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El conocimiento: un mandato islámico (y coránico) I

Homenaje a Malala Yousafzai, Premio Nobel de la Paz 2014: “el islam nos dice que cada chica y cada chico debería ser educado. No sé por qué los talibanes han olvidado esto”.

23/10/2014 - Autor: Iman Baraka - Fuente: Webislam
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“El islam nos dice que cada chica y cada chico debería ser educado.
No sé por qué los talibanes han olvidado esto”.

Malala Yousafzai

 

 

 


La importancia del conocimiento en el islam

Cuando Allah (swt) creó a Adam (as) pidió a los ángeles que se postraran ante él. Todos lo hicieron excepto Iblis, quien argumentó que no podía postrarse ante Adam porque estaba hecho de barro, cuya característica es permanecer en el suelo, y él, de fuego, cuya tendencia es elevarse hacia arriba. ¿Cómo podría entonces el fuego postrarse ante el barro?

Y enseñó a Adán los nombres de todas las cosas; luego se las mostró a los ángeles y les dijo: “Decidme los nombres de estas cosas, si es verdad lo que decís”. Dijeron: "¡Gloria a Ti! No tenemos más conocimiento que el que Tú nos has impartido. Ciertamente, sólo Tú eres omnisciente, sabio".  Dijo: “¡Oh Adán! Infórmales de los nombres de estas cosas”. Y cuando Adán les hubo informado de sus nombres, Dios dijo: “¿No os dije: ‘Ciertamente, sólo Yo conozco la realidad oculta de los cielos y de la tierra, y conozco todo lo que ponéis de manifiesto y todo lo que ocultáis’?” Y cuando dijimos a los ángeles: “¡Postraos ante Adán!” --se postraron todos, excepto Iblis, que se negó y se mostró arrogante: y así se convirtió en uno de los que niegan la verdad (2:31-34).

La rebelión de Iblis, constituye una de las primeras historias de la humanidad narradas en el Qur’ân y pone de manifiesto la importancia del conocimiento, ya que nos sitúa en un plano superior al que por nuestra esencia, de barro, nos correspondería. A su vez, otra importante conclusión es que Iblis fue expulsado del Cielo y maldecido porque no entendió la importancia del conocimiento y la educación.

El islam es una religión que reconoce la superioridad del (verdadero) conocimiento y que alerta sobre la falsa dualidad fe/conocimiento, ya que el conocimiento es el instrumento para entender la divinidad y reconocer los signos de Allâh en la creación.

“…  y Dios elevará en muchos grados a quienes de vosotros hayan llegado a creer y, sobre todo, a quienes se haya dado verdadero conocimiento: pues Dios es plenamente consciente de lo que hacéis”. (58:11).

Allâh es así el Maestro y Guía absoluto de la humanidad, el Único que posee verdadero y completo conocimiento. La humanidad es mera receptora de ese conocimiento, si Allâh quiere.

“Da la sabiduría a quien Él quiere: y a quien le es dada la sabiduría, ciertamente le ha sido dada una gran riqueza. Pero sólo los dotados de perspicacia tienen esto presente”. (2:269)

El islam invita al estudio, a la reflexión y al conocimiento para evitar todo tipo de ignorancia, siendo la mayor de todas ellas, la incredulidad.

Según la tradición islámica, los musulmanes con conocimiento son las auténticas fortalezas del islam, similares a los muros que protegían antiguamente las ciudades. El conocimiento nos protege frente al mal, ya que, para evitarlo, tenemos que saber lo que es el bien, y lo que es el mal. Solo así podemos tomar la decisión correcta.

Es por ello que, en algunas tradiciones proféticas, se concede prioridad al estudio sobre la realización de actos de adoración supererogatorios. Incluso en numerosas tradiciones se afirma que el sueño de un erudito es más valioso que el viaje de peregrinación de un ignorante (hajj) o la participación en la guerra santa;  y que las gotas de tinta de un erudito son más sagradas que la sangre de un mártir.

Hay un hadith en el que Muhammad (sas) refuerza la obligatoriedad del estudio:

“El conocimiento es un deber para todo musulmán”, (sea hombre o mujer).

‘Ali ibn abu Talib (ar) también dedicó parte de su vida a defender la necesidad del estudio para ampliar el conocimiento, y afirmó que la recompensa en el otro mundo por la piedad en este mundo sería concedida a un creyente en proporción a su desarrollo intelectural y su conocimiento.

Esforzarse por buscar, aprender y enseñar conocimiento está considerado en el islam un medio para alcanzar el Paraíso. Es por ello que una de las dua’s más repetidas de Muhammad (sas) fuera:

“Oh, Allâh, concédeme beneficio en lo que me has enseñado, enséñame lo que me beneficie e incrementa mi conocimiento”. (Al-Tirmidhi, Hadith 784).

 

El conocimiento: un mandato coránico

“Di: “¿Pueden ser considerados iguales los que saben y los que no saben?” (39:9).

En el año 610, se inició la Revelación a Muhammad (sas). La primera aya (versículo) del Corán revelada fue:

“Lee! ¡Oh, Muhammad! En el nombre de tu Señor, Quien Creó todas las cosas” (96:1).

Resulta llamativo que fuera precisamente esa la primera palabra revelada: “lee”, en un tiempo, 610 de la era cristiana, en el que en Mekka, por ejemplo, solo una decena de personas podían leer y escribir. Por lo tanto, podemos interpretar que el primer mandato coránico para el musulmán es la adquisición de conocimiento, la lectura. Ciertamente, el primer mandamiento a Muhammad (sas) no es hacer la salat (rezar), ni ayunar en Ramadán, ni pagar el zakat, ni realizar el hajj, sino obtener conocimiento.

El islam inicia así una verdadera revolución educativa y científica, ya que fundamenta la fe en la búsqueda y adquisición de conocimiento, invitando a poner en práctica una metodología científica también en asuntos de fe. En el islam, solo la contemplación de las “signos” de Allâh en este mundo pueden conducir a una conciencia crítica y pensamiento independiente, base imprescindible para una fe auténtica alejada de tradiciones y desviaciones de generaciones pasadas.

El gran pensador Muhammad Iqbal afirma que, mucho antes que Francis Bacon, los principios de inducción científica fueron establecidos por el Qur’ân, al subrayar la importancia de la observación y la experimentación para llegar a ciertas conclusiones.

“Verdaderamente, en la creación de los cielos y de la tierra, y en la sucesión de la noche y el día hay, ciertamente, mensajes para todos los dotados de perspicacia”. (3:190).

Volvamos a recordar que, en los primeros momentos de la Creación se produjo una de las primeras enseñanzas, cuando Allâh swt enseñó a Adam todos los nombres. Por lo tanto, en los orígenes, tanto de la Creación, como de la Revelación, el conocimiento, tiene una gran importancia.

Esto es algo que deberían tener en cuenta algunas mal llamadas Repúblicas o países islámicos, ya que un gobierno auténticamente islámico debe proporcionar educación a todos sus habitantes, tanto en cuestiones islámicas como en asuntos del mundo. Lamentablemente, en la actualidad, las tasas de analfabetismo en algunos de esos países son escandalosamente altas.

No podemos olvidar que Muhammad (sas) invitaba a sus Compañeros a usar su propio intelecto para elaborar el criterio, ijtihad, si, ante un problema o duda, no encontraban respuesta en el Corán o la tradición. Este ejercicio de ijtihad requiere del uso del raciocinio, del intelecto, ‘aql, que incluye todas las facultades racionales del ser humano y es considerado un prerrequisito para el conocimiento. Recordemos que incluso la intuición y las experiencias místicas están consideradas como un estado más elevado de ‘aql.

Es por ello que muchos fuqaha’ y eruditos han subrayado la importancia de aql’ y la ijtihad para los creyentes. Abu ‘Ala’al-Ma’arri iba aún más lejos y consideraba que no había fe, excepto el intelecto, la razón. Esto se explica por el hecho de que la obtención del conocimiento, a través de la razón, tiene un positivo efecto en la fe, fortaleciéndola frente a las dudas y las desviaciones. Ciertamente, es el intelecto del musulmán el que le permite reconocer la magnífica creación de Allâh a través de sus signos para posteriormente posibilitar una apertura del corazón a la Revelación que contiene el Qur’ân.

Si bien las dos principales corrientes del islam, los shi’ah y los sunni, difieren en algunos aspectos, ambos están de acuerdo en el importante papel de la  razón y en la necesidad de la ijtihad. Esto contradice la tendencia actual defendida por los teólogos salafistas que promueven un descrédito de la razón y el fortalecimiento de la imitación frente al esfuerzo del ijtihad.

El islam concede gran importancia al conocimiento y la educación. Una persona sin conocimiento se considera tiene una vida en oscuridad, confundida por las malas influencias y la falta de una guía verdadera.

El honrado Alcoran, por ejemplo, está considerado un océano de conocimiento. Un conocimiento que requiere, para ser entendido en su esencia, de estudio y educación.

La universalidad del conocimiento en el islam

El verdadero conocimiento en el islam se refiere tanto a asuntos seculares como religiosos, y debe obtenerse allá donde se encuentre, como subrayaba Muhammad (sas) en otro hadith:

“Busca el conocimiento, aunque sea en China”.

La sabiduría que nos transmite este hadith es que el conocimiento es universal e incluye, sin discriminación, a todas las personas, religiones, colores y razas.

Para probar la falsedad de algunas opiniones de supuestos expertos y eruditos islámicos que alertan del peligro de enviar a niños/as musulmanes a estudiar a centros laicos o con profesores de otras religiones, hay que recordar lo que sucedió tras las batalla de Badr. Tras ser hechos prisioneros, algunos kafirs fueron invitados a recuperar su libertad tras enseñar a leer y escribir a determinado número de niños (musulmanes). Es decir, el mandato coránico relativo a la educación es superior al temor de que la educación produzca una desviación por provenir de personas no creyentes, o incluso enemigos del Profeta (sas).

Respetando la tradición profética, en las primeros años del islam, los musulmanes buscaron el conocimiento científico, incluyendo las ciencias naturales y físicas, promoviendo importantes avances para toda la humanidad en astronomía, matemáticas, álgebra, ciencias naturales, física, medicina, geografía, arquitectura... mientras Europa vivía años de oscuridad. Ello se debe a que el islam nunca ha considerado que la teología era la única ciencia útil y las ciencias empíricas fueran inútiles o dañinas. Los inventos del hombre son buenos o malos, islámicos o antiislámicos, según el uso que se haga de ellos.

"No existe ningún conflicto entre ciencia e islam"

Tristemente, cientos de tradiciones proféticas que animan a los musulmanes a adquirir todo tipo de conocimiento, y de todos los lugares del mundo, parecen haberse olvidado tras siglos de oscuridad, en los que clérigos islámicos semianalfabetos o falsos eruditos han querido mantener a los musulmanes en la oscuridad de la ignorancia, para su control y manipulación por tiranos y dictadores. No existe ningún conflicto entre ciencia e islam, ya que el musulmán considera que tanto la religión como la creación y su desarrollo, es decir la ciencia, tienen su origen en Allâh.

No es casualidad que coincida en el tiempo la limitación del conocimiento a cuestiones meramente teológicas, coránicas o propias de la tradición islámica, con los periodos de declive y estancamiento de la civilización islámica, ya que esta marginación de la ciencia y el saber, en su acepción más amplia, fue lo que provocó, finalmente, una decadencia de las propias ciencias islámicas.

Prueba de todo esto es el ocaso en ciertas zonas de Oriente, al ponerse en cuestión la investigación científica y filosófica, y cómo, al mismo tiempo, se produjo un extraordinario florecimiento de las ciencias y la filosofía, en el occidente musulmán, de la mano de Ibn Rushd, Ibn Tufayl, Ibn Bajah y Ibn Jaldun, considerado el padre de la sociología y la historia de la filosofía.

Conocimiento islámico: fin de la dualidad

En el mundo islámico, la gnosis (ma’rifah) se diferencia del conocimiento en que este se adquiere a través de un proceso lógico. En el mundo no islámico, dominado por la tradición griega, hikmah (sabiduría) se considera superior al conocimiento. Pero en el islam ‘ilm no es solamente conocimiento, sino que es también sinónimo de gnosis (ma’rifah). Se considera que el conocimiento deriva de dos fuentes: ‘aql (intelecto) y ‘ilm huduri (conocimiento directo adquirido a través de la experiencia mística).

La llamada islámica a ejercitar el intelecto y a hacer uso del conocimiento es alcanzar la última Verdad (Haqq). No existe por tanto una diferencia entre el conocimiento del mundo físico y el conocimiento de la Divinidad. La gnosis (ma’rifah) es el conocimiento más elevado y tiene su origen en el conocimiento de uno mismo, tal y como dijo Muhammad (sas): “Aquel que se conoce a sí mismo, conoce a su Señor”. Es decir, el conocimiento es el camino hacia Allâh, el desvelamiento.

Una tradición del Profeta (s) narrada por ‘Ali ibn Abi Talib (ra) nos cuenta que: “en cierta ocasión Gabriel visitó a Adam. Traía con el fe, moralidad (haya’) y ‘aql (raciocionio) y le dijo a Adam que eligiera una de las tres. Adam eligió ‘aql, y los otros dos fueron ordenados por Gabriel que volvieran a los cielos, pero contestaron que Allâh les había ordenado que acompañaran a ‘aql allá donde estuviera”. Gracias a esta narración comprendemos la profunda relación entre intelecto y conocimiento en el islam, y cuán profunda es su relación con la fe y las facultades morales. Ciertamente, solo hay un conocimiento, que se refleja en millones de espejos (la Creación) iluminados por la Luz.

El conocimiento en el islam: una llamada a la acción

‘Ilm, conocimiento, es descrito en numerosos versos coránicos como “luz” (nur) y Allâh es descrito también como la última Luz, lo que significa que ‘ilm, en sentido general, es sinónimo de la “luz” de Allâh. Pero este ‘ilm no se limita a la adquisición del conocimiento, sino que incluye numerosos aspectos sociopolíticos y morales.

El conocimiento en el islam no es una mera acumulación de información, sino que constituye una apertura hacia nuevas formas de conciencia y posicionamiento en el mundo físico, al ampliar la comprensión del mundo y el significado último de la vida. El saber se convierte así en un motor de cambio y transformación mediante la acción social.

En cierta ocasión Muhammad (sas) afirmó que el conocimiento que está solamente en la lengua no sirve para nada, y más adelante añadió:

Aquel que estudia por arrogancia, muere ignorante. Aquel que estudia solo para hablar, antes que para actuar, muere hipócrita. Aquel que estudia por el mero placer de debatir, muere como un profano. Aquel que estudia solo para acumular riqueza, muere como un ateo. Y aquel que estudia para actuar, muere como un místico”.

He aquí otro componente fundamental del conocimiento: la acción. En la tradición islámica, se considera que ninguna acción puede realizarse sin conocimiento, y que ningún conocimiento es verdadero si no se acompaña de acción. Por ello, el conocimiento impulsa a la acción y, en este sentido, la falta de acción se traduce en una falta de conocimiento.

El  conocimiento: una forma de oración

La búsqueda y el esfuerzo por obtener conocimiento está considerado una forma de oración en el islam. Así, buscar conocimiento, recitar el generoso Alcoran y reflexionar sobre sus versos o viajar para obtener conocimiento, están considerados como una forma de oración. Decía el Profeta (sas): “si alguien viaja por un camino buscando el conocimiento, Allâh le hará viajar por uno de los caminos del Paraíso”. (Sunan de Abu Dawud, 1631).

Otro hadith nos dice: “aquel que marcha lejos en búsqueda de conocimiento permanecerá en la causa de Dios hasta que regrese de su búsqueda”. (Al-Tirmidhi, Hadith 420).

El conocimiento: el hogar de los humildes

Contrariamente a la vanidad y violencia con que algunos musulmanes actuales critican la supuesta ignorancia de otros musulmanes, a los que insultan llamando infieles, en la tradición islámica el conocimiento ha ido acompañado de modestia y humildad, lo que permitía iluminar de belleza y dignidad el mundo. 

El conocimiento, como mandato coránico, debe acompañarse de ética y adab islámico para evitar la soberbia, que no es sino una vulgar forma de ignorancia. Hay que esforzarse por adquirir el máximo conocimiento posible, por compartir y difundir nuestro conocimiento, ya que cuanto más compartimos conocimiento, más aprendemos, y cuanto más aprendemos más sabemos sobre nuestra propia ignorancia.

El Mensajero de Allâh nos previene de las nefastas consecuencias del egoísmo intelectual: “Aquel que es preguntado acerca del conocimiento (de la religión) y lo oculta, será detenido con un freno de fuego en el Día de la Resurrección” (Abu Dawud y At-Tirmidi). Ello se debe a que no compartir el conocimiento que Allâh, Único Sapiente, nos  ha concedido es ocultar su Luz, arrebatándole a Él la pertenencia y origen de ese conocimiento, como si fuera nuestro, como si nos perteneciera.

Es por ello que los sabios islámicos, los dotados de conocimiento, terminaban sus escritos con esta frase: "Allahu alim", que signica que el conocimiento, solo pertence a Allâh, y que Él es el Único poseedor del conocimiento y exento de error. Posición muy diferente de la que sufrimos actualmente, en la que falsos sabios y devotos hipócritas  nos degüellen por blasfemia sin que nos permitan mencionar alguno de los numerosos hadiths del Profeta (sas) y ayas coránicas que sitúan a la compasión por encima del castigo y la venganza.

En el capítulo II analizaremos la desviación que supone no permitir la educación de las mujeres, un deber para todo musulmán, sea hombre o mujer, y nos adentraremos en la figura de Malala Yousafzai y su lucha por el derecho a la educación de mujeres y niños en todo el mundo.

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