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Palestina, tierra de los mensajes divinos

Segunda Parte. Historia de un mito. b) La responsabilidad de los dirigentes sionistas ante el antisemitismo hitleriano. 1) El sabotaje del boicot de la Alemania nazi

29/08/2014 - Autor: Roger Garaudy - Fuente: Musulmanes Andaluces
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Roger Garaudy.

El sabotaje del boicot de la Alemania nazi

Es evidente que la mejor manera de salvar a las víctimas del nazismo (entre las cuales estaban los judíos) era combatir y abatir al nazismo mediante el boicot económico y gracias a la resistencia política y militar.

En consecuencia, nada más acceder Hitler al poder, y con los primeros progroms, la opinión antifascista mundial hizo un llamamiento en favor del boicot económico a la Alemania nazi.

El 23 de marzo de 1933, los ex combatientes judíos organi­zaron, en Nueva York, junto con el alcalde de la ciudad, una manifestación en favor del boicot comercial alemán.

El 21 de junio de 1933, la Unión Sionista Alemana (ZVFD) sometía a la consideración del gobierno nazi un Memorándum proponiendo que «el nuevo Estado alemán reconociera al movimiento sionista como a la organización judía más indicada para tratar con la nueva Alemania, en base a que el status de los judíos en Alemania fuera regulado como status de una comunidad más que sobre la base de los derechos indivi­duales, y, que, en fin, dado que la emigración podía suponer una solución a la cuestión judía, tenía que tener el apoyo del gobierno». El Memorándum añadía que «en el caso en que los alemanes aceptasen esta cooperación con los sionistas, éstos se esforzarían porque los judíos residentes en el extranjero no apoyaran el boicot antialemán» 1 .

De este modo, a cambio de su reconocimiento oficial como únicos representantes de la comunidad judía, los dirigentes sionistas se ofrecían para romper el boicot.

El trato se realizó.

A partir de 1933 comenzó la colaboración económica: se crearon dos compañías: la «Haavara Company», en Tel Aviv, y la «Paltreu», en Berlín.

El mecanismo de la operación era el siguiente: un judío que deseara emigrar tenía que depositar en la Wasserman Bank de Berlín, o en la Warburg Bank de Hamburgo, una suma por valor mínimo de 1.000 libras esterlinas. Con esta cantidad, los exportadores judíos podían adquirir mercancías alemanas con destino a Palestina, y pagaban el contravalor correspondiente en libras palestinas, a cuenta de la Haavara, en el Banco Anglo-palestino de Tel Aviv. Cuando el emigrante llegaba a Palestina, recibía el equivalente de la suma que había depositado en Alemania.

La operación eran beneficiosa para las dos partes: los nazis lograban así romper el bloqueo (los sionistas llegaron a vender productos alemanes incluso a Inglaterra); y los sionistas lle­varon a cabo una emigración «selectiva», tal y como la deseaban: sólo podían emigrar los millonarios (cuyos capitales permitían el desarrollo de la colonización sionista en Palestina). En conformidad con los objetivos del sionismo, era más importante salvar a los capitales judíos de la Alemania nazi, que permitían el desarrollo de su misión, que la vida de judíos miserables o ineptos para el trabajo o para la guerra, que se les  hubiera confiado.

El presidente de la Organización sionista mundial, Nahum Goldman, reconoce en su Autobiografía el error cometido por no haber apoyado el boicot económico:

«Si hubiésemos conseguido hacer surgir un eficaz boicot anti nazi, a que se hubieran decidido millones de judíos, prin­cipalmente los jefes del judaismo en América, en Inglaterra, y, en otros países, a ejercer plenamente su influencia contra el régimen nazi todavía débil, estoy convencido de que (sin poder­lo probar fehacientemente) millones de no judíos se hubieran unido a nosotros. La consecuencia no hubiera sido, quizá, la abrogación de las leyes contra los judíos, pero si una atenuación de las persecuciones contra los judíos, y, posiblemente, se hubiera logrado un acuerdo que permitiera la emigración de judíos alemanes y la transferencia de una parte importante de sus bienes» 2.

Recíprocamente, los nazis, en su odio total hacia los judíos, habían comprendido perfectamente que los dirigentes sionistas no eran el enemigo, ya que en ningún sitio organizaron una resistencia contra ellos, ni en Alemania, en donde su objetivo era reclutar —y lo veremos, con la crueldad de una selección darwiniana— a los elementos «más capacitados» para cons­truir en Palestina un Estado fuerte, ni tampoco en ningún país del mundo en el que trataran de disuadir a los judíos de que participasen en la lucha de los combatientes de la libertad en contra del nazismo.

Reinhardt Heydrich, que más tarde sería el «Protector» verdugo de Checoslovaquia, en el año 1935 escribía, siendo jefe de los Servicios de Seguridad S.S., en el órgano oficial de los S.S., «Das Schwarze Korps», un artículo sobre el «Enemigo invisible», en el cual hacía ciertas distinciones entre los judíos: «Tenemos que separar a los judíos en dos categorías: los sionistas y los partidarios de la asimilación. Los sionistas profe­san una concepción estrictamente racista, y, gracias a la emigración a Palestina, contribuyen a construir su propio Estado judío... Nuestros votos y nuestra buena voluntad oficial está con ellos» 3.

El rabino Stephen Wise, dirigente sionista, escribía, no sin angustia, en el periódico Bulletin du Congres, estas palabras: «El hitlerianismo es el nacionalismo de Satanás. La decisión de separar al cuerpo nacional alemán del elemento judío condujo a Hitler a descubrir su "parentesco" con el sionismo, el nacio­nalismo judío liberador. El sionismo, por tanto, se convirtió en el único partido legal alemán, además del partido nazi. Es una dolorosa distinción, para el sionismo, la de tener un lugar privi­legiado por los favores y prebendas de su correligionario sa­tánico» 4.

En virtud de este status privilegiado del sionismo en la Alemania nazi, la Gestapo de Baviera dirigía, el 28 de enero de 1935, a la policía esta circular: «Los miembros de la organi­zación sionista, por su actividad orientada hacia la emigración a Palestina, no tienen que ser tratados con el mismo rigor que es necesario hacia los miembros de organizaciones judías alemanas (asimilacionistas)» 5.

De este modo se perpetúan las relaciones entre los sionistas y los nazis, las relaciones entre Herzl y Von Plehve.

Notas
1 Lucy Davidovicz, The war against the Jews (1933-1945). Penguin books, 1977, pp. 231-232.
2 Nahum Goldman, Autobiographie. Ed. Fayard, traducción fran­cesa, 1971, p. 156
3 Hohne: Order. of the Death's Head, p. 333; y, también, Karl Schleunes, The twisted road to Auschwitz, pp. 193-194
4 Baál is not God. «Congress Bulletin», 24 de enero de 1936, p. 2
5 Kurt Grossmaan, Sionistes et non-sionistes sous la loi nazie dans les années 30, Herzl Yearbook, vol. VI, p. 340

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