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Mahmud Ali Makki, el sabio egipcio que tanto amaba a España

Ensayo sobre las aportaciones orientales en la España musulmana y su influencia en la formación de la cultura hispano-árabe fue su brillante Tesis doctoral

11/10/2013 - Autor: Andrés Martínez Lorca - Fuente: Rebelión
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Mahmud Ali Makki, en 2005 (Foto: F. J. Vargas).

Mi conocimiento de Makki fue indirecto y libresco: gracias a la lectura de su obra Ensayo sobre las aportaciones orientales en la España musulmana y su influencia en la formación de la cultura hispano-árabe , que había sido su brillante Tesis doctoral.

Su admirable manejo de fuentes, el carácter dialéctico de ese complejo proceso cultural y su acertada visión del mundo andalusí que no se reducía a una historia política sino que incluía también otros aspectos (económicos, sociales e ideológicos) habitualmente desatendidos, así como su fluida prosa expositiva, hacen de él todavía un instrumento imprescindible para quien quiera adentrarse en el conocimiento de nuestra Edad Media. Como subrayó en el prólogo Husain Mones, se trata de “una historia del desarrollo de la cultura hispano-musulmana en al-Andalus”. Para mí, que había sido formado en la especialidad de Filosofía de la Universidad Complutense, es decir, en la ignorancia de nuestro pasado islámico, aquel libro fue un doble descubrimiento: en primer lugar, de al-Andalus pero también de las raíces orientales de su brillante cultura, primer Renacimiento en suelo europeo.

Después, lo saludé personalmente en Córdoba durante un Congreso Internacional celebrado en 1987. Su profunda inteligencia, su trato amable y su sensibilidad mediterránea me hechizaron pronto. Cuando más tarde, en un nuevo encuentro, elogió mi Introducción a Ensayos sobre la filosofía en al-Andalus (que lleva por título “La filosofía de al-Andalus. Una aproximación histórica”), sus palabras me animaron mucho porque disiparon mis dudas sobre el camino elegido al confirmar que su rumbo no era equivocado. He de decir que le debo a él lo mejor de mi aportación a la historiografía filosófica de al-Andalus, que es el intento de comprensión de aquel mundo histórico como base explicativa del original pensamiento que fructificó entonces en la península.

Como arabista de excepción, Makki recuperó fuentes históricas y literarias hasta entonces desconocidas. Sus ediciones del Muqtabis de Ibn Hayyan merecen un elogio especial. La Crónica de los emires Alhakam I y Abdarrahman II , o sea, el Muqtabis II-1 , localizada por Lévi-Provençal, ocultada durante años y editada por él tras largas noches de poco dormir y mucho fumar a orillas del río Manzanares, es digna por sí sola de una mención de honor. La traducción castellana de esta joya historiográfica llevada a cabo por él mismo y por el gran arabista Federico Corriente (trabajador infatigable y discípulo predilecto suyo), constituye una valiosísima contribución a los estudios árabes. En reconocimiento a su magisterio como historiador, la editorial Brill de Leiden (Holanda) le concedió el honor de redactar la introducción al volumen colectivo The Legacy of Muslim Spain en el que colaboraron destacados especialistas internacionales.

Y como hispanista, además de sus meritorios estudios literarios, tradujo al árabe páginas inolvidables de autores españoles e hispanoamericanos. Baste citar entre ellos a Federico García Lorca, Antonio Machado, Pablo Neruda, Calderón de la Barca, Rómulo Gallegos y Alejandro Casona.

Si a lo anterior añadimos su labor de pionero en el recién creado Instituto Egipcio de Estudios Islámicos de Madrid, su dilatada y fecunda enseñanza en la universidad de El Cairo y en diversos centros extranjeros, su erudito trabajo en la Academia de la Lengua Árabe de Egipto y sus siempre novedosas intervenciones en numerosos congresos científicos internacionales, este boceto de su perfil intelectual no quedará demasiado en blanco 1 . Por ello, el profesor Mahmud Ali Makki merece con justicia ser llamado sabio y maestro, a semejanza de aquellos ilustres musulmanes orientales y occidentales que brillaron como hombres de ciencia en el cielo de la Edad Media y cuya luz todavía no se ha apagado.

Una personalidad excepcional bajo una modesta apariencia

Yo podría añadir a lo anterior el calificativo de amigo, pero de este aspecto de su vida no procede hablar con detalle en público. Nuestra amistad ha representado tanto un honor como un placer para mí. Aprendí mucho de su experiencia y sus ideas en nuestras largas conversaciones. Y el afecto que sentía hacia él era casi filial. Sólo ofreceré a continuación algunas pinceladas de su vida tal como yo la conocí.

Nos encontramos como ponentes en algunos congresos donde fuimos tejiendo nuestra relación de amistad. Así, por ejemplo, en el III Congreso Internacional Andalusí organizado por la universidad de El Cairo en homenaje a Miguel Asín y celebrado en la capital egipcia en enero de 1992; en el Homenaje a D. Emilio García Gómez organizado por el Instituto Egipcio de Estudios Islamicos en junio de 1996; y en el II Encuentro Interreligioso de Alcalá celebrado en la universidad de Alcalá en 1997. A invitación mía, colaboró con la UNED en diversas ocasiones. Impartió sendas conferencias sobre Averroes y sobre Ibn Hazm de Córdoba en el Centro Asociado de Madrid; intervino en un curso que yo dirigí sobre la cultura de al-Andalus celebrado en el Palacio Ducal de Medina Sidonia (Sanlúcar de Barrameda) en diciembre del año 2000 con dos ponencias acerca de la historia y literatura del Islam español, y participó con un notable artículo en el número extraordinario que la revista de mi Facultad, Éndoxa , le dedicó a Miguel Asín Palacios en el año 1996.

Lamento que a pesar de mis esfuerzos no se publicara su Ensayo sobre las aportaciones orientales en la España musulmana en la colección “Al-Andalus. Textos y Estudios” de la que fui director en la editorial Trotta de Madrid. Sigo pensando que esa importante investigación debe estar al alcance de los jóvenes estudiosos con el anexo añadido de su artículo “Egipto y los orígenes de la historiografía arábigo-española” 2 , tal y como pensamos entonces. Mejor suerte corrió su trabajo sobre la contribución de Averroes al Derecho islámico que incluí en un volumen colectivo que tuvo su origen en un ciclo de conferencias desarrollado en la UNED 3 : en aquel caso el hueco que en el programa provocó la enfermedad de Roger Arnaldez fue cubierto en el libro con un novedoso texto suyo. Junto con el trabajo de R. Brunschvig titulado “Averroès juriste”, el artículo de Makki forma parte de la bibliografía internacional más utilizada sobre el tema.

De su carácter y personalidad debemos destacar estos rasgos: era generoso con todos, alumnos, colegas y amigos (“no sé decir que no”, solía comentar); noble en su actitud, bondadoso en su vida diaria y amigo como pocos; laborioso hasta la exageración, muchas veces en perjuicio de su salud; modesto en el trato y en el vestir; alegre y tranquilo, le gustaba ver el lado bueno de las personas y de las cosas; estoico ante los sufrimientos de la enfermedad que lo fue debilitando en los últimos años (nunca le oí quejarse a pesar de su dificultad para andar y su escasa visión sólo en uno de sus ojos).

Como hombre de religión, era un musulmán ejemplar en su conducta, tolerante con todos y abierto de mente. En resumen, fue “en el buen sentido de la palabra, bueno”, como escribiera de sí Antonio Machado.

Estaba dotado de una memoria excepcional. Ya en los años 60 del pasado siglo Hussein Monés se refería a ella calificándola de “prodigiosa” y de “salvación de sus amigos y consultantes”. Las referencias a autores, obras y fechas (incluidos siempre años Hégira y su correspondiente cristiano) tenían la precisión de un ordenador bien programado.

Mantuvo esa privilegiada memoria hasta el final, como pude comprobar en nuestras últimas conversaciones, a pesar de que a veces se quedaba dormido.

En contra de lo que algunos pudieran pensar dado su carácter apacible, era rebelde en el fondo. Vino a estudiar a España con una beca de su gobierno tras haber denunciado a voces en las oficinas del propio ministerio de Educación que se cometía una injusticia por no habérsela concedido a pesar de sus méritos académicos. El entonces ministro, el ilustre intelectual egipcio Taha Hussein, alarmado por los gritos que le llegaban a su despacho, le reprochó su actitud y le prometió que revisaría su documentación para atender su demanda si así se acreditaba, cosa que hizo enviándolo con una beca no a París, como era tradicional entonces, sino a Madrid. Por otra parte, ya en su etapa de madurez, siendo una figura respetada dentro y fuera de su país, fue convocado por el entonces presidente Hosni Mubarak junto a un grupo de destacados hombres de la cultura para conocer su opinión sobre la marcha del país. Para sorpresa de todos, Makki criticó la corrupción generalizada en la vida pública y la lamentable situación en que se encontraba la juventud egipcia. El dictador, acostumbrado a la adulación, se irritó de manera ostensible ante esa crítica, suave en la forma aunque dura en el fondo.

Desde el punto de vista político, Makki era un demócrata amante de la convivencia pacífica y defensor de los derechos sociales de los ciudadanos. Pronto simpatizó con el nacionalismo de izquierda y el panarabismo de Gamal Abdel Nasser, a quien conoció de cerca como traductor oficial. No ocultó en los últimos años su crítica al régimen de Hosni Mubarak, incluso en presencia del propio dictador, como ya vimos. En un texto fundamental como es su introducción a The Legacy of Muslim Spain se explayó censurando con severidad el poder despótico que introdujo Almanzor y que llevaría al desastre. De esa negativa experiencia sacó una conclusión general aplicable a los dictadores de todos las épocas: “Debemos admitir que Ibn Abi Amir era un genio militar y político de primer orden. Pero, con todo, sus políticas fueron totalmente inmorales, estando dirigidas únicamente al servicio de sus intereses personales. (…) Tal es la naturaleza de los dictadores y de sus demagógicas políticas . (…) Cuando comenzó el declive de al-Ándalus, no vino gradualmente sino más bien como un repentino y estruendoso colapso. Éste es, en verdad, uno de los males del poder personal y autocrático en todos los tiempos y en todos los lugares ” 4 .

Siempre manifestó su solidaridad con Palestina cuyos derechos nacionales defendió, al tiempo que lamentaba los frecuentes errores de su dirección política y la falta de apoyo real de los gobiernos árabes. También le parecía hipócrita la postura de Occidente ante los permanentes abusos y agresiones que sufre la población palestina por parte de Israel.

Amante de la música, le gustaba en especial el flamenco, llegando a convertirse en buen conocedor de su cante. Introducido en ese ambiente por el arabista y músico Elías Terés, trabó amistad con cantaores de la talla de Pepe el de la Matrona y Manolo Caracol. Como fruto de esa afición, sentía una gran admiración hacia los gitanos y su arte.

De sus visitas arqueológicas por el Madrid andalusí y su alrededores acompañando al arabista Jaime Oliver Asín procede un interesante trabajo suyo sobre el Madrid árabe en el que se mezclan las fuentes históricas con las observaciones in situ de los yacimientos visitados 5 .

La literatura fue otra de sus grandes pasiones. De ella llegó a ser un especialista de primer orden, tanto en árabe como en castellano. Prefería en especial la poesía.

Cuántas veces se introducían en nuestra conversación versos de conocidos autores. Su traducción al árabe de algunas obras maestras de nuestra literatura como, por ejemplo, Romancero Gitano de Federico García Lorca, “La tierra de Alvargonzález” de Antonio Machado y “Alturas de Machu Pichu” del Canto General de Pablo Neruda, lleva la huella de su refinada orientación estética.

Tenía una fuerte naturaleza qu e le ayudó a resistir los embates de la enfermedad. Llegó a alcanzar los 83 años, a pesar de sus serios problemas de salud, gracias a la magnífica atención médica que recibió de la Seguridad Social, tanto cuando era internado en los hospitales madrileños ante algunas graves crisis como en las frecuentes consultas de los especialistas en los centros de salud. Siempre mostró un vivo agradecimiento a la sanidad pública española que ahora, por desgracia, sufre el acoso del gobierno regional de la Comunidad de Madrid. A los buenos servicios médicos de que gozó hay que añadir el permanente cuidado de su esposa, María Luisa Hornedo, siempre a su lado protegiendo su frágil salud de los últimos años.

El sabio maestro y amigo Makki se nos fue, al término del Ramadán, en un caluroso día de agosto. Pero su obra y su ejemplo perdurarán en Egipto y en España como inspiración para los estudiosos y como modelo de vida intelectual y moral para muchos.

( Intervención en el Homenaje póstumo al Dr. Mahmud Ali Makki que tuvo lugar en el Instituto Egipcio de Estudios Islámicos de Madrid el día 26 de septiembre de 2013 )
 
Notas
1 Ofrecí un resumen de su vida y de su obra en la necrología que publicó el diario El País : http://cultura.elpais.com/cultura/2013/08/13/actualidad/1376430111_873796.html
Debo añadir a ella dos precisiones: Makki murió el día 7 de agosto de 2013 y no en la fecha que indicó por su cuenta la redacción del diario; su entierro tuvo lugar el día 9 de agosto en el cementerio musulmán del pueblo de Griñón (Madrid) en presencia de familiares y amigos.
2 Revista del Instituto de Estudios Islámicos en Madrid, vol. V, fasc. 1-2, pp. 157-254.
3 Mahmud Ali Makki, “Contribución de Averroes a la ciencia jurídica musulmana", en Al encuentro de Averroes , edición de Andrés Martínez Lorca, Madrid Editorial Trotta, 1993, pp. 15-38.
4 Mahmoud Makki, “The political history of al-Andalus (92/711-897/1492)”, en The Legacy of Muslim Spain, ed. Salma Khadra Jayyusi, Leiden, Brill, 1992, vol. 1, p. 45, cursiva mía.
5 Aunque me comentó en diversas ocasiones este trabajo, nunca llegué a verlo. Lo encuentro citado tanto en su edición árabe ( Madrid al-arabiyya , Al-Qahira, 1968) como en su edición castellana (El Madrid árabe, El Cairo, 1977) por Christine Mazzoli-Guintard en su libro Madrid, petite ville de l’Islam médiéval (IX-XXI siécles), Rennes, Presses Universitaires de Rennes, 2009.

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