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Las huríes, las armas y el más allá (III)

La otra vida es la que está al servicio de ésta, y no al revés

09/01/2015 - Autor: Mohamed Abed Jabri - Fuente: Al-Ittihad al-Ichtiraki
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Mohamed Abid al-Jabri.

En el islam, la esencia, la justificación y el fin último de la Resurrección es el Juicio Final. La otra vida comienza el Día del Juicio, el día en que se hará efectivo el principio de responsabilidad por los actos individuales. El concepto de Resurrección implica que cada uno debe saldar a título individual cada acción inmoral perpetrada en vida.

“Quien haya hecho el peso de un átomo de bien, lo verá. Y quien haya hecho el peso de un átomo de mal, lo verá” (Corán 99: 7-8). “Que nadie cargará con la carga ajena, que el hombre sólo será sancionado con arreglo a su propio esfuerzo, que se verá el resultado de su esfuerzo, que será, luego, retribuido generosamente” (Corán 53: 38-41). “Nadie cargará con la carga ajena. Y si alguien, abrumado por su carga, pide ayuda a otro, no se le ayudará nada, aunque sea pariente. … Quien se purifica se purifica en realidad, en provecho propio” (Corán 35: 18).

Desde la Antigüedad, la religión y la filosofía procuraron dar respuesta a los interrogantes que planteaba el concepto de Resurrección y defendieron, de un modo u otro, que la esencia del hombre es el alma, y que el cuerpo no es más que el portador, la cárcel o la materia de esa esencia. Son las almas las que resucitarán; el cuerpo es sólo una máquina a su servicio. No se trata de si Dios puede o no dar vida a los huesos podridos. Dios es todopoderoso. Eso no es lo importante. Lo importante es que en la Resurrección se juzgarán los actos realizados en vida. El Juicio Final no es un fin en sí mismo. Lo esencial es la idea que le subyace: que el hombre es responsable de sus actos y por ellos será retribuido.

El discurso coránico sobre el Paraíso y el Infierno tiene una doble dimensión. Por un lado, atemoriza a los no creyentes recordándoles los tormentos del Infierno al tiempo que los alienta a ansiar las bienaventuranzas del Paraíso. Por el otro, como discurso moral, da a entender a los creyentes que la fe sola no basta; que es necesario temer a Dios, pero también es necesario obrar el bien. El Sagrado Corán casi nunca alude a la fe sin recordar también las buenas obras y repite hasta la saciedad expresiones del tipo “los que creen y hacen el bien” o “los que creen y temen a Dios” (y al temer a Dios se apartan de las “malas obras”, es decir, de cuanto los daña a ellos y a los demás). La fe, por sí sola, no basta. Las buenas obras perfeccionan la fe. Sin buenas obras, la fe no será recompensada en el Día de la Resurrección.

“En cierta ocasión, un hombre preguntó al Profeta: «Mensajero de Dios, dime algo sobre el Islam que aclare todas mis dudas». El Profeta respondió: «Di que crees en un solo Dios, y después actúa rectamente»”.

El Corán comienza justamente invocando la rectitud: “Dirígenos por la vía recta” (Corán 1: 6). Dios no necesita la fe de los hombres, ni tampoco sus obras. Son los hombres los que necesitan la fe y las obras:

“Dios puede prescindir de las criaturas” (Corán 3:97). “Quien obra bien, lo hace en su propio provecho” (Corán 41: 46). “El bien o el mal que hagáis redundará en provecho o detrimento vuestro” (Corán 17: 7). “Quien combate por Dios combate, en realidad, en provecho propio. Dios, ciertamente, puede prescindir de las criaturas” (Corán 29: 6).

“El que combate contra su enemigo infiel –afirma al-Tabari explicando la última aleya- lo hace solo en provecho propio, pues ansía la recompensa de Dios y escapar del castigo. Dios no precisa su acto”.

Por tanto, para el Sagrado Corán, ¿está este mundo está al servicio del otro? ¿Es esta vida un camino para acceder a la otra? Dicho de otro modo, ¿este mundo existe solo para resolver si en el otro gozaremos el Paraíso o sufriremos el Infierno? ¿O por el contrario es la otra vida la que está al servicio de este mundo y la que existe únicamente para que aquí reine la justicia, la tolerancia y la paz, y para que en este mundo paguemos el mal con el bien?

Los quraišíes negaban la Resurrección porque implica la rendición de cuentas y la responsabilidad por las obras. Creer en la Resurrección les exigía cambiar de conducta y obrar con rectitud en todas las esferas de la vida, incluidas las esferas social y económica. En el Corán, el Paraíso es la recompensa de quienes obraron el bien en la vida terrenal, y el Infierno el castigo de quienes obraron el mal. Si no fuera por los actos de los hombres en el mundo terrenal, no habría Paraíso ni Infierno. Si no fuera por este mundo, no existiría el otro. Por eso, es la otra vida la que está al servicio de esta, y no al revés.

Traducción del árabe: María del Pilar Suárez Maseda y Manuel Feria García.
Nota: El gran filósofo marroquí Mohamed Abed Jabri falleció el 3 de mayo de 2010, apenas tres meses después de escribir estos textos. Su vida estuvo consagrada a que la justicia y la razón imperaran en este mundo.

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