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Cuando el egoísmo nos ciega

Todos hemos obrado alguna vez de forma egoísta.

15/02/2015 - Autor: Natalia Céspedes Arjona
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egoísmo

   ¿Quién no ha obrado en algún momento de su vida de una forma egoísta?

   A veces nos empeñamos en que los demás vivan de la manera en que nosotros queremos que vivan, no como ellos mismos desearían vivir.

Pero, ¿qué es en realidad el egoísmo?

   El egoísmo es aquello que sustituye al amor propio, o que se refiere a un exceso de amor inmaduro e inmoderado que una persona siente sobre sí misma, con el fin de atender desmedidamente su propio interés.  El egoísta por tanto no se interesa por el bien del prójimo sino que actúa de acuerdo a su absoluta conveniencia, anteponiendo sus propios intereses a los de los demás. Tal y como dijo Aristóteles:El egoísmo no es eamor propio, sino una pasión desordenada por uno mismo”.

   En este sentido cabe diferenciar a la persona egoísta de la persona con amor propio, ya que los dos buscan su propia felicidad sólo que el egoísta la buscará a través de otros mientras que la persona con amor propio encuentra en su interior aquello que necesita.  En un concepto opuesto al egoísmo se encuentra el altruismo donde la persona sacrifica el propio bienestar por el bien de los demás, buscando el bien ajeno antes que el propio.

   Desde el punto de vista de la psicología, el comportamiento egoísta es el resultado de una serie de variables emocionales y conductuales que se adquieren a lo largo de la vida. También se ve influido según los expertos por factores genéticos, pero ello no debería ser motivo para obedecer a nuestros genes, es decir que esta conducta adquirida puede ser modificada si nos lo proponemos. Este comportamiento pudo ser adquirido desde la infancia o la adolescencia a partir del entorno. Por ello, los psicólogos constatan que las personas con esta actitud suelen tener una mentalidad infantil, suelen ser personas con grandes dosis de debilidad y un sentimiento claro de inferioridad. Es decir, el niño en su infancia siente la necesidad de verse apoyado para conseguir algo pero esta necesidad no es cubierta, por tanto aprende que para conseguir aquello que desea ha de hacerlo por sí mismo y  las personas que le rodean son el medio para conseguirlo y  preferirá utilizar primero a los demás antes de que los demás le  utilicen a él.

   Igualmente podemos desarrollar el egoísmo en distintas facetas de nuestra vida ante circunstancias adversas, por ejemplo en el plano afectivo, por un problema de abandono de pareja, o en el plano laboral cuando hemos vivido alguna situación de competitividad.

El egoísmo en la pareja.

   La pareja egoísta por lo general se siente atraída por personas que no lo son. Puede que la persona egoísta no muestre esta conducta hasta que ve amenazada su relación. En este caso hará todo lo posible por satisfacer sus propios intereses y necesidades dentro de la pareja sin tener en cuenta a la otra persona e incluso a veces sin pararse a pensar en las consecuencias que ello pudiera acarrear.

   Las relaciones con parejas egoístas son relaciones que exigen un alto nivel de sacrificio y esfuerzo por parte de la otra persona. En este sentido la persona egoísta no alcanza a entender el concepto de amplitud de compartir con y hacia los demás  por lo que antepone sus propios intereses a la felicidad de su pareja, quien por lo general sentirá lástima de aquél en incluso podría llegar a sentirse culpable por pensar que no le quiere como debería.

 

Cómo darnos cuenta de cuándo actuamos desde nuestro ego, desde el egoísmo.

   El primer paso para cambiar algo es reconocerlo. Reconocer nuestra conducta y darnos cuenta que nuestras carencias no van a ser satisfechas mediante la  obligación , la exigencia o el chantaje  hacia los demás. Debemos elegir una forma sana de AMAR, tanto a nuestra pareja o al prójimo, como a nosotros mismos.

   Refugiarnos siempre en Dios y arrepentirnos de nuestro comportamiento sería el siguiente paso para purificar nuestra alma.  No hay que olvidar que cada musulmán tiene la obligación de aprender y aplicar el código moral, ético y cívico que el Islam nos enseña cada día y ponerlo en práctica siendo honesto, sincero, caritativo, justo, misericordioso, modesto, etc., dejando a un lado la envidia, el egoísmo, la hipocresía, la vanidad, la calumnia y todo aquello que resulta insano para el ser humano.

   El mejor ejemplo de generosidad lo tenemos en el Profeta Muhammad (SAWS) y en la Sunna, donde se  nos enseña todo un código que hace referencia a estas cualidades positivas  y nos alienta a fomentar y/o a mejorar nuestra conducta moral. El Profeta Muhammad dijo: “La caridad es una prueba de fe y confianza en el Creador”. El Mensajero de Alá es el máximo ejemplo de generosidad y sacrificio y jamás le negó nada a nadie.

   A veces en la vida se presentan etapas donde se nos pone a prueba y donde debemos tomar una elección; de esta elección depende que aprendamos de ello o no. Sin embargo, ¿quiénes somos nosotros para contradecir la palabra de Dios?: “No tienes tú por qué dirigirles sino que Alá dirige a quien Él quiere. Lo que hagáis de bien redundará en vuestro propio beneficio. Y no lo hagáis si no es por deseo de agradar a Alá. Lo que hagáis de bien os será devuelto y no seréis tratados injustamente”  (Corán, 2:272).

   Y por si aún el egoísmo siguiera cegándonos, recordemos que “Quien salvara una vida humana sería como si hubiera salvado las vidas de toda la humanidad” (Corán, 5:23).

   En definitiva, el egoísmo conlleva  graves problemas y consecuencias; es signo de la mezquindad y de la mediocridad del ego. El egoísmo nos aleja de la fe y causa disputas, odio y desamor. Sigamos pues aquello que Dios nos pone ante nuestros ojos y que en ocasiones somos incapaces de ver, antes de que nos cause ceguera.




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