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Qué nos enseñan los yihadistas que leen “Islam for Dummies” sobre la radicalización

Según el MI5, una identidad religiosa bien establecida protege en realidad contra la radicalización violenta

09/10/2014 - Autor: Mehdi Hasan - Fuente: New Statement
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Ministros y expertos en seguridad aprenderían un par de cosas de la comedia “4 leones” de Chris Morris

¿Puedes adivinar qué libros han comprado on line en Amazon los aspirantes a jihadistas Yusuf Ahmed y Mohammed Sarwar antes de partir, en mayo pasado, desde Birmingham a Siria para combatir? ¿Una copia de "Signos en el camino" por el islamista egipcio Sayyid Qutb? No. ¿Acaso, "Mensajes al mundo: las declaraciones de Osama Bin Laden"? Inténtalo de nuevo. Espera, "El manual del anarquista", ¿verdad? Pues no.

Sarwar y Ahmed, ambos declarados culpables de delitos de terrorismo el mes pasado, compraron "el Islam para dummies" y "el Corán para dummies". No se podían pedir mejores pruebas para evidenciar que los 1.400 años de antigüedad de la fe islámica tienen poco que ver con el movimiento yihadista moderno. Ciertamente, los jóvenes fanáticos que disfrutan sádicamente con atentados y decapitaciones pueden tratar de justificar su violencia recurriendo a la retórica religiosa, pensemos en los asesinos de Lee Rigby gritando "Allahu Akbar" en el juicio; pensemos en el Estado Islámico decapitando al fotoperiodista James Foley como parte de su "guerra santa". Sin embargo, el fervor religioso no es lo que motiva a la mayoría de ellos.

En 2008, una nota informativa clasificada sobre la radicalización, elaborado por la unidad de la ciencia del comportamiento del MI5, se filtró a The Guardian. El estudio reveló que, "lejos de ser fanáticos religiosos, un gran número de los involucrados en el terrorismo no practican su fe regularmente. Muchos carecen de alfabetización religiosa y podrían . . . ser considerados como novatos religiosos". Los analistas concluyeron que "una identidad religiosa bien establecida protege en realidad contra la radicalización violenta", afirmó el diario.

Para obtener más pruebas de esto, conviene leer los libros del psiquiatra forense y ex agente de la CIA Marc Sageman; del politólogo Robert Pape; del estudioso de las relaciones internacionales Rik Coolsaet; del experto en islamismo Olivier Roy o del antropólogo de Scott Atran. Todos ellos han estudiado la vida y orígenes de cientos de yihadistas que lanzan bombas armados hasta los dientes, y todos coinciden en que el islam no es el culpable de la conducta de estos hombres (porque, sí, por lo general son hombres).

Por el contrario, apuntan a otros conductores de radicalización: la indignación moral, la desafección, la presión de grupo, la búsqueda de una nueva identidad, un sentido de pertenencia y un propósito en la vida. Como Atran señaló en su testimonio ante el Senado de Estados Unidos en marzo de 2010: ". . . lo que inspira a los terroristas más letales en el mundo de hoy no es tanto el Corán o las enseñanzas religiosas, sino una causa y llamada a la acción emocional que promete gloria y reconocimiento ante los  amigos, y, a través de amigos, el respeto y el recuerdo eterno en el resto del mundo". Describió a los aspirantes a yihadistas como jóvenes "hastiados, subempleados, sobrecualificados y decepcionados" para los que "la yihad es un empleador igualitario que ofrece igualdad de oportunidades. . . emocionantes, gloriosas y cool".

Chris Morris, el escritor y director de la comedia negra de 2010 "Cuantro leones" -que satirizaba la ignorancia, la incompetencia y la banalidad de los yihadistas musulmanes británicos- una vez lo expresó así: "El terrorismo es más o menos ideología, pero también se trata idiotas".

Idiotas, no mártires. "Figuras patéticas", para citar al ex jefe del MI6 Richard Dearlove, no santos guerreros. Si queremos afrontar el yihadismo, tenemos que dejar de exagerar la amenaza que presentan estos jóvenes, proporcionándoles así el oxígeno de la publicidad que ansían, y empezar a poner de relieve que muchos de ellos llevan una vida decididamente anti-islámica.

Cuando vivía en Filipinas en la década de 1990, Khalid Sheikh Mohammed, que se describe como "el principal arquitecto" de los ataques del 11 de septiembre por la Comisión 9/11, una vez pilotó un helicóptero pasando cerca del edificio de oficinas de una novia con un cartel que decía "Te quiero ". Su sobrino Ramzi Yousef, condenado a cadena perpetua por su participación en el atentado del World Trade Center en 1993, también tenía una novia y, al igual que su tío, fue a menudo visto en el barrio rojo de Manila. El agente del FBI que cazó a Yousef afirmó que "se escondió detrás de una túnica del islam". Las declaraciones de testigos sugieren que los secuestradores del 9/11 estaban visitando bares y clubes de striptease en Florida y Las Vegas en el período previo a los ataques. Los vecinos españoles de Hamid Ahmidan, condenados por su participación en los atentados de Madrid de 2004, lo recuerdan "pasando zumbando en una motocicleta con su novia de pelo largo, una mujer española con gusto por la ropa ligera", según informes de prensa.

La religión, por supuesto, juega un papel: en particular, una forma pervertida y politizada del islam actúa como un "vehículo emocional" (para citar Atran), como un medio de articular la ira y la movilización de masas en el mundo de mayoría musulmana. Pero pretender que el peligro proviene sólo de los devotos podría costar vidas. Sea cual sea lo que el Daily Mail o Michael Gove podrían hacernos creer, largas barbas y túnicas no son indicadores de la radicalización; opiniones ultra-conservadoras o reaccionarias no conducen automáticamente a actos violentos. Los musulmanes no son todos los islamistas, los islamistas no son todos los jihadistas y los yihadistas no son todos devotos. Afirmar lo contrario es, no sólo materialmente inexacto, sino que podría ser fatal.

Consideremos la película "Cuatro leones". Omar es el agradable, bien afeitado, el moderno cabecilla de una banda de aspirantes a terroristas suicidas; lee las historias de Disney a su hijo, canta "Dancing in the Moonlight" de Toploader con sus compañeros y está bastante alejado de las creencias o prácticas musulmanas. Mientras tanto, su hermano Ahmed es un fundamentalista religioso, un salafista con gran barba que no puede soportar la idea de hacer contacto visual con las mujeres y piensa que la risa es anti-islámica, pero que, de forma significativa, no tiene tiempo para la violencia o la yihad. La redada de la policía de la casa del pacífico Ahmed, en lugar de Omar, permite escapar a Omar y lanzar un ataque contra. . . una tienda de Boots.

De vuelta al el mundo real, así como los aspirantes a yihadistas, compran libros tales como el Islam para dummies, los ministros y jefes de seguridad deberían lanzarse a comprar online DVDs de "Cuatro leones", podrían aprender un par de cosas.

Mehdi Hasan es colaborador de New Statement y trabaja para al-Jazeera inglés y el Huffington Post Reino Unido, donde se postea esta columna.
Traducción para Webislam de Sabora Gernikagoitia.

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