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Un breve análisis sobre las promesas, los votos y los juramentos en el Islam

29/06/2014 - Autor: Moámmer al-Muháyir
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Las promesas en las súplicas

El Profeta Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) reprobó el hacer votos, juramentos y promesas, y dijo: «Las promesas no cambian, aceleran, ni postergan el destino; sólo fuerzan a hacer algo a la persona mezquina e ingrata» (Sahih Muslim, #1640).

Se refiere particularmente a aquellas personas que le prometen a Dios cosas como: «Dios mío, si haces que suceda tal cosa, haré tal otra», como por ejemplo: «Si haces que mi hijo se cure, ayunaré tantos días».

Lo que nos está enseñando aquí el Profeta (P y B) con esto son dos cosas:

Primero, Dios no es coaccionable. No se pueden poner condiciones a Dios, y no hay nada que Dios necesite de nosotros ni de nadie en la creación. Muy por el contrario, somos nosotros los que necesitamos de Él, y todo lo que Dios nos ha encomendado en el Islam es por nuestro propio bien, a Dios no le perjudica ni le beneficia en nada lo que hagamos. Él es Eterno, Autosuficiente. Por lo tanto, esta no es la forma ni la actitud correcta para pedirle algo a Dios, sino la súplica y la oración con humildad, y las buenas obras, que es lo que a Él le agrada y lo que nos atraerá Sus favores.

Segundo, las buenas obras o actos de culto extras que el creyente pueda hacer, debe hacerlos sin pedir nada a cambio mientras tenga salud, como corresponde a quien de verdad ama a Dios y es consciente de que Sus bendiciones son inmensas e incalculables, ya que no es posible agradecerle lo suficiente, sin importar lo que hagamos.

Explicado en términos no religiosos, para que se entienda mejor, el escritor inglés Rudyard Kipling escribió: «La vida siempre te da mucho más espectáculo del que podrías pagar». Esto es algo tan sensato que no hace falta ser creyente para darse cuenta de ello.

Incluso, otro reporte encontrado en Sahih Al-Bujari y Sahih Muslim afirma que el hacer demasiadas promesas y juramentos es una de las cualidades de los hipócritas, de aquellos que no se toman en serio su palabra. 

Esto no significa que las promesas a Dios estén prohibidas. Hay muchos versos del Corán que relatan la historia de personas piadosas que hicieron promesas a Dios, pero Dios no elogió en ellos la promesa en sí, sino su cumplimiento. Cumplir con la palabra dada sigue siendo uno de los deberes obligatorios para el creyente y para toda persona de honor. Dios dijo (traducción del significado):

«…una fuente de la que beberán los siervos de Dios, y que verán manar en caudal abundante. Los que cumplen sus juramentos, temen un Día cuyo mal se extenderá por todas partes, y proveen de alimento al necesitado, al huérfano y al cautivo, diciendo, en sus corazones: “¡Os damos de comer sólo por amor a Dios: no queremos de vosotros recompensa ni gratitud"» (Corán, 76:7-9). 

Por lo tanto, si alguien prometió que iba a hacer algo, debe cumplir, siempre y cuando lo que prometió sea lícito para Dios. La única forma de escapar a eso mediante una expiación es que realmente no pueda, que no tenga la capacidad física y material. Si puede cumplirla, debe hacerlo, no importa cuán difícil sea. Toda promesa, voto o juramento, implica imponerse un compromiso. La pregunta es: ¿es realmente imprescindible este compromiso para hacer una buena obra y mostrar agradecimiento a Dios?

En el reporte auténtico antes mencionado, el Profeta Muhámmad (P y B ) califica como «mezquino» a quien dice que «si se cumple tal cosa, haré tal otra», y hay otros reportes que indican algo similar, por lo que muchos sabios han sacado la conclusión de que hacer votos y jurar no es la actitud ideal para el creyente (ihsán), y no es algo recomendable. 

Ahora, hay un problema recurrente con los reportes proféticos, que los musulmanes en general atendemos poco, y es el contexto exacto. Existe la posibilidad de que este reporte se refiera a un contexto o situación particular levemente diferente del que aparece en algunos versos del Corán como el que vimos. Si aparece una evidencia que indica esto, eso debe considerarse. Mientras tanto, la forma más razonable de conciliar los reportes y versos existentes sobre este tópico, como dijimos, es que los votos y las promesas son lícitos y una forma aceptable de relación con Dios, pero que no son algo recomendable, entre otras razones, porque implican echarse encima una carga que luego ha de cumplirse con el riesgo que ello implica; porque no tienen ningún efecto sobre el destino, y porque lo que se pueda cumplir bajo juramento, también se podrá cumplir con agradecimiento y de buena gana, sin juramento alguno.

Hay otro problema básico con las promesas y juramentos, y es que su proposición misma va en contra de la prudencia que Dios nos ha encomendado en otro famoso verso cuando dice:

«Y no digan acerca de algo: "¡Ciertamente lo haré mañana!". Salvo que agreguen: "¡Si Dios quiere!" Y si te olvidas, di: "Señor mío facilítame los medios para poder hacerlo…» (Corán, 18:23-24).

Es decir, «prometer» o «jurar» implica asegurar sin dejar espacio a la duda, y la verdad es que nadie puede asegurar que hará tal o cual cosa, porque desconoce el futuro. Si una promesa o juramento no tiene esta redacción de asegurar algo más allá de toda duda, entonces pierde en alguna medida su esencia o su valor como tal, su significado. Luego, cualquier dificultad que surja para cumplir la promesa puede ser interpretada tanto por la persona que hizo la promesa como por otras, como que 'Dios no quiso', y es algo difícil establecer ese límite con claridad. Esto podría dar lugar a muchísimas discusiones entre la gente.

En conclusión, observando los dos extremos de este asunto, si jurar demasiado y con facilidad es algo unánimemente reprobable según los sabios y un signo de hipocresía y, por otro lado, se puede vivir, adorar a Dios y cumplir perfectamente con nuestras obligaciones sin jurar ni hacer promesas, la conclusión general es que las promesas son desaconsejables (makruh), e incluso a menudo constituyen una forma de ceder ante la extrema vacilación de una persona insegura y de poca fe, seamos nosotros esa persona insegura u otra que nos demanda promesas para concedernos algo de credibilidad.

Y más nos vale complacer a Dios y no a la gente proclive a la duda y la sospecha.

Todo esto se aplica a las promesas y juramentos sobre realizar algo en el futuro. Con respecto a jurar sobre el pasado, por ejemplo si una persona dice: «Te juro que sucedió así, yo estuve presente», no hay nada de malo en esto. Hay una diferencia enorme entre decir: «Te juro que haré tal cosa», y decir «Te juro que sucedió tal cosa», porque el pasado es algo seguro, que no se puede cambiar. En el caso del testimonio, especialmente si se trata de un testimonio sobre un asunto importante, el juramento es algo recomendable si uno está seguro de lo que presenció, e incluso puede ser algo requerido en la ley islámica, por ejemplo, ante un juez.

Por último, cabe recordar que en el islam no es aceptable jamás prometer, hacer un voto o jurar por nada excepto por Dios. Las promesas del estilo «Te juro por mi hijo», «Te juro por mi madre», «Si no que me parta un rayo», o incluso «Te lo juro por mi alma», y afirmaciones por el estilo, constituyen claros actos de idolatría (shirk), y no sólo son promesas inválidas, sino que, además, son una ofensa contra Dios. Esto es algo sobre lo cual hay consenso entre los sabios del islam.

Y Dios sabe mejor.

 

Mo'ámmer al-Muháyir.

Se permite su reproducción total citando al autor, bajo licencia de Creative Commons, 2014.


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2 Comentarios

Jorge Ayllonnava dijo el 01/07/2014 a las 22:34h:

Si en el A.T. de la biblia cristiana, vemos algo similar cuando jacab chantajea a Dios veamos el libro de Génesis 28,20-22 E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir,y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios. Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti. Aquí surge una pregunta ¿Puede el hombre poner condiciones a Dios? otra pregunta ¿Podrá Dios someterse a la voluntad del hombre? es decir ¿Dios estará sometiéndose al hombre? Ciertamente estas preguntas tienen una respuesta negativo. Porque simplemente Dios ya no sería Dios, solo sería un servidor del hombre, muy parecido al genio de la lámpara de Aladino.

Moámmer Al Muháyir dijo el 02/07/2014 a las 22:56h:

Tal cual, completamente de acuerdo. Así y todo, no me extraña pensar que Dios acepta formas de relación que el ser humano le propone a pesar de su ignorancia. Caso contrario, deberíamos creer que, exceptuando un pequeño grupo de musulmanes, las obras del resto de la humanidad serían rechazadas de plano, cuando el Mensajero de Dios (P y B) nos ha dejado en claro que las obras valen por su intención. Para explicar exactamente qué quiero decir, y qué no quiero decir, pongamos el ejemplo de un niño, que hace a su padre una propuesta en la cual altera el orden de la jerarquía. La prioridad del padre es educarlo, no exterminarlo ante cualquier error o falta en la consideración. Si así es la misericordia de los padres, más aún creo ha de ser la de Dios.


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