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¿Quién intenta impedir el acuerdo político en Siria?

La guerra suele acarrear las mayores desgracias al pueblo y representa el fracaso de la política

27/12/2013 - Autor: Andrés Martínez Lorca - Fuente: Webislam
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Un acuerdo político de amplio espectro en Ginebra-2 ayudaría a la paz mundial y evitaría una nueva catástrofe en Oriente Próximo.

La guerra suele acarrear las mayores desgracias al pueblo y representa el fracaso de la política. La peor de todas ellas es la guerra entre hermanos, la guerra civil. Hace ya veinticinco siglos el padre del materialismo antiguo, el filósofo griego Demócrito, dejó escrita esta reflexión: “La guerra civil es mala para todos, pues tanto los vencedores como los vencidos experimentan el mismo daño”.

Después de la criminal invasión de Iraq por parte de Estados Unidos y Gran Bretaña y de la posterior destrucción sistemática del país (salvo los campos petrolíferos usurpados por las potencias ocupantes), vino la agresión y ocupación de Afganistán por EEUU y sus aliados de la OTAN. Más tarde, le tocó el turno a Libia cuyas inmensas reservas de gas motivaron la codicia occidental y el ataque implacable de la OTAN con Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos a la cabeza. Ninguno de estos países islámicos sacrificados en el altar del capitalismo global ha mejorado lo más mínimo respecto a la situación prebélica, ni ha vuelto a ellos la normalidad democrática: las heridas de estas guerras de agresión siguen abiertas y, en el mejor de los casos, tardarán varias generaciones en curarse. La ruina sobrevenida ha cerrado por largo tiempo la puerta a la esperanza.

Entre los ejemplos más recientes de los desastres de la guerra civil está Siria, la patria de los omeyas. Más de dos años dura ya lo que empezó como una protesta política, se transformó pronto en guerrilla y se ha convertido finalmente en una guerra abierta protagonizada por una serie de ejércitos irregulares teledirigidos por Occidente, pagados por Arabia Saudí y Qatar, y en cuyas filas se alistan miles de mercenarios de los más lejanos países. La matanza de inocentes no se detiene, la destrucción de instalaciones vitales para la población prosigue de modo inmisericorde y los atentados criminales se extienden mientras van asolando ciudades y pueblos en un diseño estratégico cuyo objetivo último no sería otro que la instalación de un gobierno títere, peón de la OTAN en la región. La firmeza del Ejército Árabe Sirio, el rechazo mayoritario de la población al mantenimiento de la guerra y el freno de Rusia y China a la utilización del Consejo de Seguridad de la ONU como tapadera de una nueva agresión han impedido una nueva victoria del neocolonialismo en Oriente Próximo.

Arabia Saudí e Israel, a favor de la guerra

Cuando todo indicaba una inminente agresión de la OTAN, Estados Unidos y Rusia llegaron en Ginebra al acuerdo de destruir las armas químicas existentes en Siria, con cuya excusa los países occidentales querían justificar la invasión. El gobierno de Bachar al Assad aceptó la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, aprobada por unanimidad. Se desactivaba así una peligrosa crisis que amenazaba con incendiar toda la región.

Un conjunto de razones explica ese inesperado desenlace. En primer lugar, la firme actitud de Rusia al plantarse ante EEUU y negarse a abandonar a un aliado (el ataque de la OTAN a Libia ha servido de amarga lección a los dirigentes rusos). Otro hecho decisivo ha sido el bloqueo por parte de Rusia y China a las resoluciones occidentales que pretendían autorizar la agresión a Siria en el seno del Consejo de Seguridad de las
Naciones Unidas. También fue muy importante el rechazo del parlamento británico a la participación en el planeado ataque. Si a este frente antibélico le sumamos la actitud crítica de muchos congresistas demócratas en EEUU y la desfavorable acogida de su opinión pública a una nueva guerra, se comprenderá cuán razonable ha sido la decisión del presidente Obama. De esperpéntico podemos calificar el alineamiento del presidente “socialista” (!) francés con los partidarios de la agresión a Siria, es decir, con el complejo industrial-militar USA, el lobby sionista y los sectores más reaccionarios del partido republicano. No es de extrañar que con su impopular política económica y su afán guerrerista, el 80 por 100 de la población francesa esté en contra de Hollande.

Está prevista para el próximo mes de enero la celebración de la Conferencia de Ginebra-2 en la que se busca poner fin a la guerra en Siria mediante un amplio acuerdo político.

La progresiva derrota militar de los rebeldes/mercenarios y el hundimiento del llamado Ejército Libre Sirio 1 se añaden a una mejoría en el clima internacional de diálogo. Como se ha puesto de manifiesto en la reciente World Policy Conference, el frente de la guerra se reduce fundamentalmente a dos países, Arabia Saudí e Israel. En el caso del gobierno de Israel resulta lógico, pues la fragmentación del mundo árabe, el debilitamiento de la resistencia palestina y el aislamiento de Hezbollah favorecen su hegemonia regional.

Por lo que se refiere al régimen feudal de Arabia Saudí, su estrategia permanente consiste en socavar a los gobiernos laicos, de izquierda o nacionalistas, mientras favorece a las fuerzas políticas islámicas más conservadoras. En la mencionada Conferencia el príncipe saudí Turki al-Faisal, exjefe de espionaje y portavoz oficioso de su gobierno, se quejó de que el presidente Obama no les hubiera consultado acerca del acuerdo sobre Siria, mostró su apoyo al Ejército Libre Sirio y atacó a la milicia patriótica libanesa Hezbollah. Sus amenazantes palabras sonaron a desafío: “La lucha va a continuar y las matanzas van a continuar” 2

. ¿Qué se va a esperar de un régimen que desconoce lo que significan los derechos civiles 3 y condena la más mínima discrepancia política hasta prohibir incluso que las mujeres puedan conducir un automóvil? Ya en el siglo XII Averroes retrató bien a estas monarquías: “son casi exclusivamente asociaciones de estrictos clanes y las normas que siguen vigentes en ellas son las que les permiten mantener las leyes primarias. Las masas son explotadas por los poderosos, y estos progresan apropiándose de los bienes de aquellos” 4

En una línea paralela al acuerdo con Siria se está desarrollando en los últimos meses la negociación de las grandes potencias con Irán. La voluntad de diálogo parece prevalecer hasta hoy, aunque las dificultades para llegar a buen puerto no son pequeñas.

Un acuerdo político de amplio espectro en Ginebra-2 ayudaría a la paz mundial y evitaría una nueva catástrofe en Oriente Próximo. Parecen bastante ingenuas, por no decir estúpidas, las maniobras occidentales que intentan conseguir en la mesa de negociaciones lo que no han logrado en los frentes de guerra. En todo caso, debe prevalecer entre los representantes sirios un acuerdo político que silencie las armas.

Como dijo el Papa Francisco, hay que “abandonar cualquier pretensión de una solución militar”. Volviendo a Demócrito, si la guerra civil perjudica a ambos bandos, la paz civil beneficia a todos. El único vencedor sería el pueblo de Siria, siempre en primera línea del mundo árabe en su arduo combate contra el colonialismo y el sionismo.

Notas
2.  http://www.nytimes.com/2013/12/16/world/middleeast/saudi-prince-accuses-obama-of-indecision-on-middle-east.html?src=recg&_r=0. Como complemento de tal amenaza hay que situar la sorprendente compra a EEUU de 15.000 misiles antitanque por valor de 1.100 millones de dólares, cuando Arabia Saudí no está oficialmente en guerra con ningún país y posee ahora algo más de 4.000 de tales misiles.
No parece improbable que su destino final sean los mercenarios que combaten en Siria.
3. En fecha reciente se acaba de condenar al ciudadano saudí Omar al-Saeed a cuatro años de cárcel y 300 latigazos por pedir una monarquía constitucional. El juicio se celebró al más puro estilo saudí: a puerta cerrada y sin abogado defensor.
4. Averroes, Exposición de la República de Platón, traducción de Miguel Cruz Hernández, tratado tercero, § 6-7.

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