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Al-Hallaj o la Unión por el Martirio

La victoria sobre la muerte, el azar y el olvido.

18/05/2014 - Autor: Francisco López - Fuente: investigación del autor
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Miniatura de la crucifixion de Al Allaj

 

Abū al-Mughīth al-Ḥusayn ibn Manṣūr al-Ḥallāj Baghdad, Persia 858-922

Místico sufí, imprescindible referente sobre la mística islámica.

Este artículo pretende ser una evocación al hombre que, en su fe no reconocía nada más que al Dios único.

Personaje controvertido cuya obra y su dramática vida y muerte le han convertido en uno de los principales referentes del Islam. La tradición dice que su padre era descendiente de Abū Ayyūb considerado como compañero del Profeta, de familia zoroastriana pero convertida al Islam y muy modesta. Atraído hacia una forma de vida ascética desde su más temprana edad, Al-Ḥallāj no se conformó con la lectura y aprendizaje de El Corán sino que quiso profundizar en sus significados más profundos por lo que a la edad de 16 años se unió como discípulo al Shaykh Sahl at-Tustari a quien acompañó a Basora (Irak) durante dos años. Al cumplir los 18 regresó a Bagdad para convertirse en alumno del Shaykh Amr al-Makki compañero de Al-Junayd uno de los mas grandes maestros sufíes cuya mayor contribución era trabajar en la progresión individual del ser humano que dirige a aniquilarse uno mismo (faná) para lograr una unión más próxima a Dios. Este acercamiento al maestro Junaid acabó derivando en la adopción de Junaid como Guía y Maestro. Junaid encontró en  Al-Ḥallāj a un individuo de mente y corazón puro cuyo anhelo y añoranza de Dios era tal, que,  siguiendo las enseñanzas de su maestro convirtió su vida en un sólo propósito, es decir el buscar la aniquilación total para conseguir la Unión mística. Su maestro le aconsejó buscar para ello la soledad, el silencio y la intimidad consigo mismo, pero el corazón de  Al-Ḥallāj estaba lleno de anhelo por ayudar a todas las personas a su alrededor predicando sobre el amor místico y sobre el amado, es decir la unión amorosa entre el alma y Dios.
“Yo soy Él a Quien quiero,
y Él, a Quién quiero, soy yo.
Somos dos espíritus que habitan en un mismo cuerpo.
Si me ves a mí, le ves a Él
Y si le ves a Él , nos ves a ambos ".

Pero también era un personaje muy implicado en la reforma moral y la marginalidad; sus exaltaciónes mística se tornaron peligrosas derivando en su locución teopática “Ana-l-haqq” (“Yo soy la verdad”), sobre esto la tradición cuenta que una de las veces que fue pronunciada lo fue precisamente a la puerta de su maestro Junaid al regresar a Bagdad tras una estancia de un año en La Meca, al llamar a la puerta de su maestro, este preguntó: ¿Quien es?  Respondiendo Al Hallaj desde el otro lado: “Ana-l-haqq” (“Yo soy la verdad”)
Se dice que Junaid le advirtió: “Ten cuidado con los secretos de Allah, no los regales a quién no puede entenderlos, conocerás el momento oportuno cuando enciendas una tea” y Al Hallaj respondió: “Cuando yo encienda una tea, tu, llevarás los ropajes de los ortodoxos”. Y la profecía se cumplió ya que en su martirio fue crucificado y quemados sus restos. Según cuenta la tradición, durante su última vigilia en prisión antes de su muerte manifestó que "el fuego en el que habían de ser quemados sus restos predecía su gloria futura de resucitado". ¿Que quiso decir con ello? - Sólo Dios lo sabe-.
Mientras, Junaid, su maestro, se mantuvo en el círculo de los ortodoxos junto a otros compañeros de Al Hallaj como ash-Shibli, an-Nuri or Bayazid al-Bistami que aunque tampoco permanecían en silencio, procuraban mantener sus conocimientos en un ámbito de prudencia que les evitaba la ira y las agresiones de sus enemigos. Se atribuye a  Ash-Shibli: "Al-Hallaj y yo somos y compartimos las mismas creencias, pero mi locura me salvó y su inteligencia le destruyó” esta actitud prudente choca con la exaltación de Al Hallaj al manifestar:
Me convertí en un no -creyente de la religión de Allah y es mi deber porque la religión es odiosa a los Musulmanes”
Su filosofía en cuanto a las religiones la expresa claramente en sus versos titulados “Raíz y ramas”

“He reflexionado seriamente sobre las religiones buscando la verdad
y las he hallado como raíz de múltiples ramas.
No exijas, pues, al hombre que adopte una religión
porqué es incapaz de alcanzarla firmemente.
Lo que demanda el hombre es una raíz que le explique
todos los méritos y significados;
entonces comprenderá”.


El Final:
A sus discursos en los zocos de Bagdad había que sumar su influencia creciente en el pueblo, Al Hallaj se había convertido en un personaje admirado, influyente y querido lo que provocó una reacción adversa por parte de los sectores en el poder, sobre todo en los eruditos ortodoxos religiosos e incluso de algunos moderados sufíes que vieron un peligro creciente en su persona al difundir dogmas y conocimientos que no deberían darse a conocer ampliamente por no estar los receptores suficientemente preparados para acogerlos. Viajó a India y China como misionero de la palabra de Dios con tan gran aceptación que en India era conocido como  Abu l-Mughith y en China como Abu l-Muin,  pero, su ausencia, lejos de calmar los ánimos provocó el efecto contrario ya que le acusaron de haber ido a despertar y extender sentimientos hostiles contra el califa de Bagdad y a aprender magia  lo que dio lugar a su procesamiento por hereje (zindiq) y a su muerte  condenado a la crucifixión en 922, (no deja de ser interesante la coincidencia en muchos factores con el final de Jesús).
Determinante en su condena fue la (mala) interpretación que se dio a dos de sus accesos místicos:
Destruye la Ka´aba (refiriendose al cuerpo humano) para reconstruirla según la sabiduría (hikma), a fin de que ella participe realmente en los sayda y en los rak ´a  de los verdaderos adoradores”
Esto a efectos de su condena se interpretó como que la intención de Al Hallaj era hacer añicos La Piedra Negra de la Meca. En otro arrebato de éxtasis, cuenta la tradición que por las calles de Bagdad gritaba: “Salvadme de Dios”
cuando en El Corán 72,22  dice: “Realmente, nadie podría protegerme de Dios, ni podría yo encontrar lugar alguno donde esconderme de Él”
En su final tuvo mucho que ver un factor político. Al Hallaj era el director espiritual de Husein Hamdani, jefe del ejército que intentó arrebatar el poder al Califa de Bagdad, fue detenido en Susa el año 913, condenado unánimemente por los ortodoxos y considerado por los primeros escolásticos ash´aries como un seguidor condenado de Iblis, ya que según estos Iblis se condenó por "un amor celoso y exclusivo de la idea pura de Dios"*  conducido, humillado y condenado a una muerte muy cruel tuvo fuerzas desde lo alto del patíbulo para gritar por última vez. “Yo soy la verdad”


* Los libros donde se expresa esta doctrina son: el Kitab al Jalwa (Libro de la revelación) y el Mashafe-rash (Libro negro) ambos en dialecto Kurdo

Al Hallaj y Louis Massignon
Es inevitable estudiar la figura de Al Hallaj sin recurrir a las referencias de Massignon (1883-1962) Filólogo y gran erudito orientalista al que llegaron a denominar “el más cristiano de los musulmanes y el más musulmán de los cristianos” primer europeo admitido en la Universidad de Al-Azhar, llega a ser profesor en la Universidad de El Cairo impartiendo cuarenta cursos sobre la historia de las doctrinas filosóficas musulmanas; Massignon descubre en Egipto a través de un amigo español la figura del místico al estudio de la cual dedicaría gran parte de su vida. En 1922 presenta las dos partes (una principal y otra complementaria) de su tesis doctoral: La passion de Husayn Ibn Mansur Al Allaj, martyr mistique de L´Islam y Essai sur les origines du lexique technique de la mistique en pays d´Islam, dejando aparte un  impresionante curriculum de cargos y obras quizás el apunte más conciliador entre el Islam y el Cristianismo sea la fundacion el El Cairo de la Badaliya con cristianos y árabes con el fin de cooperar con los musulmanes  en el conocimiento de las figuras de Jesús y María según el Corán, Massignon logra conectar a su vez la Badaliya con la denominada “Asociación de amigos de Gandhi” de la que será presidente  desde 1954 hasta su muerte y que junto a musulmanes, cristianos y judíos persigue formar el embrión ideal de una religión universal basada en el amor, la justicia y la no violencia concretada en oraciones y ayunos conjuntos en múltiples lugares del mundo y esencialmente en La Salette (Francia), lugar considerado como de apariciones de la Virgen.

He buscado sin encontrar la posible influencia de Al Hallaj sobre Massignon y no la encontré salvo en la raíz de su fe. Mientras que en Al Hallaj se percibe intimidad en la relación personal con la Divinidad y rechazo a la religión. En Massignon se percibe por el contrario su aspiración como se expone anteriormente a la creación de una “religión universal", ambos sin embargo coincidentes en la difusión popular, uno en calles y zocos y el otro en actos y convocatorias de ayuno y oración populares abiertos .
Cási todo el quehacer teórico de Massignon se resume en su obra Ciencia de la Compasión, en ella se albergan enseñanzas, pensamientos, sus acciones, desde los puntos de vista sociales, morales y religiosos, sus reflexiones sobre el lenguaje místico, el Islam, la fe Abrahamica, Su obra La Parole donée asimismo constituye una recopilación y una continuación de la Ciencia de la compasión.

La obra de Al Hallaj
Las tres primeras apreciaciones independientes aparecen en el año 932 (A.Z.Balji), 950 (Maqdisi) y 990 (Daylamy). Otros tres manuscritos fechados en los que figura su nombre son  de 1073(Sajazi), 1153 (Sarraj) y 1158 (Ibn Bakuyé).
Durante el periodo de 922 a 1258 existió la prohibición de copiar, mantener o vender cualquier obra del autor. Lo que ha llegado a nuestros días es a través de cadenas testimoniales suficientemente verificadas. 350 máximas de su periodo en Jurasán, seis cartas (dos de ellas a Ibn Atá de Alejandría), 69 discursos públicos, 80 obras en verso que forman su “Diwán” , dos colecciones de Riwayat, 27 Hadices qudsi y 11 Tawasin, curiosamente mucha parte de su obra desapareció quemada y mucho de lo que conocemos ha llegado a nosotros debido a su conservación para críticas y comentarios hostiles.

La mejor forma de terminar este artículo la encuentro en la siguiente cita de Attar a través de Massignon (sirva como epitafio) y  en el agradecimiento a la figura a Louis Massignon, imprescindible a la hora de estudiar a Al Hallaj, quien citando en su “Perspective transhistorique sur la vie de Hallaj” (Parole Donnée, p.92) la única obra en prosa de Attar “Memorias de los amigos o Recital de los santos” escribe:
“ Attar, en su gran epopeya hallayiana, da su forma definitiva a la santidad musulmana de Hallaj, consumada en un sacrificio guerrero, militante y viril; Ibn Abi´l Jair había ya dicho: “Morir en el patíbulo de Hallaj es el privilegio de los heroes”; Attar muestra con que apasionada vehemencia este audaz amante “se jugó su cabeza” para conquistar la joya de la belleza divina (…)

Estas lineas van dirigidas a todos aquellos que se pregunten ¿que es un místico? ¿que es un mártir? ¿Que es sentir la proximidad de Dios?

Fuentes: Louis Massignon Sur l´Islam, Ciencia de la Compasión, La parole Donnée, Encyclopedya Britannica, La poesía árabe clásica J.Veglison. www.sufimaster.org

 


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