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La convivencia en el Mediterráneo

Conferencia en el Ateneo de Málaga, en diciembre de 2014.

16/01/2015 - Autor: Isabel Romero - Fuente: Webislam
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Isabel Romero.

La convivencia en el Mediterráneo no admite dicotomías, ni obligadas ni necesarias, es una realidad histórica más allá de las coyunturas políticas, sociales o culturales a las que nos vemos sujetos todos los pueblos que respiramos el aíre del Mar Mediterráneo.

Cómo nos canta Serrat… y que le voy a hacer si yo nací en el Mediterráneo...

Es nuestro espacio natural, el alimento esencial del que han comido y bebido una gran diversidad de expresiones culturales, un espacio abierto en el que la globalización ha intervenido, seguramente para empeorar aún más, lo que los colonialismos europeos habían iniciado, delimitando fronteras artificiales, modelos de gobierno y valores a imagen y semejanza de los colonizadores.

Los acontecimientos más importantes que están  determinando hoy las relaciones en el Mediterráneo son, por una parte, la caída del muro de Berlín en 1989 y por otra, los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos en 2001. El primero pone el punto final a la confrontación este/oeste, y el segundo establece el nuevo eje del mal, de mucha mayor amplitud, entre occidente y oriente, o lo que es lo mismo, la puesta en vigor de la teoría del Choque de Civilizaciones, desarrollada por Samuel Huntington, politólogo norteamericano, e inspirada en la definición del concepto de civilización del Arnold J. Toynbee, en la que establece que una civilización es algo rígido y delimitado, y que el contacto con otra civilización produce “roces” o “choques” que acaban por desgastar aquella cuyas  bases no son suficientemente sólidas abocándola a su desaparición.

Obviamente la teoría del choque afirma que la civilización occidental no está bien centrada en lo que ellos consideran sus bases: las democracias formales, el cristianismo como base espiritual, la raza blanca y signos culturales afines en torno a los valores principales.

No es difícil entender que esta definición de civilizaciones hace referencia exclusiva al ámbito de la geopolítica, pues es claramente insostenible desde el conjunto de aspectos que determinan una civilización.

Huntington desarrolla la teoría del Choque de Civilizaciones justo al dar por agotado el anterior eje del mal, cerrando cualquier puerta a otras teorías, como la que defendía Francis Fukuyama, en la que dibujaba el triunfo de las democracias en todo el planeta, a  imagen y semejanza de los modelos occidentales desarrollados desde el final de la segunda guerra mundial. La visión de Fukuyama es la que impulsa el modelo contrario al Choque, el de la Alianza de Civilizaciones, liderada en nuestro país por el gobierno de Rodríguez Zapatero y por el Presidente Erdogan en Turquía, siendo hoy competencia de Naciones Unidas.

Resulta cuanto menos curioso que entre los defensores del Choque de Civilizaciones encontremos a otro presidente de nuestro país, al Sr. Aznar, que junto con el ex presidente de los Estados Unidos, Sr George Bush y el líder Británico Tony Blair, escenificaron una de las mayores mentiras y por ende estafas a los ciudadanos del planeta, iniciando una guerra en Irak cuyas consecuencias aún no podemos medir.

El concepto de Choque de Civilizaciones nos conduce inevitablemente a la confrontación y cómo toda batalla, necesita motivos, escenarios, personajes, herramientas, socios y por supuesto, víctimas.

El motivo: El control de los recursos naturales, especialmente los energéticos como garantía del crecimiento económico, y por ende, el control  de los mercados.

Los escenarios: Todos aquellos territorios que poseen recursos energéticos, especialmente petróleo, uranio y gas. Todo país que posea estos tres elementos está en riesgo de sufrir la codicia y el acoso de las grandes corporaciones internacionales, a pesar de que “de facto” ya controlan muchos de ellos.

Personajes: Por arriba, los gobiernos que defienden los intereses de las corporaciones internacionales, y por abajo, la ciudadanía con derechos y libertades recortados o inexistentes y sin capacidad alguna de decisión sobre sus modelos de gobierno y en definitiva de su futuro.

Herramientas: El marketing del miedo. La construcción del miedo al otro, a la percepción de la diferencia como amenaza de lo propio, concretado y representado por el islam y los musulmanes como el nuevo enemigo del que protegerse y al que combatir, y la mejor herramienta para combatirlo, el arma más antigua de la humanidad, la guerra sus principales vertientes: física, psicológica.

Los socios: Las grandes alianzas geopolíticas que cuentan con los cómplices dentro del bando enemigo: el integrismo como ideología religiosa, que permite extender una imagen homogénea y definitoria del islam como religión de estado y la cosificación de los musulmanes sobre ese modelo ideológico.

Las víctimas: Son - somos todos aquellos inocentes que sin haber intervenido en absolutamente nada de toda esta inmensa trama de intereses, sufrimos las consecuencias del miedo, la violencia, la pérdida de derechos, la confusión  y en definitiva la incapacidad de reconocernos y desarrollarnos en paz como seres humanos.

El entorno mediterráneo ha sido desgraciadamente uno de los campos de intervención de esta visión del Choque. Las llamadas primaveras árabes representaron el final de algunas de las dictaduras con más trayectoria. Lo que comenzó como un grito de libertad, no se está resolviendo precisamente con avances democráticos, especialmente en países como Egipto, Libia, Túnez y el conflicto crónico de Israel y sus intereses territoriales sobre Palestina, y la terrible guerra de Irak.

Los movimientos ciudadanos exigiendo democracia han sido sustituidos por movimientos denominados islamistas, con visiones rigoristas de la Ley Islámica o Sharia. Estas organizaciones que habían permanecido en la clandestinidad, estaban preparadas para aglutinar el movimiento social que rechazaba las dictaduras laicas, cómo en el caso de Túnez.

Los casos de Egipto, Libia y Siria son aún más dolorosos, ya que se han saldado con nuevos gobiernos autoritarios y con conflictos abiertos e indefinidos, así como con la aparición del nuevo símbolo del terror internacional, el Estado Islámico.

Desde la aparición del petróleo en la península arábiga, el principal aliado de las grandes corporaciones petroleras ha sido Árabia Saudí, que está exportando a todo el planeta una visión contemporánea del islam, basada en un ideólogo  y una ideología muy minoritaria en esta zona hasta los años 30/40, inspirada por el líder religioso Sheij ul Islam Muhammad ibn 'Abd al-Wahhab at-Tamimi (1703-1792), del que la corriente toma su nombre wahabismo. Este movimiento religioso fue rechazado y sus miembros expulsados de Meca, por considerarlo desviado de las enseñanzas tradicionales del islam sunnita. El sabio buscó refugio con el líder de una de las tribus que anhelaban la unificación y el control de los lugares sagrados, y contactó con el bisabuelo del fundador de la moderna Arabia Saudí,  Abdelaziz Al Saud. El wahabismo fue asumido como visión oficial del Estado, y a partir de los años 40, exportado al planeta como la “auténtica” visión del islam tradicional.

El poder económico de estos grupos, los intereses políticos de muchos estados de mayoría musulmana y el desconocimiento de la tradición islámica entre las nuevas generaciones, está permitiendo la difusión de una ideología muy alejada de los principios del islam y de las enseñanzas del Profeta Muhammad (paz y bendiciones sobre él y su familia), convirtiendo al islam en ideología de Estado, hecho que es absolutamente contrario a los fundamentos del islam. Esta visión islámica ha permitido completar la estrategia que define el nuevo eje del mal y justifica la contradicción entre democracia e islam y por lo tanto entre civilización occidental y oriental.

De este lado del Mediterráneo, los movimientos migratorios de los años 90 han configurado diversos modelos de gestión de la diversidad religiosa, que también han dado sus resultados. El laicismo francés  ha generado una importante islamofobia dando aíre a los partidos y movimientos de extrema derecha que han vertebrado su crecimiento en función de la lucha contra el islam en Europa, alegando que éste no tiene nada que ver con los “fundamentos culturales de occidente”.

El modelo inglés, ha permitido el crecimiento de la diversidad sobre grupos estancos, asociado a nacionalidades y con escasa vinculación entre los diferentes modelos culturales. A pesar de ello, RU es sin duda el país de la UE en el que el Islam ha obtenido mejores cuotas de normalidad en el conjunto de la sociedad inglesa: Departamentos de estudios islámicos en las universidades, innumerables gabinetes de abogacía disponen de departamentos de Sharia, armonizando las leyes generales del RU con la Ley Islámica, etc.

En España al finalizar la dictadura franquista, y tras la aprobación de la Constitución, se produce el fenómeno de la conversión de muchos ciudadanos españoles al islam,  basada en el reconocimiento de nuestra  historia andalusí y su legado y la pervivencia de la espiritualidad islámica, como parte inherente de nuestra cultura. Encontramos antecedentes de este fenómeno en el arabismo vivido entre intelectuales españoles a finales del XIX y principios del siglo XX, en el que el gusto por lo “árabe”,  aparece significado en la sofisticación y sensualidad de la cultura árabe, y por otro lado el enaltecimiento de los logros científico culturales del legado andalusí, considerado este como importado desde el esplendor oriental.

Los nuevos musulmanes en general se distancian de esta visión arabista sobre Al Andalus y del propio fenómeno de la “invasión” en el siglo VI, pues resulta difícil explicar una islamización tan rápida a manos de tan pocos, y se plantea la necesidad de investigar, profundizar y difundir el patrimonio andalusí como un fenómeno propio de la Península Ibérica, con sus peculiaridad y contradicciones que hicieron de este periodo histórico un modelo de convivencia en el diversidad, aunque hay que reconocer que en muchas ocasiones el mito se expresa con visiones idílicas e incluso infantiles.

El profesor Alcantud en su último libro sobre el mito de Al Andalus, lo define como el referente necesario sobre “la buena vida”, asumiendo que todo mito alberga una parte de realidad y otra de sublimación, pero que ante tanta desolación y pérdida de la identidad en aras de la globalización económica, el mito de al andalus cobra vida por la necesidad de aspirar a un concepto de vida más humano y armónico con todo lo que nos rodea, y esto es imposible sin un alto grado de conciencia sobre quiénes somos y hemos sido, una reflexión permanente sobre nuestro entorno y existencia y una proyección responsable de futuro.

Los nuevos musulmanes propusieron al estado democrático desarrollar un marco jurídico que garantizara por Ley los derechos y también las obligaciones de los musulmanes en España. Este objetivo se consiguió en 1992 con la aprobación por unanimidad del Acuerdo de Cooperación entre el Estado y las confesiones declaradas de Notorio Arraigo, concretamente con musulmanes, protestantes y judíos.

El Acuerdo de Cooperación  recoge en 14 artículos todos los aspectos que afectan a la regulación social e individual de la vida de cualquier musulmán en España, y a pesar de que han pasado ya más de 20 años desde su firma, tenemos que lamentar que su desarrollo es más que deficiente, y en ello han intervenidos factores de diversa índole, entre los que señalo: la falta permanente de políticas específicas sobre la gestión de la diversidad religiosa, ha sido una constante en los diversos gobiernos desde la transición democrática; el peso e influencia de la visión católica del Estado sobre otras confesiones, y  que especialmente en el caso del islam, resulta casi imposible organizarse y vertebrarse sobre los parámetros católicos: concepto y regulación sobre lugares de culto, la institucionalización de las figuras de imames a la imagen de los clérigos católicos, y la propia evolución de la comunidad musulmana, que parte en 1992 con menos de 300.000 personas y en la actualidad supera los 2 millones.

Este crecimiento es debido a los grandes flujos migratorios, producidos por la necesidad de mano de obra en el bum inmobiliario, y que desplazó hacia la construcción a trabajadores del campo siendo sustituidos por mano de obra procedente fundamentalmente del Magreb. De los 2 millones de musulmanes, aproximadamente el 60% procede de Marruecos, un alto porcentaje procede de Argelia, Mauritania, el Sahara, y del Shahel, Senegal, Sierra Leona, Niger, Nigeria, etc. También es destacable el crecimiento de las comunidades pakistaníes, bangladeshíes, y últimamente asiáticas, siendo estas últimas por motivos de negocios, más que por emigración de necesidad, como ha venido sucediendo con la africana.

Han sido necesarios 15 años para que esta comunidad tan diversas se comenzara “a sentir en casa”,  organizarse y compartir con otros su experiencia como musulmanes procedentes de distintas visiones culturales en las que el islam ha sido acogido. Según consta en el Registro de Entidades Religiosas no católicas, existen en España más de mil doscientas comunidades islámicas con lugar de culto, y 17 federaciones nacionales y autonómicas, por lo que podemos afirmar que el islam está alcanzando buenas cotas de normalidad en la sociedad española. Esta normalización no está encontrando reflejo en la administración pública, en concreto en el Ministerio de Justicia, que se empeña en mantener a toda costa la vieja estructura de representación de 1992: Una Comisión Islámica con tan solo 2 federaciones, la UCIDE y la FEERI, negándose a reconocer jurídicamente los avances de democratización y normalización que se están impulsado  especialmente desde la FEERI.

El propio ex director de la Fundación Pluralismo y Convivencia, José Manuel López Rodrigo, afirmaba  que “España aún tiene pendiente la transición en materia de libertad religiosa, existiendo grandes desequilibrios entre las confesiones minoritarias y la cooperación del Estado con la Iglesia Católica. (Primera Conferencia sobre la Islamofobia en España, convocada por la Plataforma contra la Islamofobia)

Esto es manifiesto hasta tal punto que 20 años después de la firma de los Acuerdos de Cooperación, aún no se ha podido avanzar siquiera en la obtención de la casilla de la declaración de la renta, existiendo tan solo las opciones de Iglesia Católica, actividades sociales y al Estado. De las tres, la Iglesia percibe ayudas en las dos primeras, una para financiar de forma directa el culto, y la segunda por el encomiable trabajo que realiza, al disponer de una gran cantidad de entidades no gubernamentales dedicadas a la ayuda social: Cáritas, Manos Unidas, etc. Aunque pueda sorprenderles, ni musulmanes, ni protestantes ni judíos podemos si quiera constituir fundaciones religiosas, estando reservadas en exclusiva a la Iglesia Católica.

Desde la Fundación Pluralismo y Convivencia se destinan poco más de tres millones de euros al conjunto de las confesiones no católicas, incluidos los gastos de la propia fundación, y con la condición expresa de que las actividades a subvencionar no pueden ser en ningún caso de carácter religioso.

Durante todos estos años, cuando los musulmanes nos hemos dirigido a las administraciones autonómicas, en muchos casos se nos ha recibido en sus áreas de emigración o relaciones internacionales, situando claramente al islam y a los musulmanes como extranjeros practicantes de una religión foránea. Tan sólo la Generalitat de Catalunya dispone de una Dirección General de Asuntos Religiosos, con escasas competencias, dado que es la administración central del Estado la que las asume de forma centralizada, concretamente a través del Ministerio de Justicia.

Con políticas adecuadas de gestión de la diversidad, esto no sería un problema, pero con un diseño de estado descentralizado, la mayor parte de las competencias que se recogen en el Acuerdo de Cooperación, referidos a educación, enterramientos, festividades, alimentación halal, prisiones, etc., nos dejan sin interlocutores cualificados para aplicar e interpretar  la Ley, quedando en la mayor parte de los casos sujetos a apreciaciones personales, visiones políticas o directamente a posiciones islamófobas.

Es precisamente el grado de normalización de los musulmanes en España y Europa el que marca las principales diferencias. En los países en los que el concepto de ciudadanía es amplio y la filosofía social está bien desarrollado el concepto de diversidad, el fenómeno del radicalismo o extremismo es casi residual. Ejemplo de ello son los países nórdicos, en especial Suecia y Noruega, en los que a pesar de albergar descendientes de la emigración nazi huidos al finalizar la segunda guerra mundial, son prácticamente inexistentes las políticas de vigilancia y prevención en materia de seguridad contra ambos tipos de violencia, la  falsamente amparada en el Islam y la supremacista nazi.

Tenemos que recordar al hilo de esto, la acción violenta de Brevic… En Alemania se vive un modelo similar al de Reino Unido, aunque a diferencia del segundo, y a pesar de acoger a una gran diversidad de orígenes, con gran significación de la emigración turca, muy evolucionada y con buen nivel económico, el concepto de integración y de diversidad ciudadana, no está bien desarrollado, lo que produce los efectos nocivos de la islamofobia y el crecimiento de los grupos neonazis.

Por  su parte,  la comunidad musulmana europea, con más de 25 millones de residentes en el contexto de la UE, y más de 200 en la geográfica, vive y responde de diversas formas el impacto de la ausencia de políticas claras en materia de libertad religiosa,  las políticas wahabistas,  y la islamofobia política y social.

El wahabismo,  como ya señalaba con anterioridad, está invirtiendo muchos millones de dólares en adoctrinamiento sobre su ideología, aunque no es el único grupo que se inspira en lecturas rigoristas y culturalistas del Mensaje del Corán y de las enseñanzas de su mensajero, el salafismo, también es una importante fuente de radicalismo en la actualidad.

La ausencia de políticas normalizadoras que gestionen la diversidad, como un modo positivo de crecimiento y enriquecimiento de las sociedades occidentales, está provocando el rechazo de los musulmanes emigrados o autóctonos, con una respuesta de auto exclusión, vertebrando sus identidades sobre el vínculo religioso, descartando cualquier otra identidad, excepto las referidas a sus lugares de origen, llegando a sublimar o fantasear con un pasado del que se alejaron precisamente por hacerse inviable la supervivencia. En el caso de los autóctonos, se adoptan formas y comportamientos que generan identidades con los emigrados, confundiendo aspectos meramente culturales, con fundamentos o preceptos religiosos.

La globalización de la dictadura de los mercados nos vacía a todos, dejándonos incapacitados para reconocernos a nosotros mismos y a los que nos rodean. Están sustituyendo nuestra capacidad e interés por el  conocimiento y el descubrimiento,  inherente al ser humano, por montañas de estereotipos y rechazos sobre pobrísimas argumentaciones culturales, ideológicas y manipulaciones políticas. Ante esto nos tenemos que hacer algunas preguntas:

¿Cómo vivirán millones de seres humanos de todo el planeta las próximas décadas? ¿Lo harán sobre modelos socioeconómicos basados en el bien común o en función de los intereses de las grandes corporaciones multinacionales? ¿Qué papel jugamos los ciudadanos en todo ello? ¿Qué capacidad real tenemos como sociedades para incidir sobre el triunfo de uno u otro modelo?

Cada uno debe de intentar responder a estos importantes dilemas, pero es imprescindible abstraerse de los imperativos de la geopolítica y de los mensajes de las grandes agencias de comunicación, que nos marcan la agenda de los miedos y los estereotipos a golpe de movimiento estratégico de los grandes lobbies.

En las últimas décadas a los ciudadanos y ciudadanas españolas nos han educado en fijar la mirada hacia el norte, olvidando que el Sur están más cerca de nosotros,  y que muchos de los países del arco sur del mediterráneo están accediendo a un desarrollo económico del que apenas tenemos idea. Países como Marruecos, Argelia, Mauritania, Guinea, Ghana, etc., están creciendo económicamente muy por encima del crecimiento de Europa en su conjunto, generando nuevas clases medias y mejorando su posición internacional en el mundo. Inversores de todo el planeta están viniendo a estos países que ofrecen buenas condiciones de inversión y desarrollo. Como muestra un botón: saben que el país que produce más películas en el mundo  junto con la Índia: Nigeria
¿No sería para España un modelo más razonable el de las alianzas por el Sur y la cuenca del Mediterráneo? Turquía es otro gigante en desarrollo, y cada uno de estos países a su vez, es puente con los actuales mercados, como los del sudeste asiático, Indonesia, Malasia, Singapur, Irán y por supuesto sin olvidar nuestro natural aliado por el oeste: Latinoámerica.

Un ejemplo concreto de lo que propongo, y que tiene que ver con mi actual vida profesional:  todo el comercio entorno al concepto Halal mueve en el planeta más de tres billones de dólares USA. Sólo la alimentación supera el billón. Es un mercado en expansión y crecimiento, al igual que crece la población musulmana en el planeta. En la actualidad se estima en 1.600 millones de personas y creciendo hasta el 2050 superando los 2000 millones.

España posee la riqueza en los dos aspectos de mayor crecimiento dentro de Halal: calidad y diversidad en agroalimentación y oferta turística, pero además cuenta con una imagen de marca de carácter histórico muy potente, “Al Andalus”, referente en el imaginario colectivo del mundo musulmán, pero deficientemente  posicionada en el mercado, ignorada en muchos casos e incluso despreciada institucionalmente.

Tenemos muchas más oportunidades que obstáculos, solo tenemos que quitarnos los velos del miedo para poder acercarnos a los otros, que somos nosotros, los seres humanos en un planeta cada vez más accesible y a un mediterráneo como casa común para construir futuro.

Isabel Romero es la actual Presidenta de Junta Islámica y Directora del Instituto Halal.

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