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Supervivencia es la “palabra clave saudí”

Crisis política en Arabia Saudí

23/04/2014 - Autor: Nicola Nasser - Fuente: Global Research
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Presidente de EEUU Barak Obama y el Rey de Arabia Saudí

Supervivencia es la palabra clave para comprender las últimas políticas externas e internas de la dinastía saudí. Tienen el propósito de impedir el cambio pero paradójicamente están creando más enemigos en un orden mundial que cambia marcado por turbulentas geopolíticas regionales y crecientes demandas internas de cambio.

La alianza estratégica de petróleo por seguridad de EE.UU. y Arabia Saudí de setenta años de duración parecía estar a punto de romperse en su 69 aniversario antes de la reunión en la cumbre del presidente de EE.UU., Barak Obama, y el rey Abdalá bin Abdul Aziz en marzo.

Con EE.UU. comprometido ahora con el giro hacia el este y posiblemente en camino a convertirse en un exportador de petróleo en 2017, las políticas estadounidense y saudí ya no son idénticas.

La campaña de democracia del presidente George W. Bush de EE.UU., a la que se opusieron los saudíes, alertó a sus gobernantes a estar en guardia. Las protestas populares árabes desde 2011 los impulsaron a dirigir una contrarrevolución defensiva regional y desde entonces la brecha en las relaciones bilaterales se ha estado ampliando.

Los saudíes no podían confiar en la estrategia estadounidense de “cambio de régimen” en la región, que depende de la Hermandad Musulmana International (HMI) como instrumento de cambio, patrocinada por un rival regional como Turquía y un co-miembro del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), como Catar, que ha estado cuestionando desde hace tiempo el liderazgo saudí del CCG, el rol dirigente saudí en la política árabe y la representación política saudí de los musulmanes suníes.

Esta alianza trilateral de Catar, Turquía y la HMI se convertiría en una verdadera amenaza para la supervivencia saudí si se permitiera que lograra cambios en Siria, Iraq, Egipto, Yemen, Líbano, Túnez, Libia y otros sitios en la región. Podría dejar a Arabia Saudí como el próximo objetivo para “cambio”.

El pilar estadounidense de la seguridad saudí parece estar en duda ahora ya que EE.UU. es incapaz de satisfacer las expectativas saudíes en casi todos los temas críticos en Medio Oriente, desde el conflicto árabe-israelí al conflicto saudí-iraní y el continuo conflicto sangriento en Siria, y menos aún el conflicto con la HMI, especialmente en Egipto.

Dentro de este contexto, la utilización de la HMI como instrumento del “cambio de régimen” en la región ha creado una fobia saudí hacia la HMI. El cambio en el reino debería haber tenido lugar hace tiempo, pero después de décadas de intensiva educación islámica, el cambio solo podría tener lugar camuflado en forma islamista.

“Podría parecer irónico que una teocracia wahabí se oponga tan enérgicamente a un partido que mezcla religión con política. Pero la monarquía teme la rivalidad de la Hermandad precisamente porque basa su legitimidad en el Islam”, escribió el periodista Roula Khalaf en el Financial Times en marzo.

Obama no parece capaz de remendar las cercas bilaterales. Su negativa a librar las guerras regionales saudíes les recuerda que es el mismo hombre que como senador estatal en 2002 declaró que:

“Luchemos para asegurar que nuestros así llamados aliados en Medio Oriente –los saudíes y los egipcios– dejen de oprimir a su propio pueblo, de reprimir el disenso, de tolerar la corrupción y la desigualdad, y de administrar mal sus economías”.

Sin embargo como demuestra la visita de Obama al reino el 28 de marzo, las diferencias bilaterales seguirán siendo tácticas, mientras la alianza estratégica se mantendrá hasta que el reino encuentre una alternativa creíble a su garante estadounidense para su seguridad, aunque esto parece ser una posibilidad poco realista en el futuro previsible.

Cambios regionales

Regionalmente, al reino no le va mejor. El ‘frente’ regional de ‘moderados’ regionales contra Irán promovido por EE.UU. y propugnado por los saudíes, con Israel como socio encubierto, parece ser ahora un esfuerzo olvidado.

El llamado saudí a que se convierta el “consejo” del CCG en una “unión” está ahora muerto.

La amenaza pública de Omán de retirarse del CCG si se convierte en una unión y la actual desavenencia saudí con Catar amenazan la existencia misma del CCG.

La invitación saudí a Jordania y Marruecos para que se unan al CCG fue mal recibida por otros miembros del CCG y por Marruecos.

En Bahréin, el reino ha intervenido con medios militares para aplastar un levantamiento democrático de tres años de duración.

La última cumbre árabe patrocinada por Kuwait no estuvo de acuerdo con los saudíes sobre Siria.

La formación de un gobierno libanés sin Hizbulá y su coalición pro Siria han fracasado.

Egipto llama a una “solución política” en Siria y su negativa de entregar el sitio de Siria en la Liga Árabe a la oposición no pudo ser interpretada como una posición amistosa de un país que Arabia Saudí ha rescatado a cambio de su transición lejos de un gobierno de la HMI.

Turquía tiene diferencias con la recién establecida cooperación entre Egipto y Arabia Saudí.

Iraq acusa al reino de librar una “guerra” en su contra, y Arabia Saudí es ahora el único país que no tiene un embajador permanente en Iraq.

Mientras tanto, el reino sigue tratando a Irán como una “amenaza existencial”.

En un segundo plano, nunca se puede dejar de considerar la amenaza israelí.

Autoconfianza cuestionada

Utilizando petrodólares como un poder blando para lograr influencia en el exterior y asegurar la lealtad en el interior, el reino parece suficientemente auto-confiado, o sobre-confiado, para sentirse asegurado por sí mismo. Hablando en el College of William and Mary en Williamsburg, Virginia, el 11 de marzo, el príncipe Turki al–Faisal, presidente del Centro Rey Faisal de Investigación y Estudios Islámicos en Riad y ex embajador saudí en EE.UU., dijo:

“Arabia Saudí representa más de un 20% del PIB combinado de la región de Medio Oriente-Norte de África (MENA) y más de un cuarto del PIB del Mundo Árabe, convirtiéndose … en un socio efectivo y miembro del G20.

“El mercado bursátil saudí representa más de un 50% de toda la capitalización bursátil de la región del MENA.”

“La Agencia Monetaria de Arabia Saudí (SAMA), el banco central del Reino, es el tercer detentor por su tamaño de activos netos extranjeros… Último pero no menos importante, Saudi Aramco, la compañía petrolera nacional del Reino, es el mayor productor y exportador de petróleo del mundo y tiene de lejos la mayor infraestructura de capacidad ininterrumpida de producción del mundo.”

Sin embargo, la veterana periodista Karen Elliot House, ha presentado un cuadro fuertemente ominoso:

“Un sesenta por ciento de los saudíes tiene 20 años o menos, y la mayoría no tiene esperanza de encontrar trabajo”, escribió House en su libro de 2012. “El setenta por ciento de los saudíes no se pueden permitir poseer una casa. El cuarenta por ciento vive bajo de la línea de pobreza. Los miembros de la familia real, 25.000 príncipes y princesas, poseen la mayor parte de la tierra de valor y se benefician de un sistema que otorga a cada uno un estipendio y a algunos una fortuna. Los trabajadores extranjeros hacen que el Reino funcione; los 19 millones de ciudadanos saudíes comparten el Reino con 8,5 millones de trabajadores extranjeros.”

Según House, las diferencias regionales son un “hecho diario de la vida saudí”. Los hejazis en el Oeste y los chiíes en el Este resienten el estricto modo de vida wahabí. La discriminación de género es un problema creciente. El sesenta por ciento de los graduados universitarios saudíes son mujeres, pero representan solo un doce por ciento de la fuerza laboral.

Además, según Anthony H. Cordesman, publicado por el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) el 21 de abril de 2011:

“Hay serias brechas entre los ‘que tienen’ y los que ‘no tienen’, diferencias regionales en riqueza y privilegio, y tensiones entre saudíes chiíes y saudíes suníes".

El reino ha estado dilapidando miles y miles de millones de petrodólares en una batalla perdida por financiar una contrarrevolución regional. Unos 20.000 millones de dólares han sido prometidos para salvar Bahréin y el Sultanato de Omán de la Primavera Árabe. Tres mil millones más fueron prometidos recientemente para comprar armas francesas a fin de reforzar el ejército libanés contra la coalición pro Siria dirigida por Hizbulá. Varios miles de millones más han sido prometidos a Egipto para reforzar a los sucesores del derrocado ex presidente Mohamed Mursi, fuera de los otros miles de millones que se informa han sido gastados en el financiamiento del “cambio de régimen” en Siria. Según se informa, Obama trató de convencer al Rey Abdalá durante su última visita para que contribuya a la transición en Ucrania.

Para contener las repercusiones internas de los levantamientos árabes, el Reino ya ha gastado aún más en la compra de la lealtad de su propio pueblo; con el mismo fin veinte Órdenes Reales, dominadas por la economía, fueron emitidas en marzo de 2011.

En febrero de 2011, el Rey Abdalá prometió más de 35.000 millones de dólares para viviendas, aumentos de salarios para empleados estatales, estudios en el extranjero y seguridad social. El mes siguiente el rey anunció otro paquete financiero por un valor de más de 70.000 millones de dólares para más viviendas, el establishment religioso y aumentos de salarios para fuerzas militares y de seguridad.

Sacar de apuros económicamente a la población para que no proteste no pareció suficiente para asegurar la estabilidad interna ya que el reino, en lugar de relajar la situación interna, ha reforzado recientemente la presión con la emisión de la Ley Penal para Crímenes de Terrorismo y su Financiamiento del último 31 de enero, el Decreto Real Nº 44, que criminaliza “la participación en hostilidades fuera del reino”, tres días después, y el 7 de marzo la lista “inicial” del Ministerio del Interior de grupos que el gobierno considera organizaciones terroristas, dentro y alrededor del país, suníes y chiíes.

“Estas recientes leyes y regulaciones convierten casi cualquier expresión crítica o asociación independiente en crímenes de terrorismo”, dijo Joe Stork, el director adjunto de Human Rights Watch para la región de Medio Oriente y el Norte de África. “Esas regulaciones destruyen cualquier esperanza de que el Rey Abdalá se proponga abrir un espacio para el disenso pacífico o grupos independientes”, agregó Stork.

Interna y externamente, el reino parece proponerse con un exceso de confianza la creación de más enemigos, neutralizando a nadie, alienando al mundo y a potencias regionales, a los suníes de la tendencia dominante, chiíes, fuerzas liberales, pan-árabes e izquierdistas, causando estragos en la región, todo lo cual parece ser una reacción desequilibrada ante amenazas, reales o percibidas, para la supervivencia de la dinastía gobernante. Sin embargo, parece que el gobierno estuviera poniendo en peligro su supervivencia.

Nicola Nasser es un veterano periodista árabe, residente en Birzeit, Cisjordania, en los territorios palestinos ocupados por Israel (nassernicola@ymail.com). Una edición modificada de este artículo fue publicada por Middle East Eye el 15 de abril de 2014.
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

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