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Espiritualidad y aplazamiento de la gratificación

Vivimos en un mundo en el que todo cambia muy rápidamente: en todo el mundo domina la inmediatez

27/06/2014 - Autor: Zekeriya Ozsoy - Fuente: Revista Cascada
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La capacidad de posponer la gratificación indica un potencial especial para decidir.

Vivimos en un mundo en el que todo cambia muy rápidamente: en todo el mundo domina la inmediatez. Las industrias quieren producir más bienes en un tiempo más corto, e intentan entregar sus productos lo antes posible; los jóvenes aspiran a hacerse ricos más pronto y la gente escoge el medio más rápido para llegar a su destino. Dado que todo ocurre lo antes posible, la impaciencia se ha convertido en parte de la cultura popular. Basta con echar un vistazo a estos eslóganes y dichos populares: «¡Hazlo, sin más!», «¡Consíguelo ya!», «¡Satisfacción inmediata!» o «¡Compre ahora!». A pesar de todos estos incentivos externos que priorizan la inmediatez, los seres humanos tenemos una personalidad y carácter que se mantiene relativamente estable al margen de las influencias del entorno. Los psicólogos tratan de hallar señales fiables que ofrezcan información sobre el futuro, que apunten a formas posibles de mejorar la calidad de nuestras vidas.

La gente con distintos rasgos de personalidad responden de forma diferente a las incitaciones que provocan urgencia. Un rasgo crítico al que habría que prestar especial atención es el aplazamiento de la gratificación. El aplazamiento de la gratificación es un concepto interesante porque está conectado con muchas otras ideas ampliamente aceptadas por la psicología. Sigmund Freud (1856-1939), por ejemplo, conceptualiza la personalidad humana situándola bajo la influencia del id, que representa las necesidades y deseos humanos, y del superego, que encarna las restricciones sociales que influencian al id. El ego representa el mecanismo que los gobierna a los dos, a fin de mantener la salud psicológica. Dado que los rasgos de personalidad son relativamente estables, podemos predecir la conducta y el carácter de un individuo desde una edad temprana.

La capacidad de posponer la gratificación indica un potencial especial para decidir qué es bueno para uno a corto y a largo plazo, algo que resulta fundamental para el auto-gobierno. Tenemos pruebas empíricas que demuestran que el aplazamiento de la gratificación va asociado a una mayor inteligencia, capacidad de resistir la tentación, mayor responsabilidad social y lealtad a los compromisos. (Véase Mischel, Shoda & Rodríguez, 1989). Algunos problemas sociales contemporáneos, como los trastornos dietéticos, el abuso de drogas y alcohol, las conductas impulsivas y agresivas y los trastornos de la conducta subrayan la función central del aplazamiento de la gratificación para conseguir una vida sana, equilibrada y exitosa. Resistir y posponer las tentaciones se considera un signo de «fortaleza del ego» y de «control de los impulsos», mientras que la incapacidad para ello es vista como un factor subyacente en la psicopatología. (Mowrer & Ullman, 1945)

En un estudio realizado con cuarenta y dos alumnos de sexto grado, los investigadores pidieron a los niños que realizaran una tarea: disparar un pistola de rayos en un juego. La tarea servía para medir la tentación y permitía a los observadores juzgar si los niños obedecían las reglas del juego o hacían trampas. Diseñaron el juego de tal forma que el niño perdiera a menos que hiciera trampas y violara las reglas del juego. En este sentido, el juego creaba un doble conflicto de acercamiento-exclusión, pues los niños deseaban ganar (avance) y tenían que obedecer las reglas (retroceso). Después de prometerles diversas recompensas (insignias de tirador, francotirador o experto) según los resultados que obtuviesen en el juego, el supervisor salía de la habitación para dejar que los niños se comportaran con naturalidad. Se esperaba que los niños más motivados violaran las reglas para conseguir la gratificación y aquellos menos capaces de posponer la gratificación resistieran peor la tentación. Existían 17 elementos para evaluar el aplazamiento de la gratificación, cada uno de los cuales requería escoger entre una recompensa menor/menos valiosa pero inmediata o un elemento mayor/más valioso más tarde. Por ejemplo, se les daba a elegir entre «un pequeño cuaderno ahora u otro más grande una semana después». Los resultados fueron sorprendentes: Los tramposos tendían a ser incapaces de postergar la gratificación y pedían las recompensas inmediatamente, al contrario que aquellos que eran lo bastante pacientes como para esperar por la recompensa mejor. Los que eran capaces de posponer la gratificación (y que escogieron una recompensa más valiosa para más adelante) tardaron más en empezar a hacer trampas que aquellos de sus compañeros que reclamaban recompensas inmediatas. Asimismo, los más exitosos en el juego tendían a posponer la recompensa, a fin de conseguir un premio mejor que aquellos que obtuvieron peores resultados.

En su seguimiento del progreso de estos alumnos, Shoda, Mischel y Peake (1990) recopilaron sus notas en el SAT (Pruebas de Aptitud Escolar), como una indicación de su aptitud académica y cognitiva, junto con la valoración de los padres de aquellos niños que más habían diferido en sus respuestas a la gratificación diez años antes. Los investigadores hallaron que los adolescentes que obtuvieron mejores calificaciones en las Pruebas de Aptitud Escolar tendían a esperar más por la gratificación. Asimismo, manejaron mejor la frustración y la ansiedad durante la adolescencia. Esta conclusión se ha visto confirmada también en estudios más recientes. (Ayduk, 1999)

La capacidad para posponer la gratificación es mucho más que un rasgo de la personalidad. Mischel (1961) investigó la relación entre la responsabilidad social y el aplaza-miento de la gratificación. Esto es muy significativo, pues la gente que es capaz de dar precedencia al bienestar de otros antes que a sus propios intereses pueden mostrar altruismo y ser socialmente responsables. Como era de esperar, los niños que escogieron la recompensa postergada eran más responsables socialmente que aquellos que escogieron la recompensa inmediata. De igual manera, la proporción de niños que prefirieron la recompensa postergada era mayor en el grupo de no-delincuentes que en el grupo de delincuentes.

En un estudio reciente, Wulfert y otros (2002), investigaron la posibilidad de usar el aplazamiento de la gratificación como indicador de la auto-regulación en los adolescentes. A los adolescentes invitados a participar en el estudio se les ofreció una pequeña remuneración inmediata u otra más cuantiosa por participar durante una semana. Se comparó a dos grupos de alumnos en términos de uso de cigarrillos, alcohol y marihuana, y también de su auto-estima y logros académicos. Los resultados fueron interesantes: los adolescentes que escogieron la recompensa inmediata, los que no consiguieron aplazar la gratificación, eran los que más consumían cigarrillos, alcohol y marihuana. Asimismo, tenían un concepto más bajo de sí mismos y resultados académicos menos brillantes.

Como ocurre con otros conceptos psicológicos, el aplazamiento de la gratificación guarda también una fuerte relación con la religión y sus principios básicos. Por ejemplo, en las tres religiones monoteístas existe la promesa de una vida en el Más Allá para cada ser humano. A quienes evitan los aspectos seductores de esta vida se les promete el Paraíso, descrito con atractivos que superan cualquier cosa comparable de esta vida. Dios pide a los seres humanos que se refrenen en esta vida ante los actos pasajeros y prohibidos a cambio de una vida eterna en donde disfrutarán de goces extraordinarios, como a niños a los que se promete un caramelo mejor o juguetes mayores y mejores si tienen paciencia. Así, aquella gente que es paciente y capaz de postergar su gratificación aceptará de buen grado las limitaciones y ordenanzas de la religión. Los beneficios terrenales representan las recompensas inmediatas, mientras que las respuestas postergadas pueden ser asociadas a los beneficios en la otra vida. De esta forma, todo el mundo opta de alguna manera por uno de los dos. Es posible, por consiguiente, aducir que la capacidad de aplazar la gratificación es un signo fiable para predecir la religiosidad de un individuo.

Las diferentes religiones subrayan la importancia del aplazamiento de la gratificación. Vemos una conexión clara entre el aplazamiento de la gratificación y la inteligencia o capacidad cognitiva en varios versículos del Corán: «Y la vida presente de este mundo no es nada más que disfrute y distracción y es mejor la morada del Más Allá para aquellos que se apartan de la desobediencia a Dios con veneración a Él y piedad. ¿Acaso no vais, pues, a comprender y razonar?» (6:32); «Con todo, la recompensa del Más Allá es sin duda mejor para aquellos que creen y se apartan de la desobediencia de Dios con veneración a Él y piedad.» (12:57); y «... Aquellos que son pacientes (perseverando en la adversidad, venerando a Dios, y absteniéndose de los pecados) sin duda recibirán su recompensa sin medida» (39:10). En la Biblia, es subrayada la felicidad en el Más Allá y ensalzada la paciencia: «Los que siembran con lágrimas cosechan entre cánticos.» (Salmos, 126); o «Nos gloriamos hasta en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación engendra la paciencia; la paciencia, virtud probada; y la virtud probada, esperanza.» (Romanos, 5)

Es importante también señalar que las religiones no se ocupan sólo del Más Allá. Regulan cada momento de nuestras vidas y guían a la gente a conducirse de una determinada forma. Por tanto, los principios religiosos aumentan la calidad de vida. La contribución del aplazamiento de la gratificación a la calidad de vida es algo que debe ser tenido en cuenta. Una educación religiosa en la escuela o en la familia durante los primeros años de la vida puede educar a los individuos a postergar sus deseos y su gratificación hacia metas a largo plazo, contribuyendo a que lleven vidas equilibradas y sanas. La educación religiosa enseña la paciencia y la resistencia frente a los placeres mundanos extravagantes, estimulando el sacrificio y la dedicación en este mundo a lograr una vida mejor después de la muerte. Con esa disciplina, la gente será capaz también de organizar su vida más eficazmente, porque los beneficios a largo plazo en la vida terrenal sólo se adquieren si uno invierte en ello tiempo, esfuerzo y energía.

La importancia del aplazamiento de la gratificación se hace más evidente cuando vemos los escándalos en las vidas de personas eminentes que han alcanzado el éxito en las artes, las ciencias, el deporte o la política. Dichas personas no han conseguido posponer algunos de sus deseos y su gratificación inmediata. Desde otro punto de vista, aunque han logrado la libertad económica y social, han perdido su libertad interior al convertirse en sujetos pasivos de sus instintos y deseos. Tras siglos de esclavitud física, que ha beneficiado a ciertas clases a expensas de otras, el mundo moderno ha creado una nueva forma de esclavitud que enfrenta a la mente y a la razón de los hombres con sus instintos. En este sistema, los parques de diversiones, la adicción a las drogas, el adulterio, la violencia y otras muchas fuentes de satisfacción han alcanzado gran valor: la gente sencillamente se ha hecho adicta y exige gratificación. Esta clase de esclavitud no es menos peligrosa que la esclavitud tradicional: los «esclavos» modernos parecen contentos de su condición y exigen aún más. En estas circunstancias, la gente tiende a pasar menos tiempo pensando, razonando, sintiendo y comprendiéndose a sí mismos, a su entorno y a los demás.

El aplazamiento de la gratificación permite a la gente moderna administrar su tiempo, sus metas, tareas y responsabilidades, todas las cuales son llaves del éxito. La gente que resiste sus deseos tiene verdadera libertad y consiguen dar sentido real a sus vidas. Esto permite realmente que los individuos tengan control sobre sí mismos, y puedan dirigir sus vidas. Desde este punto de vista, el aplazamiento de la gratificación, como atributo psicológico de la personalidad y también como medio de instrucción religiosa, demuestra ser un principio esencial de la felicidad en este mundo y en el otro.

Referencias
Ayduk, O. N. (1999). Impact of Self-Control Strategies on the Link Between Rejection Sensitivity and Hostility: Risk Negotiation Through Strategic Control, Tesis doctoral no publicada, Columbia University, Nueva York.
Freud, S. & Strachey, J. (1949/1989). An outline of psychoanalysis. Nueva York, NY: W. W. Norton & Company.
Mischel, W., Shoda, Y., & Rodriguez, M. L. (1989). Delay of gratification in children. Revista «Science», 244, 933-938.
Mischel, W. (1961). Delay of gratification, need for achievement and acquiescence in another culture. Journal of Abnormal and Social Psychology, 62, 543-552.
Shoda, Y., Mischel, W., & Peake, P. K. (1990). Predicting adolescent cognitive and social competence from preschool delay of gratification: Identifying diagnostic conditions. Developmental Psychology, 26, 978-986.
Wulfert, E., Block, J. A., Santa Ana, E., Rodriguez, M. L., Colsman, M. (2002). Delay of gratification: Impulsive choices and problem behaviors in early and late adolescence. Journal of Personality, 70, 533-552.

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