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Aclaraciones sobre el Islam

Los acusadores del Corán

08/04/2015 - Autor: Dr. Armando Bukele Kattan - Fuente: web
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Dr . Armando Bukele Kattán

En el siglo VII, (años 610-632 D.C.) en las ciudades de la Meca y Medina, un nuevo y verdadero profeta de Dios, Muhammad, que en español  algunos lo traducen por Mahoma, transmitía una nueva revelación que procedía de Dios, el Sagrado Corán.
El uso inexacto de la palabra profeta, utilizado hasta para los adivinos e incluso para muchos que ahora se autodenominan profetas – sin serlo – minimiza la importancia de este término.

Ser profeta es una honrosa distinción para los escogidos de Dios. El término se aplica a los inspirados por Dios, o Nabi; y para aquellos que no sólo son inspirados por Dios; sino que también, cuando predican su doctrina, Dios habla a través de ellos, son los llamados Rasulu, esto es, Mensajeros de Dios.

De allí que la doctrina que predican no es de ellos, sino que de Dios. ¡Dios habla a través de ellos!

La Toráh de Moisés; los Salmos de David; el Evangelio de Cristo y el Corán de Muhammad, son libros revelados por Dios, o mejor dicho, Dios habla en ellos.
Muhammad, profeta y mensajero de Dios, predicó durante casi 23 años: 13 años en la Ciudad de la Meca y 10 años en la Ciudad de Medina. Para leer el Corán es necesario conocer la cronología – esto es, el tiempo  de la revelación, para ver si son aleyas generales o bien específicas, de un momento determinado.

Los acusadores del Corán, ya sea por ignorancia o mal intencionados, sacan de contexto algunos versículos específicos que eran para el tiempo y el lugar que fueron aplicados y luego los generalizan, equivocándose en su interpretación y en su aplicación. Por ello lo correcto es estudiar primero la doctrina islámica y luego penetrar en el estudio del Corán.

Para aquellas personas bien intencionadas que deseen leer el Corán desde un principio, les sería conveniente un Corán escrito en árabe, que solo hay uno y además se encuentra intacto, y con la traducción comparada al español y con notas aclarativas en los diferentes versículos. Aunque no se lea el árabe, siempre es conveniente tener el original, sin cambio alguno, para poder confrontar, aunque sea preguntando. Hay multitud de traducciones, sobre todo en español, incorrectas; con notas aclarativas, aún más incorrectas e incluso tendenciosas.

Hay que tener mucho cuidado con ello.

El Centro Islámico Árabe Salvadoreño ha decidido redactar una serie de libros, para los lectores acuciosos que les gusta escudriñar las Santas Escrituras, o que tienen deseos de buscar y encontrar un nuevo camino hacia Dios; o que tengan un gusto especial – talvez genético – por todo aquello que representa el arabismo y el Islam; ya que los genes nos dan información de nuestros ancestros; y la gran mayoría de salvadoreños tiene sangre árabe en sus venas; debido a la permanencia en la Península Ibérica de muchos siglos, hasta de 781 años, en el último reducto árabe – musulmán en España: El Reino de Granada. De allí vinieron los españoles del pueblo, a trabajar acá. Son los que se mezclaron con los pueblos originarios. El hidalgo español, que se consideraba puro y detentaba el poder, no se mezclaba.  

La curiosidad – debido a la publicidad notoria, aunque muchas veces negativa, también hace su parte.

La serie “El sendero hacia el Islam” empezó a publicarse en el mes Junio de 2010, siendo su primer libro, el ABC del Islam, un libro que recomendamos y es de lectura básica, para aquellos que quieran conocer la verdad sobre el Islam. Ya vamos por la tercera edición impresa dando un total de 9,000 libros, que junto a los 135,000 libros bajados gratuitamente de la Red, en E.S y en diferentes países de Hispanoamérica, España y las áreas hispanoparlantes de E.U, en 44 portales, nos da una edición hasta ahora de 144,000 ejemplares. Y seguiremos promoviéndolos, todos en carácter gratuito. Si desea uno, puede pedirlo al tel. 2535-4800.

Los adoradores del poder y los fanáticos, que se autoproclaman antifanáticos, aunque no son más, que fanáticos de su propio antagonismo, se dedican a atacar el Islam sin conocerlo; confundiendo adrede o por ignorancia lo que es el Islam, con los movimientos fanáticos violentos, que se autoproclaman Islámicos; muchas veces, armados y entrenados por Occidente, que no son verdaderamente islámicos. Somos mil ochocientos millones de musulmanes en el mundo, el 99.9% pacíficos, que son las principales víctimas de los terroristas. Estos representan solo el 0.1% del Islam, aún así, una cifra considerable: 1.8 millones. La mayoría de muertos son musulmanes. Una noticia correcta sería: una minoría de fanáticos terroristas matan a comunidades Islámicas (o musulmanes) pacíficas. Y no: musulmanes matan a inocentes. Es al revés. Por otro lado, nuestro movimiento islámico, integrado por salvadoreños, que tienen el Islam como su religión, y se amparan en la libertad de cultos, constitucionalmente permitida, es un movimiento de Paz y Hermandad y de ayuda a nuestro prójimo, a nuestros hermanos salvadoreños, aunque pertenezcan a otras religiones.                 

Los movimientos religiosos están para ayudar, no para lucrarse. En tiempos de crisis, como ahora, las Iglesias están para ayudar a la gente pobre, no para que éstos ayuden a la Iglesia  y a los dirigentes religiosos.

El sistema es claro, con los pobres y débiles la iglesia debe dar el diezmo, no pedirlo, ni mucho menos exigirlo. El que tiene mucho, que lo dé.

Dios premia al que da con sentimiento y amor y calcula lo que le cuesta. El ejemplo de la anciana cuyos centavos valían ante Dios, más que las monedas de oro de los adoradores del dinero y del poder.

Eso no significa que no debemos hacer caridad. Tenemos que ayudar a nuestro prójimo, empezando por los que están sentimentalmente más cerca, pero extendiéndolo a otros sectores más lejanos.

Cuando hablamos del Islam, lo hacemos con total conocimiento, porque nos consideramos expertos en el tema y somos musulmanes. Cuando hablamos de otras religiones, a pesar que somos versados en esos temas, ya que tenemos la costumbre de no hablar o comentar sobre temas que desconocemos, debemos reconocer que lo hacemos desde una perspectiva islámica. Eso sí, nuestra conducta, al comentar religiones hermanas, lo hacemos de acuerdo a las enseñanzas de nuestro profeta: En  forma pacífica, con cariño y tolerancia.

El judaísmo, el cristianismo y el islam son religiones abrahámicas y provienen de la misma revelación. Existen entre ellas diferencias fundamentales. Esto no obstante, no nos debe llevar a señalarlas negativamente, descuidando el hecho de que las similitudes, son considerablemente mucho mayores que las diferencias. Nosotros no criticamos religión alguna, criticamos actuaciones específicas, o mensajes que contradicen la misma doctrina.

En el capítulo 29 versículo 46 se ordena en el Sagrado Corán: “Y no discutáis con la gente del Libro (judíos y cristianos) sino en la forma más pacífica, excepto con los impíos. Diles: “Nosotros creemos en lo que nos ha sido revelado (Sagrado Corán) y creemos también en lo que os ha sido revelado (Santa Biblia); pues nuestro Dios y vuestro Dios es el mismo, aunque nosotros nos sometemos íntegramente a su voluntad”.

Y en el capítulo 5, segunda parte  del versículo 82 del Sagrado Corán, dice lo siguiente “Y encontrarás que los más cercanos a los fieles (musulmanes) son los que dicen “Nosotros somos cristianos” y es porque entre ellos, hay monjes y monjas y sacerdotes que no son soberbios (y los guían por el camino recto).

Fuera de ello, reconocemos que sacerdotes, y pastores, son mayoritariamente buenos dirigentes; siendo los señalados negativamente tan solo unos cuantos miles, dentro de un total de más de 1 1/2 millones  de dirigentes, la mitad, católicos. Además, la perfección solo es de Dios.

En Deuteronomio 18:22 de la Santa Bilblia se lee:

Si el profeta ha hablado en el nombre de Dios y su palabra no tiene efecto, ni se cumple, entonces es cosa que no lo ha dicho Dios: Mitra, Attis (Frigia), Dionisio (Baco); Osiris –Horus –Isis-Seth, Hermes, desaparecieron como cultos religiosos. Fueron grandes pensadores, que dejaron conocimientos científicos y mensajes buenos para su tiempo y que algunas todavía persisten, pero no eran mensajeros de Dios. Podrían estar iluminados por Dios, pero su mensaje era de ellos. El cristianismo y el Islam, se mantienen con millones y crecen día a día.  Yo soy musulmán, pero respeto a todas las Religiones y a todos los Profetas y Mensajeros de Dios, con especial dedicación, por su similitud con el Islam, con la gente del libro AHL AL KITAB, judíos y cristianos. 
(Sagrado Corán 2:4); pero mi fe, es el Islam.

Los musulmanes creemos en un solo Dios, Todo poderoso, Creador de los Cielos y la Tierra y todo lo que ellos contienen; creemos en la Revelaciones anteriores y en sus Libros sagrados; creemos en los Profetas y Mensajeros; creemos en Adán y Eva, Noé, Abraham, Ismael, Isaac, en Jacob y las 12 tribus, en José y los sueños de Faraón; en Moisés y los Mandamientos de la Ley, la cual se mantiene y se respeta y no se abroga nunca, como dicen algunas manifestaciones cristianas; creemos en los Salmos de David; creemos también en Jesús y en María.

Creemos que Jesús, es el Mesías, y el Verbo encarnado de Dios, que nació Inmaculado, de una Virgen, María, también Inmaculada; que fue creado de una manera diferente, sin padre y sin contacto carnal, por Obra y Gracia de Dios, a través del Espíritu Santo (El Arcángel Gabriel); que Jesús hacía milagros, curaba enfermos, resucitaba muertos, todo porque el poder de Dios se lo había concedido; que trajo el Evangelio, Palabra de Dios, dicha a través de Él y que vendrá nuevamente a la Tierra, a derrotar al Anticristo y traer Paz, Prosperidad y Justicia; creemos en los ángeles, los mundos visibles e invisibles, el Día del Juicio Final, la Resurrección de la carne, el Perdón de los pecados; el valor de la Fe y las buenas obras, La Vida en el Más Allá; el Premio y el Castigo, concedido con justicia a través de la “Balanza” de lo Bueno y lo Malo que hemos hecho; y creemos en la Revelación dada por Dios a nuestro profeta Muhammad, a través del Corán; y creemos también en los Dichos y Tradiciones del Profeta, los Hadices y la Sunnah, recopiladas en los libros auxiliares y amamos siempre a Dios;  y le tenemos, solo cuando nos desviamos del camino recto; y nos sometemos íntegramente a su voluntad.

En nuestra labor ecuménica, tenemos que puntualizar más lo que nos une y no, lo que nos desune y nos lleva a la eterna disputa.

Algo que debemos evitar es el enfrentamiento radical, que empieza a desconocer la Revelación del otro, considerándola incluso falsa y afirmando que sólo nuestra fe, nos lleva a la salvación eterna.

No solo desconocemos al “contrario”, sino que hasta negamos la función complementaria de nuestras buenas obras y de que, ningún humano puede ser previamente condenado por otro, porque solamente a Dios  corresponde juzgarnos.
El ideal de la tolerancia, no se contenta con “aceptar al otro”, sino en comprender su doctrina, conocerla con amplitud y profundizar en sus enseñanzas, aunque estemos firmes en las nuestras.

Si esto no se hace, el diálogo fecundo se convierte en confrontación. Y debería evitarse.
Por otro lado, ¿Cómo podemos discutir algo que desconocemos?

Además, debemos considerar a nuestro “hermano”, aunque sea de otra religión, en igualdad de condiciones.

Que no nos pase lo del amo que daba de golpes a sus siervos con un palo, pero decía que les golpeaba suave. Lógico, no era él, el que recibía los golpes.

Para que quede bien claro, el planteamiento de la Iglesia Islámica de El Salvador, que constituye la personería de nuestra Comunidad musulmana sunita de nuestro país, se detalla en nuestra Proclama, que ya publicamos y que hoy nuevamente mencionamos,  aunque sea en forma resumida.

- Afirmamos que el Islam es una religión de paz. Su nombre proviene de la paz interior que se logra con la sumisión a la voluntad de Dios. Su saludo permanente “SALAM ALEIKUM”, que significa la paz sea con ustedes, es un mensaje de concordia, amor y ayuda al prójimo. Las sociedades islámicas han sido históricamente amplias y tolerantes; e incluso cuando ha habido violencia, ellas han sido normalmente las agredidas y no, las agresoras; incluso hasta por los mismos extremistas que la dicen representar. Como seres humanos, y como musulmanes, estamos en contra de la guerra y a favor de la paz, pidiéndole a Dios, más allá de nuestras cinco oraciones diarias obligatorias, que la paz y la concordia se establezcan en nuestro Mundo, cada vez más caótico.

- Que consideramos que la integración con otras religiones hermanas, en El
Salvador, a través del Consejo de Religiones por la Paz, nos hace potencializar nuestra fuerza y llevar más allá nuestro principio común: de amar a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos, por amor de Dios; considerando que nadie es un verdadero creyente, si no desea para su hermano, lo que desea para sí mismo.

- Nuestro deseo que las diferencias entre los salvadoreños y salvadoreñas se resuelvan de forma pacífica, como hermanos, utilizando el diálogo y no la confrontación; la paz y no la guerra; la tinta y no la sangre; la concordia y no el enfrentamiento; y que reinen la justicia, el amor, la libertad y la verdad, permanentemente”.

¡Que el Dios Uno y Único, el Dios de todo, todos y todas, nos ilumine, nos dirija y nos proteja.

Que su paz , su misericordia y sus bendiciones se derramen sobre toda la Humanidad. Amén.

NOTA: Para ver el programa en vídeo siga este link

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