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La Yihad y el Estado Islámico (ISIS) dentro del Islam

¿Hasta donde la organización puede ser considerada Jihadista?

10/12/2014 - Autor: Diego Fossati - Fuente: Envío público a Webislam
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Islam

En los últimos años, los temas relacionados con el Islam y con los musulmanes tuvieron una repercusión alta en los medios de difusión, así como también en la literatura general. Producto de esto, el público comenzó a familiarizarse con términos como “Ayatollah”, “talibán” y en especial de “Jihad” (o Yihad).

En el diccionario de la Real Academia Española no se encuentra definiciones o sinónimos respecto a este término, sin embargo su empleo por analistas y la prensa en general se ha vuelto sumamente frecuente. Lamentablemente la primera vinculación conceptual que encontramos con dicho vocablo es de “guerra santa”, es decir el combate iniciado por motivos religiosos (o por lo menos en su nombre, el de la religión); no obstante encontrar una definición exacta sobre la Jihad, puede resultar difícil, en especial si quien hace uso de la palabra desconoce el Islam y todo lo que implica intrínsecamente para el musulmán.

Podemos encontrar una traducción algo literal al español, y esta es “ESFUERZO” (no guerra) vinculado a como se le presenta la vida a quién practica el Islam; es decir que no se vincula a un hecho en particular; con lo cual encontramos la primera connotación errada al decir “una Jihad en contra de…”. Es un término muy amplio y de gran importancia para el musulmán, pero claramente Jihad no significa guerrear.

Concretamente, la Jihad es un “esfuerzo en el camino de Dios” y tomará connotaciones dependiendo la vivencia que cada musulmán deba atravesar. Es así que en la Fuentes islámicas más antiguas encontramos explicaciones sobre dos tipos de “esfuerzos” que deben hacerse. Uno llamado “Jihad Mayor” y el otro “Jihad Menor”, y sólo en este último es donde la doctrina islámica puede asociarlo con una actividad bélica.

Al igual que otras religiones, quien practica el Islam considera esta vida como un lugar o momento de tránsito con el cual se hará acreedor de una situación específica a futuro; es decir que si transitó el camino de Dios, se espera una “recompensa” en el momento de su trascendencia; expresado en otros términos es que su vida posterior está condicionada por las acciones que realice, o deje de realizar. Siguiendo esta línea de razonamiento; la Jihad Mayor implica un “esfuerzo” para generar armonía por medio de la liberación del egoísmo y la purificación del alma. Si quisiéramos manifestarlo en términos belicistas, podríamos decir que la Jihad Mayor es un “combate interior” al que el musulmán se enfrenta día a día. Esta purificación del alma, encuentra pasajes coránicos donde expresan porque motivo debe realizarse: “Y yo no digo que mi alma sea inocente pues es cierto que el alma ordena insistentemente el mal, excepto cuando mi Señor tiene misericordia. Es verdad que mi Señor es perdonador y compasivo ”; “Y juro por el alma que se reprocha ”. Es así que en la creencia Islámica, se consideran estas palabras expresadas por el Profeta: “¿Queréis os describa la raíz de la cuestión, su pilar y su cúspide? La raíz de la cuestión es el islam, su pilar es la oración y su cúspide es la yihad, la lucha por la causa de Dios”.

Según lo anterior, para la Doctrina islámica el alma humana es propensa al mal, cuando obra individualmente (es decir si no se la controla, o combate) y cuando se aferra a lo mundano ya que su objetivo final, en este estado, es simplemente el placer de los sentidos exteriores. Cuando se logra el discernimiento de esta situación, es cuando el alma comienza su camino hacia Dios, librando la batalla de la Jihad Mayor, donde el objetivo final será  lograr un “alma sosegada ” venciendo, finalmente mediante la conquista del ego. La Jihad Mayor implica una lucha en la virtud, consecuentemente, donde se sirve y se protege a quienes nos rodean y a nosotros mismos mediante el aborrecimiento de la injusticia: “Quien de vosotros vea una mala acción, que la cambie con su mano, si no pudiera con su lengua, y si no pudiera entonces con su corazón, y esto es lo más débil de la fe ”.

Habiendo explicado lo que implica para el musulmán la Jihad Mayor, trataré de explicar lo que implica la Menor, aquella que puede tener connotación bélica y sobre la cual se justifican muchos grupos violentos. La generalidad de la Doctrina islámica concuerda en que esta Jihad es avalada y necesaria cuando alguien debe defenderse de una agresión; “Y combatid en el camino de Allah a quienes os combatan a vosotros pero no os propaséis, es cierto que Allah no ama a los que se exceden ”. Es entonces que en este pasaje Coránico se encuentran claramente identificados los requisitos para combatir: el primero relacionado a la defensa, y el segundo relacionado a la proporcionalidad (al no exceso).

Es necesario tener en consideración el contexto histórico y político en el cual el Islam surge, se desarrolla y expande. Como es conocido, los primeros musulmanes fueron perseguidos, torturados y asesinados; no necesariamente esta persecución poseía connotación religiosa  ya que en muchos casos había motivos políticos y económicos.

El mensaje transmitido por El Profeta en aquel entonces iba en contra de ciertas pautas sociales que beneficiaban a mercaderes, traficantes y líderes locales por lo que encontraron en su persona, rápidamente, una amenaza a la cual eliminar. Con el correr de los años, y de la mano de la expansión geográfica de los territorios ocupados por la  umma, estos choques comenzaron a darse con los judíos y los cristianos. Por ello es que en el Noble Corán encontramos pasajes como: “vosotros que creéis, no toméis por aliados a los judíos ni a los cristianos; unos son aliados de los otros. Es cierto que Allah no guía a los injustos ”; esto no significa que en nuestros días, un grupo como el Estado Islámico (ISIS) debe buscar y perseguir a “infieles”; insisto en la importancia de contextualizar el texto sagrado; donde se resalta ese accionar en forma defensiva; y solo en ese caso el texto es claro: “combatidlos donde quiera que los encontréis y expulsadlos de donde os han expulsado” y aun encontrándose en esa situación “legal” de combatir, el Noble Corán prosigue proporcionando un salvoconducto: “Y si cesan….Allah es Perdonador y Compasivo ”; “…que no haya entonces hostilidad excepto contra los injustos ”.

Es sumamente importante comprender que la legitimidad de la Jihad Menor no está vinculada a una creencia de superioridad teológica o de imposición de la Fe sobre los otros hermanos del Libro; sino que su validez encuentra justificación en la auto-defensa; y profundizando más en la filosofía islámica podemos encontrar que la defensa no solo se vincula a la de tipo físico, sino también la de los valores que el Islam profesa. Quizás, entonces, hubiera sido más válido encontrar vinculaciones entre Jihad y la Revolución Iraní que en nuestros días relacionarla con el Estado Islámico, al-Qaeda, etc.

Nos queda por responder un interrogante: ¿la Jihad Menor busca convertir a los no musulmanes?; claramente la respuesta es no, y me auxiliaré una vez más en el texto sagrado para demostrarlo: “Y si tu Señor quisiera, creerían todos los que están en la tierra. ¿acaso puedes tu obligar a que sean creyentes? ”  Para clarificar los conceptos, entonces, la Jihad Menor es de carácter defensiva, proporcionada y no expansiva.

El Estado "Islámico"; organización terrorista

Prefiero referirme al Estado Islámico como una organización de carácter terrorista (o al menos extremista) y no como una de tipo Jihadista ya que, según lo expuesto anteriormente, no hay puntos en común con ninguna de las dos Jihad planteadas por la doctrina islámica. No obstante esto, el mundo occidental y en especial los medios de comunicación, lo han catalogado como una organización de tipo Jihadista. Dado que este texto pretende explicar el fenómeno desde lo académico – teórico, dejamos de lado este calificativo por inapropiado.

La segunda característica del Estado Islámico es que se trata de una organización de tipo terrorista, la cual se basa en el empleo de la agresividad. Según Erich Fromm , se pueden clasificar dos tipos de agresividad:

- Agresividad benigna: se encuentra presente en todos los animales y que está constituida por una tendencia genéticamente programada que los incita a atacar o huir, cuando se encuentran amenazados; es una agresividad biológicamente adaptativa y cesa cuando desaparece la amenaza.

- Agresividad maligna: se manifiesta por los sentimientos de crueldad y destructividad; es específica del ser humano y prácticamente inexistente en el resto de los mamíferos o especies. No está genéticamente programada y no es adaptativa, a diferencia de la benigna.

Según Fromm, para que esta agresividad se convierta en violencia, (que es donde ubicamos a todos los grupos extremistas/terroristas/radicales, etc); debe mediar el empleo de la fuerza; y cuando esta fuerza no se detiene ni ante principios morales o limitaciones jurídicas es cuando emerge la violencia.

Para quien no es un estudioso de la historia universal, quizás le sorprenda saber que el “terrorismo” como metodología no es algo novedoso. Numerosos hechos y acciones en el pasado vieron involucrados actos terroristas, algunos buscaron ser justificados, otros condenados. Si bien podemos remontarnos a la antigua China para encontrar actos de este tipo, los términos “terrorismo” y “terrorista” se dice que nacieron en períodos de la Revolución Francesa. En 1796 se publicó un diccionario francés en el cual explicaba que los Jacobinos empleaban el término en un sentido positivo cuando se referían a sus actividades; luego de la caída de Robespierre y de sus seguidores; el término fue vinculado a las acciones criminales; y desde entonces es empleado para distinguir aquellos actos que son de violencia extrema. Así podemos pasar revista a la historia y encontraremos numerosos ejemplos de hechos terroristas hasta que durante el Siglo XX se lo vinculó inicialmente al terrorismo de Estado y luego a ciertas prácticas vinculadas a grupos con miembros musulmanes en sus filas. Finalmente, durante la administración de George Bush (h) y luego de los atentados del 11 de setiembre de 2001, se redactó la “Doctrina de Agresión Positiva”, donde inequívocamente el terrorismo era vinculado a grupos islámicos con al-Qaeda como referente máximo. Puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que hoy el común de la gente vincula terrorismo con Islam; consecuencia de esta evolución en el concepto.

En la 3ra Conferencia Internacional para la Unificación del Derecho Penal, se llegó a definir que es el terrorismo: “todo crimen o delito político o social, cuya ejecución o el anuncio, siembre el miedo general, por su aptitud para crear un peligro general. En un sentido más restringido, los atentados terroristas son actos criminales cometidos solo o principalmente con un fin: la alarma (elemento subjetivo) provocado por el empleo de medios capaces de generar un estado de peligro común (elemento objetivo”). Es decir que un acto terrorista se caracteriza por; los medios violentos que emplea y la alarma o temor que ellos generan. Con lo expuesto hasta el momento, entonces, podemos afirmar que el Estado Islámico es una organización terrorista, no solo por la connotación política actual  que así lo califica, sino por la metodología empleada.

La tercera característica del Estado Islámico es que tiene como objetivo instaurar un Califato. Nos encontramos ahora ante un concepto de desarrollo complicado ya que en esta figura se centra una de las grandes diferencias que existen entre la rama “sunnita” y la “chiíta”, la relación entre el Imanato y el Califato. Ambos comparten una función similar y es la de guiar política y religiosamente a la umma. Tras la muerte de Alí, los Imam reconocidos fueron al-Hasan y al-Husayn, sus hijos. Hasta el sexto Imam (llamado as-Sadiq) no existen diferencias en su reconocimiento como tal entre ambas ramas. Luego de su muerte surgen subdivisiones como la “septimana” (o ismaelitas), y quienes continúan creyendo en el Imam hasta el número doce (al-Mahdi), denominados “duodecimanos”; ambas ramas perteneces a los “chiítas”. Lo que los vincula a los “sunnitas” es que durante el período de los duodecimanos, el poder del Imam se impuso por sobre el Califa, aproximadamente desde la mitad del Siglo IV d.H a la mitad del Siglo V d.H. La disnatía Búyida, que gobernaba en aquel momento, se constituyeron en paralelo a los abasíes respetando el califato sunní en lo espiritual, pero reservándose la gestión del poder Real, es decir que no aceptaban sobre el Emir poder político superior.

La historia de sucesiones y disputas políticas continúa, y no son motivo de este escrito, sino la cuestión del Califato. Quien es considerado el primer doctrinario que sentó bases legales dentro de la Shariah para el accionar del Califa fue Alí Ibn Muhammad al-Mawardi  (aprox 970 d.C), y es el primer antecedente dentro de la Ley Islámica ya que en el Noble Corán no se menciona nunca dicha figura. Los califatos encontraron su momento de esplendor con los Omeyas y los Abbasíes, previo a al-Mawardi y cuando la declinación del poder califal era inminente, ante el surgimiento de los turcos, es cuando surge la necesidad de la teorización de su función y poder, a lo que se abocan los pensadores sunnitas, en especial al-Mawardi. Es así que con el correr de los años, el califa se encuentra conviviendo con la figura de los sultanes proporcionados por las dinastías Búyida y Selyúcida, quienes ostentaban efectivamente el poder político. Fue el Califa al-Qadir quien cansado de esta situación redacta una aquidah  donde reafirmaba la sucesión legítima de los cuatro primeros califas “o bien guiados” y por la cual eran sometidos a juicio todos los teólogos que pretendieran una explicación racional del asunto, considerados como amenaza a la Fé. Sin embargo esto no devolvió el poder completamente al Califa como tampoco resolvió las diferencias con los Sultanes.

Cuando al-Mawardi desarrolla su doctrina, lo hace con la clara intención de recomponer la figura y el poder temporal del Califa; lo cual se enfrentaba a la dinastía gobernante. En su teorización, distingue el Emirato “de derecho” y el Emirato “de conquista”, donde el Califa reclamaba el primero y los Sultanes eran correspondidos con el segundo; es así que en su explicación es el Califa quien debe dar la autorización para que el Sultán ejerza su poder; una analogía similar podemos encontrar en la historia Occidental cuando era el Papa quien entronaba por mandato divino a ciertos reyes europeos. ¿Que se consiguió aplicando esta estrategia? Que el Sultán no encuentre otra alternativa que reconocer la “superioridad” del Califa, para que su pueblo legitime ese poder.

Otro dato importante a saber respecto al Califa, sin olvidar que estamos tratando de comprender la complejidad del fenómeno planteado por el Estado Islámico, es que quien se desempeña como Califa es el sustituto del Profeta, y por medio de su figura se asegura la unión e indivisibilidad de la umma. En síntesis, la figura del Califa representaba la totalidad de los poderes, tanto espiritual y temporal, que le corresponde como “ejecutor” del mensaje dejado por el Profeta. Según la doctrina desarrollada por al-Mawardi son DIEZ las responsabilidades inherentes a la función del Califa, las cuales no desarrollaré, que oscilan entre deberes de administración temporal a las de carácter espiritual. Es así que con altos y bajos, los Califatos se sucedieron durante los siglos. El último gran “bloque” califal se dio con los Otomanos entre 1517 hasta 1924, cuando de la mano del surgimiento de la República Turca es abolido el ultimo Califa Musulmán: Abdul Mejid II.

Es fácil de comprender ahora, porque el resto del mundo musulmán se opone al accionar del Estado Islámico, no solo por su metodología violenta, sino porque también acarrea un problema teológico y de gobierno dentro de la umma. Si Abu al-Baghdadi fuera reconocido como el nuevo Califa, básicamente se constituiría en la nueva cabeza que lidere la comunidad islámica, no solo desde lo religioso, sino también desde lo político y por encima de reyes, presidentes, sultanes, etc. 

Mas allá de lo religioso

Hasta este momento encontramos en este texto una explicación del fenómeno “Estado Islámico” fundada en aspectos históricos y teológicos. Existe otro factor de análisis, mucho más mundano: el económico. El montar, desplegar, instruir y abastecer a todos los miembros del Estado Islámico tiene un costo económico sumamente elevado.
En sus orígenes Estado Islámico surgió como una rama de al-Qaeda en Iraq con la finalidad de realizar insurgencia contra la presencia de Estados Unidos en el territorio luego de la caída de Sadam Hussein. Posteriormente se abrió el frente al-Nusra, en Siria, el cual tenía como misión combatir al gobierno de Bashar al-Assad (chiíta - alawita), colaborando con el Ejercito Siria Libre desde el sur del territorio. En 2010 al-Baghdadi asume el liderazgo del grupo con una fuerte impronta reformista, deseando enfocar sus operaciones dentro del territorio iraquí (con vistas a la conformación del Califato), lo cual al-Nusra no acepta y se produce la separación definitiva entre ambos frentes.

El objetivo territorial de al-Baghdadi no fue seleccionado al azar. Iraq se encuentra fuertemente fragmentado, con un gobierno débil, poca experiencia democrática, escaso control efectivo del territorio y principalmente con una puja entre sunnitas, chiítas y kurdos que facilitan su accionar. En medio de tal caos planteado, el evocar algunos aspectos religiosos básicos, que se consideran amenazados,  fue suficiente para ganar adeptos en cantidades. El único problema que se presentó está relacionado al sostenimiento de sus operaciones y de sus miembros. Es así que al momento de plantear el despliegue de sus operaciones nos encontramos con claros objetivos económicos: el control de la red de oleoductos iraquí. El movimiento, entonces, se produce desde el N hacia el SE, donde se encuentran las principales refinerías del país.

 Llamativamente cuando el Estado Islámico comenzó sus operaciones, las primeras reacciones de las Fuerzas Armadas de Iraq fue abandonar las ciudades donde aquél avanzaba, dejándolas a merced de las órdenes de al-Baghdadi. En el Noreste no ocurrió lo mismo, los kurdos lograron imponerse por medio de sus Pashmergas.

Como para imponer un Califato, el supuesto Califa debe mostrarse como tal desde el inicio. Es así que en los territorios que el Estado Islámico está presente se comenzó a aplicar estrictamente la Sharía, y para las mujeres el uso del Burka, el atuendo que más esconde de la vista el cuerpo femenino. Claro está que en dichos territorios conviven otras minorías; una de ellas es la cristiana. Para quienes no son musulmanes, al-Baghdadi le propone tres caminos:

- Conversión al Islam
- En caso de no aceptar el Islam, pagar un alto impuesto (si dispone de los recursos)
- Abandonar el “Califato” en un tiempo determinado por el Estado Islámico

Al no concretarse ninguna de las tres opciones, es cuando se imponen los castigos. Normalmente de tipo físico que pueden ser desde latigazos hasta la decapitación; por supuesto es en esta instancia donde entra en juego ese factor de temor que se mencionó al inicio del texto, ya que los castigos son rápidamente mediatizados para lograr el efecto deseado: infundir el terror.

Los países occidentales más comprometidos en la lucha contra el Estado Islámico ¿lo hacen preocupados por la religión islámica?, ¿Por qué desean frenar la matanza de musulmanes?. La respuesta es NO. Lo hacen por sus propios intereses económicos. Cuando cayó el régimen de Hussein, los países que conformaron en aquel entonces la coalición “libertadora” decidieron distribuirse la administración de la red petrolera iraquí; en primer lugar a modo de resarcimiento, pero en segundo lugar para  asegurarse el abastecimiento desde este país. Es así, que ante el avance del Estado Islámico, estos intereses económicos se ven severamente afectados. Al-Baghdadi y sus seguidores son una amenaza económica; rápidamente fueron incluidos en las listas de organizaciones terroristas y después de Osama Bin Laden, el líder del Estado Islámico es el ser más buscado, incluso ha superado a al-Zawahirí, líder de al-Qaeda. Si observamos diferentes mapas que circulan en internet, notaremos como la organización terrorista avanza hacia los pozos en poder de empresas occidentales.

CONCLUSIONES:

Podemos esbozar una serie de escenarios, relacionados a lo que ocurre con el Estado Islámico.

1. Desde el punto de vista económico, si bien el precio del petróleo se encuentra en baja, ante la ausencia de resultados positivos en la lucha contra la organización se puede esperar que el valor del crudo se incremente. Especialmente iniciado el 2015 si es que Estado Islámico logra controlar nuevos pozos y refinerías.

2. Desde el punto de vista político: Las relaciones entre chiítas, sunnitas y kurdos no pueden encontrarse en un estadío peor. Las persecuciones encarnadas por los sunnitas del Estado Islámico hacia el resto de las facciones animó viejas diferencias, por un lado, y la autosuficiencia demostrada por los kurdos puede llegar a acelerar su proceso independentista, consecuentemente la fractura definitiva de Irak sería un hecho.
Un segundo aspecto político importante sería la lucha interna que se puede desatar entre el Estado Islámico y al-Qaeda por el liderazgo de la Jihad Islámica. Como es sabido al-Zawahirí se proclamó líder de esa lucha al morir Bin Laden, ahora al-Baghdadi no solo representa una amenaza a su autoridad, sino que proclama que la verdadera Jihad es la de su organización.

3. Desde lo Internacional: Estados Unidos ve en Iraq el escenario donde posiblemente culmine su liderazgo hegemónico. No solo ve dificultada su participación militar efectiva por diversos motivos internos, sino que la situación se suma a una larga serie de errores cometidos en su política exterior para con la región, que se inició con la Primavera Árabe, se agudizó con la guerra civil en Siria, y se mantuvo con los enfrentamientos entre palestinos e israelíes durante el 2014. Este componente de política errática favoreció el surgimiento de otros actores en la región suplantando el liderazgo clásico de Estados Unidos; por un lado Rusia (desafiando cualquier decisión de la Casa Blanca, y ventando en el Consejo de Seguridad de ser necesario), por otro lado Irán a la cabeza del mundo musulmán chiíta; y finalmente Arabia Saudita liderando el sunnismo más ortodoxo; entre ambos se produce además la disputa por el liderazgo regional, en otros tiempos disputados entre Egipto y Turquía.


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