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La naturaleza humana - Dr. Armando Bukele Kattán

la miseria histórica de la Humanidad.

24/02/2015 - Autor: Dr. Armando Bukele Kattan - Fuente: web
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Dr. Armando Bukele Kattán

 

La naturaleza humana.

Dr. Armando Bukele Kattán 


La ciencia ha puesto en manos de ciertos hombres, medios de destrucción, capaz de terminar con el progreso y la vida biológica del planeta, o al menos con la vida humana; la dilapidación de los recursos naturales es preocupante; el aumento constante de los millones de seres humanos que no han podido salir de la miseria histórica de la Humanidad. Hay progresos magníficos, pero a la par se multiplican las amenazas mortales.
El desarrollo económico-tecnológico-transnacional ha creado por un lado deshumanizaciones de las Empresas; hasta el punto de presentarse como una verdad evidente en el frío mundo de los negocios: que las corporaciones no tienen corazón. De ello se deriva la conclusión lógica, que cuando se negocia con ellas se debe estar alerta, para no caer en el engaño. Como bien lo dice el sabio refranero popular: más vale prevenir que tener que lamentar y como alguien dice por allí: no es tan malo el que te daña; como tonto, el que se deja.
Los directivos de dichas empresas se deshumanizan, despersonalizándose y los técnicos asistentes se convierten en mentalidades homogéneas y pasivas.
Y que decir del pueblo, que generalmente es el cuchillo del mismo pueblo.
El mundo está lleno de envidiosos e hipocráticas, considerándose en estos últimos, 3 características fundamentales: cuando hablan, mienten; cuando prometen, no cumplen y cuando confías en ellos, te traicionan.
En todo el mundo proliferan los perversos; con la especial tolerancia (para esto si hay tolerancia) de los que se llaman BUENOS. Muchos llaman bondad al egoísmo y a la cobardía. No mueven un dedo para ayudar a su prójimo, en medio de su angustia. Ya Albert Einstein lo decía:
“El mundo no está amenazado por las malas personas, sino por aquellas que permiten la maldad”.
…Por otro lado, los dirigentes de cualquier tipo, en su gran mayoría, se olvidan de sus representados e incluso de aquellas personas que les ayudaron a subir; cuando calculan que ya no los necesitan; e incluso, pueden actuar en su contra, de manera “ejemplar” y de cara al pueblo, de que son tan correctos, que no toleran acción negativa alguna, aunque tan sólo sea supuesta, ni de sus propios amigos.
Pretenden demostrar así, una rectitud aplaudible, pero sólo demuestran, una deslealtad deleznable…
A los dirigentes y no sólo políticos; sino también de toda índole: sociales, sindicales, gremiales, étnicos, etc. y por supuesto, también los religiosos, se les olvida, que si bien, por razón de su cargo, tienen el derecho de usufructuar un mayor porcentaje de los beneficios, tienen también el deber ineludible de responder con mayor responsabilidad y vehemencia por toda la Comunidad que representan, en tiempos de crisis…pero generalmente son los primeros en salir corriendo al presentarse las dificultades.
Otros están incluso esperando ser “arrebatados”. A esto yo insisto:
En un momento de crisis – lo que se denomina también como tiempos de tribulación; el dirigente religioso aún en el caso de ser escogido para ser arrebatado, si existiera tal arrebatamiento, tiene que renunciar a ello, debiéndose quedar en la Tierra, protegiendo a su grey, a soportar mejor los tiempos de tribulación, ya que no todos serían arrebatados. Si se van primero a los que mueren. ¿Para qué tener dirigentes?
Está bien que tengan mayores privilegios e incluso usufructen en primer lugar los diezmos, en caso de abundancia o normalidad; pero en caso de desgracia, el verdadero líder se queda defendiendo a su grupo – llámese como se llame – incluso arriesgando su vida o hasta perdiéndola.
Como decía León Felipe:
“No se trata de ser el primero, sino de llegar con todos y a tiempo”.
…Todos los políticos en el Mundo – cuando están abajo, prometen y juran defender con énfasis a los desposeídos, pero cuando están arriba y acceden al poder – con muy pocas excepciones – se olvidan de sus promesas.
Un ejemplo lo podemos observar en Francia. Debido al Gobierno despótico de la Monarquía, el pueblo francés comandado por los intelectuales y la burguesía, la destronó y condenó a muerte a Luis XVI y su familia, realizando la famosa Revolución Francesa, en 1,789. Diez años después, Francia estaba en una bancarrota económica, que hasta los soldados mataban sus caballos, para satisfacer su hambre. Las arcas del Estado estaban vacías. El pueblo incluso se manifestaba a favor de volver a la monarquía. Hasta que Napoleón Bonaparte, comandante del ejército, en 1,799 ofreció una nueva alternativa. Ni república, ni monarquía y en 1,804, se convirtió en Emperador y por lo tanto, formó un imperio. Cuando Napoleón fue finalmente derrotado en Waterloo, se volvió a la Monarquía hasta 1,848, donde se instauró una segunda República y luego un segundo Imperio, hasta la formación de la Tercer República, etc., etc. Esto es esperanzas truncadas y cambios consecuentes…
Somos exigentes y así nos dejamos convencer por aquellos, que nos ofrecen las mejores ofertas; llámase el paraíso en la tierra o el paraíso en el cielo; sin comprender que no hay almuerzo gratis, o si las ofertas son ciertas.
El caso se complica, cuando los ofertantes presentan la recompensa en carácter exclusivo: sólo nuestro partido es garantía; fulano de tal es, el único candidato que puede mejorar tu vida; sólo nuestra religión salva; si no nos sigues, estás condenado etc. etc.
No estamos en contra de ofertar una ideología; lo malo es considerarla exclusiva y condenar a las demás. Esto es, aumentar la confrontación y la intolerancia.
Recientemente, en un escrito del Diario el Mundo, un pastor evangélico manifestaba:
…Porque una cosa es segura, en estos tiempos, la única reserva moral de la Nación, son los cristianos evangélicos… Esto es, que los que no somos cristianos evangélicos no tenemos reserva moral.
¡Tremenda desfachatez!; pero más, marcado egoísmo.La reserva moral de la Nación, está en primer lugar en la maternidad salvadoreña; en todas las madres, no importa la religión que profesen y luego, en los hombres y mujeres de buena voluntad; recordando que buenos; regulares y malos, hay en todas las Religiones.


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