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La conveniente guerra de Egipto

La lucha por la supervivencia en el Sinaí

19/11/2014 - Autor: Ramzy Baroud - Fuente: Middle East Eye
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Tur Sina
Tur Sina

Mientras El Cairo siga utilizando a sus habitantes como plataforma de explotación de oportunidades políticas, la campaña que prometió Sisi para proporcionar más soluciones de seguridad apenas aliviará la carga de El Sinaí.

El Sinaí es a la vez cielo e infierno. Este triángulo desértico cuenta con un paisaje árido de horizontes desesperanzados, a menudo salpicado por restos de equipos militares de las guerras anteriores. El área está formada por impresionantes playas, un increíble pasado histórico y una fusión de culturas fascinantes de un pasado tan antiguo como es posible remontarse. Esta emocionante tierra de contradicciones es hermosa, pero letal.

Pero el Sinaí también es un lugar donde miles de personas, la mayoría pobres, luchan por sobrevivir con unas probabilidades nada favorables. Aunque la pobreza y el analfabetismo pueden alcanzar tasas excepcionalmente elevadas en Egipto, las privaciones que afectan al Sinaí son bastante peores.

He visitado el lugar unas 10 veces desde que Israel devolvió los últimos territorios del Sinaí a Egipto en 1982, la última fue hace dos años. Y cada vez la situación parecía haber empeorado considerablemente.

Hubo un tiempo en el que la esperanza florecía en el Sinaí, cuando Egipto reclamó paulatinamente gran parte del mismo. Israel regateaba cada paso antes de dejar Taba finalmente, pero no sin antes haber ganado muchas condiciones. Incluso estableció un límite al número de soldados egipcios que podían estar estacionados simultáneamente en el Sinaí. Desde entonces ha sido imposible controlar este desierto de 60 000 km2.

Sin embargo, no hace falta más presencia militar en el Sinaí, que proyecta una imagen de región rebelde e incontrolable, plagada de traficantes de drogas, secuestradores y últimamente también de “terroristas” y “yihadistas”. Normalmente no se denuncian los actos violentos. En esta zona no hay apenas ningún periodista independiente. Las noticias de asesinatos, arrestos, tortura y una gran cantidad de violaciones de los derechos humanos llegan incompletas y casi nunca se hace un seguimiento con investigaciones informadas. Muy pocos responsables son imputados, si es que los hay.

Pero por muy comprensible que sea la violencia que emana del Sinaí, teniendo en cuenta el nivel de miseria, indigencia y pobreza, a menudo se ve atenuada por los medios o es explotada al máximo en El Cairo. No es casualidad que la naturaleza global de la violencia en el Sinaí siga siendo un misterio. Tras la explicación casi siempre se esconde un motivo político, seguido de movimientos calculados para culpar a ciertos sectores y castigar a otros, y no es probable que vayan a cambiar las cosas pronto.

Tras los ataques coordinados del viernes 24 de octubre que mataron a decenas del personal de seguridad en el noreste del Sinaí, el presidente Abdel Fattah al-Sisi se dirigió al pueblo egipcio en un discurso televisado mientras se le veía rodeado de una multitud de hombres con atuendos militares. Denunció que había “manos extranjeras” detrás de los ataques, incluso antes de haber llevado a cabo una investigación exhaustiva y sin haber ninguna evidencia clara.

Señaló a los “poderes extranjeros que intentan destruir los pilares de Egipto” y prometió una campaña a largo plazo para luchar contra el extremismo. Washington rápidamente ofreció su apoyo para la campaña propuesta. Incluso el presidente Mahmoud Abbas, de las autoridades palestinas, manifestó su apoyo.

Los medios israelíes estaban especialmente interesados en las medidas de seguridad propuestas por Egipto. La emisora Radio Israel y el periódico Jerusalem Post mencionaban los informes de los medios egipcios del 25 de octubre, diciendo que “el Gobierno planea establecer una zona de amortiguación a lo largo de la frontera del Sinaí con la franja de Gaza controlada por Hamas”.

Hamas, que está luchando por hacer frente a los estragos de la Guerra de 51 días con Israel y está trabajando para acabar con el asedio, no tiene ningún interés en perpetrar sangrientos ataques contra soldados egipcios que vayan a prolongar el sufrimiento de los habitantes de Gaza y alienar más al movimiento.

El periódico The Post hacía eco de las palabras del egipcio Al-Yom a-Sab’a: “Se extenderá la amortiguación egipcia entre 1,5 y 3 kilómetros. Las fuerzas de seguridad trabajarán para despejar el área de túneles subterráneos que conducen a Gaza y además arrasarán cualquier edificio o estructura que pudiera usarse para ocultar actividades de contrabando.

Se espera que se tomen otras acciones arbitrarias, que resultarán en un mayor aislamiento de Gaza. ¿Es esa la razón por la que Mahmoud Abbas se muestra especialmente comprensivo ante las medidas antiterroristas iniciadas por Sisi?

Si lo que quieren de verdad es frenar los ataques en el Sinaí, las soluciones militares instintivas no van a funcionar como esperan. Las violentas campañas de los gobiernos anteriores solo sirvieron para frustrar la ya difícil situación del Sinaí, donde la pobreza afecta a un 45% de la población.

En su discurso, Sisi hacía un llamamiento a los egipcios para que “sean conscientes de lo que se trama contra nosotros”. “Conocemos lo que nos está pasando y lo estábamos esperando. Ya hablamos de ello antes del 3 de julio”, dijo refiriéndose al día en que el ejército derrocó a Mohammed Morsi.

Pero la agitación del Sinaí precede a la revolución, a la elección de Morsi, al golpe de estado y a todo lo demás. El vacío de seguridad que siguió a los recientes disturbios en Egipto desde luego no ha hecho sino avivar la violencia en la península del Sinaí, pero esta violencia estaba anclada en una realidad política bastante diferente.

Los mortíferos bombardeos del Sinaí en octubre de 2004 y los ataques a turistas en abril de 2005 en el complejo turístico de Sharm el-Sheikh ese mismo año y en Dahab en 2006 son indicadores de un tipo de guerra distinta, fundada por militantes y tribus. El Sinaí ha sido explotado por las grandes multinacionales, que crearon las comunidades tranquilas e idílicas para los turistas pudientes de Europa y Oriente Medio, pero excluyeron a los beduinos, a quien habían prometido grandes recompensas económicas. Sin embargo, no recibieron ninguna.

Se suponía que el Proyecto Nacional para el Desarrollo del Sinaí iba a inyectar 20 mil millones y medio de dólares en la infraestructura del Sinaí entre 1995 y 2017, pero ha resultado ser una exageración, una mezcla de proyectos inconclusos y discursos grandilocuentes. Sólo se recuerda el Sinaí en las fiestas nacionales, simplemente para seguir resaltando el poder militar que lo liberó. Y ahora se lo demoniza como un centro terrorista por la misma razón.

Tras la retirada final de Israel del Sinaí en 1982, la población de la península tuvo que lidiar con problemas de identidad grupal. Las afiliaciones tribales eran demasiado grandes para descartarlas, pero estaban deseando incorporarse al grueso de la sociedad egipcia. Sin embargo, El Cairo hizo muy poco por acercar a la población del Sinaí, especialmente a los beduinos. Con el tiempo, la desilusión se transformó en resentimiento y finalmente se convirtió en violencia. Están enfadados y tienen todo el derecho del mundo para sentirse así.

Estos tristes episodios seguirán sucediendo mientras El Cairo continúe mirando al Sinaí con sospecha y desconfianza y utilice al desierto y sus habitantes como una plataforma para explotar oportunidades políticas con violentas campañas para reafirmar la importancia del ejército. Los pueblos del Sinaí han sufrido enormemente por el abandono y la pobreza y ahora, también por la violencia extrema. La campaña que ha prometido Sisi para proveer más soluciones de seguridad no va a aligerar la carga del Sinaí ni va a brindar un ápice de esperanza a sus desalentados habitantes.


Ramzy Baroud es doctor en Historia Popular en la Universidad de Exeter. Es consultor en Middle East Eye. Baroud es un columnista reconocido internacionalmente, consultor de medios de comunicación, autor y fundador de PalestineChronicle.com. Su último libro se titula “Mi padre era un luchador por la libertad: La historia inédita de Gaza (My Father Was a Freedom Fighter: Gaza’s Untold Story) (Pluto Press, Londres).
La opinión expresada en este artículo pertenece únicamente al autor y no refleja necesariamente la política de la editorial de Middle East Eye.
Traducido del inglés para Rebelión por Diana Rodríguez.

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