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Reflexión 3: Cambiar el mundo exige un cambio de conciencia en el ser humano…

(En la Isla de El Hierro, Isla chica, serena, infinita, Septiembre, 2013)

21/11/2014 - Autor: Esteban Díaz - Fuente: Para cambiar el mundo
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Cambiar el mundo exige un cambio de conciencia en el ser humano que le sitúe en el lugar que le es propio
Cambiar el mundo exige un cambio de conciencia en el ser humano que le sitúe en el lugar que le es propio

“Cambiar el mundo, amigo Sancho,
que no es locura ni utopía, sino justicia”.

Miguel de Cervantes

1. Cambiar el mundo exige un cambio de conciencia en el ser humano que le sitúe en el lugar que le es propio. Pero tan elevada empresa no será posible si no logramos transformar las formas y los modos de vida con los que los seres humanos nos adentramos en el Siglo XXI, convocados todos, sin exclusión, por un mundo global que nos sienta a la mesa de una crisis de consecuencias incalculables al día de hoy, sabiendo que en nuestro ánimo gobierna un alto grado de incertidumbre, de desconfianza, e incluso de desánimo. Y descrédito de todas las instituciones y organismos públicos y privados vinculados al mundo de la política y de las finanzas, porque las medidas aplicadas hasta la fecha por nuestros líderes políticos para superar tanto desatino (-entiéndase ¡errores! en los que ellos mismos han incurrido, por su ineficacia y pobreza intelectual y moral, sin que hayan comprendido el innecesario dolor que se les está infligiendo a la incontable y empobrecida población implicada-) sólo están pensadas para fortalecer el sistema capitalista que a ellos les protege y les hace fuertes.

Ni siquiera se han mostrado mínimamente interesados en “minimizar” -menos aún enfrentarlos para resolverlos- los efectos más visibles, por dramáticos y trágicos, como es el caso -en España- de los desahucios o la emigración de millares de jóvenes, repartidos por toda la geografía planetaria. Sólo insisten, de manera obsesiva, en liquidar progresivamente el ya de por sí demacrado “estado del bienestar”. Tal es su insensibilidad por la dignidad y valor de lo humano.

2. Pero no podemos responsabilizar únicamente a los “notables” políticos y todopoderosos hombres de las finanzas. Somos corresponsables, junto a ellos, todo el colectivo humano, al permitirles tanto desmán, codicia y abuso, (pre-)ocupándonos por atender únicamente lo que afecta dramática y dolorosamente a nuestras vidas, desarrolladas y explicitadas en un mundo de aparente bienestar material, que depende exclusivamente de un progreso cimentado en valores materiales, de mercado, de consumo, olvidándonos de aquellos otros valores más próximos a nosotros, valores humanos, intrínsecamente humanos, que no se pueden adquirir en el mercado, porque son nuestros, propios, pues con ellos nacimos, aunque la dinámica civilizatoria, de la que tan ufanos nos agrada mostrarnos, haya reprimido/ocultado nuestro derecho a conocerlos y desarrollarlos para no vivir identificados con una tintura que nos tiñe y oculta nuestra verdadera realidad, pues nada tiene que ver con nosotros; y a la que, atados a ella, vivimos ciegos y enajenados, nos alerta la psicología. Léase : educación, cultura, progreso, modernidad, sociedad del bienestar, mercado, consumo, obsesión por las mejoras materiales, ciencia, cibertecnología… etc. : ¿acaso hemos reflexionado si algunos de estos conceptos ha sido desarrollado pensando en que debe estar al servicio de la "sociedad" y no de la dinámica del desarrollo y de un progreso/economía centrado en la objetuación del ser humano, reducido a una mercancía, a un valor dinarario, a una cosa/objeto de mercado/consumo, como en realidad nuestra sociedad mercantilista concibe a cada uno de los seres humanos? ¿Podemos decir que tan celebrada, aplaudida y deseada sociedad del bienestar/consumo haya generado las estrategias y los instrumentos cognitivos adecuados para que el ser humano se muestre verdaderamente humano, digno, noble, auto-suficiente, equilibrado, libre, feliz, cooperativo, justo, ética y moralmente correcto…, es decir, que se haya conocido/educado/ desarrollado en su verdadera naturaleza humana?

3. Todos sabemos que los graves problemas a los que el mundo global se enfrenta han sido generados por la codicia de riqueza y por la ambición dirigida hacia el logro del poder, que moviliza la misma esencia del sistema ideológico en el que se mueve a sus anchas el mundo de las finanzas, del que depende el diseño y la actividad de la economía/mercado/política y formas y modos de vivir de los seres humanos. Pero también de nuestro consentimiento, aunque éste sea un hecho extraordinariamente complejo que nos situaría a examinar serena y razonadamente la idea de nuestra “democracia representativa”. Porque estamos hablando de un mundo hecho a medida de quienes lo gobiernan, a quienes se rinden los políticos, los mercados y los medios, y nosotros mismos. Porque las actividades (y ambición, codicia, usura y lucro) de estos ámbitos de poder dependen de tan oscuros e invisibles todopoderosos. Este esquemático panorama que acabamos de dibujar no es una ficción. Es real. Y es el causante de todos las desgracias con las que la humanidad global se enfrenta y experimenta cada día del recién estrenado Siglo XXI.

Y somos la inmensa mayoría de los seres humanos de a pie, quienes soportamos, con arduo esfuerzo e inteligencia, y aun con nuestras vidas, el peso del progreso que la civilización que ha sobredimensionado el paradigma mecanicista o del capitalismo liberal/neo/trans enalteció y encumbró hasta reducir al ser humano a un objeto de transacción económica, cosa con la que mercadear. Un paradigma que se nos muestra insolvente en su última etapa, la que todos definimos/vivimos/aplaudimos con el término “globalización”, que nos ha conducido a la absoluta quiebra de los valores humanos individuales/colectivos, definido fielmente por la noción de “mundialización de la economía financiera de mercado”, diseñada/impulsada/sufragada por el todopoderoso poder del mundo de las finanzas. ¡Nada menos!

En realidad se trata del modelo socio-económico con el que el capitalismo neoliberal o mercantilista, una vez más, (se)sobrevive-y-se reinventa, inscribiendo en su seno –lo reconozcan o no- todas las ideologías que pugnan por sobrevivir e imponerse social y políticamente sobre las demás en una lucha encarnizada por lograr el poder del Estado (movidos por un incontenido deseo de administrar un diseño de sociedad únicamente basado en los principios del progreso/dinero/mercado/consumo. No hay más. Pues lo otro –educación-cultura-sanidad-justicia…etc- está inmoral y vergonzosamente falseado/adulterado, supeditado a los principios citados una línea más arriba). Porque todos los grupos/partidos de acción política, que se apoyan en idearios políticos/economicistas, surgieron y se desarrollaron en el seno mismo de la visión del mundo que dio origen y cimentó al capitalismo, desde sus comienzos, que inició un mundo que se percibió (y se procuró, por todos los medios a su alcance, que así lo fuese) nuevo y diferenciado del anterior (Medioevo). Este nuevo mundo se definió a sí mismo como una Edad Moderna, y la visión que lo sustentaba fue elevada sobre toda creencia hasta ser sinónimo/definir la vida individual, social y cultural de entonces y la del mundo global de hoy: la visión del mundo basada en el juego de las oposiciones, de los contrarios, de la lucha por la supervivencia, de la competitividad, de la exclusión…de la locura de pensarnos separados unos de otros y de la vida misma, porque así se percibió la idea de un mundo entendido como una multiplicidad de seres (y objetos) definido por las oposición/lucha/antagonías de las dualidades o de la multidiversidad de existencias.

4. Quizás la obra más visible e influyente de este comienzo de una nueva manera de pensar y organizar vida, cultura y sociedad, en España, fuese la que se difundió como un conjunto de sentencias con las que Petrarca exponía, en el siglo XV, su particular “lectura” del pensamiento de Heráclito. Y la versión cultural en la que se ideologiza esta nueva manera de pensar acaso la encontremos convertida en drama, escritura dramática, en La Celestina de Fernando de Rojas, cuyo Prólogo recrea una de las frases más duras y dramáticas que el ser humano puede escuchar (-que hoy reconoceríamos como nuestra-), contenida en la “traducción” heracliana que redactara Petrarca: “Todas las cosas ser criadas a manera de contienda o batalla, dize aquel gran sabio Eráclito en este modo: «Omnia secundum litem fiunt.» Sentencia a mi ver digna de perpetua y recordable memoria…”. Época, la de Fernando de Rojas, en la que, por entonces, se comienza a tener consciencia del valor y fuerza sociales de la representación conceptual de los referentes de una realidad objetiva que transmitía la lucha de contrarios/de clases/de credos…. Todos contra todos.


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