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La asignatura de Religión

15/01/2014 - Autor: Abdul Haqq Salaberria - Fuente: La Tribuna del País Vasco
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Algunos libros de texto de la asignatura

Recuerdo con mucho agrado una asignatura de COU (Curso de Orientación Universitaria) que era común a ciencias y letras: Filosofía.
Por supuesto, en mi percepción positiva fue clave el profesor que la impartía.  La misma asignatura en 3º de BUP -cuyos contenidos eran sobre conceptos y principios filosóficos- me dejó sufrimientos y agonías para sacar un aprobado raspadillo y no dormirme en las clases.
Un educado y estoico jesuita sexagenario trató de explicar a unos salvajes, infructuosamente,  lo que él mismo no entendía ni disfrutaba. Conceptos y principios que se vio obligado a estudiar de memoria en el Seminario para escapar de la miseria del caserío.
Fue una catástrofe pedagógica que consiguió hacernos odiar la filosofía. Odio que probablemente él también sentía. Precisamente por eso nos lo transmitió.
El conocimiento se transmite con amor. Y detrás de la ignorancia suele haber algún odio.
En COU, sin embargo, en donde lo que se impartía era una visión de la historia de las ideas filosóficas -desde los Griegos a los grandes filósofos y pensadores del siglo XX- el profesor, un joven laico de ventitantos, nos hizo amar la asignatura, participar en el debate filosófico en libertad, pudiendo hablar del Marx o de Nietzsche un colegio de curas en plena transición. Como resultado logramos un aprendizaje esencial para nuestra vida y un sobresaliente en el expediente académico.
Esto viene a cuento porque no se qué habrá sido de aquella asignatura maravillosa y fundamental, pero debemos rescatarla en un momento en el que lo que se debate es si la asignatura de religión tiene un espacio en las escuelas y si debe tener una alternativa en educación de valores, para la ciudadanía, ética, u otras variedades.
La primera trampa del laicismo consiste en definir la religión de una forma interesada, de modo que  sólo se visibilizan como tales las confesiones oficialmente reconocidas por el estado, es decir, el catolicismo y las otras tres consideradas “con arraigo”-evangelismo, Islam y judaísmo-.
Sin embargo religiones hay muchas, y algunas no se presentan como tales, de modo que esquivan cualquier control que podamos ejercer sobre su influencia. Por ejemplo, no se asocia al nacionalismo o al laicismo con el pensamiento religioso, sin embargo guardan muchas similitudes. Tampoco se consideran religiones muchas supersticiones vigentes, pseudo-sectas, chamanismo, espiritismo y demás. Por último, ni que decir tiene que la filosofía materialista es una religión no desprovista de su propia liturgia, pero no necesita de una asignatura específica para explicarse, tiene todas las demás asignaturas para colarse en ellas y todos los medios de comunicación a su servicio. Y eso es lo malo, que las demás “religiones” entran en las aulas camufladas y compiten aventajadas con las que van de frente con su Biblia, su Torá o su Corán.
Por eso no deja de ser chocante esta cruzada que padecemos en el País Vasco contra la asignatura de religión, porque si ha habido fundamentalistas religiosos en algún lugar de España, más que en ningún otro, ha sido precisamente en el País Vasco. Euskaldun, Federun.
Lo que han cambiado han sido los dioses, pero la actitud sigue siendo apasionadamente fervorosa, por decirlo de algún modo.
La misma caza de brujas de Zugarramurdi, los mismos santos inquisidores, salvo que ahora son laicos y la han tomado contra las confesiones religiosas y con todo lo que haya sido, es o parezca España.
Aquí se produce la primera pinza mental. Resulta que la Iglesia Vasca ha sido un pelín nacionalista y se ha mostrado algo antipática con el resto de la Iglesia Española. O a lo mejor no es tan simple. Porque también resulta que la Iglesia, sea Vasca o sea Española, quiere clases de religión en las escuelas y obedece a un mismo Papa. Es decir que lo cortés no quita lo valiente. Como que los carlistas lucharon por Dios y por el Rey de España, además de por sus fueros...Complejo para la mente de un neardental –probablemente aquí no se extinguieron del todo- pero no para la de una persona minimamente cultivada.
Lo que tenemos es dos posturas equivocadas cuando deberíamos tener un criterio acertado.
Los que dicen: “la religión fuera de las escuelas”; y los que dicen: “las religiones, las cuatro, dentro”. En realidad algunos del segundo bando piensan, pero no lo dicen: “la religión verdadera si, las otras tres no”. Quedaría feo ponerlo en el Diario Vasco. Demasiado facha.
¿Pero cuál es el criterio educativo adecuado? ¿Quién piensa realmente en beneficio de los alumnos? ¿Es la situación actual -hija de una legislación perroflaútica e incoherente- satisfactoria para alguien?
Nadie quiere que se segregue a los alumnos en función del credo religioso de los padres. Ni los religiosos ni los laicos. En eso creo que hay consenso.
Sólo discrepan los fundamentalistas de todos los colores, que los hay. Deberían entender que la escuela pública es de todos y si quieren predicar, aleccionar, evangelizar, que lo hagan en una catequesis, en un centro, en una mezquita o en una sinagoga. O que funden colegios privados. Y aun así estarían limitados por una ley educativa y otras leyes que son iguales para todos, sin distinción de credos. Al menos en teoría.
¿De qué le sirve a un católico que a su hijo le den una o dos horas a la semana de “religión” con dos o tres compañeros, mientras el resto se divierte en el patio jugando con una tablet? Máxime cuando en la hora siguiente la profesora, hablando de educación sexual, le va a explicar que la homosexualidad es natural y que por lo tanto el matrimonio homosexual es correcto, justo y necesario. ¿Qué tipo de destrozo mental estamos implantando en el cerebro de nuestros hijos?

Sería imposible estudiar física, química, astronomía, arquitectura, informática o economía, sin estudiar matemáticas. ¿Cómo podemos decir que se puede estudiar historia, sociología, filosofía, política, derecho, arte o literatura sin estudiar religión? Si las matemáticas son el corazón de cualquier ciencia, la religión está en el corazón de cualquier rama de los estudios de humanidades. Por este motivo la religión debería ser obligatoria y común para todos los alumnos. ¿Cómo van a entender nuestros hijos el mundo pasado, presente y futuro sin haber estudiado religión? Los estados pueden declararse laicos pero todas las actividades humanas están impregnadas de aspectos religiosos, incluida la ciencia. El rasgo evolutivo por excelencia de nuestra especie ha sido nuestra noción de lo trascendente de donde surgen las primeras religiones primitivas en torno a los enterramientos y la primera expresión artística figurativa y abstracta en las cavernas. ¿No sería una involución volvernos ahora una especie sin noción de la trascendencia, una especie tan materialista como lo pueda ser una hormiga o un robot?

Si la religión debe ser una asignatura obligatoria, común y fundamental; ¿Cómo sería su encaje en una escuela pública laica?
Ya hemos dicho que educar no es sinónimo de predicar, aleccionar o evangelizar. Mas bien debería ser antónimo.
Echando un vistazo a los contenidos y prácticas de la actual asignatura vemos que no es otra cosa que una “catequesis” en tiempo lectivo. No es de recibo que un niño aprenda lo mismo en una mezquita o en una iglesia que en el aula de una ikastola. Por muchos motivos, pero el fundamental es que segregamos a los alumnos en función del credo de sus padres. De ese modo, como diría McLuhan, “el medio es el mensaje”. Lo único que les va a quedar claro a esos niños es que son diferentes. Algo que hasta ese momento no habían percibido. Además no es cierto ni legal ni existencialmente. Les estamos enseñando a poner fronteras y muros donde naturalmente no existían. Lo que les vayan a enseñar después sobre un tal Jesús o un tal Muhammad dará exactamente igual. El hecho es que nuestra conducta desdice todos los contenidos religiosos.
He oído hasta la saciedad decir a infinidad de musulmanes y musulmanas: “el Islam no es una religión, es un modo de vida”. Supongo que lo mismo dirán cristianos, judíos, budistas...¿Qué es entonces una religión y qué demontres es eso del “modo de vida”?
A ver, para que nos entendamos: Una religión es un conjunto de creencias, dogmas, normas y prácticas litúrgicas compartidas por una comunidad y que, además, tiene cierto arraigo histórico, como lo expresa la legislación.
Un modo de vida es ser pastor, pescador, funcionario, militar o nómada tuareg. Desde luego no imagino en Marruecos, Argelia o Mali una asignatura de “nomadismo” como no imagino tampoco una asignatura de “funcionariado” entre nuestros alumnos.
Los modos de vida se transmiten sobre el terreno. A cazar se aprende en el monte no leyendo unos fascículos de Jara y Sedal. A navegar se aprende empapándose de salitre en la mar.
Si lo que queremos transmitir son “modos de vida” y los valores que esos modos de vida implican, no hay asignatura posible salvo la de la propia existencia y la transmisión de corazón a corazón, sin libros, CDs, páginas web, ni apuntes.
La generosidad se aprende de un padre generoso lo mismo que la esperanza se aprende con una madre esperanzada y el amor con alguien que ama. El carácter se transmite no tanto en los genes sino en la conducta diaria. Y eso es lo que conforma “un modo de vida”. Tener el corazón burgués o aventurero, como diría Nietzsche, depende en gran parte del modelo, pero también de la predisposición y voluntad de uno mismo.
Un sacerdote, de cualquier religión, sólo puede enseñarnos su “modo de vida” es decir, ganar los garbanzos con la religión. Toda su sabiduría religiosa ha sido enfocada a eso, a ganarse la vida predicando. No me gustaría que mis hijos tomaran como bueno ese modelo. Prefiero que los eduque un tuareg, al menos aprenderán a sobrevivir en el desierto. Puestos a buscar alternativas a la asignatura de religión yo propongo una de “supervivencia”. Ni valores, ni ética, ni educación para la ciudadanía. Me parecerían mucho más útiles unas clases de piratería informática impartidas por un hacker bancario. Al menos les daría un arma con la que defenderse de los abusos a los que les van a someter el resto de sus vidas. No una hipócrita monserga de valores que nadie respeta, ni siquiera el profesor que se los transmite.
Dicho todo esto y con ánimo de proponer alternativas al modelo actual, si queremos una asignatura común, obligatoria y con contenidos útiles, la propuesta más razonable será la que eduque a nuestros hijos para afrontar el futuro de diversidad religiosa que les va a tocar sí o sí.
A mi no me interesa que mi hijo aprenda nada a cerca de mi religión que no le pueda transmitir yo mismo. Lo que me interesa es que aprenda de todas las demás. Porque de ese modo su conocimiento le llevará a respetarlas y quizás a elegir otra distinta a la de su padre. Eso siempre sería mejor que el nihilismo. Sin conocimiento no hay respeto, y sin respeto la convivencia salta por los aires. Tolerar no es lo mismo que respetar. El respeto implica reconocimiento mutuo.
Por eso la asignatura optativa y segregacionista de Religión debería pasar a denominarse “Diversidad Religiosa”, una asignatura obligatoria y común, cuyo objetivo, además de mostrar a los hijos de creyentes y no creyentes el abanico de credos y confesiones existentes, debería fijarse en lograr esa convivencia en diversidad, ese reconocimiento mutuo que vaya más allá de la mera tolerancia.
De lo contrario estaremos criando cuervos hambrientos de ojos.


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