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Disputa entre gigantes

Ocho islotes y peñascos – Diaoyu para China y Senkaku para Japón - situados en una estratégica zona de navegación marítima y con reservas petrolíferas, enfrentan a dos potencias asiáticas: Japón y China.

07/12/2013 - Autor: Pablo Jofré Leal - Fuente: Webislam
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Conflicto en el mar de la China Por la soberania de islotes

Estos dos países han reflotado el histórico litigio respecto al dominio de estos islotes que no superan los 7 kilómetros cuadrados y los efectos políticos y económicos derivados de esa soberanía. Nuevo episodio, que se revive a partir de la decisión del gobierno chino  de delimitar una Nueva Zona de Identificación de Defensa Aérea en el Mar oriental de la China (ZIDA por sus siglas en inglés) lo que generó la inmediata alarma de Estados Unidos y sus aliados en Tokio y Seúl. El propio Vicepresidente estadounidense Joe Biden viajo a la zona para lidiar con la tensión desatada, entrevistándose con autoridades japonesas, surcoreanas y chinas. En este último país se dio el lujo, incluso,  de llamar a los jóvenes chinos que solicitaban Visa para viajar a Estados Unidos  a cuestionar el “status quo” lo que generó malestar en las autoridades chinas.

Biden sostuvo ante autoridades japonesas y surcoreanas que “Estados unidos sigue sosteniendo que la política China respecto a delimitar nuevas zonas áreas de defensa es innecesariamente inflamatoria y tiene un impacto desestabilizador en la región” Tanto Japón como Corea del Sur, incluyendo a Filipinas se niegan a reconocer la nueva ZIDA planteada por China pues, sobre todo por parte del gobierno Nipón, presidido por el primer Ministro, Shinzo Abe, dicha medida es considerada un intento de consolidar su reclamo de las islas Diaoyu/Senkaku como parte de una operación más estratégica, destinada a demostrar su dominio regional.

A pesar de ser consideradas desde el punto de vista del derecho internacional, como Terra Nullius – tierras que no son ocupadas de forma permanente - Japón sostiene que su soberanía sobre los islotes es innegable y se remonta al año 1895, veinte años después de la incorporación del Reino de Ryukyu (actual Prefectura de Okinawa a la administración de Tokio. Los Chinos, por su parte, afirman que el primer registro que se tiene de estos islotes proviene de la Dinastía China Ming (entre el siglo VXIV y XVI) que ya denominaban a estos islotes como islas Diaoyudao. Tras la guerra sino-japonesa de 1894-1895 los territorios adyacentes a Taiwán quedaron bajo administración japonesa entre los años 1895-1940.

Tras el término de la Segunda guerra Mundial, con China en Guerra Civil y Japón ocupado, las islas Diaoyu/Senkaku fueron administradas por Estados Unidos hasta el año 1972 en que Washington decide volver a poner bajo tutela de Tokio estos islotes, al devolver la ocupada Okinawa. En este marco Japón comienza a enfrentar el reclamo de Taiwan de devolver estos islotes, lo que desencadenó la inmediata reacción de Beijing que asume la reivindicación soberana de ellos,  ya que considera que tanto Taiwán como los espacios adyacentes son parte  inseparable de su territorio nacional.

La disputa de las islas y peñascos denominados por China como Diaoyu y por Japón como Senkaku  y situados en un estratégico triángulo signado por el nordeste de Taiwán, el este de China y el sudoeste de Okinawa, muestran que la historia de desacuerdos entre China y Japón no se ha detenido y que los intereses geopolíticos, económicos y de intensificación del espíritu nacionalista de ambas naciones, son una peligrosa realidad. Únase a ello la presencia de intereses geopolíticos de Estados Unidos y su irreductible política de alianzas con rivales tradicionales de China: Filipinas, Corea del Sur, Australia y Japón.

El conflicto y su desarrollo  ha sido confirmado con la decisión china de establecer la ZIDA en los territorios adyacentes a los islotes en disputa, que obliga a toda aeronave que surque esos cielos a identificarse antes las autoridades de Beijing, indicando su nacionalidad y mantener comunicación con radio con las autoridades de aviación del gigante asiático,  a lo largo de todo su itinerario. Japón y Corea del Sur, aupados por el apoyo estadounidense han rechazado la decisión china y señalan que la ZIDA de Beijing se superpone a sus propias zonas de identificación aérea lo que elevaría el riesgo de cálculos erróneos y posibilidades de accidentes.

LA UNCLOS COMO RAZÓN DE FONDO

Cuando en septiembre del año 2012 los hechos, que hoy se revitalizan, generaron alarma mundial y lo analizamos en una edición de nuestra revista,  se sostenía que la pugna por los islotes Diaoyu/Senkaku referían a una especie de un capricho escapista del gobierno chino  ante una coyuntura, económica y política complicada: crecimiento económico ralentizado, escándalos de corrupción que significaron la caída del dirigente de Chongqing, Bo Xilai, y el relevo del grupo dirigente en el XVIII Congreso del Partido Comunista Chino. Todo eso tiene una carga de realidad, pero influye mucho menos de lo que sugieren la mayoría de los análisis publicados hasta la fecha, entre ellos el del catalán Rafael Poch, quien mencionaba que una de las razones principales tras las reivindicaciones tanto de China como de Japón tenía como base la tercera Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982, UNCLOS, por sus siglas en inglés.

Para China, UNCLOS implica una serie de desequilibrios, que explican su percpeción de estar sometido a un cerco geográfico, económico y militar inaceptable. UNCLOS signa un  estatus de “Zona Económica Exclusiva” (ZEE)  a las zonas marítimas situadas entre 370 y hasta 650 kilómetros alrededor del territorio insular de un país. Gracias a su soberanía sobre todo un rosario de islas, islotes y rocas del Pacífico (Izu, Ogasawara, Okinotorishima, Minami) situadas hasta casi 2.000 kilómetros de distancia de Tokio, Japón adquiere la soberanía de una enorme y rica zona económica dotada, no sólo de recursos pesqueros, sino hidrocarburíferos y de relevancia geopolítica. Ello implica, por ejemplo, que Japón, con una superficie 25 veces más pequeña que China posea derechos de ZEE sobre 4.5 millones de kilómetros cuadrados, la novena mayor del mundo y China sólo 900 mil km2, ocupando el puesto número 31  entre Maldivas y Somalia.

Para China, esta realidad implica constatarse encerrada “encajonada” según sus palabras, como resultante de la combinación de las zonas marítimas de Filipinas, Estados Unidos (por su presencia dominante en Guam, Palau, Carolinas y otras islas del Pacífico) además de Japón y Corea. Hablamos entonces, no sólo de un mapa económico, sino que principalmente geopolítico, donde la posesión de unos cuantos peñascos e islotes sin habitantes y que apenas se elevan sobre el mar, significan la posibilidad de salir del enclaustramiento.

La clave que explica esta redefinición de la ZIDA u otras áreas de influencia por parte de China, es lo que Beijing considera el creciente cerco militar del que es objeto. En esto hay que tener en cuenta que tras la poderosa  V Flota que Estados Unidos tiene estacionada en el Golfo Pérsico, uno de los más importantes teatro de operaciones global de la superpotencia es el Pacífico Oriental donde tiene estacionada la VII Flota. Fuerza que tendrá un aumento significativo, explicitado por el presidente Obama quien sostuvo a fines del año 2012 que “en los próximos años el 60 % de la marina de guerra de EE.UU se desplegará alrededor de China”. Seis portaviones, 5 submarinos nucleares, medios de lucha antisubmarina, drones, bombarderos estratégicos situados en Guam que convierten a esta área en una zona con un poder de fuego superlativo.

El despliegue incluiría un sistema de escudos antimisiles (una remozada Iniciativa de la Reaganeana Iniciativa de Defensa Estratégica) que en el escenario publicable, se supone estarían dirigidos contra Corea del Norte. Pero, la lectura de palimpsestos indica que está orientado también a anular el modesto arsenal nuclear chino y su creciente empuje económico, no sólo en la región sino que en el conjunto del Asia-Pacífico. 

Las fuerzas de la alianza estadounidense con los países rivales de China, son muy superiores a la considerada “débil armada china” que cuenta con una plantilla de 250 mil efectivos, para dotar de tripulación a un portaviones de desplazamiento medio, tres submarinos nucleares dotados de misiles balísticos, cinco submarinos nucleares multifuncionales, 60 destructores y fragatas, 60 submarinos diesel-eléctricos, más de 160 dragaminas y anfibios y unas 300 embarcaciones de diferentes clases. Según Konstantin Sivkov, Vicepresidente de la Academia de problemas geopolíticos de Rusia “hoy en día la Marina China es incapaz de proporcionar pleno apoyo a la política exterior y la expansión económica del país, debido al atraso tecnológico de la gran mayoría de sus buques”

ATRAPADO CON SALIDA

En ese contexto, resulta lógico, fuera del influjo del análisis de los medios occidentales y aliados asiáticos de Estados Unidos, el que China dispute la soberanía de los islotes Diayou/Senkaku. Ello permitiría disponer de un pasillo, de un corredor hacia aguas internacionales, que podría subsanar y competir contra la alianza nipo-estadounidense.

No sólo se trata de un cerco de orden comercial, restringiendo el accionar de China en un área considerada de gran tráfico marítimo y que los analistas internacionales sitúan como el eje comercial del siglo XXI, sino también el impedir el acceso a Beijing, a  recursos hidrocarburíferos descubiertos en la zona – principalmente los yacimientos de gas de Chiunxiao - y los ricos recursos pesqueros en un área densamente poblada. Se une a lo mencionado el asedio militar que China experimenta, con la ampliación y fortalecimiento de las bases navales estadounidenses en Singapur, Filipinas y Australia, junto al numeroso contingente militar concentrado en Corea del Sur. Lo reseñado no constituye temores infundados de Beijing, sino que a una clara estrategia geopolítica anunciada y promovida por la administración de Obama, destinada a intensificar la presencia y dominio de Washington y sus aliados en la zona.

En este marco es donde la ZIDA se inscribe, como parte del nuevo papel global asumido por la creciente potencia económica y mundial de este gigante asiático. Primero, en la idea de forzar a Estados Unidos a operar lo más lejos posible de las costas chinas – recordemos que Estados Unidos posee Bases militares y navales en torno a China, en enclaves situados en Japón, Corea del Sur, Singapur y Filipinas principalmente. El objetivo posterior de Beijing sería establecer nuevas zonas de defensa aérea a lo largo de la frontera con la india y en el mar meridional de la China, lo que podría significar desencuentros con Rusia.

La analista June Teufel Dreyer, investigadora de la universidad de Miami y especialista en temas sino-estadounidense señala que estas acciones chinas van en la lógica de la denominada “táctica del salami” estrategia que consiste en realizar de manera constante una serie de acciones que miradas individualmente no son lo suficientemente raves como para convertirse en un pretexto valedero para iniciar una confrontación mayor. Sin embargo paulatinamente esas acciones conducen a una transformación estratégica importante y a favor, en este caso, de la política China.

Los dimes y diretes sino-japonés, que incluyen la compra por parte del gobierno nipón de 3 de las islas en disputa a su propietarios privados, la presencia de barcos patrulleros chinos, las protestas de ciudadanos chinos que exigen a su gobierno acciones de peso, que impidan perder la soberanía de los islotes  Diaoyu preocupa también a las cancillerías europeas,  que han llamado a las partes en conflicto a solucionar las diferencias en forma pacífica.

Así lo señaló, en su momento la  jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton y reiterado un año después de las acciones del 2012 “la UE sigue con preocupación los acontecimientos en áreas marítimas del Este de Asia. Instamos a todas las partes afectadas a buscar una solución pacífica y cooperativa acorde a la ley internacional, basado en la UNCLOS” señaló Ashton. China, por su parte,  ha exigido tanto a las autoridades europeas como estadounidenses que se mantengan neutrales en la disputa con Japón. Esto porque existen declaraciones muy claras de Estados unidos respecto al pacto bilateral de seguridad firmado entre Washington y Tokio, que incluiría a los islotes Senkaku. 

Las manifestaciones antijaponesas,  se han dejado sentir en China desde que salió a la luz pública esta disputa, generando en su oportunidad – sobre todo el año 2012 -  que numerosas empresas japonesas, entre ellas Panasonic, Canon y Mitsui, hayan detenido temporalmente su actividad fabril y comercial en el continente. Se unió a ello el cierre de restaurantes japoneses cuyos dueños, pragmáticamente colgaron banderas chinas y carteles en los que se leía, en mandarín, "las Diaoyu son de China".

En la isla del Sol naciente, por su parte las proclamas nacionalistas no fueron menores y ex Gobernador de Tokio, Shintaro Ishibara – considerado un negacionista del holocausto chino y apologista del imperialismo japonés en Asia ha reiterado sus llamados al  gobierno de su país a no dejarse amedrentar por las amenazas chinas. Recordemos que las disputas por la soberanía de islas e islotes no sólo se tienen con China. Japón, además, tiene contenciosos insulares con Rusia por las islas Kuriles y con Corea del Sur por la isla de Dokdo/Takeshima pero, en con China donde la posibilidad de ponerle bencina al fuego representa una amenaza mayor.

Para el analista Yukon Huang de Financial Times “Consideraciones regionales, tanto económicas como comerciales, son parte importante de las razones que explican la escalada de declaraciones y acciones en la zona en disputa. Ambos países compiten por el acceso a recursos, desde hidrocarburos a metales base. La tensión bilateral crece cada vez que se cierra un acuerdo, como por ejemplo cuando se determina la ruta para el oleoducto ruso que suministra a Asia o cuando se conceden contratos de extracción minera en Myanmar. Sumen a ello factores especiales como la posición cuasi-monopólica de China en la producción de “metales raros”, las cuales son vitales para las más sofisticadas líneas de producción del Japón.

También es importante la forma en que ambos bandos administran unos acuerdos comerciales cargados de implicaciones políticas. Japón podría considerar que uniéndose a la Asociación Trans Pacífica se acercaría a un bloque de comercio liderado por América que serviría de barrera contra el creciente complejo económico chino. Pero esto, combinado con el giro“ americano hacia Asia, podría confirmar la dudas de los chinos partidarios de la línea dura, los cuales podrían sospechar que todo esto formaría parte de una política de contención, y que unos vínculos económicos más fuertes con Japón podrían no valer la pena”

Cualesquiera sean las razones, Huang concluye,  que es necesario, por parte de China y Japón, relegar la disputa por unos cuantos islotes y peñascos a un lugar secundario, so pena de acrecentar los conflictos y las posibilidades de pasar de las palabras y pequeñas escaramuzas a acciones que pueden desembocar en un conflicto regional.

Disputar la soberanía en islotes y peñascos que apenas se elevan sobre el mar, las proclamas nacionalistas, que han inundado la disputa por estos diminutos territorios,  el movimiento de tropas, naves y creación de zonas áreas de defensa,  comienzan a sacar a la superficie los hechos más nefastos del pasado, postergando posibilidades de desarrollo común. Prima en ello no sólo consideraciones de seguridad colectiva, sino también la constatación de los enormes intereses económicos en juego entre dos gigantes cuyo intercambio comercial sobrepasa los 345 mil millones de dólares, y bien sabemos que se puede pensar en conflictos y tener una verborrea agresiva pero, poderoso Sr. es Don Dinero y suele ser el freno a cualquier aventura bélica.

Pablo Jofré Leal

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