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Anne-Mette Harder acompaña a las personas mayores que están esperando su hora final

15/08/2014 - Autor: Hasan Cucuk - Fuente: Revista Cascada
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Existe una dramática indiferencia de los miembros de la familia hacia las personas mayores...

Anne-Mette Harder es una enfermera danesa. Hay algo especial en ella que la diferencia de sus otros colegas: acompaña a las personas mayores que están esperando su hora final. La mayoría de los ancianos que esperan su muerte en los hospitales de Dinamarca desean estar en casa durante sus últimas horas. Sin embargo, este deseo no se cumple ya que por lo general no tienen a nadie que los cuide. Anne-Mette Harder, que perdió a su madre después de una larga enfermedad, se dio cuenta de esta necesidad en su país y estableció una compañía de salud privada con diez enfermeras más en el equipo. Ellas hacen compañía a los pacientes, les dan la mano y les leen la Biblia. El precio del calor de una mano en sus últimas horas es de 500 coronas danesas por hora.

A pesar de que el precio es alto y se trata de una compañía nueva, la demanda es bastante grande. Cada año mueren solas en Dinamarca un promedio de ocho mil personas. Cuando las personas mayores no tienen a nadie que llame a su puerta ni reciben la visita de algún miembro del personal sanitario, sus cuerpos se descubren días, semanas, y a veces hasta meses después de su muerte, y lo que anuncia su partida es o bien un buzón repleto hasta arriba, el sonido de las hambrientas mascotas que ha dejado o alguna otra señal. Si la persona fallecida tiene algún pariente, éste recibe la noticia de parte de los funcionarios.

Es necesario destacar en este punto que el problema no es específico de Dinamarca. Un breve vistazo a los informes de los diferentes países en los últimos años revela un panorama similar. Kenneth W. Wachter, Doctor en Filosofía por la Universidad de California, en Berkeley, estima que: «el número de los estadounidenses entre las edades de 70 y 85 años, sin cónyuge vivo, sin hijos biológicos o hijastros, y sin hermanos o hermanastros vivos, llegará a sumar un total de más de 2 millones de personas en el año 2030». El resultado de una investigación que apareció en The Guardian indica que: «En Inglaterra, mueren cada semana hasta 60 personas solas en sus hogares, sin amigos o familia que les ayuden u organicen sus funerales».

El verdadero problema no es sólo no tener parientes. Existe una dramática indiferencia de los miembros de la familia hacia las personas mayores, que no puede ser compensada por un servicio público por perfecto que éste sea. Muchos países desarrollados ofrecen lujosas residencias a enfermos terminales de la tercera edad, pero el aura cálida de una verdadera familia no puede ser sustituida. Respondiendo a una periodista que le pregunta por qué los familiares de los enfermos terminales les abandonan, Anne-Mette Harder dice: «Después de un largo período de enfermedad, la familia no puede ocuparse del paciente por más tiempo». Tratando de ofrecer una respuesta más satisfactoria, confiesa: «Incluso si el paciente es pariente suyo, la gente tiene miedo de visitar a una persona acostada en un hospital. Olvidan que la muerte les alcanzará también a ellos algún día, o tienen miedo de enfrentarse a la muerte. Ya que los vínculos familiares no son muy fuertes, incluso el cónyuge de una persona que sufre una enfermedad terminal acaba abandonando a su pareja en la mayoría de los casos», dice en alusión al ejemplo de la fallecida locutora de televisión Kamilla Bach Hansen, que murió a los 36 años de cáncer. Al principio, Hansen expresó que su mayor apoyo fue su marido, pero más tarde la abandonó cuando el curso de la enfermedad se volvió irreversible.

Harder continúa: «Como persona que ha pasado 20 años de su vida en los hospitales y rodeada de pacientes, admiro el cuidado que algunos grupos de inmigrantes les ofrecen a los pacientes. Cuando alguien cae enfermo, todos los conocidos corren al hospital. Al principio me parecía extraño que trajeran comida al propio hospital; después me enteré de que era una tradición, y lo apreciaba. Las visitas al hospital no son una formalidad, nunca dejan a los pacientes solos. Siempre vienen a visitarlos, a reconfortar su espíritu, y a rezar por ellos».

En los países donde las personas no se dedican a la crianza de sus hijos y donde las relaciones familiares son débiles, no será muy sorprendente que el número de estas compañías crezca.

El sacerdote Tove Fergo, ex ministro de las iglesias de Dinamarca, cree que su pueblo tiene mucho que aprender del otro en términos de amor familiar. Fergo completa sus palabras de la siguiente manera: «Esta gente siente un gran respeto por los padres y los ancianos de la familia. No dejan solos a los ancianos por su cuenta, y no pierden el contacto con sus familiares. Nosotros hacemos todo lo contrario. El concepto de familia está desapareciendo. Ellos deben ser un ejemplo para nosotros en cuanto a la vida familiar».

Dejando a un lado los complejos debates sobre tradición y modernidad, la primera y más importante cuestión aquí es lograr un cierto equilibrio y no perder los valores que nos hacen ser verdaderamente humanos. Algo profundo en cada uno de nosotros nos insta a algo más que girar la cabeza y olvidar el tema hasta que nos enfrentemos a la misma situación algún día. Un impulso hacia un significado más profundo... algo a lo que nos podamos referir, como alimento para la conciencia.

Hasan Cucuk es el representante de la agencia de noticias Cihan en Dinamarca.

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