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Aprendiendo del gran libro de la Naturaleza (o cómo descubrir la unidad en la diversidad)

Construyendo un mundo nuevo

10/10/2014 - Autor: Esteban Díaz - Fuente: Cambiar el mundo
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Esteban Díaz.

4. Aprendiendo del gran libro de la Naturaleza (o cómo descubrir la unidad en la diversidad)

1. Más allá de los credos, de las doctrinas ideológicas, de las filosofías teístas o ateítas, la humanidad es una, expresándose, cómo no, en una variedad de razas, etnias, culturas, creencias e ideologías que la enriquecen y la embellecen. Esta plural y variada diversidad también se da en la Naturaleza, que nos muestra como la pluralidad de vida no es un obstáculo para que, en su seno, todos los seres puedan vivir interconectados “naturalmente” de forma auto-organizada o auto-regulada/auto-sostenida. Y lo más importante: que sólo derivada de esta compleja conectividad natural y auto-regulada, puede sobrevivir la vida en su forma “natural” y ciertamente saludable, vigorosa y equilibrada, la nuestra y la del entorno que nos envuelve y sostiene. La vida es una y su desenvolvimiento como existencia es lo que llamamos diversidad. También la humanidad es una, expresándose en una diversidad de pueblos y culturas, que la enriquecen. Y lo comprendamos o no, lo aceptemos o no, nosotros, los seres humanos vivimos en-y-gracias a la unidad en que se auto-organiza la vida de nuestro ecosistema terrestre. Sin olvidarnos que el ecosistema terrestre está circunscrito a otro más amplio y vital para él, el sola. Y todavía podríamos seguir circunscribiendo “sistemas” que ni siquiera conocemos por su grandeza y complejidad hasta llegar al centro mismo, no ya de nuestra galaxia, sino de ámbitos de cuya existencia todavía nada sabemos.

2. Pareciera que a la Inteligencia que hace posible la vida y la interconecta en una variedad incontable de roles a desplegar y desarrollar en el tejido de la existencia, le agrada la diversidad. Pero, ¡cuidado!, la diversidad no puede darse sin el equilibrio y la armonía que manifiesta la unidad con la que tan enigmática Inteligencia despliega el variado y plural tejido de existencias interconectadas y auto-reguladas en el seno de esa unidad, que podemos caracterizar, en su tejido más externo, por su conectividad inteligente, que vincula, en auto-organizado equilibrio y armonía, el entramado de miríadas de existencias.

Esta unidad no ha de entenderse solamente reducida al conjunto de seres o cosas individuales interconectados que pueblan el mundo de la existencia. Esta unidad debe ser comprendida, además, como el hilvanado con el que la Inteligencia trenza “la vida” de todos y cada uno de los seres o cosas que percibimos como el arborescente tejido de nuestro suelo terrestre, y aún más allá del mismo, del Cosmos. En semejante tejido de vida nada sobra y nada falta, todo tiene un propósito y desenvuelve su rol para que la vida pueda expresarse siempre auto-organizada y equilibradamente interconectada, pues es la Inteligencia misma lo que regula su funcionamiento, siendo esta Inteligencia, además, todo aquello que ella misma regula. Por eso la ciencia, siguiendo los criterios filosóficos que exponía el pensamiento sistémico, iniciado allá por los años cincuenta del pasado Siglo XX, observa cómo la vida de cualquier ecosistema se manifiesta siempre de forma auto-organizada/auto-regulada/auto-sostenida.

No hay nada que no sea tan extraordinaria, poderosa y misteriosa Inteligencia. Llámese con el nombre con el que se desee, esta Inteligencia que regula la vida y la interconecta se manifiesta en todo, conectando ese todo en una unidad que, en sí misma, se auto-organizada y se regula en un orden y en una armonía que ahora comenzamos vislumbrar como un universo de vida que nos descubre algunas de sus leyes más ocultas, revelándonos, asimismo, que tan enigmática Inteligencia vive y se mueve en cada una y en todas las individuaciones que conforman el entramado de la vida cósmica, y en nuestro pequeño universo terrestre. La vida es una e ¡inteligente! No hay otro misterio. Pero debemos seguir profundizando en él. Porque es en esa unidad de vida donde la Inteligencia se explicita y se desenvuelve inter-conectadamente en todo lo que “viene” a la existencia. Aceptémoslo. Congratulémonos al descubrir que es en el seno de esa unidad de vida inteligente de donde emerge la diversidad que nos complace contemplar cada día. Acerquémonos y amemos la unidad en la que la vida se muestra diversa y multicolor. Unámonos conscientes al canto universal de la vida una, siguiendo el dictado de nuestro ojo físico, de nuestro ojo mental (hermenéutico), sin olvidarnos del ojo de nuestro espíritu, e intentemos comprender cómo la extraordinaria diversidad que aparece ante nosotros es la manifestación de la vida que en todo muestra su inteligencia. Y comprendamos cómo en cada singularidad/ individualidad/ cosa “vive” la totalidad de la vida misma que se manifiesta “inteligente y auto-organizadamente”.

La unidad del tejido de la vida puede ilustrase como el hilo con el que la misma Inteligencia vincula, en una unidad interdependiente y auto-organizada/ auto-sostenida, tanto a la vida humana como a las demás formas de vida. Todos somos esta Inteligencia Universal que se conecta a/en todo dándole vida a todo. Esta verdad es tan antigua como la humanidad misma. Y aún anterior a la humanidad.

3. Esta idea de percibir la unidad en la diversidad no es nueva. Pero no ha sido comprendida ni desarrollada por la Humanidad. Hasta hoy -aunque las tradiciones de sabiduría, místicas, espirituales y filosóficas, la recogen y la han transmitido a sus respectivas comunidades, desde centurias, e incluso desde milenios-, la Humanidad sólo ha comprendido y desarrollado la idea relativa a la diversidad y, en los últimos decenios, ha conocido  el mundo de la conectividad de esa diversidad, que busca relacionar todo cuanto sucede en el mundo de la globalización., y más allá de ella, cuando estudia científicamente la vida de los ecosistemas. Nos agrada saber cómo la ciencia académica también se ha interesado por este sorprendente juego de conectividad que se da en la Naturaleza, investigando la vida de los ecosistemas.

Así, la humanidad se ha desarrollado de acuerdo a una concepción del mundo que percibía la diversidad, sin vislumbrar qué hay en la base de tan extraordinario tejido de la multiplicidad. El mundo de los hechos de los seres humanos fue construido, pues, desde la visión del mundo basada en el juego de los contrarios o de los opuestos que, para la ciencia y la filosofía, aún muestra visiblemente el tejido externo/superficial de la existencia; una visión del mundo de dualidad o de diversidad enfrentada, en litigio, competitiva, movilizando un mundo de relaciones de opuestos, de contrarios. Nuestra vida cotidiana explicita claramente esta visión dual el mundo, mediante el cual basa la vida de las relaciones humanas, en todas sus actividades, se desenvuelve, competitivamente. Basta con mirar el juego de la política que enfrenta y opone partidos, ideas, programas, siempre desafiantes unos de los otros. Nuestro lenguaje cotidiano es también un fiel reflejo de este principio rector de nuestra organización social. Términos como oposición, beligerancia, lucha, competitividad, exclusión, insolidaridad, etc., exponen fielmente cómo se “siente”, organiza y se interconecta nuestras vidas en virtud del principio axial de las dualidades enfrentadas de la visión de dualidad del mundo.

4. Algunos de los nuevos paradigmas, surgidos en ciencia en el crisol de la contracultura de mediados del pasado Siglo XX, en el seno del pensamiento sistémico o en la nueva psicología de pensamiento humanista divergente del psicoanálisis o del conductismo vinculados a la ciencia racionalista, anunciaron una nueva concepción del mundo que superaba la visión dual que sostenía el viejo paradigma mecanicista o de simplicidad, presentando no sólo modelos científicos cuyos principios no se concertaban con los de la ciencia objetiva o racionalista. Esta nueva visión del mundo tenía como principio organizador la noción de “unidad”. Así, la visión del mundo de unidad se hace paso en la ciencia, en muchos casos sin el respaldo de la ciencia racionalista. El pensamiento emergente en ciencia moviliza, entonces, ideas que estaban en sintonía con las doctrinas filosóficas budista y vedántica. Las ciencias que estudian la mente humana desde su fisiología, como es el caso de la neurofisiología o de las ciencias cognitivas, ajustadas sus investigaciones a los principios de la ciencia racionalista, van a encontrar en las psicologías orientales un campo de investigación desconocido hasta entonces, al incorporar a sus estudios ámbitos de estudio, hasta entonces rechazados por la ciencia: la conciencia y los procesos de la meditación, por ejemplo; sin olvidarse de las cartografías y de los métodos con los que estas psicologías orientales están familiarizadas desde hace milenios.

También se pensaron modelos de organización social fundamentados en una visión del mundo de unidad, trascendiendo la idea del mundo como campo de batalla o juego de oposiciones y de contrarios. Y lo hicieron porque comprendieron que, en su base, la vida es una y en ella no hay oposiciones ni contrarios, sino que todo lo que se conecta en/a través de esa “base” es complementario, interrelación cooperativa, juego de equilibrios y de armonía, movimiento conformado por redes de conectividad de las que resulta la conservación de los ecosistemas, interconectándose unos con otros, o unos en otros, autorregulándose en función de esa interconectada e imbricada inclusión. Es nuestro deber comprender y aceptar a convivir en un tejido de vida que, en sí mismo, es auto-organizado y auto-regulador del complejo e inclusivo entramado que normaliza. Los opuestos sólo aparecen en la mente del ser humano, nunca en la Naturaleza (vida).

5. Descubrir la unidad que fundamenta la vida de la diversidad es nuestro reto. Hasta el momento presente de nuestro proceso evolutivo, la Humanidad sólo se ha detenido a mirar la diversidad que la unidad de la vida manifiesta. Nunca se ha preocupado de mirar la unidad que organiza la diversidad. El bosque no lo componen sólo los árboles. También existen otros muchos seres vivos, vegetales, insectos y animales vertebrados, unos y otros, de especies y subespecies diversas, en un juego de vida interconectado y cooperativo en equilibrio y en armonía. Pero también hay una más profunda visión en “la mirada de unidad”. Porque el árbol, por ejemplo, no sólo es raíces, tronco, ramas y hojas. Es el agua, la tierra y el sol que les permiten procesar y desarrollar su existencia; porque toda la existencia que entra en el juego de la vida de nuestro sistema solar/planetario está en todo, individuo o ecosistema o macro-ecosistema. El bosque es la vida. Como cada ser que habita en el bosque es también la vida. En cada ser está presente la vida en su completud. Esto es “mirar” un árbol o un ser cualquiera que aparezca ante nuestros ojos, y comprender su universalidad y la unidad que encierra su existencia, sin la cual no tendría razón de existir.

El cambio de conciencia que nos exige el momento presente nos lleva a modificar nuestra mirada, a profundizarla, percibiendo la unidad en la diversidad y “ver/comprender/permitir" su desarrollo cooperando, cuidando de la vida que nos rodea. Porque esa vida que nos rodea es nosotros mismos. No estamos ejercitándonos en un juego conceptual. Estamos proponiendo que los seres humanos cambiemos de chip mental y modifiquemos nuestra mirada acercándonos a la vida de forma diferente y ¡revolucionaria!, percibiendo la unidad que se desenvuelve como una extraordinaria diversidad de seres de vida diversa manifiesta que concurren junto a nosotros y nos ayudan a existir ofreciéndonos sus frutos. ¿Qué les ofrecemos nosotros a cuantos  seres que nos acompañan en este macro-ecosistema que es la vida de nuestro planeta?

En esto consiste la nueva visión del mundo de unidad. Ya hemos experimentado la visión del mundo basada en nuestra mirada que sólo percibía la diversidad, origen de la visión del mundo de dualidades, separándolo todo, excluyendo todo cuanto era diferente de nosotros, destruyendo millones de especies de seres vivos, porque jamás pensamos que eran parte consustancial a la vida de nuestro hogar, ¡y suyo!, planetario, tal como lo somos nosotros. El paradigma ecológico, tal como lo expresó Fritjof Capra, nos aportó la hermosa idea de que la Tierra es un macro-ecosistema en el que todos los seres convivimos en un juego de conectividades que nos hace ser interdependientes, al tiempo que se autorregula a sí mismo.

6. Pero debemos alejarnos de la visión del mundo de opuestos, de contrarios y de exclusiones, de luchas y exclusiones, divisiones y rechazo de la diferencia, y de desgracias incontables, desde donde sólo se percibe la vida como diversidad, y ésta se desenvuelve por litigio/lucha, sin que descubramos en ella la unidad desde donde emergen todas las innumerables existencias que desenvuelve el mundo en donde desenvolvemos nuestra existencia.

En el seno de la visión dual del mundo apareció el modelo de sociedad que nos ha traído tantas divisiones y enfrentamientos. Y aun nos sitúa al borde de un precipicio que no sabemos, al día de hoy, si nos engullirá, terminando el ciclo de la vida humana.

El paradigma mecanicista es sólo una etapa que se desarrolló percibiendo la vida como un campo de batalla. Visión dual del mundo, en donde la diversidad sólo ha sido entendido como dialéctica de la que hay que salir vencedor “dominando” al adversario. Ya es hora de abandonar tan cruda y dolorosa visión del mundo. La crisis económica global que estamos viviendo es sólo la punta del iceberg de la gran crisis de conciencia que la Humanidad vive. Lo cierto es que no se percibe en la superficie del tejido global que la Humanidad esté dejando atrás la destructiva visión de las oposiciones y de los contrarios.

Sí es cierto que la contestación social, organizada políticamente, opuesta al “nuevo orden mundial” al que nos referíamos en los anteriores trabajos, aunque “piensa” más solidariamente en una sociedad más igualitaria, más inclusiva, más justa, no obstante, no deja de presentarse como abanderada de un “nuevo orden” que busca las condiciones objetivas para derrocar a los adversarios. Pero no deja atrás la visión de dualidad y de antagonías, de luchas fratricidas y de oposiciones, aun cuando “ocupe” las zonas de poder que dejaría el adversario derrocado.

La crisis que vivimos es una crisis de valores, de conciencia, de final de una civilización que debe dejar paso a otra forma de mirar la vida, y a otros valores que surjan, de forma natural, sin violentación de la vida, de la nueva visión del mundo de unidad, no de aquella visión del mundo de donde surgieron todas las ideologías que hasta la fecha pugnan, sin descanso, por “controlar el ‘sistema”.

7. No obstante, se percibe, al margen de las luchas políticas desatadas para controlar la franja de poder que el “sistema” permite, que está abriéndose paso en el tejido social del mundo globalizado un emergente y nuevo pensamiento que se inició en los años de la contracultura de los años cincuenta del pasado Siglo XX, que, sin canalizar políticamente sus propuestas, se viene organizando socialmente en grupos en los que se complementan las tradiciones culturales de Oriente y de Occidente, de cuyos postulados el pensamiento y la ciencia academicista jamás atendió, ocupada en ideologizar y controlar al colectivo estudiantil, no sólo universitario, sino también escolar de primaria y de secundaria. La educación se ha convertido en un campo de la ideologización, cambiante según el partido político que la controla.

El nuevo pensamiento, que canaliza en sus conceptos, estrategias y métodos, la nueva visión del mundo de unidad, se manifiesta en los postulados filosóficos y científicos de “los nuevos paradigmas”, que insistieron en aprender del libro de la Naturaleza, que cada mañana abre sus páginas como los pétalos de una flor a la luz de los rayos del sol, que nos muestra cómo utilizar nuestra inteligencia para bienestar nuestro y de la viva misma. Nos falta ejercitarnos en este aprendizaje. Y aunque la ciencia mecanicista hace sus esfuerzos, sus fines son muy distintos, pues mayormente está financiada por empresas que dependen, en última instancia, de los poderes del capital financiero o empresarial, que no tienen otro propósito que su propio beneficio.

8. La historia de humanidad es sólo un capítulo entre los incontables capítulos que se redactan, día tras día, en el libro/escritura de la vida de la historia de nuestro planeta y hogar, de cuyo tejido hoy destacamos que es conectivo y auto-organizado/auto-regulado, sin que precise de la ayuda “ignorante e interesada” del ser humano. Ha sido la incorporación de la mano del hombre la causante de la insostenible contaminación y deterioro del tejido de la vida de nuestro hogar terrestre. Es la desnaturalización de la vida humana –o lo que es lo mismo: su contaminación mental- lo que ha provocado que el planeta esté enfermo, alterándose su natural desarrollo y equilibrio. Es ignorancia nuestra. No cabe duda. Pero la Humanidad debe tomar consciencia de su error y cambiar de actitud y expandir su conciencia hasta comprender la unidad en la que trabaja la vida, o la enigmática Inteligencia de la que hablábamos antes, cuya presencia en la vida la dinamiza y la hace posible. Esta comprensión nos presentará, sin duda, como una humanidad madura, porque habremos utilizado nuestra inteligencia para vivir en armonía con nosotros mismos y con la vida que nos permite existir, tejidos -nosotros- en conectividad a las demás especies que pueblan el tejido inteligente que en verdad es nuestro hogar terrestre.

¿No tendría un sentido muy distinto la globalización, si la Humanidad manifestara semejante grado de madurez y un meditado y consciente uso de su inteligencia para situarse en ese punto de encuentro en el tejido de la vida que favorezca (permita, sería el verbo correcto a utilizar) el natural equilibrio y desarrollo de la vida terrestre –y la nuestra? El mundo global sería el ágora del encuentro de todos los pueblos que conforman la familia de la humanidad en paz y en concordia, foro de la cooperación y de la solidaridad universal, ágape fraterno compartido de la riqueza con la que la vida nos abraza y nos alienta. Pero también sería el tiempo de la madurez de la Humanidad.


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