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Jayena en las sublevaciones moriscas

Don Alonso de Granada Venegas Rengifo

24/04/2015 - Autor: Jesús Pérez Peregrina - Fuente: www.alhama.com
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Escudo de la Casa Venegas.

La importancia y la profunda huella que el linaje Granada Venegas ha dejado en la historia de Granada y por extensión de España, con su implicación directa en la caída del reino nazarí granadino, a través de Cidi Yahya Alnayar, (Pedro de Granada Venegas), así como sus descendientes es indiscutible.

Para la villa de Jayena, la familia y estirpe Granada Venegas, constituye un tiempo trascendental de su historia, sellando para el devenir de los tiempos su pasado presente y futuro. No existe otro período histórico para Jayena que haya marcado tanto su acontecer como la etapa vivida bajo este linaje. Suponiendo si cabe uno de los momentos sobresalientes y más florecientes de la villa, aunque corto, pues el señorío de Jayena entraría a formar parte del marquesado de Campotejar, que pasaría a su vez a depender de la rama italiana del linaje, al extinguirse la descendencia de la familia española; pero eso es otra historia. Hoy nos centramos en uno de sus personajes más destacados, Alonso de Granada Venegas II; actor trascendental en nuestra comarca en la contención y freno de la sublevación morisca de 1568-1571, (también conocida como la Guerra de las Alpujarras); en tiempos de Felipe II, cuando la numerosa población morisca del Reino de Granada se alzó en armas en protesta contra la Pragmática Sanción de 1567, que limitaba sus libertades culturales.

Alonso de Granada Venegas Rengifo, es una de las figuras más interesantes de la progenie Granada Venegas. Hijo de don Pedro de Granada Venegas Mendoza y doña María Rengifo Dávila, nació en Granada en abril de 1540. Fue padre de don Pedro de Granada Venegas Manrique/Pacheco de Mendoza, primer marqués de Campotéjar título que consiguió en 1643. Don Alonso, a la muerte de su padre, además de heredar su Casa y mayorazgos, le sucedió en el oficio de veinticuatro, en 1565, y en noviembre de 1566 obtuvo el cargo de Procurador de las Cortes. Posteriormente Felipe II le concede la merced del Alguacilazgo Mayor de la Real Chancillería de Granada. Siguiendo el ejemplo de sus antepasados, en 1589 obtiene el hábito de caballero de Santiago. Además ostento el título de señor de Campotéjar y Jayena.

Pero hagamos un poco de historia: Por Cédula Real de 3 de Septiembre de 1483 se dio por los Reyes Católicos a Hernando del Pulgar, en premio a su valor y heroísmo, la villa de Jayena, con huertas, viñas. y casas. Once años poseyó el hazañoso capitán estas tierras. Y no todas, porque diez yugadas las había vendido á D Luis Manrique, en el espacio que medió de 1484. á 1495. Pérez del Pulgar en testamento fechado en 2 de agosto de 1531 reseña que vendió al señor don Luis Manrique la alquería de Jallena:

“Declaro é digo: que yo vendí al muy ilustre Señor Marqués é Conde de Tendillas el Cortijo del Dil, que en el campo de Dona, término de Alhama: é al Señor Don Luis Manrique la Alquería de Jallena: é á Don Alvaro de Luna muchas tierras en Huetor-Tajar, é á la Señora Rosa Vinuesa dos molinos en Alhama; é á Doña Maria Manuel dos cortijos en las Salinas é al Alcaide de Zafarralla una casa en Loja á la puerta de Alhama: é en Granada á Francisco Marin una casa: é otras á los Señores Jurados que fueron de la dicha Ciudad: é otras posesiones, é dado é vendido, en Granada, é Loja é Alhama é en sus términos: é los títulos é escrituras de las dichas heredades que si vendí é di (é fueron por merced é beneficio de los Rey é Reina Católicos é por donaciones) están con otras escrituras mias, las cuales pareciendo, si pareciera tener yo algún título derecho á lo que yo así é vendido é dado, mando que las dichas escrituras se den á cada uno la que le pertenezca, tanto para título de lo que poseen, cuanto que ni yo, ni mis herederos, ni otras personas, tienen derecho á ello”.

“Declaro que podrá haber cuarenta y seis años que yo me desposé é casé según orden de la Santa madre Iglesia en la Ciudad de Alcalá la Real, con Doña Francisca Monte de la Isla, fija del Jurado Montesino de la Isla, é con la cual yo no recibí dote ninguno, ni después heredó cosa alguna; saibó unas casas en el Castillo de Lucumbi, é una viña que se vendió á Constanza Monte de la Isla é á Juan su esposo, en veinte é cinco miles maravedís; é yo á la sazón tenia el Alquería de Jallena, é las tierras de Alhama, é huertos é molinos, que son dos en dicha ciudad de Alhama, é el cortijo del Dil é otros machos bienes; é después me fué hecha merced por servicios que fice en el reino de Granada; del lugar del Salar é de otras muchas posesiones en término de Loja, como lo tengo aberiguado é probado en un pleito que conmigo tubo Rodrigo de Bazan, mi llerno, deseando que sean en Gloria los Sres. Presidente é oidores del que fué escribano Juan Pérez Barahana; que con este nuestro matrimonio obimos y procreamos por nuestra fija legítima á Doña María de Pulgar, la cual casamos con el dicho Rodrigo de Bazan, é yo le mandé en casamiento sei cientos é cuarenta miles maravedís, los cuales le fueran pagados en ochocientas é cuarenta fanegas de tierra de riego é secano poco más ó menos, que é yo le di fincas que son lindes de tierras mías é alinde con el río de Genil é con tierras de los Requenas, de la Alcaidera de Priego é rincón de alzada de la Sierra de Loja, como le parecerá de la escritura que le fize en razón de lo susodicho, ante Fernando Diaz de Valdepeñas, escribano público de Granada é ante Pedro Medina, escribano público de Loja, en el mes de Mayo de mil quinientos once, é asimismo en unas casas en Alhama que se dicen las Viejas, con siete cuerdas de tierra del Cortijo que yo vendí á los Vinuesas, é asimismo le di lo que rentó el Alquería de Jallena tres años, hasta que la vendí á D. Luis Manrique la que le arrendaron á Alonso de Medina, vecino de dicho lugar por setenta miles maravedís, en cada un año: é además de esto le di pan, é dineros, é jolias, é otras cosas como lo tengo averiguado en dicho”.

Sabemos que en 1504 Jayena contaba con 15 vecinos moriscos, y es denominado aun lugar. En 1609 la jurisdicción de Jayena fue comprada por Pedro de Granada Venegas, que ya era dueño del lugar, "que él tenía un lugar que se dice de Jayena tres leguas de la ciudad de Alhama, de veinte vecinos, y que antes del levantamiento de los moriscos de aquel reyno tenía 40, y que todas las tierras y heredades eran suyas propias, y las casas de dicho lugar de que le pagaban tributo por el señorío, sin que hubiese cosa agena dentro de los límites de dicho lugar”. La jurisdicción civil y criminal, alta y baja y mero mixto imperio de la villa de Jayena costó 7.394.936 maravedíes a Don Pedro.

El mayorazgo y señorío de Jayena entró en las casa de los Granada Venegas a través de doña María Rengifo Dávila, madre de don Alonso de Granada Venegas Rengifo que la llevó de dote en su casamiento. Gil Vázquez Rengifo y su esposa María Guillen, al convenir las capitulaciones matrimoniales de su hija fundaron un mayorazgo a favor de esta en las que incluían las casa principales de la familia, entre los que se encontraban los heredamientos de Jayena y de Turrillas en los términos de Alhama y Mecina Alfahar, además de la villa de Huetor Santillan, la tenencia del Generalife, con sus casas, huertas, frutos y rentas, así como La Casa de Los Tiros.

Cuando se inicia la revuelta morisca en Granada en 1568, de entre los destacamentos militares en sitios estratégicos para dominar los territorios que se crearon durante la rebelión, concierne aquí el presidio de Jayena al cual, a finales de febrero de 1570, el duque de Sesa “envió a don Alonso de Granada Venegas con cincuenta arcabuceros y el estandarte de caballos de Baeza de Juan de Carvajal, porque su majestad había mandado que se pusiese allí con alguna caballería”. Durante 26 meses, desde el estallido de la contienda, don Alonso sustentó un alcaide y doce soldados de guarda en el presidio de Jayena, que le pertenecía.

Hemos de explicar y señalar al lector profano, que el término “Presídium” o “Presidio”, no tenia en ese momento el significado de presidio, lo que hoy entendemos por cárcel, sino que se refería a destacamento militar, lo que hoy diríamos cuartel, o fuerte.

El presidio de Jayena estuvo operativo desde enero de 1569 hasta marzo de 1571; su guardia y defensa lo fue por un alcaide y doce soldados, algunas veces un número mayor, a los cuales don Alonso pagó de sueldo 100 reales al mes al primero y 44 reales y una fanega de trigo a cada soldado por ser puesto muy peligroso; el alcaide murió en combate a principios de 1571 y a don Alonso los moriscos le robaron 1.000 cabezas de ganado cabrío y quemaron parte de su casa principal, misma suerte que hubiera corrido la iglesia de no ser por el reducto o torre fortificada, por importe de 1.500 ducados, que mandó hacer para alojamiento y seguridad de la fuerza militar, a la que proveyó de armas y municiones valoradas en 500 ducados, y de la compañía de caballería que don Juan de Austria le mandó poner allí después del presidio bajo sus órdenes.

A mediados de diciembre de 1569 fue aprovisionado desde Alhama con dificultad, por no haber moriscos que fuesen con la escolta al haberse refugiado en la sierra los alrededor de 600 que vivían en esta ciudad. Las provisiones consistieron en 30 arrobas de harina, 20 arrobas de pan cocido, 2 tocinos con un peso de 20 arreldes (80 libras), 7 arrobas de vino, 16 fanegas de trigo y 3 de cebada. Con anterioridad se había aprovisionado el presidio con diversos mantenimientos por valor de 11.000 maravedís.

Don Alonso de Granada Venegas, asimismo empleó la vía diplomática y mantuvo tratos con los rebeldes moriscos, por instancia de Don Juan de Austria “fue parte para la reducción deste reino y sus rebeldes por la gran estimación que de él se hacía”.

Pretendiendo así el final de la contienda, de manera pacífica, ya que era por su origen y prestigio bastante respetado, y autorizado para conferenciar con ellos; era tal el carisma y favor con que contaba entre la sociedad morisca granadina, que así lo refleja una anécdota: Interrogado un prisionero morisco por la inquisición acerca de que entendía que era la trinidad: “Dixo que havía tres dioses y que uno hera dios del cielo y que el otro era Mahoma, y que en la tierra hera don Alonso Benegas, y que por esto havían de morir “. Jugó un papel intermediador profundamente legítimo, de hecho estableció negociaciones con uno de sus caudillos, Aben Aboo. Don Alonso estuvo dos días en el mes de mayo de 1570, en Cadiar parlamentando con Aboo, dejando el mando en Jayena a su hermano Jerónimo. Llevó una importante misión mediadora para reducir a los últimos núcleos rebeldes moriscos, cuando la suerte de la guerra estaba ya echada.

Cómo don Alonso de Granada Venegas escribió a Aben Aboo persuadiéndole a que se redujese y lo que el moro le respondió

Por el discurso de esta historia se ha entendido la instancia que don Alonso de Granada Venegas hacía, intercediendo con su majestad y con los de su consejo por los moriscos del reino de Granada que no habían sido culpados, y les habían hecho otros que se rebelasen por fuerza, ofreciéndose a que haría con ellos que se redujesen. Para este efeto había su majestad mandado a don Juan de Austria que le pusiese de presidio en Jayena con alguna gente de a pie y de a caballo, y el duque de Sesa le había proveído de la que dijimos; el cual había hecho estos días algunas entradas, y carteándose con algunos caudillos de los alzados, amigos y conocidos suyos, persuadiéndolos a que dejasen las armas y conociesen su desatino, y la merced que su majestad les hacía. Y como se comenzase a encaminar el negocio bien, en 18 días del mes de abril deste año, antes de ir al campo, escribió una carta a Aben Aboo del tenor siguiente:

Carta de Don Alonso de Granada Venegas para Aben Aboo

«Señor Aben Aboo: Muy espantado he estado que una persona tan cuerda y de tan buena casta como sois, haya venido a parar en un camino de tan gran perdición, así para el alma como para la vida, y destruición de toda esa tierra y gente della. Y porque me pesa mucho dello, y deseo vuestro bien y el de todos, y poner remedio en ello, os pido por merced que me enviéis algunas personas de confianza con quien tratarlo; que yo prometo como cristiano y caballero de les dar toda seguridad, como de presente se la doy, para que puedan ir y venir libremente a Jayena, donde me hallarán; porque quiero tratar con ellos cosas que podrían ser muy convenientes al Servicio de Dios nuestro Señor y de su majestad, y para el bien de toda la gente. Y creedme que digo verdad sin ninguna malicia y engaño; y espero lar respuesta, la cual venga luego. Y al que ésta lleva se le haga todo buen tratamiento por amor de mí, pues lo que me mueve a enviarlo es el bien que a todos deseo; y querría mucho que nos viésemos para tratar destos negocios. Fecha en Jayena, a 8 días del mes de abril».

Y juntamente con la carta dio una salvaguardia al mensajero, encargando a don Gutierre de Córdoba, gobernador de las Albuñuelas, que le dejase ir y volver libremente, porque iba a negocio que cumplía al servicio de su majestad. Esta carta recibió Aben Aboo en Mecina de Bombarón, estando ya el duque de Sesa en Adra; y por consejo de Hernando el Habaquí, que se halló presente cuando se la leyeron, le respondió desta manera:

Respuesta de Aben Aboo

«Señor don Alonso: Por vuestra carta entendí el buen celo que tenéis del sosiego deste reino y del servicio de nuestro rey, como buen cristiano; y esto os obliga procurar el remedio, para que cese tanto mal y dirijo como ha venido por la cristiandad y por los deste reino, y la pacificación y sosiego dél. En lo que decís que estáis espantado que yo me pusiese en tan gran peligro del alma y del cuerpo, en lo que toca al alma, Dios sabe lo mejor; en lo del cuerpo, ya tenemos entendido que el rey don Felipe es poderoso y puede mucho; mas también se ha de entender que le podemos hacer mucho daño más del que se le ha hecho, porque a los deste reino no les queda ya qué perder, y lo que les puede venir agora ya lo tienen tragado. Y todo la que ha venido y viniere a los unos y a los otros cuelga de quien no lo ha remediado con tiempo, creyéndose de livianos juicios, y no de los caballeros que le informaron de lo que convenía al servicio de Dios y suyo.

No hay de qué hacerme a mí culpado ni a los deste reino acerca deste negocio, pues la causa de haberse encendido este fuego fue malos consejeros; y a éstos tales se les debe echar la culpa, que ordenaron tantas liviandades, que los del reino no podían ya vivir; y como entre ellos hay hombres, quisieron tragar la muerte antes que padecer tantos trabajos y sin justicias como se les hacían. Esto ha sido la causa de tanto mal y daño como ha venido, y de tantas muertes de criaturas inocentes; y por esta razón no se ha de hacer culpa a ninguno de los naturales, sino a los que fueron causadores; porque si los agravios que se hacían a estas gentes se hicieran al más cuerdo hombre que hay en la cristiandad, no se contentara con hacer lo que ellos hicieron, sino que hiciera mucho más mal. Cuanto a lo que decís que envíe dos hombres de quien mucho me confío a Jayena debajo de vuestro seguro y palabra, bien tengo entendido que como caballero lo cumpliréis; mas habrá otros de diferente opinión, que harán lo contrario; y hasta que haya comisión del Rey o de don Juan de Austria no se atreverán a ir. Don Hernando de Barradas escribió a Hernando el Habaquí, que es general desta tierra levantada, los días pasados, pidiendo que se juntase con él en el marquesado del Cenete, y juntos trataron del remedio para que este fuego se apague; y de allí se fue el Habaquí al río de Almanzora, donde también le escribió Francisco de Molina, y se vio con él; y después fueron a verso con él don Francisco de Córdoba y otros caballeros, y el Habaquí nos vino a dar cuenta de todo, como hombre a quien tenemos dada comisión para estos negocios. Si quisiéredes veros con él, enviadle seguro del Rey para él y los que fueren de nuestra parte con él, porque de la nuestra aseguramos a vos y a los que vinieron con vos. Y para tratar deste negocio, y que venga a tener efeto, nos parece que se podrá negociar por la vía de Guadix, pues está allá comenzado y puesto en buenos términos; y si no, en Órgiba os podréis ver con él, porque es persona que holgaréis de verle y de tratar con él cualquier negocio. Fecha en la Alpujarra, a 22 del mes de abril de 1570 años. Muley Abdalá Aben Aboo.»

Al acabar la sublevación consiguió que su familia no se viera afectada por las medidas de expulsión de los moriscos del reino, como le ocurriera a otras tantas familias colaboradores, descendientes de grandes linajes nazaríes. A don Alonso se le encargó la conducción de la columna de moriscos expulsos procedente de las zonas de la Vega y el Valle de Lecrín. Su destacado papel en la represión morisca, le permitió importantes logros que pudo utilizar en su beneficio. “hizo en la guerra de Granada notables servicios a Dios y a Su Magestad, hasta acabar por su mano el rendimiento”. Logró que cuarenta y dos familias moriscas permanecieran en sus pertenencias de Campotejar, Jayena y el Generalife, y que no fueron expulsados, unas 200 personas. La contienda le había supuesto un gran coste económico, que en parte le fue pagado con dichos privilegios.

“Quanto a lo que toca a dexar en Xayena los christianos nuevos queson naturales de él, yo me contento que al presente se haga por su respeto y contenplaçión adbirtiendo que esto se a de entender con los vezinos del propio lugar y no de los convezinos, porque sería de gran inconbiniente por el exenplo y otras causas que se dexan considerar.”

“Primeramente le damos facultad para que pueda dar licencia a siete personas criados suyos y otras que él eligiere, avnque sean moriscos, que puedan traer armas en la forma y manera que la dieron y pudieron dar sus pasados en virtud de las cédulas y prebilejios que tubieron para helio, y las tales personas puedan traer las dichas armas en virtud de la licencia del dicho don Alonso sin caer ni incurrir por helio en pena alguna, para lo qual declaramos y queremos que no se entiendan con hellas las probisiones y bandos que por nuestra orden se an dado y publicado ni los que adelante se publicaren, teniendo como tenemos entera satisfación que el dicho don Alonso prozederá en dar las dichas licencias con tal consideración y miramiento que de ellas no pueda resultar inconbiniente ni deservicio a Su Magestad.

Y por que se a visto por ispirencia que los dichos moriscos rebelados se apoderaron de munchos lugares de señores, algunos de los quales costaron después muncho trabajo y sangre a recuperar como fueron Galera, Serón y Tíjola, y el dicho don Alonso tubo tanto cuidado y bijilancia en guardar el lugar de Jayena, que sustentando en él una torre con jente, artillería y municiones a su costa le defendió, de manera que aunque los dichos rebeldes binieron sobre hella dibersas vezes no la pudieron tomar ni hazer el pie que deseaban en aquel puesto, desde el qual salió el magnífico señor don Alonso a correr la tierra, y en las correrías mató y cautibó munchos moros, de donde resultó quemarle unas casas principales y robarle muncho ganado, allende de la pérdida y diminución de las rentas que en el dicho lugar y en el de Turillas tenía, y aunque teniendo consideración a los servicios hechos y daños rescibidos por el dicho don Alonso, y que los naturales de los dichos dos lugares no se rebelaron, antes tomando exenplo los basallos del señor estubieron sienpre firmes en la lealtad que a Su Magestad debían, por mi temor que quedasen poblados el dicho don Alonso no quiso gocar de esta gracia por facilitar más el sacar la jente de las tierras que le encomendamos que sacase29, a cuya causa los dichos lugares an quedado despoblados, por lo qual, y porque si bien el dicho don Alonso los piensa poblar de christianos viejos no de menos, porque para la guía de las aguas, trato, conoscimiento y riego de las heredades y otras granjerias que con ellos tiene, en que consiste la mayor parte de su hacienda, tiene nescesidad de que queden en cada uno de los dichos lugares seis casas de moriscos, y nos a pedido lo tengamos por bien, considerando su demanda ser justa y moderada, y teniendo de su persona seguridad que de las que elijiere ningún inconbiniente redundará al servicio de Su Magestad, quietud y reposo de la tierra, decimos que le damos y concedemos facultad para que pueda dejar y tener las dichas doze casas de christianos nuevos, las que elijiere para este efeto, en los dichos lugares de Jayena y Turillas, repartidas por mitad, en cada uno seis, las quales declararlos no ser conprehendidas en los bandos que se an echado ni promisiones que se an hecho para sacar todos los moriscos del reino, y que sin enbargo dellas sean reserbadas de salir de él las dichas doze casas el tienpo que bibieren en los dichos lugares, de las quales ha de ser obligado el dicho don Alonso a dar quenta sienpre que le sea pedida.

El dicho don Alonso nos a ynfomiado que él tiene otro lugar que se llama Canpotéjar, camino de Jaén, en que ay cien vezinos de christianos viejos, de donde él sacó cien tiradores y sirbió con helios en la salida que el marqués de Mondéjar hizo al Alpujarra, y porque entre otros cortijos que en el término del dicho lugar tiene ay tres, es a saber Dehesa Vieja, la Solana y el Juncar, los quales labraban moriscos, y por aberselos quitado tiene perdidas más de tres mil hanegas de pan de renta, y nos a pedido que para restaurar este daño le permitamos que en el dicho lugar tenga diez casas de moriscos, oficiales, regadores y ortelanos de los que no an sido rebeldes, nos abemos contentado de darle, como por la presente le damos, facultad para que pueda elejir y tener en el dicho lugar de Canpotéjar las dichas diez casas de moriscos, sin enbargo de qualquier bando o provisión nuestra que lo contrario disponga, las quales en quanto a esto derogamos con que el dicho don Alonso aya de ser y sea obligado a dar quenta de la jente de las diez casas como de las de Jayena y Turrilla sienpre que le será pedida. Tanbién nos a hecho relación el dicho don Alonso que siendo como él es alcaide del Jeneralife de esta ciudad por merced de Su Magestad, está obligado a procurar su conservación, la qual consiste en aber onbres que tengan quenta con la culturación y granjeria de las guertas y jardines que tienen, y sean pláticas (sic) y esperimentadas en ello, y éstos no los aya sino moriscos, por cuyas manos an sido sienpre tratadas y governadas, y si no se dejasen algunos oficiales jardineros, barrenderos, cañeros y ortelanos para este efeto se bendría a perder y destruir en brebe tienpo, que sería lástima siendo una de las mejores casas de recreo que Su Magestad tiene, y nos a pedido permitamos que en seis guertas que la dicha alcaidía tiene y en la casa principal y jardines de ella, que son munchos, queden nueve ortelanos y un cañero y un azequiero, que por todos son onze personas, que si bien serían menester munchos más, con éstos se entreterná y irá dando industria a otro, lo qual nos a parecido cosa justa, moderada y conbiniente al servicio de Su Magestad, y así por la presente damos facultad al dicho don Alonso que pueda elejir y tener en el dicho Jeneralife para el efeto susodicho los dichos nueve ortelanos y un cañero y un acequiero moriscos, con los quales siendo por él elejidos declaramos y queremos que no se entiendan los dichos bandos y provisiones con que no sean de los rebelados.

Otrosí nos a ynformado que a munchos años que tiene dos lacayos moriscos, que el vno se llama Alonso de Santiago y el otro Luis Sánchez, a quien por ser fieles y lo bien que le an servido, particularmente después de la rebelión, desea tener consigo, pidiéndonos se lo permitiésemos y nos abemos contentado dello. Por tanto, decimos que le damos facultad para que pueda tener en su casa y servirse de los susodichos como personas no conprehendidas y reserbadas de los dichos bandos.”

Alonso de Granada Venegas Rengifo fallecido el 5 de junio de 1611, su cuerpo fue sepultado en la capilla privativa de san Pedro en el Sagrario de la catedral “donde están sus armas y banderas suyas y de sus padres y abuelos… haciendole grandes honras con asistencia del cabildo de la catedral y muchos caballeros y señores y deudos”

Bibliografía
- Don Alonso de Granada Venegas y la rebelión de los moriscos. Correspondencia y mercedes de don Juan de Austria: Enrique Soria Mesa.
- La memoria escrita de la casa de Granada: el archivo del marquesado de Campotéjar.
(s. xv-1643 José Antonio García Luján.
- Notas para la historia del Generalife por Manuel Garzón Pareja.
- Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del reino de Granada - Luis de Mármol y Carvajal.
- Don Alonso de Granada Venegas Rengifo, cuarto señor de la casa de granada (1540-1611) de la conquista a la asimilación. La integración de la aristocracia nazarí en la oligarquía granadina. Siglos xv-xvi Enrique Soria Mesa.
- Las lecturas de Don Pedro de Granada Venegas, I marqués de Campotéjar (1559-1643). Mª del Carmen Álvarez Márquez y José Antonio García Luján.
- Los orígenes del marquesado de Campotejar (1514-1632): una contribución al estudio de los señoríos del reino de Granada. Rafael Gerardo Peinado Santaella.
- Anales de Granada. Granada, F. Henriquez De Jorquera.

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