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A propósito del mecanismo de confluencia

¿Dónde va Vicente? A propósito del mecanismo de confluencia

07/10/2014 - Autor: Jose Chamorro - Fuente: Qualia Blog
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confluencia
Confluencia

Hay una expresión coloquial que resume perfectamente lo que acontece cuando el mecanismo neurótico de confluencia se pone en juego. Ésta reza así: «¿dónde va Vicente?... donde va la gente». “Vicente” es el nombre de cada uno de nosotros cuando nos diluimos en la opinión de una mayoría por miedo a exponer nuestros propios puntos de vista, nuestros intereses, nuestros gustos y, sobre todo, por la dificultad que tenemos a veces para poner límites a los demás. Lo que se da de fondo es una confusión de la propia identidad personal con una unión y/o adhesión con lo que otro u otros proponen. Quizá sea este mecanismo uno de los ecos que aún nos llegan de nuestro estadio como bebés, pues de sobra sabemos que los niños es sus primeros meses viven a la madre como una prolongación de ellos mismos ya que no son capaces de crear un límite entre lo que son y su madre.

Cuando te disuelves en el otro

En muchas ocasiones, lo que reside detrás de la confluencia tiene que ver con la necesidad de agradar al otro, de no contrariarle y no contradecir su opinión. Además, si profundizamos un poco más en dicha confluencia, nos podríamos dar cuenta de que estamos viviendo una fantasía mediante la cual creemos que, comulgando con lo que el otro propone (ya sea en su decir, sentir o hacer), no se pondrá en riesgo el amor de aquel sobre uno mismo. Es de esta manera es como abdicamos y sacrificamos nuestro propio parecer con objeto de ganar el favor y el cariño del otro. Lo que se consigue no es limar las diferencias entre uno y otro, sino más bien que éstas queden disueltas del todo de modo que la subjetividad que nos es propia quede dispersa en un nosotros amorfo que lo único que logra es diluir identidades y no incluirlas.

La confluencia hace que perdamos la novedad original que cada uno posee en pro de una comunión abstracta y superficial que evita la tensión que se genera cuando las diferencias son puestas sobre la mesa con autenticidad. En numerosas ocasiones se piensa erróneamente que éste es el mejor modo para relacionarnos los unos con los otros, que así se concilian puntos de vista contrarios y que, de esta forma, se posee una actitud versátil que puede revertir beneficiosamente en el grupo. Pero, nada más lejos de esto, cuando confluimos lo único que hacemos es renunciar a nuestra originalidad en favor de un falso bien común que, sin que advirtamos cómo, está siendo traicionado ya que no cuenta con la sinceridad de cada una de las partes que es lo que verdaderamente le debe de caracterizar.

La culpa y el rencor

Quizá lo más significativo que surge a nivel emocional cuando una de las partes se da cuenta de que está formando parte de una relación basada en la confluencia tiene que ver con la culpa y el rencor pues al final lo más auténtico de uno termina por rebelarse. La primera que aparece es la culpa de una de las partes al darse de cuenta de la falta de honestidad con la que se ha acercado al otro. Esto puede llevar al sujeto a disculparse o a pagar algún tipo de indemnización por no haber sido capaz de mantener el supuesto contrato. A pesar de esta experiencia, para nada agradable, podemos entender el sentimiento de culpa como un chivato fiable de que el mecanismo de confluencia se ha frustrado. Por otro lado, a la otra parte, que además suele sentirse víctima, termina por resignarse ante lo sucedido al tiempo que le brota un sentimiento de resentimiento que vive con cierta amargura. Esta sensación entronca con la experiencia egoica de sentirse lastimada y afrentada. Esta parte lo que pedirá a cambio será que el otro, que ya se ha sentido culposo, pida las debidas disculpas. De este modo, el rencor también descubre la existencia de una confluencia malsana que puede iniciar un nuevo camino de autenticidad.

Entonces ¿dónde sería conveniente que fuera Vicente? La respuesta debe de tenerla y de darla “Vicente”, esto es, cada uno de nosotros. Una contestación que pasa necesariamente por ser capaces de relacionarnos con honestidad, autenticidad y transparencia desde aquello que necesitamos, queremos y pensamos. El único modo de ocupar el espacio y el tiempo que cada uno se merece es poniendo en juego lo que brota desde lo más genuino que hay en nosotros. La confluencia nos oculta, nos disuelve oscureciendo nuestra participación que debe tener un protagonismo compartido, desde una horizontalidad necesaria, que nos reconoce a cada uno por lo que somos y por como somos.

Jose Chamorro
Diplomado en Magisterio de Educación Especial, Licenciado en Pedagogía, Instructor de Yoga, Terapeuta Gestalt, ha realizado además la formación en Psicoterapia Integrativa. Autor de dos libros: "Las Estaciones del silencio. Inspiraciones reflexiones y ensayo desde la profundidad de lo cotidiano" y "Hojas de otoño". En la actualidad trabaja como maestro de apoyo y es colaborador del periódico regional Diario Jaén.

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