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La trata de mujeres y menores: consecuencias en los estados

29/09/2013 - Autor: M. Laure Rodríguez Quiroga - Fuente: Blog
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Campaña trata

El siglo XXI es un reflejo de los efervescentes cambios sociales que se están produciendo, que implican nuevos retos para las políticas de protección de los derechos humanos. Esto a su vez, conlleva encontrar los medios adecuados para proteger a aquellos colectivos especialmente vulnerables.

De todos los cambios sociales de nuestra época, uno de los más llamativos es el relacionado con el campo de la inmigración a los países europeos o del mal llamado primer mundo. Lo que tradicionalmente ha sido un fenómeno de masas sujeto a un cierto control, ha sufrido un vertiginoso cambio, debido en parte, a las crecientes desigualdades entre el Norte y el Sur, la facilidad para las comunicaciones y los desplazamientos.

A lo largo de este fenómeno migratorio se producen innumerables posibilidades para el abuso y la explotación de personas, además de la vulneración de sus derechos más fundamentales. El fenómeno no es nuevo, y se constata una preocupación evidente por el tráfico de seres humanos para su explotación sexual, laboral o de cualquier otro tipo.

Es indudable que la trata de seres humanos está estrechamente unido a los flujos migratorios. Personas procedentes de áreas económicamente deprimidas de países de Europa del Este, África, Asia o Latinoamérica, son conducidas mediante engaño o de forma coactiva. En el lugar de destino, y posiblemente durante todo el trayecto, serán obligadas a realizar actos sexuales, laborales o de otra naturaleza como contraer matrimonio forzosamente, en condiciones de esclavitud y que atentan a la dignidad y la libertad de la víctima. Tanto es así, que la OIT considera que el 95% de las víctimas sufren violencia física y sexual.

Es curioso, que cuando hablamos de esta realidad se hace referencia al término “Trata de blancas”, evidentemente porque en pleno siglo XIX y XX mujeres europeas o caucásicas eran trasladadas a Brasil o a países árabes para ejercer la prostitución. cuando precisamente lo que nos encontramos es la realidad de mujeres procedentes de África, Asia, Latinoamérica.

No me cabe la menor duda: estamos ante un problema viejo que adopta un nombre nuevo. No podemos olvidar que durante la época colonial personas, principalmente mujeres y niñas, y particularmente africanas e indígenas, eran desarraigadas de sus lugares de origen y comerciadas como mano de obra, servidumbre y/o como objetos sexuales.

Ana Isabel Perez Cepeda, ha señalado que “en el siglo XXI la esclavitud no es una monstruosidad del pasado de la cual nos hayamos definitivamente liberado, se trata de un negocio que en el mundo está más en auge que nunca”.

La comercialización de seres humanos con el objetivo de explotarlos y obtener beneficio económico de ellos podría calificarse como esclavitud. La diferencia con la práctica del pasado, es que la actual no se circunscribe a una relación jurídica institucionalizada e integrada en el sistema económico. Aun así, el contenido material sigue siendo el mismo: el mercadeo de personas.

Una de las claves por las que esta nueva forma de esclavitud se sigue produciendo es debido al modelo desigualitario de sociedades que se está desarrollando, basadas en relaciones de poder asimétricas y en las que se acentúan la dominación de clase y género de forma desequilibrada.

Existen toda una serie de factores de riesgo que elevan las posibilidades de caer en manos de mafias: desempleo; situación de postconflicto bélico; opresión; excesivo aumento demográfico en origen; subdesarrollo; etc. Lo que conlleva a que 2,5 millones de personas en todo el mundo están sujetas a explotación a consecuencia de la trata de seres humanos, según informa la OIT.  Se considera que el 56% de las víctimas de trata con fines de explotación económica o laboral son mujeres y niñas y el 44% restante son hombres y niños. Pero si hablamos en términos de explotación sexual, la cifra se convierte en abrumadora al ocupar un 98% de mujeres y niñas estos fines.

Las circunstancias materiales y económicas del país de origen son las que obligan a muchas personas a emigrar, aceptando ofertas de trabajo en absoluta precariedad. Por eso, la trata de mujeres y menores es un reto destacado en todo lo referido a la defensa de los derechos humanos, porque es un mercado emergente para el crimen organizado, especialmente la dirigida a la explotación sexual, que ronda en torno al 79% de las víctimas de trata. Se calcula que las mafias obtienen ganancias que rondan entre los 8 y 10 mil millones de dólares al año.

Hay una realidad que es ineludible: la trata de personas no es neutral en términos de género. Es evidente, a tenor de los datos ofrecidos, que afecta a las mujeres de manera desproporcionada, algo que redunda en un contexto de desigualdad y violencia estructural en todas las sociedades. La discriminación de género es una realidad trasversal que afecta a todos los ámbitos de la sociedad: acceso a la educación; incorporación al mercado laboral; tomas de decisión y poder; control del cuerpo y de la sexualidad; (in)seguridad económica; etc.

Es preciso que se haga una diferenciación entre la prostitución “voluntaria” -entendiendo que es difícil poder calificar de voluntaria a la venta del cuerpo cuando se produce bajo relaciones de poder desiguales-, de la trata para la explotación sexual o de la tráfico de mujeres para la prostitución. Ni todas las mujeres que ejercen la prostitución lo hacen en condiciones de “explotación”, ni todas proceden de la “trata de personas”.

 

TRAFICO

TRATA

El negocio de la trata no es nuevo, aunque ahora se ha internacionalizado con prestaciones diversas: servicios sexuales a bajo coste, mujeres estéticamente bellas y más jóvenes, o más exóticas.

 

Consecuencias de la trata de Mujeres y menores

No cabe duda que en esta internacionalización de la explotación hay una mayor vulneración de los derechos básicos: la dignidad; la integridad física y psíquica; la libertad personal y sexual, la libertad de movimiento; derecho a la intimidad personal y familiar; la carencia de salud; etc.

No se puede negar que la trata de personas representa una grave violación de los derechos humanos y la dignidad de las personas. Es una actividad criminal altamente lucrativa, en la que frecuentemente están involucradas redes organizadas a menudo asociadas con otras actividades delictivas como el tráfico de migrantes, el narcotráfico, y tráfico de armas.

Las consecuencias de la trata son variadas y diversas, afectando no solo a las víctimas, sino también a las sociedades en origen, tránsito y destino.

 

Consecuencias en las víctimas

El impacto de la trata en sus víctimas es devastador. Además de la coacción, sufren abuso físico y/o sexual, a menudo extremo. Las víctimas son golpeadas, violadas, torturadas, y hasta asesinadas. En el caso de menores, soportan este sufrimiento a una edad crítica para su pleno desarrollo psicosocial y físico.

Para las víctimas, la primera consecuencia grave, es la seria violación de sus derechos humanos. Están expuestas diariamente, a coerción física y psicológica, abuso y violencia. A menudo son tratadas como criminales por los funcionarios en los países de tránsito y destino, debido a su condición irregular en el país, y a su condición como trabajadores ilegales o trabajadores sexuales.

Por el tipo de trabajo y/o sus condiciones laborales, las víctimas a menudo están expuestas a los riesgos y peligros de enfermedades graves. Muchas de las víctimas, al regresar a casa, se enfrentan con problemas de reintegración, debido a la discriminación y estigmatización en relación con el trabajo que se han visto obligadas a desempeñar.

Es especialmente vulnerable la víctima de explotación sexual, máxime si se toma como referencia a menores. Cuando han sido tomadas como esclavas sexuales, el trauma que sufren es similar al de la tortura.

 

Consecuencias en la salud fisica

 

Consecuencias en la salud mental

Consecuencias en el comportamiento

Consecuencias interpersonales / sociales

 

Consecuencias económicas

Consecuencias legales

 

Consecuencias en las sociedades
Las consecuencias también son graves para los países de origen, de tránsito y destino. Una consecuencia, es el incremento en la migración irregular en los países de tránsito y destino.


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