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TUN: Tu Universidad de la Naturaleza

Hoy en día, muchos niños de primaria desconocen que la leche proviene de las vacas y que los huevos los ponen las gallinas

08/08/2014 - Autor: Kelli Angelone - Fuente: Revista Cascada
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Al salir al aire libre, hay más libertad, y todo el mundo se relaja, respira...

Hoy en día, muchos niños de primaria desconocen que la leche proviene de las vacas y que los huevos los ponen las gallinas, ya que creen que todo procede del frigorífico o de sus madres, que son las quienes los llevan a casa desde el coche. El Texas Nature Project (Proyecto Naturaleza) de Mason, en Texas, es un programa orientado a ayudar a estos estudiantes a desarrollar mejores relaciones con la naturaleza y a descubrir que la abundancia no proviene de la pequeña cocina de mamá, sino de la generosa cocina del Más Misericordioso y Proveedor, y que es tan amplia como la tierra. Desde que se instalara en un rancho de Northpoint, con una extensión aproximada de cuarenta hectáreas, en junio de 2006, el proyecto ha ofrecido in situ un programa práctico a más de 10.000 estudiantes universitarios y a sus familias, y, a través de un programa de divulgación, a más de 100.000 jóvenes texanos. La doctora Theisen ha publicado además un libro en sintonía con este proyecto: «The Thoughtful Child's Book of Rhymes with Reason» (Poesía de Jan Schultz, Ilustraciones de Sherra Theisen), que sirve de guía a los educadores, a la hora de ayudar a niños, de edades comprendidas entre los 3 y los 12 años aproximadamente, a superar los dilemas morales a los que ya se ven obligados a enfrentarse. El dinero recaudado con el libro se dona al programa del Texas Nature Project. Kelli Angelone entrevistó a la doctora Sherra Theisen acerca de este proyecto.

«Los robles siempre dan bellotas. ¿Cómo lo saben? No tienen que saberlo, ¡pero alguien lo sabe!», la doctora Sherra Theisen señala el paisaje situado a escasos cientos de metros de distancia. Las dos nos encontramos cómodamente sentadas en el porche de detrás de su enorme casa de campo en Mason, Texas, mientras que mi compañero de viaje se balancea en el columpio del jardín de la doctora Theisen y nuestros fotógrafos oscilan entre explorar el terreno y fotografiar nuestra conversación. Millie, la Beagle, duda entre quedarse sobre las rodillas de la doctora Theisen o continuar haciendo migas con los fotógrafos que deambulan por su jardín.

El jardín de Millie es lo suficiente grande para albergarnos a todos, ya que tiene una extensión de unas cuarenta hectáreas, pero a ella no le preocupa que aquellos jóvenes tan simpáticos puedan estropear el césped, dado que la mayor parte del «jardín» es una arboleda con rocas, un riachuelo, cactus e incluso una manada de ciervos que se dejan ver todas las tardes, justo por detrás de la valla que separa la casa de la naturaleza. La doctora Sherra Theisen, doctora en filosofía, es un ejército (pacifista), formado por una sola mujer, que ha sido enviado a la primera línea de batalla entre la comunidad y la apatía, entre la justicia y el caos.

Junto con la señora Jan Schultz, organizaron el Texas Nature Project en Mason, un programa a través del cual ayudan a alumnos de instituto y de universidad a entablar mejores relaciones con la naturaleza. Viven en una casa situada junto a los parajes naturales de Texas, e invitan a los estudiantes a visitar el lugar para que aprendan cosas acerca de la naturaleza y, ya de paso, sobre sí mismos. El Texas Nature Project surgió del Programa San Agustín, de la Universidad de Santo Tomás, en Houston, Texas. Tras diseñar e implementar el Programa San Agustín, cuyo objeto era dar a conocer a los estudiantes universitarios del primer año la naturaleza, Dios, la filosofía y el aprendizaje a través del servicio, Jan y la doctora Theisen se dieron cuenta de que podían ofrecer un programa más intensivo, dirigido a estudiantes de todas las edades. Por otro lado, tienen la esperanza de que el proyecto pueda computarse como créditos universitarios.

Como antigua alumna de la doctora Theisen, me encantó oírla hablar de su programa y de la filosofía que subyace en el mismo, la cual seguramente era similar a la del Programa San Agustín, aunque mucho más emocionante, debido al enclave en el que se encuentra. La Universidad de Santo Tomás está situada en el centro de Houston, Texas, un lugar que no es tan sorprendente y hermoso como el escenario que nos rodea en Mason.

K.A.: ¿Qué esperas que los estudiantes saquen en claro del proyecto en lo relativo al medioambiente?

— Doctora Theisen: ¿Podrías llegar a creer que no necesitamos a los árboles, que plantar árboles es una especie de lujo o algo propio de los niños? Más de un 50 % de los americanos viven en zonas urbanas, lo que quiere decir que no disfrutan de experiencias que para las personas de mi edad eran de lo más normal. Aunque no vivieses en el campo, siempre conocías a alguien que tenía una granja, donde pasabas algunos ratos aprendiendo a ordeñar y a recoger los huevos...

Hoy en día, muchos niños de primaria desconocen que la leche proviene de las vacas y los huevos de las gallinas. Creen que todo viene del frigorífico y, si no es de allí, ¿de dónde vino antes? De mamá. ¿Dónde lo consigue mamá? Lo trae del coche. En serio, esto es lo que digo cuando acudo al programa de divulgación del Texas Nature Project, para que los padres sean conscientes de que sus hijos no saben que ellos mismos son seres de la naturaleza y que su riqueza depende de la de todo el planeta.

En la actualidad, los americanos pasan un 4 % de su tiempo fuera de casa, y un 4 % en actividades al aire libre, ya que esto les aterroriza… Los niños viven en un mundo cada vez más bidimensional. Vayan donde vayan, disponen de ordenadores, tecnología, teléfonos móviles, juegos de vídeo y enormes pantallas de televisión, algo que puede provocar un efecto de distanciamiento, dado que lo que se aprende en el ordenador tiene que ver con selvas tropicales y cosas por el estilo, y que no tenemos poder alguno para introducir ningún cambio, por lo que puede resultar abrumador. Por esta razón nos centramos en la ética del lugar.

¿Quién va a querer salir de casa, siendo consciente de que el aire está contaminado y de que el agotamiento de la capa de ozono resulta peligroso?

— Eso puede hacerse, pero cuando tenemos miedo, éste proviene de lo que desconocemos, como, por ejemplo, lo sano que es estar al aire libre.
En la Universidad de Santo Tomás, una universidad católica, el objetivo consistió en tratar de conectar y educar a las personas integralmente y, en consecuencia, el Programa San Agustín, del que formaste parte, compartió ese mismo objetivo. Éramos conscientes de que todo se encuentra integrado, de que ser un ser humano equivale a una realidad de una complejidad increíble, que es un todo que tiene una relación intrínseca consigo mismo, con los demás, con la naturaleza y con Dios, y resaltamos todos estos aspectos en las lecturas, pero también en el servicio.

Lo que descubrimos una y otra vez fue que las experiencias en la naturaleza son las más poderosas y eficaces para todo el mundo, y que es ahí donde uno se encuentra consigo mismo. De repente, en lugar de mostrarse demasiado egocéntricos, los estudiantes eran conscientes de que existía algo superior a ellos mismos, sobre lo que no tenían control alguno. Se toparon con el mundo, con el universo en toda su amplitud. Aprendieron, además, que la humildad les permite descubrir quiénes son con respecto al resto del universo, y la necesidad de los demás.

Tras un acto de creatividad comunitaria, en el que verdaderamente se conoce la tierra y se conversa con ella, trabajando en equipo, los estudiantes comienzan a ver a Dios en la amplitud, la belleza y el orden, en la determinación, la inteligencia… la evidencia de ello es abrumadora. Desde un punto de vista filosófico equivale al punto de vista de Santo Tomás, cuando afirma: «Es imposible negar la existencia de Dios, si prestamos atención». «Existe este mundo, yo no lo creé, no puedo, apenas lo entiendo, pero alguien lo hizo, y es un ser superior a mí». Y esto nos remite a la Divinidad.

¿Cómo se dirige el programa? ¿Por qué se localiza en Mason, Texas?

— Tras cuatro años de experiencia, el Programa San Agustín tuvo un éxito increíble, y lo continúa teniendo: personas como tú siguen viniendo. Hemos establecido amistades y asociaciones duraderas, y la vida de las personas se han convertido en vidas de servicio. Lo que decidimos fue llevar a cabo aquel mismo programa de una forma más orientada, seria e intensiva.

Jan fue una de las creadoras de dicho programa y, a continuación, se convirtió en una de las directoras. Su labor es más administrativa y tiene más que ver con la formación de los alumnos, y la mía es más académica y puede que esté más relacionada con los servicios. Y así nació el Texas Nature Project.

Deseamos que se extienda a todos los alumnos universitarios de Texas, y no sólo a los de esta universidad, queremos llevarlo a cabo durante todo el año y poder presentarlo en todas las carreras universitarias, lo cual es algo que nos parece de vital importancia. No lo delegamos en los expertos, ya que sabemos que existe determinación en todos y cada uno de los seres humanos. Si no necesitáramos siete mil millones de personas, no estaríamos aquí.

¿Esperas atraer también a personas de diferentes credos y culturas con el Texas Nature Project, del mismo modo que se hizo en el Programa San Agustín?

— Se trata de compartir experiencias de… bueno…, sólo existe un único planeta (risas). Compartir nuestra humanidad, compartir el planeta y relajarnos en la naturaleza es otra de las cosas bonitas, y toda estructura arquitectónica nos inculca cultura de alguna manera, ¿no? Todos presuponemos cosas acerca de las actividades más adecuadas en función de un determinado lugar. Al salir al aire libre, hay más libertad, y todo el mundo se relaja, respira y puede entrar en calor, además es un lugar donde es posible compartirlo todo de forma sana y segura.

¿Qué papel desempeña la ciencia en tu plan de estudios?

— La ciencia desempeña un papel muy importante. Volvemos a trabajar desde un enfoque transdisciplinar o, mejor dicho, interdisciplinar, aunque, a menudo, el concepto de interdisciplinariedad equivale a pensar que quizá uno pueda conectar 3 o 4 disciplinas distintas, pero lo que queremos decir con transdisciplinar es (y yo no acuñé el término, fue Vartan Gregorian, fue presidente de la Fundación Carnegie) que sabemos que todo se encuentra interconectado.

No obstante, la educación ha llegado a dividirse en tantas especialidades y sub-especialidades que, en la práctica, se encuentra cada vez más fragmentada, y si alguien quiere especializarse en biología, ya ni siquiera podrá hacerlo, ya que deberá elegir entre microbiología, macrobiología o biología de las plantas.

Eso lo comprobé yo misma durante mi carrera.

— Sí, y lo que se necesita en la actualidad es un especialista cuya especialidad sea ser generalista. Eso es lo que siempre ha sido un filósofo, de la forma más natural. Sin embargo, lo que se hace ahora es especializarse en las conexiones.

A nivel científico, trabajamos conjuntamente con la Autoridad del Río Bajo Colorado (LCRA, por sus siglas en inglés), analizando el agua del Río Llano una vez al mes, de manera que disponemos en esta propiedad de un manantial real y de dos arroyos de carácter estacional, que surten al Arroyo Comanche y éste al Río Llano, que a su vez nutre al Río Colorado, lo que significa que suministramos agua a millones de personas en Texas.

Así se logra una visión global, la forma en que la tierra filtra el agua que beben las personas a cientos de kilómetros de distancia. De esta forma, se observa la interconexión, en lugar de asistir a una mera clase de química, en la que se analiza una muestra recogida de cualquier sitio.

¿En qué otros filósofos importantes, o fundadores, pensadores, no necesariamente filósofos, te has inspirado para este programa?

— En cierta forma, lo que hacemos no es nuevo. Un filósofo de occidente, hasta cierto punto influyente, Platón, lo dice con una sonrisa en La República, su obra más madura, afirma, «La educación comienza al nacer, y lo hace con una noble mentira, que es ésta: La tierra es tu madre. Y el resto de tu educación formal, hasta que cumples 35, o 50, si lo que pretendes es ser un líder, estará basada en eso: La tierra es tu madre».

Es noble porque, si no la entendemos, no viviremos de la forma adecuada, ni seremos capaces de defender y proteger a la madre tierra, ¿verdad? Así que, nos hacemos nobles al reconocer que la tierra es nuestra madre. Se trata de una mentira, porque la tierra no es nuestra madre biológica y, por supuesto, todos tenemos una; sin embargo, la tierra es la mejor de las madres, ya que nos provee de alimento y refugio a lo largo de toda nuestra vida, algo que una madre biológica no puede hacer.

Hasta los siglos XVI y XVII, todo aquel que acudía a la universidad era filósofo, dado que tenía que saber de todo. Para poder contestar a cualquier pregunta, uno debe tener un punto de vista general para saber de qué forma encaja su especialidad. Todo era filosofía, por eso en inglés la abreviatura para el término doctor sigue incluyendo las iniciales «Ph.» de la palabra filosofía en inglés (Philosophy). Y aunque haya sido así durante los últimos 400 años, hoy en día, con tantas especializaciones y sub-especializaciones, no logran lo que necesitan, un punto de vista más amplio, a pesar de que su título siga incluyendo las letras «Ph.». Por tanto, el economista puede llegar a ser doctor, pero no logrará este punto de vista más amplio que necesita, al igual que le ocurrirá a un estudiante de doctorado en biología, al estar concentrado únicamente en su propia especialidad.

¿Es necesaria entonces una conexión con un enfoque más general?

— Asiente con la cabeza Nuestro programa es integrador y transdisciplinar, pero no sólo integra disciplinas, sino también teoría y práctica. Tratamos de vincular el aprendizaje con la vida, así que conectamos a personas entre sí, así como con sus comunidades, para que aprendan de los otros y de la vida, pero no sólo de la vida práctica y teórica, sino de la vida cotidiana. Seguro que sabes que el aprendizaje a través de servicios es un concepto relativamente nuevo, puede que lleve una década en las universidades, porque los estudiantes no paraban de quejarse de que su educación les parecía irrelevante.

En cuanto se licenciaban, no entendían por qué habían invertido tanto tiempo para conseguir un pedazo de papel, ni sabían cómo conectarlo a sus vidas. Uno ha de ser más prudente, no sólo a la hora de hablar acerca de cómo conectarlo, sino también al mostrárselo a los demás día a día. En eso consistía el Programa San Agustín, en que, en el día a día, una comunidad de investigación, educación y discusión, encontrara las conexiones. «Interdisciplinar» a la hora de buscar las interconexiones, pero al final se logra una visión universal, con la que siempre sabes la forma de integrar. Así que la ética del lugar es: ¿cómo vivo partiendo de la base de que este es mi ecosistema?

Entonces, ¿existe una conexión inherente entre la filosofía y las ciencias ambientales?

— Por supuesto. La principal preocupación de la filosofía y de los filósofos es la justicia. La justicia equivale a lograr lo mejor para todo y para todos, sin embargo, siempre tratamos de salvar distancias, aunque éstas no existan. Nuestro hogar es un lugar único. ¿Se trata de encontrar cuál es la forma correcta de vivir? ¿Cuál es el camino adecuado? Una forma que resulte útil, y no «la correcta» en un sentido dictatorial, pero entonces ¿qué forma de vivir resulta útil para los seres humanos? Aquella en la que uno se esfuerza en hacer el bien al prójimo, porque lo que se hace a los demás revierte sobre uno mismo.

Si desea más información acerca del programa sin ánimo de lucro Texas Nature Project, visite la página: www.texasnatureproject.org. La página web contiene información relativa al plan de estudios del programa, así como los datos de contacto de la doctora Sherra Theisen y de la co-fundadora, Jan Schulz. En la actualidad, el Texas Nature Project acepta donaciones a través de su página, a fin de promover sus objetivos: la educación en la naturaleza y la participación de las comunidades.

Kelli Angelone es una antigua alumna de la Doctora Theisen. En la actualidad, trabaja en un proyecto de planificación de la calidad del aire en el área de Houston, gestionando subvenciones y llevando a cabo programas de divulgación. Kelli está realizando además un máster de humanidades en inglés en la Universidad de Santo Tomás, donde obtuvo una licenciatura en estudios medioambientales y cursó asignaturas secundarias de escritura creativa y filosofía.

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