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Nisargadatta o cómo convertirse en lo que ya se es

Todo acontecerá por sí mismo. Usted no necesita hacer nada: solamente, no lo impida

01/02/2015 - Autor: Damayantie Doongagi, Ramesh S. Balsekar - Fuente: Semillas de Conciencia
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Sri Nisardagatta

Exteriormente Sri Nisargadatta Maharaj parecía un hombre común, hablaba sólamente su lengua nativa, el marati, pero la sabiduría de sus espontáneas palabras era  la misma que se encuentra en los  Vedas o en los  Upanishads. Era un brillante ejemplo de quien está en el estado consumado  de la Presencia Eterna. Para el buscador que quiere encontrar un sabio vivo que iguale en sabiduría a los de las escrituras,  Sri Nisargadatta Maharaj representaba el cumplimiento de sus anhelos más íntimos. 

Sri Nisargadatta Maharaj no se presentaba como Mahatma,  como Bhagavan,  ni 
como Paramahamsa. No tenía ningún yoga, ningún sistema de filosofía que ofrecer o predicar, todo lo que sabía y experimentaba era la Naturaleza Real —la Naturaleza Real común a él mismo y a sus oyentes. Dio el clamoroso consejo que desde tiempos inmemoriales ha dado la India a toda la humanidad: «Conoce tu verdadero Ser».

Durante más de cuarenta años este gran hombre se mantuvo repitiendo, «Sé cons-
ciente de tu estado de ser —de puro y simple ser— sin ser esto, eso o lo otro». Pro-
vocaba a sus oyentes para que le hicieran preguntas, pero sus respuestas nunca eran 
meramente respuestas. La respuesta constituía siempre un desafío a quien había pre-
guntado para que descubriera por sí mismo cuál era su Naturaleza Real. 
Hablaba desde su propio conocimiento directo y decía que él sólamente contaba 
su propia «historia». No necesitaba ninguna prueba para sus palabras. No se apresu-
raba a citar ninguna autoridad para respaldarlas a fin de que el oyente pudiera apre-
ciar mejor su verdad. También instaba a su interlocutor a que hablara desde su propia 
experiencia y a que no citara lo que otros han dicho. Mantenía que su propia «histo-
ria» se convertiría también en la de su oyente, que lo mismo que había florecido en él 
iba a florecer en nosotros —una vez ya estabilizados en nuestra propia «eseidad», en 
nuestro puro  estado de consciencia. 

Cuando se suscitaba la fastidiosa cuestión de las vidas anteriores, Maharaj preguntaba inmediatamente si el interlocutor sabía algo sobre este «nacimiento», su nacimiento actual. «¿Por qué hace usted una pregunta que es completamente innecesaria?,  decía,  ¿Por  qué?  Cuando  se  le  preguntó  al  Buddha  lo  que  es  el  pecado,  el  Buddha respondió, “Todo lo innecesario es pecado”. La única cosa necesaria es descubrir quién está haciendo la pregunta. ¿Cuál es su Naturaleza Real? ¿Cuál es la Realidad que hay antes de que surja la consciencia de “yo soy”? Permanezca fijo en su  eseidad, y entonces usted verá lo que es anterior a las palabras “yo soy”». 

Con el estudio de los  Vedas, los  Upanishads y otras innumerables escrituras hindúes, el estudiante puede obtener un atisbo de la Verdad —como si contemplara un bello y vívido cuadro de esa Verdad. Pero sentarse cerca de Sri Nisargadatta Maharaj  era escuchar al  Upanishad vivo, era estar en presencia de la esplendorosa y vibrante  Verdad misma. 

Sri Nisargadatta Maharaj «nació» en Bombay como Maruti Shivrampant Kampli, 
en el mes de marzo de 1897. Su nacimiento coincidió con el auspicioso día de Hanuman  Jayanti;  de  ahí  el  nombre  de  Maruti.  La  infancia  del  joven  Maruti  pasó  en Kandalgaon,  un  poblado  a  alguna  distancia  de  Bombay,  al  cual  su  padre  se  había trasladado en el «año de la plaga». Maharaj decía que su recuerdo personal más antiguo  era  quizás  ser  llevado  sobre  los  hombros  de  su  padre,  dirigiéndose  hacia  una colina mientras el sol se asomaba sobre la cima. Con el curso del tiempo, los ingresos  de la granja fueron insuficientes para mantener a la familia. Después de la muerte de  su padre en 1915, primero el hijo mayor, y después Maruti mismo, tuvieron que volver a Bombay para ganarse el sustento de la familia. Maruti comenzó su carrera como dependiente en una empresa privada, pero con su temperamento independiente y  emprendedor, pronto se estableció por cuenta propia.

Maruti Kampli comenzó su aventura en los negocios con una tienda donde hacían 
y vendían bidis (cigarrillos hechos a mano), y en un período relativamente corto llegó a ser el propietario de ocho de tales tiendas. En 1924 se casó. Tuvo cuatro hijos — un hijo y tres hijas. La prosperidad económica no pudo aportar a Maruti mucho contento.  El  ambiente  profundamente  religioso,  la  tradición  ritualista  de  la  familia  en  general  y  su  temprana  relación  en  Kandalgaon  con  un  instruido  Brahmín  llamado  Vishnu Gore, habían encendido en él, a una edad muy temprana, las inevitables preguntas concernientes a las relaciones entre el Hombre, el Mundo exterior y Dios. Fue  un amigo suyo, Yeshwantrao Bagkar, quien le presentó a Sri Siddharameshwar Maharaj, del Navanath Sampradaya.  Bagkar era muy consciente de la sincera e intensa búsqueda de Maruti por la Verdad, y un día  decidió llevarlo a su Gurú. En palabras de Maharaj: «Bagkar prácticamente me forzó a acompañarle cuando fue a visitar a Sri Siddharameshwar Maharaj. Incluso él mismo compró la tradicional guirnalda de flores que el discípulo coloca alrededor del cuello del Gurú». Poco después, Maruti recibió la iniciación de su Gurú y prosiguió sus actividades espirituales con un celo y una determinación innatas, hasta que culminaron en su logro de la realización. Esto aconteció entre 1933 y 1936. 

Sri Siddharameshwar entró en Mahasamadhi  en 1936. Al año siguiente, Sri Nisargadatta Maharaj decidió de repente abandonar a su familia y sus prósperos negocios y peregrinar por todo el país. Después de visitar varios lugares y templos sagrados en la India del Sur y hallándose ya en camino hacia el Norte a fin de pasar el  resto de su vida en los Himalayas, se encontró con un condiscípulo suyo. Tras discutir con él, Sri Nisargadatta llegó a la conclusión de que tales peregrinaciones no eran  realmente  necesarias  y  que  era  mucho  más  significativo  llevar  una  vida  activa  de acción  desapasionada.  Cuando  Maharaj  regresó  a  Bombay,  encontró  que  todas  sus tiendas,  excepto  una,  se  habían  perdido,  pero  tranquilamente  decidió  que  era  suficiente para sus necesidades mundanas. Desde entonces, todo ha acontecido espontáneamente, nada ha sido hecho con intención deliberada o esfuerzo consciente. 

Cuando se sentaba  en su tienda de  bidis atendiendo su negocio tranquila y eficientemente, algunos amigos venían a verle y la conversación giraba siempre sobre el  mismo  tema,  Paramartha  —el  significado  último.  Estas  conversaciones  llegaron  a  ser tan populares, que siempre había una pequeña multitud fuera de la pequeña tienda  escuchando sus perlas de sabiduría. Así pues, cuando su hijo fue capaz de hacerse  cargo de la tienda, Maharaj se retiró al altillo que, para su uso personal, había construido sobre su casa, y que asumió desde entonces la sacralidad de un ashram. 

La rutina diaria de Maharaj era simple y regular: diálogos con los visitantes mañana y tarde, durante unos 90 minutos cada vez, y Bhajans  cuatro veces al día, de acuerdo con las instrucciones de su Gurú. Los asistentes a  las conversaciones solían ser unas veinte personas, aumentando quizás hasta treinta  y cinco los domingos y festivos, con lo que se llenaba completamente el pequeño espacio del altillo. Cierto número de ellos solían ser extranjeros, venidos desde distancias muy largas para obtener su  darshan. Venían a escuchar sus charlas, pues tras haber leído el libro Yo Soy Eso no pudieron resistir el deseo de conocerlo. Algunos de los visitantes, tanto hindúes como extranjeros, fueron personas de inteligencia sobresaliente y líderes destacados en sus respectivos campos. «¿No es un milagro de la Gracia de mi Gurú  —dice  Maharaj—  que  gentes  eminentes,  a  quienes  normalmente  no  podría acercarse  un  hombre  insignificante  como  yo,  vengan  aquí  con  las  manos  juntas  a escuchar estas charlas? ¿Es a mí como individuo lo que ellos vienen a ver, o es la efusión de la Gracia de mi Gurú lo que vienen a escuchar?». 
Las charlas de Maharaj atraían ocasionalmente a personas que querían escribir su 
propia erudición libresca y que intentaban arrastrar a Maharaj a discusiones estériles. 
Mientras Maharaj no vacilaba en dar un tratamiento brusco a tales gentes cuando transgredían cierto límite; hacia los demás, que venían con un sincero deseo de com-
prenderle y que se acercaban a él con una humildad simple, Maharaj mostraba una sorprendente paciencia y tolerancia. Todo lo que Maharaj decía brotaba con una espontaneidad tan viva, con una seguridad tan calmada, y con una autoridad tan fresca que instintivamente  se  sentía  la  presencia  del  Maestro,  y  se  reconocía  la  Verdad,  aún cuando uno no pudiera comprenderla totalmente. El nunca citaba ninguna autoridad para justificar sus palabras, ni siquiera los  Vedas. Hablaba desde un nivel que está más allá de las palabras, y al que los  Vedas no superan. Maharaj  aclaraba  a  menudo  que  aquellos  que  llegaban  a  él  con  la  esperanza  de  un consejo que pudiera reportarles beneficio material, alivio físico o solaz mental se desilusionarían, pues él nunca discutía tales temas. Quizás por esto no se convirtió en un Gurú «popular». Quienes esperaban una confirmación de sus conceptos o formas de religión  favoritos no sólamente  se  desilusionarían,  sino  que incluso  podían  sentirse agraviados y frustrados por algunas de las frases de Maharaj. 

¿Qué enseñaba Maharaj entonces? Como a menudo él mismo decía, todo lo que hacía era presentarnos un espejo espiritual en el cual pudiéramos, si quisiéramos hacerlo seria-mente,  ver  nuestra  verdadera  imagen.  Si  nos  aventuramos  a  hacerlo,  su  enseñanza básica podría, quizás, resumirse como sigue: 

 El  universo  entero  (Mahadakash)  existe  sólo  en  la  consciencia  (Chidakash), 
mientras que el Jnani tiene su morada en lo Absoluto (Paramakash). En lo Absoluto 
—eseidad pura— no hay consciencia de «yo soy» y es anterior a los pensamientos y 
a las palabras. Luego, sin ninguna razón aparente, de manera espontanea la conscien-
cia se convierte en existencia. En la consciencia el mundo aparece y desaparece. Todo lo que es, es Mí mismo, todo lo que es, es Mío. Antes de todos los comienzos, después  de  todos  los  finales,  Yo  Soy.  Acontezca  lo  que  acontezca,  Yo  debo  estar aquí para presenciarlo. Por lo tanto, no es que el mundo no exista, el mundo aparece en la consciencia, la cual es la totalidad de lo conocido en la inmensidad de lo no 
conocido.  Lo  que  comienza  y  acaba  es  mera  apariencia.  Del  mundo  puede  decirse que aparece pero no que es.  Maharaj  nos  dice  que  siempre  que  un  individuo  sueña,  tiene  la  experiencia  del mundo creándose en la consciencia. Cuando una persona no está plenamente despierta y la consciencia meramente se mueve, entonces sueña; y en su sueño, en esa minúscula mota de consciencia, en una fracción de segundo, se crea un mundo entero exactamente similar al mundo de la vigilia, y en ese mundo se ven la tierra, el sol, colinas y ríos, y gentes —incluido el soñador mismo— comportándose exactamente como en el mundo de la vigilia. Mientras la persona está soñando el mundo del sueño es muy real: sus experiencias —tanto de placer como de dolor— son extremadamente realistas. Pero una vez que se despierta, la totalidad del sueño se sumerge en la consciencia dentro de la cual se originó. «En el estado de vigilia —dice Maharaj—, el mundo emerge debido a la ignorancia (Maya) y nos introduce en un estado de sueño-despierto. Tanto sueño profundo como vigilia son nombres erróneos, pues en ambos usted está sólo soñando; sueña que está despierto o sueña que está dormido. Sólo el  Jnani  conoce  el  verdadero  despertar  y  el  verdadero  dormir.  Vea  todo  como  un sueño y permanezca fuera de  él… El principal punto que hay que entender es que usted ha proyectado sobre usted mismo un mundo de su propia imaginación, basado en recuerdos, deseos y temores, y que usted se ha apresado a usted mismo en él. Dése usted cuenta de eso, rompa el hechizo y sea libre». 

 Maharaj  resumía  repetidamente  su  enseñanza  pidiendo  a  sus  oyentes  que  fueran más allá de sus palabras, «Regrese a su Origen y more en él». El Origen es la Realidad, nuestro verdadero estado, antes de la llegada de la consciencia, cuando no hay necesidades de ningún tipo, el estado antes  de la ilusión de los aconteceres: concepción, nacimiento, desarrollo de la vida y, finalmente, la muerte del cuerpo. «Usted» está siempre separado de todo este «acontecer», meramente presenciándolo. 

 «Saber con una convicción definitiva —decía Maharaj— que usted no está en el 
cuerpo ni en la mente, aunque es presenciador de ambos, es ya conocerse a sí mismo. 
La liberación no es una cuestión de adquirir algo, sino una cuestión de fe y de con-
vicción de que usted ha sido siempre libre  y una cuestión de coraje para actuar de 
acuerdo con esta convicción. No hay nada que cambiar; únicamente cuando la idea 
misma de cambio se ve como falsa, lo sin cambio puede mostrarse por sí mismo».  El  enfoque  de  las  enseñanzas  de  Maharaj  suele  sorprender  a  sus  oyentes.  Por 
ejemplo,  sobre  el  tema  del  amor,  lo  habitual  ha  sido  siempre  decir  que  no  puede haber  progreso  espiritual  sin  amor  hacia  los  demás.  Este  planteamiento  podría  ser fácilmente motivo de frustración para el buscador honesto que sabe que él no ama —ni puede amar— a los demás como a sí mismo. Qué alivio, por lo tanto, oír decir a Maharaj: «Sea sincero con su propio ser real. Ámese a usted mismo absolutamente. 
No pretenda que usted ama a los demás como a usted mismo. A menos que usted se 
haya dado cuenta de que los demás son uno con usted mismo, no podrá amarlos. No 
pretenda ser lo que usted no es, no se niegue a ser lo que usted es. Su amor por los 
demás es el resultado del auto-conocimiento, no su causa». 
Y finalmente, qué alentador escuchar a Maharaj decir: «Lo que usted ha aprendi-
do aquí es una semilla. Aparentemente podrá olvidarlo. Pero esa semilla vivirá, y a 
su  debido  tiempo  brotará,  crecerá,  y  dará  flores  y  frutos.  Todo  acontecerá  por  sí mismo. Usted no necesita hacer nada: sólamente, no lo impida».  


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