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Ahmad Ibn Hanbal

La erudición de Ahmad ibn Hanbal

15/11/2013 - Autor: Abdelwahid Gutiérrez - Fuente: Musulmanes Andaluces
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El Imam Ahmad poseía cualidades de carácter muy sobresalientes.

La gran erudición de Ahmad era un hecho bien conocido y la gente hablaba de la misma mientras él aun estaba con vida. De hecho su conocimiento del hadiz y de la Tradición ya era celebrado mientras aún era joven y estudiante de varios maestros, y así Ahmad ibn Sa’id ar-Razi dijo de él aún cuando eran un muchacho, “No he visto a nadie con el pelo negro que tuviera memorizado tantos hadices del Mensajero de Allah (s.a.s.), o tuviera más conocimiento del Fiqh que Ahmad ibn Hanbal”. Su maestro, ash-Shafi’i le dijo, “Tu tienes un mejor conocimiento de los hadices auténticos que nosotros. Si encuentras un hadiz auténtico infórmame del mismo, ya sea de Kufa, de Egipto o de Siria.”

Al-Muzani ha narrado que ash-Shafi’i observó, “Tres maravillas del tiempo son Abu Zawr, un árabe al que no se le puede objetar una sola palabra; al-Hasan az-Za’farani, una persona que no se equivoca en una sola palabra; y Ahmad ibn Hanbal, un joven que allá donde quiera diga algo es aceptado por los ancianos.”

Harmala ibn Yahya, un estudiante de Shafi’i, ha narrado que éste dijo, “Cuando dejé Bagdad no dejé tras de mí a nadie más temeroso de Allah, o con más conocimiento del Fiqh, que Ahmad ibn Hanbal. Dado que ash-Shafi’i, el gran erudito, dijo estas cosas de Ahmad siendo aún joven, no cabe duda de que con el paso del tiempo y su incesante búsqueda de hadiz y Fiqh, creció su nombre y su reputación, especialmente tras sufrir las aflicciones de las que ya hemos hablado en el capítulo anterior.

Muchos de sus contemporáneos mencionaron su gran conocimiento. ‘Ali ibn al-Madini dijo, “No hay nadie entre nosotros que tenga más memoria que Abu ‘Abdullah ibn Hanbal.” Y también dijo, “He conocido a Abu ‘Abdulah durante cincuenta años y aún sigue incrementando su conocimiento.”

Al-Qasim ibn Sallam dijo, “El conocimiento ha alcanzado a cuatro hombres: Ahmad ibn Hanbal, ‘Ali ibn al-Madini, Yahya ibn Ma’in y Abu Bakr ibn Shayba. Ahmad era el que más Fiqh sabía de los cuatros.” Y también dijo, “No he conocido otro hombre con más conocimiento de la Sunna que él.” Yahya ibn Ma’in dijo, “Por Allah, no éramos tan eruditos como lo era Ahmad ni podíamos seguir el camino de Ahmad.” ‘Abdurahman ibn Mahdi dijo, “Este es el hombre que más conocimiento tenía de los hadices de Sufyan az-Zawri.” Y también dijo, “Nunca he mirado a Ahmad ibn Hanbal sin que me recordara a Sufyan az-Zawri.” Sufyan fue un alfaquí asceta.

Esta es una pequeña selección de lo que ha sido transmitido del conocimiento de este Imam y de la estima de la que gozaba entre sus contemporáneos. Ahora veamos brevemente su desarrollo intelectual. Hay cuatro factores que gobiernan el desarrollo de una persona. El primero, las cualidades de carácter de una persona, ya sean innatas o adquiridas; el segundo, los maestros que le enseñan y le influyen; el tercero, la vida real de la persona y sus estudios personales; y el cuarto, el tiempo en el que vive. Examinaremos cada uno de estos cuatros factores.

Cualidades del carácter

El Imam Ahmad poseía cualidades de carácter muy sobresalientes, y esta es una de las razones por la que adquirió tal fama. Una de ellas era el vasto conocimiento gracias al cual era conocido. Algunas de estas cualidades eran regalos de Allah, Exaltado Todopoderoso, que otorga a quien quiere de entre Sus criaturas. Otras fueron adquiridas. Discutiremos estas características y el efecto que tuvieron en la formación de su conocimiento.

La primera cualidad era una fuerte memoria retentiva, lo cual es un atributo esencial en cualquier estudiante del hadiz y en particular entre los líderes entre ellos –esta característica fue compartida también por Malik y ash-Shafi’i, quienes figuran entre los grandes alfaquíes que dejaron un gran legado de Fiqh, investigación y reglas deductivas. Una buena memoria es la base para cualquier conocimiento e investigación, y los eruditos han de poseerla a la hora de retener aquello que estudian. Un aspecto de la inteligencia es la capacidad de memorizar información y después tener acceso a la misma una vez almacenada en la memoria.

Ahmad fue obsequiado con una memoria prodigiosa y esto lo sabemos porque él mismo lo dice, “En cierta ocasión estaba debatiendo los hadices de az-Zawri con Waki’. Después de que él hiciera el Salat del ‘Isha, se dirigió a su casa desde la mezquita y yo solía acompañarlo y hablar con él mientras tanto. Algunas veces me recitaba nueve o diez hadices, y yo los memorizaba. Cuando entró a su casa, los estudiantes de hadiz me decían, ‘Díctanoslos,’ y así yo se los dictaba y ellos los escribían.” Sus contemporáneos también atestiguaron su extraordinaria memoria. Se le preguntó a Abu Zur’a, “¿Quién tiene la mejor memoria entre los maestros y eruditos del hadiz?”, “Ahmad ibn Hanbal”, replicó.

El Imam Ahmad no tenía solo una buena memoria, transmitiendo lo que recibía y no solo memorizaba los hadices del Mensajero de Allah y la fatuas de los Compañeros y de los Tabi’un, sino que también comprendía todo aquello que podía ser deducido de aquella información. Esto era un rasgo notable entre los eruditos del hadiz de aquel tiempo. Muchos se limitaban a la mera transmisión sin un conocimiento del Fiqh y una comprensión del mismo, como si dejaran tal tarea a los alfaquíes que eran los especialistas en hacer las correspondientes deducciones. Citando la metáfora de Abu Hanifa, los eruditos eran como los químicos quienes poseían los medicamentos, mientras que los alfaquíes eran los doctores que conocían en que casos usarlos. Ahmad, por otra parte, era a la vez el farmacéutico y el médico, pues era experto tanto en lo concerniente al Fiqh contenido en la Tradición como un experto en la memorización y transmisión del conocimiento.

Ishaq ibn Rahawayh dijo, “En Iraq solía sentarme con Ahmad ibn Hanbal, Yahya ibn Ma’in y sus compañeros. Discutíamos los hadices por una, dos y tres vías de transmisión. Yo preguntaba, ‘¿Qué significa?, ¿cuál es su explicación?’, ¿cuál es su Fiqh?’. Todos callaban, excepto Ahmad ibn Hanbal. Tenía tal conocimiento del hadiz, de la Sunna, de las fatwas de los Compañeros y de los juicios derivados de los mismos, que hacía de él un Imam en hadiz y un Imam en Fiqh.”

Ibrahim al-Harbi dijo de él, “He conocido tres hombre sin parangón alguno ni ahora ni nunca. Conocí a Abu ‘Ubayd al-Qasim ibn Sallam. Un hombre en el que había sido insuflado el espíritu. Conocí a Bishr ibn al-Hariz. Era la inteligencia personificada de los pies a la cabeza. Conocí a Ahmad ibn Hanbal que era como si Allah hubiera reunido en él el conocimiento de los primeros y de los últimos musulmanes: es decir, la memorización de los hadices, las tradiciones del Salaf, y la comprensión del Fiqh.”

La segunda cualidad, la más sobresaliente de las cualidades de Ahmad y por la cual es más renombrado, fue su firmeza, su resistencia y paciencia. Todas ellas formaron el conjunto de nobles cualidades y la base de la fortaleza de su voluntad, de su firme resolución y del alcance de sus aspiraciones sin importar lo duro de la empresa. Ahmad poseía un temperamento y nobleza, a pesar de su pobreza,  que le capacitaron para soportar las mayores dificultades en su búsqueda del conocimiento y que le hizo capaz de llevar a cabo largos viajes a través de desiertos y tierras despobladas, a pie si era necesario, con tal de adquirir el conocimiento buscado. Esta cualidad de Ahmad es la que Allah cita en el Corán cuando el Profeta Yacub dice, “una paciencia firme es belleza” (12:18). Este tipo de paciencia sin lamento, queja o displicencia, fue la que Ahmad poseía y de la que hizo gala ampliamente durante el periodo de la Mihna ya tratado en el capítulo anterior.

El lector se preguntará por el secreto de la fortaleza que le capacitaba al Imam Ahmad a soportar tantas dificultades. Personalmente creo que dicho secreto reside en el hecho de que los grandes hombres son sostenidos tan solo por Allah y que confían tan solo en Allah: no buscan el poder de nadie salvo Él, sus corazones están tan llenos de la presencia de Allah que todo lo demás no es mas que insignificancia. Se narra que en cierta ocasión un hombre le insultó de la manera más grosera y que después le dijo, “Abu ‘Abdullah, te he insultado. Devuélveme al camino justo”, y Ahmad le replicó, “Estás en lo justo con tal de que no vuelvas a repetirlo.”

La tercera cualidad con la que fue distinguido fue la integridad en el sentido amplio del término; la integridad toma muchas formas y tiene muchas manifestaciones. Poseía un gran sentido del honor y jamás tomó ni mucho ni poco de la propiedad de otra persona.

Era muy escrupuloso en su Islam y decía tan solo lo que creía, sin gestos afectados y sin disimulos, incluso ante la amenaza de una espada. Era honesto en su inteligencia y nunca entró en debates en los que el Salaf no hubiera entrado. Tal era su aproximación en el Fiqh. Solía decir que el ascetismo hace complaciente a los corazones y dulces la almas.

At-Tartusi ha narrado sobre Ahmad lo siguiente, “En cierta ocasión me dirigí hasta Abu ‘Abdullah y le pregunté, ‘¿qué hace a los corazones sensibles?’, miró a sus compañeros y permaneció en silencio un tiempo. Entonces alzó su cabeza y dijo, ‘Hijo mío, el cumplimiento de la Shari’a’. Entonces me fui a ver a Bishr ibn al-Hariz y le pregunté, ‘¿Abu Nasr, qué hace a los corazones sensibles?’, y él replicó ‘¿acaso no es el recuerdo de Allah lo que tranquiliza el corazón?’, y le dije, ‘vengo de ver a Abu ‘Adullah’, y me preguntó, ‘¿qué te dijo Abu ‘Abdullah?’, ‘el cumplimiento de la Shari’a’, le dije. Él replicó, ‘él ha dado en el corazón del asunto’. Después fui a ver a ‘Abdu’l-Wahhab ibn Abi’l-Hassan y le hice la misma pregunta, y él dijo, ‘¿acaso no es el recuerdo de Allah lo que tranquiliza el corazón?’, y le dije vengo de casa de Abu ‘Abdullah; sus mejillas se sonrosaron de alegría y dijo, ‘¿qué dice Abu ‘Abdullah?’, ‘el cumplimiento de la Shari’a’, dije, y él replicó, ‘él ha dado en el corazón del asunto. La verdad básica es lo que él ha dicho. La verdad básica es lo que él ha dicho.’”

El Imam Ahmad amaba la amistad y los amigos y sabía que una vida sin amigos es una vida difícil y miserable. Solía decir, ‘Cuando un amigo muere, un hombre se deprime.’

La integridad de su intelecto y de su Imán está claramente ilustrada por la firmeza que mantuvo en la época de la Mihna (véase capítulo anterior) al rechazar entrar en consideraciones de materias sobre las cuales no debatieron los musulmanes del Salaf (las tres primeras generaciones de musulmanes). La misma integridad mantuvo a la hora de no entrar en debate con sectas e innovadores de su época porque consideraba que el debate podría confundir a otros musulmanes, y por ello prohibió a sus discípulos el debate dialéctico con los seguidores de aquellas sectas y movimientos. Uno de los compañeros de Ahmad le pidió a éste su opinión acerca de aquellos que polemizan con los Yahmíes, explicando sus errores y mostrando a otros las desviaciones de los mismos, y Ahmad le dijo, “No creo que las ideas de cualquiera de estas sectas deban ser discutidas y creo que nadie debe polemizar con ellos. Mu’awiya ibn Qurra dice, ‘Las disputas barren las buenas acciones y corrompen las palabras que llaman a la gente al bien. Evita la gente de la argumentación y del Kalam y aférrate a la Sunna y a lo que fue hecho por la gente de conocimiento que te ha precedido. A ellos les disgustaba las discusiones teológicas y verse envueltos en debates con la gente de la innovación. La seguridad reside en evitar esto. Nosotros no mandamos el debate y la disputa.’ Y también dijo, ‘Cuando veas alguien que le guste el Kalam, repréndele’”. (Tarij ad-Dahabi, p.22)

Alguien le escribió a Ahmad preguntándole acerca del debate con la gente del Kalam, y como respuesta escribió esta carta: “Que Allah te otorgue un buen fin. Lo que hemos escuchado y recibido de aquellos con los que hemos aprendido es que les disgusta el Kalam y el sentarse junto a la gente de la desviación. Se nos ha ordenado someternos y detenernos a lo que está en el Libro de Allah y no excedernos de estos límites. A la gente de conocimiento le desagrada cualquiera que innove y que escriba un libro, o cualquiera que se siente con los innovadores, pues todo ello puede causar confusión en el Din de una persona.”

La línea que siguió el Imam Ahmad fue la misma que siguió el Imam Malik ibn Anas, que Allah esté complacido con él. A él tampoco le agradaba la discusión y consideraba que la argumentación estaba lejos del corazón de la realidad del Din, y que la gente que se adentraba en la disputa era aquella que corrompía los asuntos del Din de otra gente, y este fue el sendero que también tomó Ahmad ibn Hanbal.

Abu Hanifa y ash-Shafi’i siguieron un curso diferente. Abu Hanifa debatió con los Yahmíes y otros argumentando contra ellos y confundiéndolos. Ash-Shafi’i debatió acaloradamente con sus adversarios, con el objetivo de llegar hasta la verdad, y no por ganar una disputa. Sus libros están llenos de excelentes debates, utilizando todos los métodos y técnicas argumentativas a su alcance.

En cuanto a la integridad de su Fiqh, Ahmad fue muy hábil en deducirlo directamente de la Sunna y en seguir al Mensajero y a los Compañeros en todo lo que fue su Fiqh y opiniones. La base de su Fiqh fue lo había sido relatado acerca del Profeta, los Compañeros y los Tabi’un. Fue muy cuidadoso en su Fiqh a la hora de no rechazar un hadiz del Mensajero de Allah a menos que fuera contrarrestado por otro más fuerte. Solía decir, “Cualquiera que rechace el hadiz del Mensajero de Allah se sitúa al borde de la destrucción.” También solía decir, “ Nunca he escrito un hadiz del Profeta sin que actuara según el mismo.”

Donde no hallaba sunna de los Compañeros, ejercía el Iytihad para resolver la cuestión según el método de aquellos que le habían precedido sin inventar ninguna otra metodología que aquella utilizada por sus maestros. Prohibió el Iÿtihad acerca de cuestiones sobre las cuales no hubiera habido antes discusión o método de resolución. Decía a sus estudiantes, “Tened cuidado en hablar sobre cuestiones de las que no tenéis Imam.” Por tanto, vemos que puso gran énfasis en que su Fiqh no se desviara de la Sunna.

La cuarta cualidad por la que era conocido el Imam Ahmad era su sinceridad. La sinceridad es la búsqueda de la verdad que purifica el alma de los deseos, ilumina la percepción interior, es la base de la percepción correcta e ilumina el corazón con la luz de la gnosis y de la guía verdadera. Sabemos que los tres Imames que precedieron a Ahmad poseían esta cualidad por la que fueron distinguidos. Pues la guía tan solo puede ser ejercida por aquel en cuyo corazón Allah ha depositado la luz de la sinceridad, ya que la sinceridad hacia Allah la constituye el amor hacia algo por Allah solo. Él no buscaba el conocimiento por amor a la disputa o el debate, o para tener discípulos, o para ganarse la estima de los gobernantes. Todo aquel que alcanza este rango no está atado a los debates argumentativos y a las diferentes sectas, sino a la realidad auténtica exenta de toda corrupción. Él alcanzó aquel grado gracias a la luz de Allah y habló con sabiduría gracias a la guía de Allah.

Allah le dio a Ahmad una gran sinceridad en la búsqueda del conocimiento en el Libro y en la Sunna, y su búsqueda estuvo siempre exenta de toda pretensión de fama o autoridad. De hecho, sentía aversión por esto y su esperanza era pasar desapercibido entre la gente. Su celo en evitar la reputación era tan alto que escondía su tintero para que así la gente pensara que no sentía gran entusiasmo por escribir. Solía decir, “Exponer el tintero forma parte de la presunción.” Prefería que nadie le escuchase y decía, “Me gustaría estar en Meca donde me podría perder en alguno de sus barrancos y así escapar a ser reconocido.”

La quinta cualidad que poseía –y gracias a la cual pudo enseñar e influir en el alma de aquellos que le oían- era poseer el don natural de la autoridad. Inspiraba sobrecogimiento sin causar miedo y  fue muy venerado y estimado. Sus estudiantes sentían un gran respeto por él y no bromeaban en su presencia. Incluso las autoridades sentían un gran sobrecogimiento cuando pasaban por los alrededores de su casa. Se cuenta la anécdota de que se le encargó a un policía de que fuera avisarle a su casa para hacer el Salat de la noche, pero sentía tal temor por llamar a la puerta del Imam que prefirió llamar a la puerta de su tío. Uno de sus contemporáneos y discípulo del Imam cuenta que, “Visité a Ishaq ibn Ibrahim y a otros gobernantes, pero nunca me encontré con nadie que me inspirara más temor que Ahmad ibn Hanbal. Cuando iba a verle para preguntarle por algo comenzaba a temblar por el temor que sentía al ir a verle.” Al-Qasim ibn Sallam dijo algo similar. ¿Cuál era el secreto del sobrecogimiento que este gran hombre infundía? Se trataba de un regalo que Allah Todopoderoso deposita en quien Él quiere de entre Sus esclavos. Hay entre las gentes a quienes Allah les da fuerza de alma, fuerza de voluntad y luz espiritual todo lo cual deja una impronta en el resto de las personas, y Ahmad poseía estas características.

A pesar de su presencia majestuosa era un buen compañero. No era una persona ruda y difícil. Tenía una expresión y disposición amable así como una gran nobleza de carácter. Era muy modesto ante Allah aniquilándose así mismo frente a Él. También era modesto delante de la gente ante la cual no se mostraba ni pretencioso ni altanero. Alguien que lo describió dijo de él, “No vi a nadie en los tiempos de Ahmad que combinara mejor en sí mismo una certeza en el Islam, sinceridad, autocontrol, buenas maneras, nobleza de carácter, un corazón firme, compañía generosa, noble y falta de pereza.” Otro dijo, “Ahmad era el más modesto y el más noble de entre la gente. Poseía la conducta más noble. A menudo inclinaba su cabeza y bajaba su mirada. Evitaba lo feo y frívolo. Tan solo se le escuchaba debatir sobre hadices. Cuando se encontraba con alguien le sonreía y le saludaba. Mostraba gran humildad hacia los Shayjs (Maestros) así como un gran respeto y un gran honor hacia los mismos.” (al-Manaqib, p. 214)

Este era el carácter de Ahmad. Siempre se basó en la guía del Profeta (s.a.s.), tomándolo como modelo tal y como lo ordena Allah en Su Noble Libro.

Los Shayjs (Maestros) de Ahmad

Todos los Shayjs de Ahmad le enseñaron Fiqh, Sunna o algún hadiz, ya sea que se lo hubieran transmitido en algún lugar o lo hubieran aprendido en Bagdad. El número de sus Shayjs, tal y como los enumera Ibn al-Yawzi en su obra Virtudes de Ahmad, excede los cien, y todos ellos dejaron alguna huella en él, aunque solo le hubieran transmitido uno o dos hadices o bien los hubiera visto tan solo unas cuantas veces en su vida. Nos centraremos en los más notables de entre ellos. Percibimos al estudiar la vida de Ahmad dos tipos de Shayjs: aquellos que aumentaron su interés hacia la Sunna y aquellos que le dirigieron hacia el Fiqh y la Sunna. Hubo dos importantes personalidades que sobresalen en este sentido, ambos con una gran influencia sobre Ahmad.

La primera persona que tuvo influencia sobre él e hizo que Ahmad buscara la Sunna constantemente fue Hushaym ibn Bashir ibn Abi Jazim. Sabemos que cuando Ahmad a la edad de 16 años se dedicó al estudio de los hadices, fue en busca de Hushaym y permaneció  con él durante cuatro o cinco años.

Hushaym nació en el año 104 de la Hégira y murió en el año 183. Conoció algunos Tabi’in como ‘Amr ibn Dinar, az-Zuhri y otros. Se dedicó al estudio de las Tradiciones provenientes de Ibn ‘Amr e Ibn ‘Abbas. Tenía un círculo de hadices en Bagdad, y cuando Ahmad se dedicó al estudio del hadiz se encontró con que Hushaym era el Shayj de aquel círculo de estudios. Hushaym tenía gran reputación dentro del Islam y tuvo un gran efecto sobre Ahmad el cual rara vez lo cuestionaba debido al gran respeto y estima que sentía por su maestro. Todo el tiempo en el que permaneció con Hushaym tan solo le hizo una o dos preguntas.

Sus raíces estaban en Bujara pero su padre vivió en Wasit. Se dice que fue el panadero de al-Hayyay ibn Yusuf. Cuando la familia se trasladó a Bagdad, siguió con aquella profesión y fue muy famoso en la confección de ciertos platos de pescado. Cuando su hijo mostró la inclinación por el conocimiento, cosa que no era habitual en la familia, le pareció algo bastante raro, pues solía prohibir a su hijo que estudiara y le sometió a grandes críticas por este motivo, no obstante el hijo aguantó todas las críticas y siguió dedicado al estudio de los hadices. Solía asistir a las reuniones de estudio del Qadi Abu Shayba y debatir con él cuestiones de Fiqh. En cierta ocasión cayó enfermo y Abu Shayba al percatarse de su ausencia dijo, “Vayamos a visitarle”, y así la gente del grupo se llegó hasta su casa, hasta la casa de Bashir el Panadero. Cuando el Qadi y sus estudiantes se marcharon, Bashir le dijo a su hijo, “Hijo mío, yo te prohibía el conocimiento. Hoy he dejado de hacerlo. ¡El Qadi a las puertas de mi casa!, ¡Cómo podía imaginar alguna vez esto!” (Tarij Bagdad, pt. 14, p. 92)

Por lo tanto el Imam Ahmad continuó en su búsqueda del hadiz e hizo varios viajes hasta Meca, donde se encontró con az-Zuhri del cual aprendió gran cantidad de hadices. También viajó hasta Basora, Kufa, y a otras regiones. Aprendió de todos los maestros hasta que brilló con luz propia y tuvo su grupo de estudio en Bagdad, aunque también hubo grupos rivales de estudio como el de Waki’. Por tanto, parece que Ahmad aprendió muchos hadices de Hushaym, pero poco Fiqh. Este último aspecto sería cubierto por otro personaje –el Imam ash-Shafi’i, al que Ahmad se adhirió tras la muerte de Hushaym. Cuando Ahmad hizo el Haÿÿ se encontró con ash-Shafi’i del que quedó sorprendido por su inteligencia en los temas legales, por su método de deducción y por las reglas y los criterios en los que fundamentaba su argumentos deductivos. El encuentro tuvo lugar mientras ash-Shafi’i enseñaba las reglas de la deducción en la Mezquita Haram de Meca, después de que Ahmad hubiera regresado a Meca desde Bagdad tras estudiar el Fiqh de opinión con ash-Shaybani. Ahmad estudió de ash-Shafi’i el Fiqh, pero no la transmisión de hadices, tanto así que le dijo a Ishaq ibn Rahawayh, “Abu Ya’qub aprende de este hombre. ¡Nunca he visto a nadie como él!”

Así pues Ahmad estuvo influenciado por dos corrientes, la del hadiz y la Sunna y la del estudio del Fiqh aunque predominó más en él la primera.

Los estudios privados de Ahmad

Igualmente Ahmad se dedicó al estudio por sí mismo de todo aquello que le interesaba y nunca se sintió satisfecho con la cantidad de hadices de los que tuvo conocimiento llegando a decir, “Continuaré buscando el conocimiento hasta el día en que muera.”

Una cuestión que se plantea es la siguiente: ¿en todo este esfuerzo y en la posesión de todas estas cualidades tuvo Ahmad algún modelo precedente?, no hay duda alguna de que el deseo de conocimiento de Ahmad al comienzo de su vida y la dirección de sus Shayjs Hushaym y ash-Shafi’i fue similar al caso de Sufyan ibn ‘Uyayna, el Imam del hadiz de Meca y a ‘Abdurrazzaq, el Imam del hadiz en Yemen. No hay duda de que todo esto, junto con su interés por la Sunna y su Fiqh fueron las motivaciones más poderosas en él. Pero debió haber algún modelo en el que se basara para este gran esfuerzo que realizó. No es difícil encontrar algunas personalidades musulmanas cuyos pasos siguiera el Imam Ahmad.

‘Abdurrahman ibn Mahdi dijo acerca de Ahmad, “Es el más sabio de la gente en el conocimiento del hadiz de Sufyan az-Zawri.” Ibrahim ibn Ishaq al-Harbi mencionó a aquellos que preservaron la Sunna y dijo, “Sa’id ibn al-Musayyab lo fue en su tiempo; Sufyan az-Zawri en el suyo; y Ahmad ibn Hanbal lo fue en su tiempo.” Así pues vemos que Sufyan está colocado en medio de esta cadena de transmisión mientras que Ahmad está al final, y aunque Ahmad no llegó a conocer personalmente a Sufyan, no obstante, tomó mucho del mismo a través de sus estudiantes gracias a los cuales conoció todo lo que éste transmitió.

Hubo otros personajes que se parecieron a Ahmad, tales como, ‘Abdullah ibn Mubarak. Ahmad at-Tirmidi dijo, “A quien más se parece Ahmad es a ‘Abdullah at-Tirmidi, tanto en método como en presencia.” Los contemporáneos de estos tres hombres observaron los lazos entre Ahmad y los otros dos Imames. Cuando Ahmad comenzó  a estudiar quiso conocer al segundo de ellos, pero éste murió antes de que pudiera tener lugar el encuentro. Ahmad dijo, “Busqué el conocimiento cuando tenía dieciséis años y la primer persona de la que aprendí fue de Hushaym, en el año 179. Ibn al-Mubarak llegó aquel año, y fue la última vez que vino. Fui a sus reuniones y me dijeron que había partido para Tarsus. Murió en el año 181.” (al-Manaqib, p. 25)

Sufyan ibn Sa’id az-Zawri fue un alfaquí y un sabio del hadiz que vivió en Kufa contemporáneo de Abu Hanifa. El Fiqh de Abu Hanifa estaba dominado fundamentalmente por la analogía y el istihsan, mientras que los hadices y la Sunna eran lo predominante en el Fiqh de Sufyan el cual se mostraba muy reacio a ir más allá de lo que había sido transmitido. Ambos se mostraron reacios a relacionarse con los gobernadores y rechazaron las indicaciones de los qadíes. Mientras que Sufyan no tenía ninguna inclinación por los Shi’tas, Abu Hanifa sí mostraba inclinaciones por ellos.

Cuando Sufyan estuvo en Siria ensalzó las virtudes de ‘Ali, ya que no tenía seguidores allí; y cuando estuvo en Iraq ensalzó las virtudes de ‘Uzman porque no tenía seguidores aquí. Subrayó las virtudes de Abu Bakr y ‘Umar en Kufa, donde el apoyo a ‘Ali era muy fuerte, y ensalza las virtudes de ‘Ali cuando estaba con aquellos que le atacaban.

Sufyan vivió de la herencia que recibió de su familia y nunca tuvo que aceptar regalos de los califas. Ahmad hizo lo mismo aunque su herencia fue bastante menor. Con bastante frecuencia Sufyan levantó la ira del califa de su tiempo por sus fuertes convicciones y críticas al poder teniendo que huir en más de una ocasión. También Sufyan viajó bastante en búsqueda de hadices, y al igual que Ahmad también poseía un carácter muy serio.

La segunda personalidad que influiría en Ahmad fue ‘Abdullah ibn al-Mubarak, a quien Ahmad intentó conocer pero no pudo debido a la muerte  de aquel en el 181. También él siguió el camino de Sufyan az-Zawri en su método y fue uno de los hombres más escrupuloso y apegado al método del mismo. También se mantuvo alejado de los círculos del poder, pero sin embargo, al-Mubarak fue un hombre rico y  con los medios suficientes como para no tener que trabajar para ganarse la vida, aunque regaló gran parte de su fortuna. Fue un hombre de abundante conocimiento, pero también fue un guerrero y un muyahid, combinando el Fiqh, el hadiz, el yihad y la propagación del Islam, e hizo varios Hach. Se preocupó mucho por el conocimiento de las Tradiciones y de la Sunna y solía pasar las noches estudiando. En cierta ocasión se le preguntó, “Cuando has terminado de hacer el Salat, ¿por qué no te sientas con nosotros?”, y replicó, “Porque me voy a pasar el tiempo con los Compañeros y los Tabi’un”. Se le preguntó, “¿En qué pasas el tiempo con los Compañeros y los Tabi’un?”, y contestó, “Aprendo de ellos las Tradiciones y la manera de comportarse. ¿Por qué habría de sentarme con vosotros?, vosotros habláis mal de la gente.”

Estos hombres fueron modelos para Ahmad tanto a la hora de su actitud como a la hora de su ascetismo y el interés por el estudio de la Sunna y la evitación en la introducción de innovaciones.


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