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Los ibaditas (I)

La comunidad de la verdad y la rectitud

17/11/2014 - Autor: Dr. Sergio Saleem Scatolini - Fuente: Webislam
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Ibadi

Según el Corán, durante la vida de Muḥammad bin Abdullāh, había dos tipos básicos de musulmanes: los de corazón y los de palabra (o hipócritas; ver Azora 63). Con el tiempo, luego de la muerte del Profeta, y debido a las disputas políticas e intelectuales entre sus correligionarios, partes de la comunidad de creyentes (o umma) se empezarían a autodenominarse de diferentes maneras y a competir por el título de ‘musulmanes verdaderos’. Lo que pasó en esas primeras décadas marcaría la consciencia e imaginación musulmanas hasta el día de hoy. La primera de esas disputas germinales tuvo que ver con el liderazgo, o lo que sería llamado ‘el califato’ (o también imāmato).

En esta y otras contribuciones futuras, trataré de esbozar aspectos de la comunidad de pensamiento musulmán que ha desarrollado a través de los siglos uno de los discursos alternativos acerca de la fe y el derecho islámicos, a saber, la comunidad ibāḍita. Las otras dos alternativas son la comunidad sunní (que cuenta con la mayoría de los musulmanes) y la chií (localizada sobre todo en Irán, Iraq, Yemen, el Líbano, Bahréin, y la Arabia Saudí, pero también representada en Omán, Pakistán, la India y la Argentina). Sin embargo, para llegar a ellos debo primero remontarme a los comienzos de los movimientos de disputa, diferenciación y fragmentación entre los musulmanes.

La cuestión del liderazgo

Al morir el Profeta, la pregunta vital fue quién debía liderar a la umma. El historiador Al-Ṭabarī transmitió varios relatos de fuentes diversas acerca de lo que pasó en esos momentos. Una lectura sintética de ellos, nos brinda la información básica como para imaginar la situación fundacional del califato musulmán:

Ibn Ḥumayd—Ÿarīr—Mughrīra—Abū Ma‘shar Ziyād b. Kulayb—Abū Ayyūb—Ibrāhīm: (…) Los anṣār se reunieron en un edificio techado (saqīfa) perteneciente a los Banū Sā‘ida para dar su juramento de alianza a Sa‘d b. ‘Ubāda. Esta noticia llegó a oídos de Abū Bakr y, por ello, éste se encaminó hacia ellos junto con ‘Omar y Abū ‘Ubayda b. Al-Ÿarrāḥ para preguntarles por qué. Ellos le respondieron: “Tengamos pues un líder (amīr) de entre nosotros, y otro de entre ustedes”. Abū Bakr les dijo: “Los líderes (umarā’) serán de nuestro grupo, y los visires (wuçarā’) del de ustedes”. Abū Bakr añadió: “Me da gusto poder presentarles uno de estos dos hombres: ‘Omar o Abū ‘Ubayda. Cuando alguna gente fue al Profeta para pedirle que les enviase un hombre digno de confianza, el Mensajero de Dios dijo que iba a enviar un hombre realmente digno de confianza, y envió a Abū ‘Ubayda”. ‘Omar se puso de pie y dijo: “Quién de ustedes quiere dejar de lado (o abandonar) a Abū Bakr, a quien el Profeta diera precedencia en la oración?” Y le dio su juramento de alianza. La gente entonces siguió el ejemplo de ‘Omar. Sin embargo, los anṣār, o alguno de ellos, replicaron: “Nosotros no juraremos alianza a ninguna otra persona que no sea ‘Alī”.

Ibn Ḥumayd—Ÿarīr—Mughrīra—Ziyād b. Kulayb: ‘Omar b. Al-Khaṭṭāb vino a la casa de ‘Alī. Ṭalḥa, Al-Çubayr, y alguno de los muhāÿirūn estaban también en la casa con ‘Alī. ‘Omar gritó: “¡Por Dios, salgan a jurar alianza a Abū Bakr, o le prenderé fuego a la casa!” Al-Çubayr salió entonces con la espada en su mano. Al tropezarse con algo, se le cayó la espada. Entonces se le tiraron encima y lo asieron.

Zakariyyā’ b. Yaḥyā Al-Ḍarīr—Abū ‘Awāna—Dāwūd b. ‘Abdullāh Al-Awdī—Ḥumayd b. ‘Abd Al-Raḥmān Al-Ḥimyarī: Cuando murió el Mensajero de Dios, Abū Bakr estaba en una parte separada de Medina. Cuando llegó, destapó la cara del Profeta, y le dio un beso diciendo: “Que mi padre y madre sean tu rescate. ¡Eres tan bueno, tanto vivo como muerto! Juro por el Señor de la Ka‘ba que Muḥammad está muerto”. Seguidamente, fue al púlpito donde halló parado a ‘Omar b. Al-Khaṭṭāb, amenazando a la gente y diciéndoles: “El Mensajero de Dios está vivo. No ha muerto. Él regresará. Persigan a quienes han desparramado mentiras acerca de él, corten sus manos, decapítenlos, y crucifíquenlos”. Abū Bakr le pidió que se callara, comunicándole que Dios le había revelado a Su Profeta un versículo que decía: ‘De veras, morirás, y también ellos. Luego, en el día de la resurrección, disputarás frente a tu Señor.’ Q. 39:31-32 Luego prosiguió diciendo: ‘Muḥammad es tan sólo un mensajero; y muchos mensajeros se han ido antes de él. Si él muere o lo matan, ¿vas a dar la vuelta en tus talones? Quien se dé vuelta en sus talones, no le hará daño alguno a Dios. Y Dios premiará a los agradecidos. Q. 3:1444 Quien haya rendido culto a Muḥammad, que sepa que la divinidad que adoraba ha muerto. Quien rendía culto a Dios, Quien no tiene socio alguno, pues que sepa que Dios está vivo y es inmortal’. Algunos de los Compañeros de Muḥammad, cuyo tiempo nosotros mismos hemos alcanzado, afirmaron entonces que no sabían que esos versos habían sido revelados hasta el momento en que Abū Bakr los recitara ese día.

En ese momento, llegó un hombre corriendo y diciendo: “Escúchenme, los anṣār se han reunido en un edificio techado (ẓulla) de los Banū Sā‘ida para dar su juramento de alianza a uno de sus hombres. Ellos dicen: ‘Tengamos un líder de nuestro grupo, y que Qoraysh tenga otro del suyo’.” Abū Bakr y ‘Omar partieron con prisa (como si el uno estuviese liderando al otro) hasta que llegaron a donde estaban los otros. ‘Omar quería hablar, pero Abū Bakr lo frenó, y entonces ‘Omar dijo: “No desobedeceré al sucesor (khalīfa) del Profeta dos veces en un mismo día”. Abū Bakr comenzó a hablar y no omitió nada de lo que había sido revelado acerca de los anṣār o había sido dicho por el Mensajero de Dios acerca de sus buenas cualidades. Dijo: “Saben que el Mensajero de Dios dijo: ‘Si la gente tomase un camino y los anṣār tomasen otro, yo tomaría el de los anṣār’. Oh Sa‘d, sabes que el Mensajero de Dios había dicho mientras estabas sentado que los Qoraysh eran los dueños de esta autoridad. Los justos siguen a su gente, y los injustos a los suyos.” Sa‘d replicó: “Has dicho la verdad. Nosotros somos los visires y ustedes los gobernantes”. ‘Omar dijo entonces: “Extiende tu mano, oh Abū Bakr, para que te dé el juramento de alianza”. Abū Bakr contestó: “No, mejor tú, ‘Omar, pues eres más fuerte que yo para acarrear esta responsabilidad”. ‘Omar era de veras el más fuerte de los dos. Ambos querían que el otro extendiese su mano para poder hacer el trato con él, pero ‘Omar extendió la mano de Abū Bakr y dijo: “Mi fuerza es para ti junto con tu fuerza”; y la gente le dio su juramento de alianza. Ellos demandaron la confirmación del juramento, pero ‘Alī y Al-Çubayr se abstuvieron. Al-Çubayr sacó su espada (fuera de la vaina) diciendo: “No la pondré de nuevo dentro hasta que el juramento de alianza sea hecho a ‘Alī”. Cuando Abū Bakr y ‘Omar oyeron esto, este último dijo: “Golpéalo con una piedra y quítale la espada”. Ha sido aseverado que ‘Omar se apresuró a llegar al sitio, y los llevó por la fuerza diciéndoles que tenían que dar su juramento de alianza, sea voluntariamente o involuntariamente.”› (Al-Ṭabarī)

Hay relatos que explican que ‘Alī corrió sin demora a jurar alianza a Abū Bakr, mientras que otros declaran que no lo hizo por seis meses. Él habría esperado hasta después de la muerte de Fátima, su mujer e hija del Profeta, cuya relación con Abu Bakr no era amistosa por haberle negado a ella, justa o injustamente, parte de la herencia de su padre.

Con el tiempo, y debido a diferentes disputas y conflictos, los dos grupos más conocidos y difundidos recibirían los nombres cúpula de ‘sunníes’ (partidarios del privilegio Qorayshita al liderazgo de la umma) y ‘chiíes’ (los partidarios de ‘Alī y la posición política-religiosa privilegiada de su familia).

1- Los sunníes afirmarían con el tiempo que ellos seguían la ‘sunna,’ o el precedente del Profeta, y que representaban la fe de la mayoría de la comunidad. Se podría decir de modo generalizador que los sunníes fueron los transmisores de la historia califal convencional y mayoritaria que acepta a Abū Bakr, ‘Omar, ‘Uzmán, y ‘Alī como los ‘Cuatro Califas Bien Guiados’.

2- El segundo grupo, el de los ‘chiíes’, también de considerable tamaño y con ciertas diferencias doctrinales entre ellos, siempre ha considerado a ‘Alī como predestinado por el Profeta mismo a sucederlo como líder universal no profético desde el primer momento y no sólo después de ‘Uzmán. Su postura está ejemplarizada en ciertos āḥādīz, o tradiciones proféticas, presentes también en colecciones sunníes como la de Ibn Ḥanbal.

(Al-Musnad de Ibn Ḥanbal, ḥadīz nr. 950)

(Ibn Ḥanbal, Al-Musnad, Matba‘a al-Maymaniyya, vol. 5, 356)

Lo que diferencia a la lectura chií de la sunní de estas fuentes comunes, es que de acuerdo a los chiíes, la posición privilegiada que estas narraciones atribuían a Alí no estaba limitada a esa expedición militar, ni fue revocada más tarde a favor de Abū Bakr, ni fue le era exclusiva a ‘Alī. El liderazgo de ‘Alī are parte, según los chiíes, de un plan divino por el cual la familia del Profeta debía ocupar un lugar especial dentro de la umma. Por ello se llama a los chiíes ahl al-bayt, o ‘la gente de la Casa’ (es decir, de la familia del Profeta). Para sustentar su opinión, los chiíes citan āḥādīz en los cuales el Profeta habría dicho que él dejaba a su comunidad como guía ‘al Libro de Allāh y a su Familia’. Como es de esperarse, los testimonios no son uniformes. Hay otros āḥādīz no chiíes que hablan de ‘el Libro y la Sunna’ o sólo de ‘el Libro’. Personalmente tengo la sospecha de que una lectura realmente histórica crítica (no anacrónica) pondría en duda relatos que se conforman demasiado de cerca al lenguaje y los discursos ideológicos sectarios de unas décadas después de la muerte del Profeta.

3- Poca gente sabe, sin embargo, que existe un tercer grupo de pensamiento musulmán que prácticamente desde los comienzos de la historia de la política califal no se identificó completamente ni con lo que se ha llamado la postura ‘sunní’ ni con la ‘chií’. Este tercer grupo aceptó, tal como los sunníes, los califatos completos de Abu Bakr y Omar como legítimos y ejemplares. Pero, como los chiíes, ellos también cuestionaron la segunda parte del califato de Uzmán, acusándolo de abuso de su posición y nepotismo. Igual que los chiíes, ellos se opusieron a Ṭalḥa b. ‘Abdullāh, Al-Çubayr b. Al-‘Awwān y otros Compañeros del difunto Profeta que se rebelaron contra el califa con el apoyo de ‘Ā’isha, la viuda del Profeta. ‘Alī supo entonces derrotarlos, y muchos de ellos murieron en combate. Luego de ello, dicho tercer grupo de fieles también estuvo a favor de ‘Alī y en contra de la rebelión dirigida por Mu‘āwiya, una especie de golpe de estado originado en Siria. Sin embargo, no obstante su apoyo inicial, este tercer grupo de musulmanes piadosos abandonarían a Alí (y la retórica chií) y se retirarían a un lugar llamado Ḥarūrā’ (‘Alī Yaḥyā Mu‘ammar, 2007:19) por haber aceptado negociaciones con Mu‘āwiya acerca de su legitimidad como califa. Desde un punto de vista pacifista, es posible elogiar a ‘Alī por haber abierto el canal de las negociaciones con quienes querían usurpar su derecho al califato. Sin duda, ello fue prueba de su espíritu conciliador. Pero cabe decir también que muchos no interpretaron su gesto de ese modo en ese momento histórico. Para ellos, el ‘gobierno de la historia’ le pertenecía sólo a Dios como único ḥākim, o gobernante (de allí el apodo de al-muḥakkama), y Dios le había encomendado el califato a ‘Alī por medio de la elección de la comunidad. Juzgado desde esta lógica, ‘Alī no tenía el derecho a entrar en negociones acerca del califato que la comunidad le había ya conferido y que él había aceptado. Tales negociaciones de iure representaban la cancelación de facto del juramento. Al negociar sobre el califato como si él y los demás no supiesen con absoluta certeza a quién le había sido confiado, ‘Alī estaba traicionando la alianza hecha con la comunidad. Por ello, este tercer grupo consideró al califato como vacante y eligieron, por consultación popular, a ‘Abdullāh b. Wahb Al-Rāsibī como quinto califa. Fue entonces que ‘Alī abandonaría la lucha contra Mu‘āwiya y concentraría sus fuerzas contra este tercer grupo en Nahrawān, cometiendo una masacre que conduciría más tarde a su asesinato.

Los ibāḍitas son los herederos de aspectos del pensamiento político de este ‘tercer grupo’. A menudo, se los ha descrito como khawāriÿ. A pesar de ello, los ibāḍitas siempre han resentido el prejuicio de los historiadores mayoritarios, pues el término khawāriÿ implica que ellos eran ‘quienes se marcharon o salieron,’ es decir, que eran ‘los secesionistas de la comunidad y la religión’. Desde el punto de vista de los ibāḍitas (y de los hechos históricos), fueron Ṭalḥa, Al-Çubayr, ‘Ā’isha, Mu‘āwiya, y otros Compañeros del Profeta quienes se apartaron de ‘Alī, el califa, y lo que había sido pactado por y con la comunidad. Además, el término khawāriÿ ha sido usado no sólo equivocadamente, sino también modo indiscriminada e injustamente. Pues no todos los grupos que se rebelaron contra ‘Alī y Mu‘āwiyya se comportaron de la misma manera. Por un lado estaban los grupos violentos (llamados ‘terroristas’ hoy en día); por ejemplo, los Azāriqa, quienes predicaban la guerra contra los musulmanes que no compartían su interpretación de la fe. Y, por el otro lado, estaban los grupos pacíficos, como los ibaḍitas, que eran predominantemente piadosos, no predicaban el asesinato indiscriminado de otros musulmanes, y se opusieron a los Azāriqa desde el comienzo. La mayoría de los historiadores musulmanes han estado a favor sea de la rama califal del Levante, con Mu‘āwiya como fundador, o de ‘Alī. Otros falsificaron āḥādīz, (supuestos) dichos del Profeta, acerca de gente ‘pasando por el Islam como una flecha’ (el murūq) y de su ‘secesión’ o ‘salida’ de la religión (su khurūÿ) y los utilizaban en contra de los movimientos opuestos a su postura. 

4- Durante los momentos de las disputas, hubo también un cuarto grupo que se distanció del debate totalmente sin tomar una posición a favor o en contra de ‘Alī, Mu‘āwiya o ‘Abdullāh b. Wahb Al-Rāsibī. Entre ellos estaban Sa‘d b. Abī Waqqās, ‘Abdullāh b. ‘Omar, Muḥammad b. Maslama Al-Anṣārī y Usāma b. Çayd. Sin embargo, dado que ellos no se rebelaron en contra del califa reinante, su silencio representó una aceptación tácita del discurso califal ‘sunní’.

Las luchas entre musulmanes que se dieron luego de la muerte del profeta fueron mayormente acerca del liderazgo político o cuestiones relacionadas con él. La historia de la comunidad mundial musulmana, o umma, ha estado marcada por dichos conflictos entre diferentes facciones musulmanas. Y, dado que teoréticamente un musulmán no puede matar a otro sin razones legítimas, la religión ha sido instrumentalizada para la política y la conquista, sea como racionalización, justificación o apología. Dicho de otro modo, el musulmán agresor debe demostrar que el otro musulmán a quien agrede ha perdido el derecho a su vida (y, a menudo, a su esposa, hijos y posesiones). Pues la agresión y el asesinato de un musulmán que no ha cometido un crimen para el cual exista la pena capital requieren que éste último sea declarado hereje o apóstata. La expulsión o excomunión abren y cierran las puertas de la polis musulmana y revocan los derechos que la pertenencia a ella les confiere a los musulmanes. Esta es la misma dinámica del takfīr —la declaración de que un musulmán se ha convertido en kāfir— que hoy en día está siendo utilizada por Dā‘esh (el Estado Islámico de Iraq y Siria) para cometer atrocidades tanto contra musulmanes chiíes como contra otros sunníes que no han aceptado su ‘califato’.

La comunidad ibāḍita se remonta a los orígenes sectarios del califato y representa una interpretación muy válida de la historia y la sucesión política del Profeta después de su muerte. En las contribuciones siguientes, daré algunas claves acerca del desarrollo de esta comunidad y su teología.


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