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La naturaleza del propio yo

El ser humano es como un pedazo de papel con un texto escrito de forma invisible en su naturaleza

06/03/2015 - Autor: Redaccion Revista Cascada - Fuente: Revista Cascada
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La naturaleza del ser humano es como un espejo que refleja el misterio de la Divinidad.

¿Cuál es la naturaleza exacta del ego?

El ego es básicamente aquello que consideramos como la esencia de la naturaleza humana dotada de cualidades que son propensas a la bondad y la maldad. Dios Todopoderoso ha insertado ambos sentimientos y emociones, buenos y malos, en nuestra naturaleza. En este sentido, podemos ser a la vez seres angelicales y diabólicos.

Del mismo modo que podemos obtener una espiritualidad capaz de alcanzar el nivel de los ángeles, también podemos caer en simas en las que incluso el diablo se apiadaría de nosotros.1

Sí, aún habiendo sido creados de la mejor manera, los seres humanos tienen también una parte abierta a los sentimientos negativos que pueden arrastrarlos hacia abajo, sentimientos que han sido inscritos en su naturaleza para un propósito concreto y para la sabiduría. Bajo la influencia de dichos sentimientos, una persona puede caer en cualquier momento al fondo de lo más bajo.

Nuestra protección para no caer se logra mediante la fe y las buenas obras.2 Por medio de la fe y las buenas obras podemos, por un lado, desarrollar nuestros sentimientos y habilidades angelicales, y por el otro podemos suprimir y erradicar aquello que nos conduce al mal.

Hay un punto central en nuestra naturaleza, algo así como una semilla, que es el vivero de sentimientos buenos y malos. Sin duda es importante nacer en una buena familia y ser educados por buenos maestros; sin embargo, más tarde es en nosotros mismos sobre quienes recae la tarea de canalizar nuestra voluntad hacia el sendero angelical, en palabras de Rumi, a fin de desarrollar nuestra naturaleza en la dirección del propósito de nuestra creación, lo cual se convertirá en una segunda naturaleza para nosotros. Sí, el ser humano es como un pedazo de papel con un texto escrito de forma invisible en su naturaleza. Es posible adquirir una segunda naturaleza aplicando en este papel una mezcla de buena intención, libre albedrío, buenas obras, sinceridad, determinación, coraje y esfuerzo, que revelen esta escritura oculta que porta el ser humano a fin de convertirse en el ser celestial que está destinado a ser.

Una persona con una naturaleza así suprimirá al mismo tiempo todos sus malos sentimientos. Probablemente, con el tiempo, lo que quedará del yo carnal y del demonio será una mera influencia del sistema «nervioso» que le permite cumplir con su deber como persona hasta el final de su vida. Una persona que llegue hasta ese punto no vacilará ni tendrá dudas sobre los asuntos relacionados con los pilares de la fe y con la adoración. Incluso si cincuenta mil demonios se enfrentaran a él, con el permiso de Dios, no serían capaces de eliminar esa verdad tan profunda y luminosa de su conciencia. Teniendo en cuenta que la lucha es, por definición, una parte consustancial de nuestras vidas (considerando que este mundo es una morada de prueba), el yo carnal o el sistema nervioso pueden producir llamas de irritabilidad, sensibilidad, violencia, ira, y odio en el alma. Así es la naturaleza humana, una naturaleza que abarca múltiples ámbitos tales como el ego, el espíritu, la inteligencia, la tendencia hacia el bien y el mal, la existencia humana con todas sus dimensiones materiales y espirituales.

La naturaleza del ser humano es como un espejo que refleja el misterio de la Divinidad. Y si la naturaleza humana es a la vez luz y oscuridad, ¿cómo es posible que una persona conozca plenamente al Creador, mantenga en el mundo la luz de Sus Nombres y Atributos y alcance un nivel de conocimiento perfecto acerca de Dios Todopoderoso?

Las personas conceptualizan un marco de existencia por sí mismos al decir cosas tales como «yo», «mi voluntad», «mi fuerza», «mi poder» o «mi vida». En cierto sentido, existe un beneficio en esta conceptualización porque el propio yo, que tiene uno de sus lados en la oscuridad, está así en condiciones de ser un espejo de la existencia de Dios, un espejo con el que el ser humano se convierte en testigo. En términos sufíes, esto se conoce como asrar-i judi, los secretos del propio yo y cómo alcanzarlos con aquello que establecemos nosotros mismos como un dominio de autoridad, como una jurisdicción. Esto requiere, además, una revisión a fondo de nuestra propia naturaleza.

Mediante esta autoindagación, el ser humano puede observar en el espejo sus propias capacidades de conocer, ver, escuchar y qué desea obtener mediante su fuerza de voluntad parcial, el reflejo de los Atributos Divinos de Ver, Oír, la Gran Fuerza de Voluntad, el Habla y la Creación, todos estos Atributos que existen en el ser humano, incluso si no son tangibles más que como sus matices correspondientes. Afirmarlos y protegerlos nos permite delimitar nuestras concepciones. Entonces nos damos cuenta de que eso que llamamos «vida» le pertenece enteramente a otro, y que todas las cosas que pensamos que nos pertenecen nos han sido confiadas temporalmente.

Con una naturaleza así, el propio yo no es sino un prisma que refleja los Atributos de Dios. Puesto que el Exaltado se comprende a través de Sus Atributos. Nosotros Le describimos como el Único «conocido a través de Sus Nombres y comprendido mediante Sus Atributos, aunque su esencia nos sea desconocida». Si Él es descrito de esta manera, entonces es necesario que todo lo consideremos en este contexto. René Descartes conecta lo finito a lo infinito con las siguientes palabras:

«Aunque yo no comprenda lo infinito, y aunque pueda haber en Dios una infinidad de cosas que no puedo comprender, ni tan siquiera puedo encauzar el pensamiento de ninguna manera; la naturaleza del infinito no puede ser comprendida por lo finito; y es suficiente que yo entienda esto correctamente, y juzgo todo aquello que claramente percibo y en lo que sé que hay alguna perfección, y quizás también una infinidad de propiedades de las que soy ignorante y que están formal y eminentemente en Dios, a fin de que la idea que tengo de Él pueda llegar a ser la más verdadera, clara y distinta de todas las ideas que hay en mi mente...»

Said Nursi evalúa el asunto de una manera similar y dice que mediante la existencia de las cosas visibles e invisibles se prueba la existencia de Dios; mediante Su ausencia se comprueba Su permanencia, igual que las efímeras burbujas de agua en un arroyo muestran la existencia de un sol eterno, siendo cada una de ellas un espejo de su luz.

Toda la creación está viva sólo por Su poder de Creación. Permanece viva sólo con Su Auto-Existencia, y aquello que Él destruye, perece.

Sí, con Su voluntad de finalización, toda cosa llega a su fin, ya que Él es el Único que es eterno. El versículo: «Todo lo que se halla en la Tierra es perecedero. Pero permanece para siempre la "Faz" de tu Señor, Aquel de Majestad y Munificencia» (Corán, 55: 26-27) expresa esta verdad.

Si, con la aniquilación y desaparición de estos atributos en nosotros, podemos conectar con los perfectos atributos que pertenecen a Dios. Nuestros propios atributos deficientes y defectuosos nos muestran que los atributos del verdadero Dueño son perfectos y completos.

Nuestra existencia humana, por decirlo así, depende de satisfacer necesidades tales como la comida, el aire, etc. Sin embargo, no controlamos, por ejemplo, ni tan siquiera un uno por ciento de todo el proceso de comer, desde el crecimiento del trigo en el suelo y su dependencia de la luz y el calor del sol hasta los procesos digestivos que tienen lugar en nuestro cuerpo. Dios Todopoderoso es Quien hace que funcionen las glándulas salivales. Dios Todopoderoso es Quien envía la comida a nuestro estómago, y Quien establece y regula el mecanismo. Cuando en ciertas ocasiones algo se mete en nuestra tráquea, todos sabemos bien lo complicado que se vuelve el asunto.

En consecuencia, si una persona pensara en todas estas cosas, en vez de decir «comí», sabría que sería más apropiado decir «fui alimentado». Un creyente que dice, «comí», en realidad está diciendo esto en sentido figurado y queriendo decir en realidad: «Fui alimentado».

Como puede verse, cuando se analiza cualquiera de los actos voluntarios de una persona, resulta evidente que tiene una serie de fallos y deficiencias. Así es la naturaleza humana y nosotros existimos dentro de este contexto. Así, la naturaleza del ser humano muestra que existe el Exaltado que se halla absolutamente por encima de tener defecto alguno y libre de debilidad, que hace estas cosas en el hombre con sabiduría. De esta manera, a pesar de todas sus deficiencias, una persona llega a conocer al Único sin deficiencia. Vemos así que la naturaleza del hombre es como un espejo que refleja en su superficie el resplandor de los Atributos del Exaltado. El hombre siempre puede observar los radiantes Atributos de Dios mirando a través de este espejo. Realmente, ser capaz de ver los Atributos de Dios Todopoderoso implica una estación asombrosa; no sé si todo el mundo está destinado a ello, pero este es el medio para poder llegar a conocer al Exaltado.

Podemos aumentar el conocimiento de nuestro Señor a través del pensamiento de nuestra impotencia en cada acción y en nuestro comportamiento, mediante la contemplación de los aspectos que pertenecen a Dios; tomando conciencia de nuestra impotencia, mediante la comprensión de que somos alimentados por las bendiciones de nuestro Señor, profundizando aún más en nuestro conocimiento de Él y orientándonos, por ejemplo, mediante cuatro principios: siendo conscientes de nuestro desamparo, de nuestra impotencia, ofreciendo nuestro agradecimiento y mediante la contemplación. Esencialmente, alcanzar un nivel así (el más alto de lo más elevado), lograr la estación del «hombre perfecto» debería ser el objetivo de todo ser humano. Seguir el camino de los Profetas, que es en cierto sentido lo que implica este hecho, es la mejor dirección que una persona puede tomar.

Para concluir, en una de las ramas del propio yo están los Profetas y sus fieles seguidores. Sus actos se llevaron a cabo por el bien y por agradar a su Único Señor. En otra de las ramas están Nimrod y los faraones que se jactaban de su riqueza, exaltados por sí mismos y actuando en su propio interés.3

Cuando se trata de hablar de Dios Todopoderoso, expresamos la Unidad Divina, en palabras de Erzurumlu Ibrahim Hakki:

Él no come ni bebe; no está sujeto al tiempo, Dios está libre de todo ello,

Libre de alteración, deterioro, color o forma,

Él es todo lo trascendente, estos son sus atributos negativos.

Notas
1- «Sin duda alguna hemos creado al ser humano del mejor carácter como el modelo perfecto de la creación» (Corán, 95:4).
2-Para más referencias, ver los capítulos 95 y 103 del Corán.
3-En una tercera rama, incluso entre aquellos que creen en Dios, hay algunos que actúan con una falsa filosofía de auto-deificación aspirando a ser como Él, o jugando a ser Dios, en otras palabras. Y algunas de estas personas llegan incluso hasta el extremo de decir: «El fin último del ser humano es ser exactamente igual que el Creador», y así enturbian los pensamientos puros de la gente con su propio delirio.

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