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Abstenerse de la ira

Y lo mejor de la fe es que uno perdone a quien haya sido injusto con él

15/12/2014 - Autor: Sheij Othman Al Mal - Fuente: Cciar
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El Corán nos exhorta a las buenas obras en esta vida
El Corán nos exhorta a las buenas obras en esta vida

Alabado sea Allah, Señor del Universo. Le glorificamos, Le pedimos perdón por nuestros pecados y a Él nos encomendamos. Nos refugiamos en Allah del mal que existe en nuestras propias almas y de los perjuicios de nuestras malas acciones. A quien Allah guía nadie puede desviar y a quien extravía nadie puede guiar.

Atestiguamos que no hay otra divinidad excepto Allah, Único, Quien no tienen copartícipe alguno. Y atestiguamos que Muhammad es Su siervo y Mensajero. ¡Oh, Allah! Bendice a Muhammad, a su familia, sus compañeros y a todos aquellos que sigan su guía hasta el Día del Juicio Final.

¡Siervos de Allah! Os exhorto y a mi propia alma a que temamos a Allah, pues el temor a Allah es la mayor provisión para alcanzar la salvación y prosperidad.

¡Hermanos en la Fe! Fue reportado de Abu Huraira, Allah esté complacido con él, que el Mensajero de Allah, la paz y bendiciones de Allah sean con él, dijo: “¡No es más fuerte el buen luchador sino aquel que controla su ira!".

Pues, entre la gente hay quienes cuando entran en disputas o se irritan pierden su fuerza y paciencia, y en este sentido son las personas más débiles. Porque aquel que se considera fuerte lo es porque sabe controlarse cuando es invadido por la ira. Y lo mejor de la fe es que uno perdone a quien haya sido injusto con él, preserve los lazos con quienes los hayan abandonado y sea benevolente con quien lo haya tratado con dureza. Relató Abu Hurairah (Ra) que un hombre le dijo al Profeta (PyB): “¡Aconséjame!” Respondió el Me nsajero de Allah: “¡No te enfurezcas!”.

El hombre insistió varias veces en su petición. El Mensajero de Allah volvió a responderle: “¡No te enfurezcas!”. Ubada Ibn As-Samit trasmitió que el Profeta, la paz y bendiciones de Allah sean con él, dijo: “¿Queréis que os informe acerca de lo que os hará elevaros en grados? Los compañeros dijeron: “Ciertamente, ¡Oh, Mensajero de Allah!”. Entonces dijo: “Sed pacientes con aquellos que os han ofendido, perdonad a quienes han sido injustos con vosotros, otorgad el bien a quienes os lo han privado y preservad los lazos con quienes los han roto”.

Luqmân le dijo a su hijo: “¡Oh mi querido hijo! Tú no debes reconocer a tres personas por aquello que aparentan ser, excepto en tres circunstancias: 1) a una persona tolerante (Halîm) en una situación calculada para provocar la ira; 2) al valiente héroe (Shuyâ’) en una situación de activa lucha; y 3) a un buen hermano (Akh) en una situación cuando realmente se lo necesita”.

Se le preguntó cierta vez a Yaafar Sadiq, a quien lo acompañaba un hombre de mala educación que se enojaba frecuentemente y se irritaba con mucha facilidad, “¿Puedes soportar convivir con este hombre?” dijo: “Sí, y aprendo de él la paciencia. Porque al enfurecido su semblante se vuelve desagradable y su lenguaje indecente, y se lo ve como una llama de fuego que se autodestruye, convirtiéndose así en un modelo de actitud a evitar, y además a través de su comportamiento se aprende la virtud de la paciencia y resistencia”. Un día el mismo Yaafar Sadiq se estaba lavando las manos mientras su esclavo le vertía agua. En un momento se cayó el recipiente y le salpicó la cara. Yaafar miró enojado al sirviente y éste le dijo: "aquellos que controlan su enojo Corán 3:134 ". Entonces, Yaafar le afirmó: "ya lo controlé". El joven prosiguió: "y perdonan a las personas Corán 3:134" a lo que Yaafar dijo: "Ya te perdoné". Continuó el joven: "y Allah ama a los que hacen el bien Corán 3:134". Entonces le dijo: "¡Vete, ya eres libre!".

Cierta vez, un rey había convidado a sus huéspedes a un banquete. En un momento, el sirviente mientras traía el caldo se tropezó con el borde de la alfombra y salpicó al rey. Alzó la mirada y vio que estaba muy enojado. Entonces, resolvió volcar todo el recipiente de caldo en la vestimenta del rey, quien enfurecido le preguntó por qué había hecho eso. El sirviente contestó: “Temí que su merced me castigara por un error no intencional y así la gente le reprochara por ello, entonces preferí que ellos fuesen testigos de mi mal proceder y así lo entendieran a Vd. en caso de que me castigara o lo agradecieran si me perdonara. Al rey le agradó la respuesta del criado por lo que le concedió su perdón.

Allah, el Altísimo, nos ordena en su Sagrado Libro ser pacientes, tratar con benevolencia a los demás, soportar el agravio, y nos indica asimismo las virtudes de este modo de actuar y sus buenos resultados a corto y largo plazo. Dice (SWT): “No son iguales la bondad y la maldad; responde con la mejor actitud y aquél con el que tenías enemistad será un amigo ardiente. Pero esto no lo consiguen sino los que tienen paciencia, no lo consigue sino el dotado de una suerte inmensa”. (41: 34-35).

Se debe saber que el mal es inherente a la naturaleza humana y no lo pueden quitar ni apaciguar sino los buenos modales, es decir en este caso ser paciente frente al sentimiento de ira y furia. El Mensajero de Allah (PyB) le dijo a Al-Ashaÿÿ de la tribu de ‘Abdul Qays: “Tú posees dos cualidades que ama Allah: templanza y auto control”.

Dijo Ali Ibn Abi Tali, que Allah esté complacido con él: “Si fueras capaz de vencer a tu enemigo, concédele el perdón como agradecimiento de ese poder”.

Cierta vez, el califa Umar Ibn Abdulaziz escribió a uno de sus gobernadores: “No castigues cuando estés enfurecido porque la ira cuando se apodera del hombre le hace perder su sentimiento de humanidad impidiéndole usar la razón, y lo hace entrar en un estado de delirio al no estar consciente de lo que dice y hace. Y por eso, el Profeta (P yB) dijo: “Ningún juez debería dictar una sentencia mientras esté enojado”. Porque en tal situación su veredicto surgiría de una alteración que corre por sus venas y no sabría sobre qué está juzgando.

El Mensajero de Allah (PyB) acostumbraba decir en sus súplicas: “¡Oh, Allah, haz que el conocimiento nos baste, embellécenos con la paciencia, otórganos piedad y cúbrenos con buena salud!”. Y decía también: “Ciertamente el hombre alcanza con la paciencia la misma condición que el ayunante que pasa la noche en adoración”.

De Ibn Abbas, que Allah esté complacido con él, se transmitió que el Profeta, paz y bendiciones de Allah sean con él, dijo: “Si un hombre no posee una de las siguientes tres cualidades no lo toméis como ejemplo: temor que lo retenga de cometer faltas, indulgencia con que responda al insolente y buenos modales con que viva entre la gente”.

Ali Ibn Abi Talib, que Allah esté complacido con él, dijo: “El bien no radica en el hecho de que tengas fortuna e hijos en abundancia, sino que tus obras sean fecundas y tu paciencia engrandecida, y que no te enorgullezcas ante la gente por tu adoración a Allah. Y si haces el bien dale las gracias a Allah, el Altísimo, y si haces el mal, pídele perdón a Él”.

Muawiya, que Allah esté complacido con él, el honorable compañero del Profeta y uno de los escribas de la Revelación era muy paciente e indulgente. Dijo una vez: “Si hubiese un pelo tirante entre mi pueblo y yo, no se rompería, porque cuando ellos estiran yo aflojo, y cuando ellos aflojan, yo estiro”. Así fue cómo pudo someter a la gente bajo su mando y ganar su confianza y afecto. Le dijeron: “¡Oh, Emir! Hemos obrado mal contigo y nos has respondido con el bien, y te has convertido en el Califa”.

Alguno de los sabios dijo: “Recuerda en tu fuerza e ira el inmenso poder de Allah sobre ti, y en tus sentencias la sentencia que Allah dictó sobre ti”.

Umar Ibn Abdulaziz, que Allah se apiade de su alma, dijo: “Ninguna cosa es mejor asociada a otra que la paciencia junto con el conocimiento y el perdón junto con la fuerza”. Entonces por qué enojarse sabiendo que el poder absoluto sólo le pertenece a Allah, Altísimo Sea, y que esta vida no es para el ser humano como él la quiere; pues en ella está la alegría y la tristeza, lo beneficioso y lo perjudicial, la facilidad y la dificultad. Y quien se muestra complaciente con el decreto de Allah, Enaltecido Sea, los problemas y obstáculos se le tornarán llevaderos, su enojo no lo conducirá a cometer aquello que aborrece, aceptará de la gente lo que hay, agradecerá al benevolente y perdonará al ofensor. Por eso, ¡No te enfurezcas! ¡No te enfurezcas! ¡No te enfurezcas! Este fue el consejo del Mensajero de Allah (PyB) para todos los musulmanes.

¡Quiera Allah bendecirnos con el Grandioso Corán y beneficiarnos con la guía de nuestro Profeta Muhammad! ¡Pedid perdón a Allah por vuestras faltas y volved a Él arrepentidos! Él es Indulgente, Misericordioso.

Viernes 20 de Safar de 1436 H. acorde al 12 de diciembre de 2014
Traducción de la jutba pronunciada por el sheij Othman Al Mal
Mezquita del Centro Cultural Islámico “Custodio de las Dos Sagradas Mezquitas” Rey Fahd en Buenos Aires, Argentina

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