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Autorización divina y secreto

El que ha recibido el sirr, ha recibido la semilla de santidad

09/06/2014 - Autor: Tariqa Qadiriyya - Fuente: www.sufismo.org
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Todo empieza por un acto de entrega, y por ese hecho recibimos.
Todo empieza por un acto de entrega, y por ese hecho recibimos

Podemos abordar la educación espiritual de la vía bajo varias perspectivas y evocar especialmente el papel que desempeñan los discípulos unos con otros, y el lugar que ocupa la fuente espiritual, es decir el guía. Una vía no es nada más que una comunidad espiritual: cada uno recibe y cada uno da. Más recibimos y más damos, y más damos, más recibimos: "Da lo que tienes en el bolsillo, Dios te dará lo que aún esta en el misterio". Todo empieza por un acto de entrega, y por ese hecho recibimos.

En una comunidad espiritual, las actividades de cada uno es una forma de entrega, de don. Es preciso tomar conciencia de eso y evitar decir: "Solo podré ser útil a los demás cuando haya recibido lo suficiente". Eso es un escollo, porque es dando que nos predisponemos a recibir. Así algunas personas, por exceso de modestia, pero también por una mala orientación, se confinan en una especie de pasividad y piensan que deben esperar una cierta madurez interior antes de emprender una acción cualquiera.

Podemos esperar mucho, porque jamás estamos lo suficientemente maduros. En una vía espiritual, estamos siempre en perpetua evolución y un juicio de esas características es una barrera, ¿cuándo podemos verdaderamente decir que estamos maduros? Debemos por lo tanto, de múltiples maneras, ponernos al servicio de los demás respetando las reglas del juego de la vida comunitaria. ¿A fin de cuenta, cual es el interés de una vía espiritual? Es una comunidad, que como meta se propone crear las mejores condiciones posibles para que tenga lugar un trabajo espiritual, recorrer un camino. En consecuencia, todo debiera estar organizado para ese objetivo.

También hay lo que constituye la razón de ser fundamental de una comunidad, la que de alguna manera es su corazón latiente: el ser realizado, que tiene como vocación transmitir un mensaje - no por voluntad propia sino por mandato divino. Este ser despierto, el guía, transmite un influjo, una energía espiritual llamada sirr, que literalmente significa, el secreto. El guía ha alcanzado un grado tal de realización espiritual y unión, que recibe ese secreto divino y con él la autorización (idhn) de difundirlo. Son muchos los santos que recibieron el secreto del conocimiento pero sin estar autorizados a difundirlo. La mayoría de ello nos son desconocidos y aún si los encontrásemos y nos sentásemos a su lado, no sabríamos nada de ellos. A menos de estar en el mismo estado de conciencia que ellos no podríamos detectarles. Los que como nuestro guía ha sido designado para transmitir el secreto, tienen una pesada carga. Pero están asistidos en sus enseñanzas, existe una protección inherente y una asistencia a la trasmisión de ese secreto. Éste también es el papel de los profetas, pero con funciones más amplias, como el establecimiento de leyes sagradas, reglas sociales y ritos. A parte de esa función especifica de los profetas, también hay la transmisión del conocimiento que sé perpetua a través de los santos, los guías espirituales que recibieron un idhn (una autorización espiritual) más o menos condicionada o limitada.

Algunos santos pueden transmitir un conocimiento sin darse a conocer: se les tiene entonces que descubrir, como en el caso de Sidi Abû Madyan, el maestro de nuestro maestro. Vivió en una época carente de santos, de maestros manifestados, de quien recibir una enseñanza. En su búsqueda de un maestro, encontró muchos otros, y a veces en circunstancias muy difíciles. Después de muchas peregrinaciones descubrió que aquél que iba ha convertirse en su maestro no era otro que su propio vecino que hacia 18 años que vivía al lado de su casa. Más tarde comentó: "¡Lo podía haber pensado de cualquiera, menos de él! Era la ultima persona a quien le hubiera preguntado un consejo sobre la religión, me parecía un perfecto inculto" ¡No solo parecía inculto, pero además tenia reputación de bufón! Sidi Abû Madyan, jamás imagino buscar la compañía de un hombre que invitaba a los notables de la ciudad, les hacia el té y les contaba historias cómicas, por lo menos es difícil imaginar que en esa persona se pueda encontrar algún conocimiento de Dios. En realidad era un malâmati, un hombre realizado que se disimulaba bajo el "disfraz" de la vulgaridad y que pertenecía a la tarika Tijaniyya; se llamaba Sidi al-Mâhdi ben"Ariane. Así cuenta Sidi Hamza, nuestro maestro, el encuentro entre Sidi Abû Madyan y Sidi ben"Ariane: "Abû Madyan visitaba con frecuencia un faqîh (un maestro del Coran), intuyendo que le podia ayudar en su búsqueda. Un día el faqîh le dijo: " Esa ciencia que buscas, la tuve un tiempo, pero ahora ya no la tengo. Si quieres encontrarte con tu maestro, ves a tal sitio a la hora de la oración del alba. Cumple con la visita a ese santuario y al salir encontrarás al que tú buscas." Llegado el momento, se desplaza hasta el santuario situado en lo alto de una pequeña colina. Una vez cumplido con el ritual, se apresura en salir y de lo alto de la colina distingue un hombre subido sobre una mula:"Este es el polo (qutb) que buscas, le dijo ese hombre.¿Qué quieres que te haga el qutb?" Sidi Madyan no podía creer lo que sus ojos veían, aquel hombre encima de la mula no era otro que Sidi ben "Ariane, el vecino de la casa de al lado, al que él le tenia muy poca estima. Corrió hacia él, y llorando le beso los pies. Sus lagrimas corrieron abundantemente. "Bien sabes Sidi, le dijo, que todos estos años, mi búsqueda fue sincera. ¿Cómo has podido dejarme al abandono? - No había llegado el momento, le dijo Sidi ben "Ariane. Ven ahora conmigo, te voy a transmitir todo lo que necesitas" En su periplo Sidi Abû Madyan conoció muchos maestros anónimos o conocidos únicamente por pequeños círculos, recibiendo varias idhn (autorizaciones), hasta que Sidi ben"Ariane le transmitió expresamente la autorización para enseñar.

Comprobamos que hay momentos en donde los maestros enseñan abiertamente y en otros de manera oculta y reservada. Con frecuencia cuando ocurre la manifestación de un maestro, este recibe la misión de comunicar la vía, de transmitir su enseñanza; entonces se constituye alrededor de él una comunidad de gente que acude para recibir su enseñanza. La constitución de una comunidad esta determinada por la existencia de ese sirr (ese secreto) vinculado por ese idhn (autorización para su transmisión) entregado al maestro para que lo comunique. Esto condiciona todo el resto: las relaciones van a tejerse, a organizarse en torna a la existencia de ese sirr y de su idhn.

En una qasîda (canto sagrado), un refrán precisa:"¡Di con claridad y convoca!" El sirr mencionado es como una fuente en medio de un jardín que todo irriga. Nuestros corazones, nuestras relaciones, nuestro comportamiento, nuestras actitudes son irrigadas por el sirr. "¡El sheik da nacimiento, los foqarâ educan!", dicen unas palabras de Sidi Hamza. Claro es que el sheik también educa, pero únicamente cuando el sirr a dado nacimiento a las cosas. El agua espiritual fluye y los foqarâ (discípulos), que son de alguna manera los jardineros, instalan las canalizaciones, y hacen que el agua circule para que alcance lo que tiene que ser fecundado. La función del discípulo consiste tanto en recibir como en dar: reciben el sirr al mismo tiempo que se hacen su jardinero. Es alrededor del sirr que se forma la comunidad. Esta no tiene como función en sí existir socialmente, esta ahí para cumplir una función. En torno a la fuente central del sirr se establecen todas clases de relés posibles; cada faqîh no debe, ni retener ni hacer barrera a ese sirr, al contrario debe esforzarse en hacerse lo mas transparente posible para facilitar su trasmisión; así es a la vez, el que recibe y el que da. Este es el papel que todos deben desempeñar, dentro de la función propia de cada uno. Por esto, dentro de la comunidad no debe haber ninguna discriminación entre las personas; ninguna es mas o menos importante que otra, todas tienen su importancia.

Como todos transportamos y transmitimos ese sirr, todos tenemos esa gracia y esa responsabilidad. Pero debido justamente a esa gracia y responsabilidad existe una diferenciación en las funciones: algunos cumplen funciones de responsables, otros se ocupan de los aspectos de la vida comunitaria etcétera. Nadie tiene menos responsabilidad que otro, cada uno, ahí donde está, hace todo lo necesario para hacerse transparente al sirr. Ahí como en todo, hay reglas a respetar, es la condición absoluta para que el sirr se reparta, para que toque e irrigue los corazones.

No somos una sociedad organizada con castas, grados, subalternos; todo eso es del ámbito profano. Lo importante en la comunidad espiritual, es que cada uno asuma la función que le recae, la diferenciación de funciones existen para crear mejores condiciones de comunicación. Pero las reglas del juego deben de ser respetadas. Cada uno es un enlace vivo, un mediador vivo que por su actitud, su comportamiento, facilita la corriente: el sirr pasa de unos a otros, lo esencial es no crear obstáculos y ver mas allá de la exterioridad de las cosas. El sirr esta vivo siempre que la vía sea viva e imprevisible. Una vía viva crea movimiento, dinamismo. Debemos intentar servirla lo mejor que podamos, dentro de un perpetuo cambio, una perpetua transformación. No pisamos tierra donde todo esté definitivamente organizado, regulado, distribuido y sistematizado. De alguna manera es más simple comunicar en comunidades en las que no hay un sirr vivo que en las que lo hay. Pero justamente lo que nos interesa y el motivo por el que estamos, es que el sirr es vivo, la comunidad viene después como un medio para caminar hacia Dios.

Sin quererlo, estamos influenciados por el entorno donde nos desenvolvemos y tenemos que mantenernos vigilantes. En efecto, en una comunidad como la que hablamos, el poder, sea cual sea, no tiene lugar; constituye una barrera que impide la comunicación del sirr. Si los grandes maestros sufis consiguieron comunicar el sirr a sus discípulos y transmitirlo en los lugares más alejados, precisamente es porque toda la vida se han ejercitados en extraer de sus corazones todo apetito de poder. "Nos hemos vuelto tan débiles que hemos adquirido toda la fuerza posible", dice una qasîda. Dentro de la vía es otra cosa la que esta en juego.

Debemos respetar las funciones de unos y otros, porque somos medios de transmisión; lo que se respeta a través de esas funciones, es a la vez lo que se transmite y el idhn dado. Cada uno, ahí donde se encuentra, se esfuerza en no oponerse a esa transmisión, a esa relación con la fuente: va de la supervivencia de la comunidad. Debemos, más y más sentirnos conectados con la fuente y trabajar para hacernos lo más transparente posible a la presencia de ese sirr. Pero la verdadera transparencia del sirr, lo que le deja manar en su pureza, claro esta, es el corazón del sheik, un corazón libre de todo ídolo y de afán de poder que ha vuelto al estado de servidumbre absoluta. Esa es la verdadera orientación. Cada uno de nosotros debe orientarse hacia esa transparencia, hacia ese sirr, y contribuir a su comunicación, a su difusión. Como dice Ibn Atâ Allâh: El que ha recibido el sirr, ha recibido la semilla de santidad.


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