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La visión de Dios tras la muerte

Los hombres duermen, cuando mueren despiertan.

01/02/2015 - Autor: Mehdi Flores
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Fue como el despertar de la Aurora...

Uno de los pasajes más interesantes del libro “Al Mawâddu-l Gaythiya” del maestro Ahmed Al Alawi es el relativo a la distinción entre la muerte física, a la que él llama en árabe “faut” que se traduce por “tránsito” o paso de una condición a otra y “maut” que indica la muerte real, es decir, el fanà o extinción de todo aquello que en realidad nunca había sido y la permanencia o baqà de aquello que nunca había dejado de ser. Esta doctrina es la que fundamenta la Gnosis islámica y toda Gnosis en las otras tradiciones religiosas, a saber, el conocimiento de nuestra verdadera identidad anterior a nuestra entrada en el río del devenir, en el espacio y en el tiempo, en nuestra mente y cuerpo humanos. Mientras que la esencia es única, singular, absoluta, eterna, autoconsciente y gozosa, la existencia es sentida desde la ignoracia ya como individual, ya como dual o plural, espacio-temporal y sujeta a limitaciones, cambios, alegrías y desdichas. Esa sujeción es lo que entendemos por “'ubudíya”, la servidumbre de toda criatura a los límites de su propia naturaleza que no es otra más que la ordenada por el Rabb, el dueño o patrón al que el 'abd obedece, aquel al que juró obediencia en el día del Alastu cuando le fue requerida: ¿A lastu bi Rabbikum? ¿Acaso no soy Yo vuestro Señor? y constestó: "Balà", ¡Cómo no! ¡Evidentemente!. Ese patrón (Rabb) forma con el siervo ('Abd) una pareja “zauÿ”  o biunidad que, semejante el sístole y diástole del corazón, hace posible la existencia, que no es sino el mar de la esencia movido por el Aliento del Misericordioso. Este par es al que alude el Generoso Alcorán cuando habla de nuestro “cónyuge puro” o “zauÿ al mutahhar”, cuando dice “wa lahum fiha azwâÿun mutahhara, wa hum fiha jálidûn” (1, 25) (Tienen allí cónyuges puros y allí moran eternos"). La palabra árabe “zauÿ” significa como su hermana griega “zygón”, la latina “yugum o “yoga” en sánscrito, aquello que está uncido por cualquier tipo de yugo o relación y que por ello mismo deviene un conjunto, cuyas partes son así cónyuges y funcionan al unísono. Esta parte celestial de nosotros mismos que permanece siempre (jálidûn) en esa dimensión superior  es lo que se conoce en otras tradiciones como “el gemelo celestial”,"la esposa o esposo celeste", nuestro “Yo” superior, nuestra “Naturaleza Perfecta”, nuestra Daena, nuestro Ángel personal, el Doble que nos guía (Döppelganger), el Maestro oculto (al Cheij al Gáib), el Dáemon, el Testigo (sháhid), el Padre, el Patrón o el Rabb, que no es en definitiva sino el 'Ayn, el Ojo, la Fuente, el Arquetipo o la Forma de Dios por / en  la que Allah, exaltado sea más allá de toda dualidad, se manifiesta en cada ser porque "ama ser conocido".Y ¿qué es lo que hace posible esa biunidad entre el Rabb y el 'Abd? ¿ Qué es lo que hace posible la separación de esas dos aguas, las celestiales y las terrenales?   

El velo: la conciencia de una existencia propia

Dice el cheij Abu Medián en una de sus sentencias:“ el velo (hiÿab) que se interpone entre el siervo ('abd) y el Señor (Rabb) es la atribución (nisba) por parte del siervo de una existencia propia y quien no sale de la atribución de una existencia propia no llega a su Señor”.

“Al Único Real (Al-Haqq), exaltado sea, no lo ve nadie excepto si ha muerto y quien no ha muerto no lo ha visto”. Y continúa el cheij Ahmed Alawi: “Son dos existencias excluyentes, si tú existes, el Señor (Rabb) desaparece; si por el contrario tú desapareces, el Señor existe”. Esa salida se produce solamente con la muerte, (Maut) pero no con cualquier muerte, sino con la muerte verdadera, que a diferencia de la muerte aparente, que es un mero tránsito (Faut) de una condición creada a otra, supone una ruptura (inqitâ') con todo lo creado (jalq) no solamente con este mundo".

Esta verdadera ruptura del velo, o tela como diría San Juan de la Cruz (¡rompe la tela de este dulce encuentro!)  es la muerte real cuyo resultado es el “descanso eterno”(el Riduán)  en el que la Pareja complaciente y complacida (rádiya wa mardiya) entra en el Jardín de la Esencia, Jardín de la Huwwiya, en el que solo Él  (Huwwa) tiene derecho a decir “Yo” (Ana). Y esta extinción es la puerta estrecha a la Plenitud, puerta a cuyo umbral conduce el camino recto, el sirat al mustaqim, la vía que el profeta Muhammad y todos los profetas han venido a indicar:  “Morid antes de morir” (mûtû qabla an tamûtû). Esa extinción (fanà) es el objetivo del camino espiritual tras la que aguarda la perennidad o perpetuidad (baqà), entendido esto como la Realidad Eterna. Es como dicen los gnósticos “la extinción de lo que nunca había sido y la pervivencia de lo que nunca había cesado de ser”.

Desde el punto de vista relativo, la realidad se vive pues como existencia entendiendo por existencia la conciencia de vivenciar la esencia como relativa (nisbiya). Esa conciencia relativa es similiar a la luz de una vela en la oscuridad de la noche. Cuando amanece el sol, que es la conciencia señorial (Rabbaniya), la luz de la conciencia del siervo se reabsorbe en la Luz sobre toda luz (Nur 'alà nur) y “la tierra resplandece como la aurora (tashruqu al ard) con la luz de su Señor”. La tierra, es decir, el alma o conciencia del siervo, se inflama con la luz de la conciencia señorial que es la aurora que deshace la noche de la relatividad. Esta muerte es comparable a un despertar, tal como dijo el profeta:”los hombres duermen, cuando mueren despiertan”.

¡Al despertar, me saciaré de Tu Presencia!

La visión que se tiene al despertar depende, según el cheij Al Alawi, de la “capacidad de realidad” que ya se tenía en esta vida. La gente de lo absoluto (ahlu-l-itlâq) tiene una visión distinta de la gente del velo (ahlu-l-hiÿâb). Y ¿quién es la Gente de lo Absoluto? Los que han conocido que Al Haqq es absoluto, sin ningún tipo de limitación (quyûd). Por su parte, la Gente del Velo conocerá al-Haqq en el otro mundo según el estado de “ruptura” (inqitâ'), limitados por sus propios tiempos y espacios como cuando estaban en este mundo. Se dice que el hombre muere en la conciencia que tenía cuando vivía y es resucitado es la conciencia que tiene al morir.

Así pues, a la Gente del Velo se les apareceran en el más allá diferentes teofanías (taÿalli) de Al-Haqq a la medida de lo que sus mentes puedan soportar, en consonancia con lo que hayan profundizado en el Tauhid o no-dualidad, en este mundo, “desde el cielo de la incomparabilidad (tanzih) hasta la tierra de las formas analógicas (tashbih)”. Estas teofanías se producirán sin un “cómo” y  ellos permanecerán “ebrios”  y “perplejos” a causa del relámpago arrebatador ( barq jâtif) que les afectará en la medida de su conocimiento (ma'rifa).La Gente del Paraíso (ahlu-l-yanna) obtendrán los distintos goces del Paraíso según sus obras y la visión del Al-Haqq según su conocimiento. También los Gnósticos ('ârifûn bi-Llah) obtendrán la visión de Al-Haqq según su conocimiento, pero a diferencia de los primeros, disfrutarán de los goces del Paraíso según el grado de su distracción (gafla) pues no estarán en el Paraíso sino cuando estén distraídos de la Realidad".

El cheij Al Alawi llega a decir en otro momento que quien cae en esta distracción "aúlla" lo mismo que el condenado cuando es tocado por el fuego  del infierno, lo cual implica aceptar que ni siquiera esos sublimes estados de conciencia están al abrigo del “humor divino” (Makr). ¿Qué puede significar esta gafla o distracción sino que el Ser, ese Tesoro Oculto, no deja jamás de manifestarse y ser conocido por las criaturas? Esa distracción no es sino el ojo ('ayn) de la Conciencia absoluta dando existencia con cada nueva mirada a otra de sus infinitas formas y que hace al observador exclamar o aullar maravillado y perplejo: ¡A...!

¡A... ! Primera letra del alfabeto, primera expresión de perplejidad, (A lastu...), primera (y última) letra del pronombre personal Ana,  el Alfa y el Omega, el Álif, el Cálamo, el primer aliento, el primer sonido, el primer vagido, la primera llamada, el primer canto del gallo, la primera aurora del nuevo despertar... 

 


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