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Los santos en el islam y Muhámmad

Desde Occidente se habla mucho de la santidad y los santos. ¿Cuáles son los santos y místicos en el islam? Nos habla el especialista Emilio Galindo Aguilar

11/10/2013 - Autor: Emilio Galindo Aguilar - Fuente: http://emiliogalindo.wordpress.com/2013/10/02/los-santos-en-
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Emilio Galindo Aguilar

De Oriente a Occidente

Emilio, ¿canonizaría usted a Muhámmad? ¿Pasaría el Profeta todas las revisiones del Vaticano y le canonizaría?

— ¡Esta es la pregunta que menos me esperaba! Pero como creo que toda pregunta es sagrada y la respuesta libre, voy a responder a ella por respeto a su condición de sagrada y porque “la hermana pregunta” en su raíz más honda, la duda, y por su fruto más seguro el ansia de buscar, nos marca el alma, amplía nuestro horizonte religioso, nos surte de luz y fuego para andar el camino del encuentro con los hermanos de otras religiones. Por todo ello, y más, esta pregunta tiene pleno derecho a formar parte de este cuestionario. No olvidemos nunca que preguntar viene del latín “praecunctare” y cŏntus significa la pica para aguijonear y probar la bravura de ciertos animales, para despertar en todo ser. Tal es la función del rejoneador en las corridas de toros y tal es el papel de esta cuarta pregunta.

Esta pregunta, un tanto insólita, se hubiera enriquecido más y mejor universalizándola, en lugar de centrarla únicamente en Muhámmad, que está sobradamente “canonizado” por la piedad y veneración de los musulmanes sin necesidad de superar “las revisiones” del Vaticano. Cosa que ni los musulmanes ni los cristianos hubiesen aceptado mientras los unos y los otros no hubiesen acabado con todas las prohibiciones existentes con sus “comunicaciones in sacris” que son como aduanas que impiden el encuentro verdadero. Y eso no porque Muhámmad no sea “un ejemplo y modelo de virtudes” como defendió el historiador e islamólogo Cruz Hernández, personalidad de fama internacional y uno de los mejores conocedores del Islam en España en el II Congreso Islamo- Cristiano de Córdoba en 1994. Su texto, claro y conciso, publicado en el número 62 de Encuentro Islamo-Cristiano, revela los muchos años de dedicación plena y cariñosa al estudio del Islam, aunque sin concesiones a la adulación: “No he intentado, decía, una hagiografía sonrosada del Profeta, entre otras razones, porque como historiador no he querido ni sabido hacerlo nunca de nadie”. Por eso después de estudiar las raíces socio-políticas de la falsa imagen cristiana del Profeta Muhámmad concluía con este juicio espelúznate que debe hacernos pensar: “Posiblemente ningún hombre religioso haya encontrado, a lo largo de la historia, tantos detractores, ni haya sido tan injustamente vilipendiado como Muhámmad. Ahora bien, tampoco ha existido una acusación tan fundadamente política y tan escasamente religiosa como la que se hizo al Islam. Y no se trata tan solo de que durante siglos el Islam fuese el gran enemigo político de la Cristiandad, sino que desde sus orígenes entró en radical e inevitable conflicto con las formas políticas las cuales habría sido subsanado el primitivo “movimiento” cristiano.

También tenemos que decir que la comunidad musulmana tiene sus santos (walī) y el culto a los santos, aunque hay que decir que ese culto no es de origen coránico y hasta se les ha perseguido a esos santos duramente. Quizás sea ese el sino de todo verdadero hombre de Dios. Siempre ha habido santos en Tierras del Islam. Ellos forman una jerarquía en el vértice de la cual se encuentra quṭb o eje espiritual que constituye un símbolo espiritual primordial. El santo musulmán es el que conoce a Dios. Posee varios privilegios: esta libre del yugo de las pasiones, tiene el don de hacer milagros (karāmāt) y su bendición trae la lluvia. Sus hechos están reunidos en obras tituladas, todas ellas, Manāqit o fioretti. El sentimiento popular ha mantenido esa veneración a los santos especialmente en África del Norte. Algunas ciudades los tienen como patronos y son también patronos de algunos oficios. Hay también mujeres veneradas como santas.

Finalmente, esta pregunta si se hubiese hecho con universalidad, planteándola para poner en un santo oral a todos los hombres y mujeres musulmanes o de cualquier otra religión que por su modo de vida y su entrega incondicional a Dios, Uno y único, supieron, según el parecer de los que les han conocido, ser de verdad “sumisos al Dios altísimo, clemente y misericordioso y a toda criatura, por el amor de Dios, habiendo sido siempre hermanos que aman a sus hermanos” que en eso está, a nuestro entender, la santidad más allá de la religión a que pertenezcan. Sencillamente porque ellos también son obra del mismo Espíritu, pues “hay diversidad de dones pero el Espíritu es el mismo”. Ese mismo Espíritu que, por la boca de Jesús, “canonizo” a los que encontró en sus caminos de Palestina durante su vida pública: “No encontré tanta fe en Israel”. Si inspirándonos en Cristo hubiésemos invitado a ese álbum de la santidad a los “santos” hombres y mujeres buenos del mundo, ¡qué gran paso hacia la unidad  de la gran familia humana por encima de todas las religiones. ¡Qué gran letanía de hombres buenos si los educase el Espíritu!. Y eso aunque tuviésemos que saltarnos las muchas barreras de la “Communicatio in Sacris” que crearon el miedo y el desprecio entre las religiones, como confesaba nuestro Ibn Arabī: “Hubo un tiempo en que yo rechazaba a mi prójimo, si su religión no era como la mía. Ahora, mi corazón se ha convertido en el receptáculo de todas las formas religiosas: es pradera de las gacelas y claustro de monjes cristianos, templo de ídolos y Kaaba de peregrinos, tablas de la Ley y pliegos del Corán. Porque profeso la religión del Amor y voy a donde quiera que vaya su cabalgadura pues el Amor es mi credo y mi fe”.

Nos resultan tan bien esclarecedoras y cristianas las palabras pronunciadas por el P. Adolfo Nicolás, Superior General de la Compañía de Jesús en el reciente Sínodo de los Obispos en Roma:  “Hemos buscado los signos Occidentales de la fe y la santidad y no hemos descubierto de que manera a obrado Dios en otros pueblos. Y eso nos ha empobrecido a todos. Hemos perdido las claves, las perspectivas y los descubrimientos importantes" (10 octubre 2012)

Emilio Galindo Aguilar


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