaciones y cuotas de sus socias y socios, pero no con subvenciones de gobiernos. Cuanta más gente se comprometa en esta campaña para poner fin a la catástrofe que vive el Mediterráneo, más difícil será para los gobiernos permanecer inactivos. Hay una frase que nos gusta mucho en AI: “el mundo puede cambiar, pero no va a cambiar solo”, si no actuamos a favor de lo que creemos, difícilmente el mundo va a ser como queremos.

¿Hay espacio para la esperanza?

Por supuesto. Además de continuar con nuestra labor de denuncia, es importante recordar algunos logros del trabajo en favor de los derechos humanos para animarnos a seguir adelante. Muchos de los grandes éxitos, los que se consolidan en el tiempo, se cocinan a fuego lento, y suelen ser consecuencia de un trabajo tenaz de muchos años y de una visión a largo plazo. Tras más de dos decenios de campaña, en 2014 entró en vigor el Tratado sobre el Comercio de Armas, de ámbito mundial, firmado por 130 países y ratificado por 62. El Tratado proporciona un marco conforme al cual se limitan las transferencias internacionales de armas y municiones. Si se aplica, contribuirá a salvar muchas miles de vidas. También se están produciendo avances, año tras año, hacia la abolición la pena de muerte en todo el mundo. En diciembre del año pasado, 117 países votaron a favor de una resolución de la Asamblea General de la ONU destinada a establecer una moratoria de las ejecuciones. Después de seis años desde que dos vertidos de petróleo arruinaron el medio de vida de miles de personas en la zona de Bodo del delta del Níger, y tras los informes y denuncias realizadas por Amnistía Internacional y otras organizaciones locales, las acciones judiciales emprendidas en Reino Unido obligaron a la empresa Shell a pagar 55 millones de libras esterlinas en concepto de indemnización a la comunidad afectada. Habría muchos más ejemplos de logros a los que ha contribuido Amnistía Internacional junto al movimiento global de derechos humanos, pero citaré un último caso: El Parlamento marroquí ha aprobado por unanimidad una enmienda de la ley sobre la violación, para que los violadores no puedan ya eludir el castigo al obligar a sus víctimas a casarse con ellos. Esta medida se adoptó tras la incansable campaña por la familia Amina Filali, que se quitó la vida en marzo de 2012 tras ser obligada por ley a casarse con un hombre a quien ella acusó de haberla violado. Leyes semejantes existen todavía en Túnez y Argelia, y continuamos con nuestra lucha para cambiarlas a través de la campaña Mi Cuerpo, Mis Derechos.


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