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El mensaje universal de Muhammad (sas): la compasión (II)

El mensaje de Muhammad (sas), supera las razas, los colores, y va dirigido a toda la humanidad, ya que no hay sino un color, el de la taqua, que nos colorea el alma según sean nuestras obras

02/01/2015 - Autor: Iman Baraka - Fuente: Webislam
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Un momento ideal para intentar reducir las diferencias en la comunidad islámica

Hace que los demás te hagan sufrir
para que no descanses en ellos.
Quiere volverte insatisfecho de todo
para que nada te distraiga de Él.

Ibn Atta Allah al Iskandari

 

La insatisfacción es plena, no existe vuelta atrás.  Ya nada nos distrae. Lejos queda el mundo y sus infranqueables simas donde se hiela el corazón: Siria, Libia, Iraq, Afganistan… palabras que no son solo lugares geográficos, sino experiencias de exterminio, aniquilación, explotación, mercantilización y fanatismo que superan el plano físico al ampliar sus sombras, con diferentes nombres y características, en toda la Umma.

En estos momentos de oscuridad, se necesita la cálida y compasiva luz muhammadiana que, como la luna, podemos contemplar sin cegarnos. Esa luz que refleja la verdadera Esencia, es decir, la Luz de Allâh y que ilumina nuestros corazones y nos invita a volver al camino recto, el islam, cuya traducción no es solamente paz o sumisión, sino también, como indica Muhammad Asad, “salvación,  ya que designa la paz interior, la fortaleza, la protección contra toda forma de mal, físico y espiritual”.

Salvación frente a ese monstruo con forma de hidra que es la geopolítica y que, a través de sus múltiples cabezas, nos confunde, nos entretiene como diría Ibn Atta Allah, con múltiples mensajes que en realidad solo son uno: el dinero es éxito, y el éxito es dinero.

Hace unos días se celebró un debate entre Mehdi Hasan y Bernard Kouchner en Aljazeera sobre la posible ocultación del neoimperialismo tras la máscara de las intervenciones humanitarias. En cualquier caso, ¿Qué diferencia hay entre el neoimperialismo y la emancipación iraquí de ISIS? Apenas ninguna, si leemos detenidamente los comentarios que realizan en Facebook los jóvenes europeos que van a Siria para unirse a la yihad: “Pagan bien”.

“¡Que perezca el esclavo del dinar, el esclavo del dirham y el esclavo del lujo!”
(Transmitido por Bujari).

Jóvenes que, según conocimos por la filtración a The Guardian del informe elaborado por el MI5 británico y otros estudios, no practican su fe regularmente (es decir, no rezan, no pagan zakat, no ayunan… ) y puede decirse que son “analfabetos religiosos”.

Relata Yabir (que Allah esté complacido con él): «Escuché al Mensajero de Allah (que la  paz y las bendiciones de Allah sean con él)  decir: “Entre el hombre y la incredulidad  (Kufr) o el politeísmo (Shirk) está el abandono de la oración”. (Transmitido por Muslim).

¿Rezar? En las escuelas tradicionales se enseñaban los cinco pilares del islam, pero actualmente en muchas mezquitas y madrasas solo uno: la “yihad” (término convenientemente adulterado y manipulado para que realice su servicio a intereses mundanos particulares). Cierto que la yihad no es un pilar del islam, pero como si lo fuera. No hay más que realizar una búsqueda en internet para descubrir los cientos de páginas y blogs que animan a practicar la yihad, sin realizar ninguna mención a la importancia de la oración, segundo pilar del islam.  Y lo que es todavía más deprimente, en muchos artículos se menciona la preeminencia de la yihad sobre la oración, contradiciendo el Qur’ân y a Muhammad (sas).

“Lo primero por lo que será juzgado el siervo de Allah el Día del Juicio es el salat. Si esta es válida, el resto de sus actos serán registrados como correctos; si no, el resto de sus actos serán invalidados”. (At-Tirmidhi y Abu Daud).

Pero, permanezcamos alerta, que la palabra yihad no nos ciegue. La falta de oración, es una epidemia. Algunos líderes y musulmanes de a pie hace tiempo que han dejado de postrarse ante su Señor, convirtiendo su sayada en una decorativa alfombra de salón. No hay tiempo para rezar, estamos tan ocupados tratando de salvar al mundo, que nos olvidamos de salvarnos a nosotros mismos.

“EN VERDAD, el hombre ha sido creado inquieto. Por norma, cuando le toca un mal, se llena de preocupación; y cuando le toca un bien, se vuelve mezquino con los demás. Excepto los que se vuelven a Dios en oración, y perseveran en su oración”. (70: 19-23).

Casi sin darnos cuenta, en este s.XXI hemos asistido al nacimiento de una nueva corriente religiosa en el Islam que ha conseguido reunir a shi’as y sunnis: el islamismo ilustrado, es decir, “todo para el Islam, pero sin Islam”. Un “atajo” que mediante la yihad, la política y el activismo en diversas causas nos preocupa y ocupa en pequeñas batallas, tan intrascendentes como efímeras, y evita esa Gran Yihad que, en palabras de Muhammad (sas), consistía en la lucha contra nuestro ego, 

La ausencia de oración tiene graves consecuencias, nos desconecta de nuestra esencia, silencia el mensaje divino y llena el mundo de demonios, tal y como evidencia la desunión, falta de fraternidad, agresividad, guerras, competitividad y materialismo actual.

Se realizan muchos llamamientos a la yihad “en la causa de Allâh”, pero curiosamente no se hace un llamamiento a la oración. Ciertamente, la Umma se está contagiando de una grave enfermedad espiritual que afecta desde hace tiempo a las sociedades cristianas, el pensar que estamos aquí para cambiar el mundo, cuando en realidad, lo único que estamos llamados a cambiar es nosotros mismos: 

(Mt. 6, 25-34) (Lc. 12, 22-31)

"No os inquietéis por vuestra vida sobre qué comeréis, ni por vuestro cuerpo sobre qué os vestiréis. ¿No es acaso la vida más que el alimento y el cuerpo más que el vestido? Mirad a los cuervos, que ni hacen sementera ni cosecha, que no tienen ni despensa ni granero y Dios los alimenta. ¿No valéis vosotros más que las aves? … No andéis buscando qué comeréis ni qué beberéis, no andéis ansiosos porque todas estas cosas las buscan las gentes del mundo... Los gentiles se afanan por todo eso; pero bien sabe vuestro Padre celestial que de todo eso tenéis necesidad.

Buscad, pues, primero el reino y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura. No os inquietéis, pues, por el mañana; porque el día de mañana ya se inquietará por sí mismo; bástele a cada día su afán".

Hay que comenzar a hablar de prácticas, como fundamento y prueba de la fe. Y hay que recuperar el valor de la oración. El Qur’ân menciona en múltiples ocasiones el valor de la oración, salat:

Cuando hayáis terminado la oración, recordad a Dios de pie, sentados o echados. Y, si os sentís tranquilos, haced la oración. La oración se ha prescrito a los creyentes en tiempos determinados. (4:103).

Quienes tienen paciencia por deseo de agradar a su Señor, hacen la oración, dan limosna, en secreto o en público, de lo que les hemos proveído y repelen el mal con el bien, esos tendrán la Morada Postrera. (13:22).

¡Señor! ¡Haz que haga la oración, y también mi descendencia, Señor, y acepta mi invocación! (14:40).

Yo soy, ciertamente, Dios. No hay más dios que Yo. ¡Sírveme, pues, y haz la oración para recordarme! (20:14).

¡Recita lo que se te ha revelado de la Escritura! ¡Haz la oración! La oración prohíbe la deshonestidad y lo reprobable. Pero el recuerdo de Dios es más importante aún. Dios sabe lo que hacéis. (29:45).

¡Ten paciencia, pues, con lo que dicen y celebra las alabanzas de tu Señor antes de la salida del sol y antes de su puesta! ¡Glorifícale durante las horas de la noche y en las horas extremas del día! Quizás, así, quedes satisfecho. (20:130).

¡Gloria a Dios tarde y mañana! ¡Alabado sea en los cielos y en la tierra, por la tarde y al mediodía! (30:17-18).

Quizá se mantenga la fe en el mundo, pero la ausencia de oración, de salat, cierra la puerta a lo incognoscible e impide purificar los corazones. Fue nuestro amado Profeta, Muhammad (sas), el que afirmó que: "Se ha hecho de la oración refresco para mi vista", ya que es la oración lo único que permite recuperar la visión interna para interpretar correctamente la realidad externa.

Y a su vez, Muhammad (sas) es, para nosotros los musulmanes, un refresco para nuestra fe y buena salud espiritual, pero hay que tener cuidado para evitar la intoxicación con las deformaciones que difunden tanto los medios de comunicación occidentales como los que se han desviado del Camino Recto.

 

MUHAMMAD (sas): el profeta de la Compasión

Y no te enviamos ¡Oh, Muhammad! sino como misericordia para los mundos (21:107).

La misericordia de Allah está cerca de los bienhechores (7: 56).

A veces me preguntan, qué religión es la tuya que secuestra niñas (Boko Haram), que decapita rehenes (ISIS), que lapida mujeres (Irán), que impide conducir coches a mujeres (Arabia Saudí), que es mayoría en países con altísimas tasas de pobreza, desigualdad, analfabetismo…

Mi respuesta en que no se conoce a un árbol por sus sombras, sino por sus frutos. Muhammad (sas) es el Profeta de la Compasión, tal y como prueban muchos de sus dichos:  

«Ninguno de vosotros es un verdadero musulmán, hasta que no desee para su hermano, lo que quiere para sí mismo».
Transmitido por Bujari y Muslim.

"No creeréis hasta que no os tengáis mutua compasión". Ellos dijeron: ¡Oh, Mensajero de Allah! Todos somos compasivos. Él dijo: "No es la compasión que cualquiera de vosotros tiene por su amigo, sino que es la compasión por todas las personas". Transmitido por At Tabarâni.

«Quienquiera que no sea clemente con sus hijos no es uno de nosotros. Transmitido por Muslim».

Y hechos:

Un día, un beduino vino al Profeta Muhammad y le dijo: «Vosotros besáis a niños pero nosotros no los besamos según nuestras tradiciones. El Profeta (la Paz y las bendiciones de Allâh, Dios estén con él) contestó: « ¿Qué puedo yo hacer por ti si Allâh te ha despojado de compasión?» (Sahih al-Bujari, «Adab», 18; Muslim, «Fadail», 64).

Los miembros de la tribu de Quraish, enemigos acérrimos del Islam y del Profeta (sas), provocaron su exilio en Medina durante trece años y causaron un sinfín de sufrimiento a los primeros musulmanes, a los que intentaron persiguieron y forzaron a participar en diversas guerra defensivas. Sin embargo, cuando los musulmanes entraron victoriosos en Mekka, con un ejército de 10.000 hombres, el Profeta no tomó venganza contra ninguno de ellos.  El Profeta le dijo a los Quraish: ¡Gente de Quraish!  ¿Qué piensan que haré con ustedes? Esperando una respuesta favorable, ellos dijeron: “Harás el bien.  Eres es un hermano noble, hijo de un hermano noble”. El Profeta (sas) les dijo entonces: “Entonces yo les digo lo que el Profeta José dijo a sus hermanos: “No serán reprochados hoy.  ¡Vayan!  ¡Porque son todos libres!”

 

¿Qué es la compasión?

La Compasión es la apertura, el vehículo para viajar al encuentro de Allâh. La compasión genera conectividad a través de un corazón que ha sublimado el ego. Sin compasión se oxida la fe, el amor, las esperanzas y el mundo se marchita, surgen la competitividad, las guerras, la destrucción, la hipocresía y la mentira.

La Compasión es el abrazo invisible de Allâh a Su Creación: “¡Tú abarcas todas las cosas en Tu misericordia y conocimiento” (40:7). Pero la compasión es también una forma de estar en el mundo, de ser musulmán:

«Ninguno de vosotros es un verdadero musulmán, hasta que no desee para su hermano, lo que quiere para sí mismo».
Transmitido por Bujari y Muslim.

El gran ejemplo de compasión en este mundo ha sido Muhammad (sas), pero lo hemos olvidado. ¿Qué significa ser el Profeta (sas) de la misericordia y la compasión?

Toda la creación se ha creado sobre la base de la pareja: noche/día, sólido/líquido, vida/muerte, para que el mundo sea inteligible. Esta duplicidad se aplica también a la conciencia, que se expresa a través de la conciencia dual y la conciencia unitaria. Es precisamente esa conciencia unitaria en la que Allâh fundamenta su concepción del universo. No se crean las cosas en parejas, sino que cada cosa contiene ambas expresiones. La existencia del día conlleva la noche, y por ejemplo el hombre conlleva la existencia de la mujer. El tawhid o conciencia unitaria a la que invitan todos los Profetas, consiste en la capacidad para ver el Uno y que, aplicada a la realidad mundana, sería el poder ver al otro en uno mismo, más allá de las proyecciones que nos dividen, nos enfrentan, nos engañan…

La compasión es por tanto la superación de la conciencia dual, de ese velo que provoca la separación, la ilusión de una frontera que divide al otro/yo. Es el avance hacia el  “yo en el otro”, “la vida en la muerte”, el reconocimiento de un mundo creado en unidad, el despertar y percibir una nueva realidad que no permite el engaño de los antónimos en los que se recrea el ego.

Muhammad (sas) produjo con su mensaje de compasión un despertar espiritual, ya que la compasión es fruto de un corazón sano que percibe la infinitud del Amor y a él se entrega, se somete.

Los tristes acontecimientos que agitan actualmente al mundo musulmán no son sino pruebas de la caída a la conciencia dual: buenos/malos, creyentes/infieles, shi’a/sunnis, verdugos/víctimas,… que nos impiden avanzar hacia el perfeccionamiento ético y moral que nos enseñó el Profeta (sas).

El mensaje de Muhammad (sas), supera las razas, los colores, y va dirigido a toda la humanidad, ya que no hay sino un color, el de la taqua, que nos colorea el alma según sean nuestras obras. Es el mensaje de la salvación, de la paz y de la esperanza. Muhammad (sas) nos informa de la infinita Misericordia de Allâh,

Y Dios quiere volverse a vosotros en Su misericordia, mientras que los que sólo siguen sus pasiones quieren que os extraviéis lejos del camino recto. (4:27).

Hadiz Qudsi:

"¡Oh, siervos míos! Vosotros cometéis faltas día y noche, y Yo tengo el poder para perdonar los pecados de todos. Pedidme perdón y os perdonaré".

"Di: ¡Siervos míos que os habéis excedido en contra de vosotros mismos, no desesperéis de de la misericordia de Allah, es verdad que Allah perdona todas las faltas, pues Él es Perdonador, Compasivo" (39:53).

y gracias a eso nos salvamos, porque la maldad no es, en muchas ocasiones, sino ignorancia y/o olvido de la Misericordia de Allâh. La falta de esperanza, el pensar que ya estamos condenados, nos hunde para siempre en el mal. Pero no da igual hacer bien que mal, nunca está todo perdido.

Muhammad (sas) es el Profeta de la Compasión porque nos transmitió el dicho de Allâh swt: "Mi Misericordia predomina sobre Mi ira", para ser perdonados solo es necesario una vuelta hacia Él solicitando su Perdón. El fuego, no es por tanto consecuencia del pecado, sino del olvido. Lo que Allâh swt no perdona es el olvido de su Misericordia. Y eso es precisamente lo que ha venido a recordarnos el Sello de los Profetas: Allâh es nuestra esperanza.

Los jóvenes que van a Siria a unirse a ISIS son, en muchas ocasiones, personas que abandonaron el Camino Recto y quieren purificar una vida de errores y antecendentes criminales con una errónea "yihad" en el nombre de Allâh.

Para corregir tanta desviación, quizá tengamos que comenzar, como en Pakistan, a educar a los niños en el verdadero Islam, el de la compasión: 

Abu Hurairah (Ra), relató que el Profeta (s.a.s.) dijo:

“Aquel que alivia a un creyente de una aflicción de este mundo, Allâh le aliviará su aflicción el Día de la Resurrección. Quien le facilita ayuda a un necesitado, Allâh le ayudará a él en esta vida y en la otra. Aquel que protege a un musulmán será protegido por Allâh en esta vida y en la otra. Allâh siempre socorre a su servidor, si esté ayuda a su hermano…”.

La paz y bendiciones de Allâh sean sobre nuestro amado Profeta.


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