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La dimensión intelectual del Dr. Arjona Castro: Medicina e historia

Su nombre perdurará entre los amantes de al-Andalus y de la ciencia medieval

10/10/2014 - Autor: Andrés Martínez Lorca - Fuente: Webislam
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Dr. Antonio Arjona Castro.

Al venir hoy a Córdoba para participar en este homenaje, la tristeza me llena el corazón por el amigo desaparecido 1. Pero el recuerdo de su vida y de su obra me levanta el ánimo. Los familiares, colegas y amigos no olvidaremos nunca su cálido afecto, su generosa entrega al trabajo, su amor por el saber, su contagiosa vitalidad, su profundo cariño por Córdoba. Además de ello, gracias a su legado intelectual, su nombre perdurará no sólo en esta ciudad sino en la península y fuera de ésta entre los amantes de al-Andalus y de la ciencia medieval.

Fue un excelente médico pediatra por cuya consulta pública y privada han pasado a lo largo de los años miles de niños cordobeses cuya salud protegió. (Mi compañero y amigo Rafael Castejón me ha confirmado la calidad de su ejercicio profesional en el cuidado de sus propios hijos). Amplió su especialización al campo de la alergología  con la dedicación que le caracterizaba. Tuvo arrestos para, siendo ya un profesional de la medicina, comenzar a aprender árabe en la universidad. Gracias al magisterio de Manuel Ocaña, arabista de talento que a tantos ayudó, y gracias sobre todo a su esfuerzo personal y a su pasión por la cultura del Medievo, se orientó más tarde hacia la historia de al-Andalus en la que brillaría. Su trabajo en la Real Academia de Córdoba como académico de número y director del Instituto de Estudios Califales fue otra faceta intelectual a destacar. Dotado, pues, de una sólida formación médica, preparado filológicamente para el aprovechamiento de las fuentes árabes y conocedor de la metodología histórica, fue produciendo poco a poco  una sólida obra centrada en al-Andalus a través de cientos de artículos científicos y de decenas de libros.

El niño que iba a la escuela en Zuheros bajo la atenta mirada de su madre, maestra nacional como entonces se decía, el adolescente que cursaba el bachillerato en el Instituto de Enseñanza Media de Córdoba y el joven que estudiaba medicina en la universidad de Sevilla, culmina su trayectoria, tras esa etapa de formación, en la ciudad de Córdoba donde comienza a ejercer la medicina. “No vine a vivir a Córdoba por casualidad del destino sino por elección mía”, confesaría más tarde 2. Córdoba fue, pues, un destino buscado y querido y no un mero accidente en su vida profesional. La curiosidad científica que es la madre del saber, como ya advirtió Aristóteles en las primeras líneas de la Metafísica, se despertó en él ya en sus años de niño de pueblo. Su formación cultural fue tomando cuerpo gracias al “prestigioso” Instituto cordobés, según lo calificara él mismo. Y en la universidad de Sevilla aprendió “la metodología científica no sólo referente a la Medicina sino en amplios aspectos de las ciencias humanas” 3. En su Facultad de Medicina obtendría la licenciatura y años más tarde el doctorado  en Medicina y Cirugía.

Historiador de la medicina andalusí

Puede decirse que en su trabajo intelectual, al margen de su estricta dedicación a la medicina como pediatra, el Dr. Arjona unió dos temas centrales: la historia de al-Andalus y la medicina. Analizaré a continuación su labor como historiador de la medicina andalusí.

Muchos e interesantes trabajos le dedicó a este tema. Me centraré sólo en los más importantes de ellos: la edición del Tratado de Obstetricia y Pediatría del sabio andalusí Arib Ibn Sa‘id, Introducción a la medicina arábigo-andaluza y Enfermos ilustres de Córdoba y al-Andalus. En el primero de ellos puede decirse que se asentó como un estudioso serio, que sabe aunar con rigor los conocimientos histórico-filológicos con el dominio de la especialidad médica objeto del tratado. La primera tarea, la traducción del árabe del manuscrito conservado en la Biblioteca del Monasterio de El Escorial, la llevó a cabo con solvencia técnica, como se puede observar en las numerosas notas que aclaran los términos más difíciles de interpretar y también en los valiosos índices de drogas, sustancias y medicamentos, así como de términos médicos, ambos en castellano y árabe. Era la primera vez que se traducía a nuestra lengua El libro de la generación del feto, el tratamiento de las mujeres embarazadas y de los recién nacidos 4 de Arib Ibn Sa‘id, hombre de ciencia del siglo X, vinculado a la corte califal y autor también del famoso Calendario de Córdoba.

Sobre el tema, una verdadera novedad en la Europa de la época aunque de larga  tradición científica en la medicina griega y árabe oriental, Arjona subraya y perfila las fuentes, en especial el Corpus Hipocrático, Aristóteles (el Aristóteles biólogo, completamente desconocido en el mundo cristiano hasta la recepción del Averroes latino) y Galeno. Y añade a ellas los conocimientos que proporciona la medicina actual. 

Esto último se ve con claridad en sus frecuentes notas sobre puntos concretos, como, por ejemplo, el semen (p. 35), la lactancia (p. 108), la difteria (pp. 140-141), el acné (p. 160), la circuncisión (p. 150)  y el desarrollo del feto (pp. 71-72). El naturalismo de los antiguos griegos y árabes brilla en estas páginas y él, como buen médico, se mueve como pez en el agua, a veces con humor, como cuando ─ a propósito de la afirmación recogida por el autor de que según algunos “el semen sale del cerebro y de la médula espinal ─ anota: “Todavía hace unos años el saber popular (y el clerical, añadiría yo) admitía que el semen procedía de la médula, por lo que la masturbación excesiva reblandecía la médula por dispendio excesivo del semen” 5.

A veces esta perspectiva naturalista refleja la dureza de la vida para la mayoría de los seres humanos, como es el caso del dramatismo con el que las mujeres daban a luz en el pasado. Éstas eran las normas que proponía el sabio andalusí para recibir al niño en el parto: “La totalidad de los médicos antiguos hacen colocar a la embarazada para el parto sobre un sillón con sus piernas colgando y el sillón tendrá en la base como una muesca para que la matrona pueda sentarse frente a la parturienta para maniobrar. (…) Para sujetarla se pondrá una mujer a su derecha y otra a su izquierda que la sujetarán con fuerza, animarán para el parto y la reconfortarán a seguir. Otra mujer se colocará detrás de la parturienta para apoyarla cuando desee echarse para atrás. La matrona se deberá situar delante de la parturienta…” 6. Bajo una lámina árabe que retrata con realismo tan dramática escena, anota el Dr. Arjona con la sensibilidad de quien conocía la vida del campo que le rodeaba: “Parto en una casa árabe. Hasta hace no mucho se paría así en algunas zonas rurales andaluzas”7.

En una ocasión critica al sabio andalusí por no distinguir la sintomatología de la viruela y el sarampión, a pesar de que al-Razi le hubiera dedicado al tema un minucioso tratado 8.

Consideremos ahora su síntesis de la medicina andalusí 9. El intento era ambicioso aunque para limitar su pretensión tituló bien su libro como Introducción al tema. Para la primera etapa histórica se sirvió de las dos fuentes principales, Las generaciones de médicos y sabios  de Ibn Yulyul y El libro de las categorías de las naciones del cadí almeriense Sa‘id al-andalusí. Respecto de la época de esplendor, con figuras de la talla de Ibn Zuhr, Averroes y Maimónides, utilizó algunas de sus obras. Y para la medicina nazarí sus principales fuentes fueron el gran polígrafo  granadino Ibn al-Jatib, el médico almeriense Ibn Jatima, el médico jiennense al-Saquri y el sabio de Arboleas (Almería) al-Arbulí. A ellas añadió como complemento el manejo de los principales estudios históricos contemporáneos.

El resultado fue una visión global acertada que representa un progreso en los estudios andalusíes, aunque el tema exigiría hoy un mayor desarrollo y una mejor articulación del conjunto, aprovechando así los estudios, ediciones y traducciones de Sa‘id al-Andalusí, Ibn Zuhr, Averroes y Maimónides, entre otros, que han aparecido después de la publicación de su libro. En el prólogo a esta Introducción Miguel Cruz Hernández se adelantaba a lo que acabo de decir al escribir entonces: “Resulta un poco aventurado trazar un cuadro de la evolución de la medicina en la Península Ibérica en la Edad Media. (…) Desde esta perspectiva debe leerse el libro aquí prologado. Ciertamente es aún aventurado el intento de trazar una historia rigurosa de la medicina andalusí, pero sí cabe la realización de intentos de aproximación como el presente, construyendo el camino, saltando de un pilar (un autor) a otro, como ha hecho el Dr. Arjona, apoyándose en la bibliografía concreta que vamos poseyendo” 10. Hace unos años, Antonio Arjona y yo hablamos de una reestructuración y ampliación de esta obra con vistas a su publicación en la colección “Al-Andalus. Textos y Estudios” que yo dirigía en la editorial Trotta de Madrid. El destino quiso que ese proyecto no culminara: habent sua fata libelli, como decían los latinos.

Merecen destacarse, por último, los cuatro apéndices que cierran esta obra y cuyo contenido es el siguiente: “La epidemia de la Peste bubónica en Andalucía en el siglo XIV” (1º), “La salud pública en la Córdoba  Califal” (2º), “Sobre la causa de la muerte de Abd al-Rahman II” (3º) y “Abulcasis y la Gota de Almanzor” (4º). En ellos brilla la minuciosa reconstrucción de las fuentes y la acertada contextualización médica que señalé a propósito de su primer libro. Me llama la atención en el último apéndice la queja amarga del caudillo Almanzor por sufrir de insomnio debido a los ataques de gota y su confesión de que, a diferencia de sus súbditos, él dormía “con un ojo abierto y otro cerrado”. 

Aludiré ahora a su tercer libro, antes citado, es decir, Enfermos ilustres de Córdoba y al-Andalus. Lo forman un conjunto de trabajos diversos cuya unidad temática procede de la vida aristocrática y popular de la Córdoba andalusí desde la perspectiva médica. Es quizá el libro suyo más elaborado y homogéneo sobre la materia.

En estos textos se muestra la madurez que alcanza el autor en la aplicación del método histórico: buen uso de fuentes, algunas de ellas desconocidas hasta entonces, dominio de la historiografía y adecuada contextualización científica de acuerdo con las recientes investigaciones médicas. Junto a los capítulos dedicados a personajes de la corte califal, encontramos otros sobre aspectos médicos concretos poco atendidos habitualmente por los estudiosos, como, por ejemplo, acerca de la circuncisión (cap. IV), la sexualidad íntima (cap. VI), la castración (cap. V), o un famoso caso de angioma en la cara (cap. XVIII).

Yo destacaría por su especial interés la reivindicación de Abulcasis, el mejor cirujano de al-Andalus (cap. XVI), el estudio de la psicología y sexualidad del filósofo Ibn Hazm de Córdoba (cap. VII) y la interpretación comparativa del éxtasis de místicos y sufíes con ciertas experiencias mediante drogas alucinógenas, a partir de la Risala de Ibn Tufayl (cap. XVII). Una especial belleza literaria ofrece la melancólica escena del emir Abd al-Rahman II quien, en sus últimos días, imposibilitado ya de andar, era llevado a hombros en camilla hasta el mirador más alto de las terrazas del Alcázar para contemplar el Guadalquivir y olvidar así su enfermedad: “Desde allí erró con su mirada y vio las colinas de la campiña y oteó el río que tenía delante de él y los barcos que subían y bajaban. Su espíritu se vivificó y su pecho se dilató” 11. Con muy buen criterio el Dr. Arjona glosó y tradujo este texto, escrito por el gran historiador cordobés Ibn Hayyan y editado hace unos años por el sabio egipcio Mahmud Ali Makki, recientemente fallecido. 

Córdoba en el centro de sus investigaciones históricas

Antonio Arjona trazó en su vida intelectual un viaje de ida y vuelta entre la medicina y la historia. Nunca olvidó a ninguna de ellas sino que las entremezcló y enriqueció con un singular talento. El destino de este viaje literario fue al-Andalus y en especial su capital, Córdoba, “sede del califato del Islam que con la Rusafa y el Puente puso celosa a Bagdad”, como escribiera el poeta e historiador granadino Ibn al-Jatib 12.

Otros colegas más autorizados que yo han hablado ya de su aportación a la historia y a la arqueología de Qurtuba. No procede, pues, que yo aborde este ámbito. Haré, sin embargo, con la venia del público, una breve cala en su último libro, Historia de Córdoba en el califato omeya.

En la primera parte nos ofrece un nuevo perfil de los emires y califas que gobernaron al-Andalus. A diferencia de la tradicional historia política en la que fuimos educados los jóvenes de mi generación y a diferencia también de la más reciente historia económico-social, el Dr. Arjona disecciona las viejas fuentes históricas con mirada de médico y nos descubre una intrahistoria en la que salen a la luz aspectos antropológicos de una sorprendente novedad. Necesario complemento de esa historia total que es el sueño de los mejores estudiosos y que nunca estará cerrada por completo a futuras investigaciones.

La segunda parte de esta última obra está dedicada al urbanismo de Córdoba. Su curiosidad inagotable le llevó esta vez de los textos literarios a los yacimientos arqueológicos. A través de ellos supo captar el urbanismo de la época y reconstruir la vida social que inspiró aquella evolucionada trama de la ciudad. Aprovechando una atinada observación del arabista Mikel de Epalza, subrayó uno de los rasgos distintivos de al-Andalus, el constituir “una sociedad urbana, estructurada en sus principales fundamentos por las ciudades y por los elementos sociales que estos generan” 13. Ese progreso urbano también se reflejó en sus arrabales, como ya afirmó Leopoldo Torres Balbás y confirmó el propio Arjona a través de las recientes excavaciones arqueológicas: “cada arrabal y aun cada barrio de alguna extensión formaba, a semejanza de la medina, como una pequeña ciudad independiente, organizada en torno a una mezquita, con sus zocos, tiendas, alhóndigas, baños y hornos. (…) Los arrabales estaban separados unos de otros por huertas y tierras de cultivo, incluso cada uno tiene su espacio verde, es decir, su huerto con árboles frutales y pozo. Por este motivo el medio ambiente, el aire de estos era relativamente bueno aparte el polvo del verano y el barro del invierno en los caminos no empedrados”  14.

En una meritoria aproximación cierra el libro un estudio sobre el medio ambiente de Córdoba en aquellos dorados siglos (el aire, el agua, la evacuación de las aguas, la fauna). Como telón de fondo en el que se desarrollaba esa vida social dibuja este acertado mapa urbano previo a la conquista islámica: “La Córdoba que encuentran los musulmanes de la Conquista constaba, esencialmente, de un núcleo urbano amurallado, que será para ellos la al-Madina en lo sucesivo; de dos arrabales allende el río, Secunda y Tercios, y de una serie de pequeños vici, es decir, barrios de los cuales unos han nacido en torno de ciertas iglesias y monasterios existentes extramuros y otros son restos de antiguos vicos romanos. Tales barrios están diseminados alrededor de la parte murada, pero abundan más al oriente de ésta, lo que quiere decir que las directrices que ha de seguir forzosamente la urbe tan pronto como inicie su expansión apuntarán hacia los otros tres lados” 15. De esta recreación ecológica del pasado resulta llamativa la minuciosidad y precisión con las que el Dr. Arjona va situando en el callejero actual de la ciudad el plano pormenorizado de la Córdoba andalusí. Se percibe así un conocimiento exhaustivo no sólo de su conjunto histórico sino también de las calles, plazas y barrios del resto de la ciudad, y hasta de los cortijos del extrarradio de Córdoba. Fruto, sin duda, de su amor por la ciudad en la que decidió vivir y en la que ha muerto.   

En resumen, el Dr. Antonio Arjona Castro unió medicina e historia en una valiosa aportación intelectual que, desde la mirada de un médico arabista, ha hecho avanzar el conocimiento de al-Andalus. El naturalismo de los antiguos griegos y de los grandes filósofos médicos del Islam oriental y de al-Andalus encontró en él un buen continuador que supo aprovechar los avances metodológicos, teóricos y prácticos de la ciencia moderna. Siguiendo una brillante tradición española de médicos escritores desde el Renacimiento hasta hoy, desde Juan Huarte de San Juan, Luis Barahona de Soto y Mateo Alemán hasta, ya en el siglo XX, Felipe Trigo, Gregorio Marañón, Luis Martín-Santos y Jaime Salom, entre otros, él añadió un eslabón más a esta cadena como médico escritor orientado hacia la historia.

Si hubiera que sintetizar en una sola palabra el carácter general de su producción intelectual, yo elegiría la de humanista por la universalidad de su intento y por el espíritu que animó sus más variadas investigaciones. Como él mismo escribiera del sabio andalusí Arib Ibn Sa‘id, podemos decir hoy de él que “no se conformó con saber sólo Medicina sino que su curiosidad le llevó a interesarse por las más diversas ramas del saber” 16.

Notas
1. El presente texto reproduce mi intervención en el Homenaje al Dr. Antonio Arjona Castro que tuvo lugar en Córdoba en noviembre de 2013.
2. Antonio Arjona Castro, Enfermos ilustres de Córdoba y al-Andalus, Córdoba, Fundación Prasa/Real Academia de Córdoba, 2005, p. 11.
3. O. cit., p. 11.
4. La primera edición la publicó en 1983 la Diputación Provincial de Córdoba. Cito por la segunda edición, Sevilla, 1991.
5. El libro de la generación del feto, el tratamiento de las mujeres embarazadas y de los recién nacidos. Tratado de Obstetricia y Pediatría del siglo X, de Arib Ibn Sa‘id, traducción y notas de Antonio Arjona Castro, Sevilla, Sociedad de Pediatría de Andalucía Occidental y Extremadura, 1991, p. 35, nota 1 bis.
6. Ibid. p. 91.
7. Ibid., p. 93.
8. Ibid., p. 145, nota 2.
9. Dr. Antonio Arjona Castro, Introducción a la medicina arábigo-andaluza (siglos VIII-XV), Córdoba, 1989.
10. Prólogo a Introducción a la medicina arábigo-andaluza.
11. Antonio Arjona Castro, Enfermos ilustres de Córdoba y al-Andalus, cit., p. 70.
12. Ibid., p. 165. El Dr. Arjona quiso concluir este libro con un homenaje poético a Córdoba a través de la inspirada descripción que de ella hiciera el visir granadino, quien la llamaba con admiración  “madre de las villas”, umm al-qurà.
13. Antonio Arjona Castro, Historia de Córdoba en el califato omeya, Córdoba, Almuzara, 2010, p. 244.
14. Ibid., p. 254.
15. Ibid., p. 241.
16. El libro de la generación del feto, el tratamiento de las mujeres embarazadas y de los recién nacidos, cit., p. 27.

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