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Contra Schuon o tal vez a favor de Schuon

Especulaciones sobre el texto de un sabio

13/09/2013 - Autor: Prof. Yahia Said Al Andalusí - Fuente: webislam
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Schuon
F. Schuon

Las consideraciones de este libro proceden de una doctrina que no es en absoluto filosófica, sino propiamente metafísica. Esta distinción puede parecer ilegítima a quienes tienen la costumbre de englobar la metafísica en la filosofía, pero, si se encuentra ya una tal asimilación en Aristóteles y en sus continuadores escolásticos, esto prueba precisamente que toda filosofía tiene limitaciones que, inclusive en los casos más favorables, toda filosofía tiene limitaciones que, inclusive en los casos más favorables, como los que acabamos de citar, excluyen una apreciación perfectamente adecuada a la metafísica. En realidad, ésta posee un carácter trascendente que la hace independiente de un pensamiento puramente humano, cualquiera que sea. Para definir bien la diferencia que existe entre uno y otro modo de pensamiento, diremos que la filosofía procede de la razón, facultad enteramente individual, mientras que la metafísica surge exclusivamente del Intelecto. Este último era definido de la siguiente manera, con pleno conocimiento de causa, por el maestro Eckhart: "En el alma hay algo que es increado e increable, y esto es el Intelecto". En el esoterismo musulmán se encuentra una definición análoga, aunque más concisa aún y más rica en valor simbólico: "El Sufí (es decir, el hombre identificado con el Intelecto) no es creado."

Debe considerarse en este punto que el conocimiento verdadero, no ese tipo de conocimiento banal que emana de la razón o el conocimiento filosófico de la dialéctica, es superior a la capacidad de creación de saberes o aprehensión de los mismos por medio de la inteligencia (consideramos el saber memorístico un “pseudo-saber”, no conocimiento verdadero), en este sentido es elocuente la frase final del párrafo, pero más bien diríamos “el conocimiento trascendental del Islam profundo , esto es el sufismo, deviene de la creación directa de Allah swt en el espíritu humano, no es producto de una elaboración mental humana”.

Si el conocimiento puramente intelectual sobrepasa por definición al individuo; si, por consiguiente, es de esencia supraindividual, universal o divina y procede de la Inteligencia pura, es decir, directa y no discursiva, hay que decir que este conocimiento no sólo va más lejos que el razonamiento, sino inclusive más lejos que la fe en el sentido ordinario de este término. Dicho de otro modo: el conocimiento intelectual sobrepasa igualmente el punto de vista específicamente religioso que, por su parte, es, sin embargo, incomparablemente superior al punto de vista filosófico, o, más precisamente, racionalista, puesto que, como el conocimiento metafísico, emana de Dios y no del hombre. Pero en tanto que la metafísica procede completamente de la intuición intelectual, la religión procede de la Revelación. Ésta, la Revelación, es la Palabra de Dios en tanto en cuanto Él se dirige a sus criaturas, mientras que la intuición intelectual es una participación directa y activa en el Conocimiento divino, y no una participación indirecta y pasiva como es la fe. En otros términos: en la intuición intelectual no es el individuo en tanto tal quien conoce, sino en tanto que, en su esencia profunda, él no es distinto de su Principio divino; también la certidumbre metafísica es absoluta en razón de la identidad entre el conocedor y lo conocido en el Intelecto. Si está permitido poner un ejemplo de orden sensible para ilustrar la diferencia entre los conocimientos metafísico y teológico, podemos decir que el primero, que llamaremos "esotérico" cuando se manifieste mediante un simbolismo religioso, tiene conciencia de la esencia incolora de la luz y de su carácter de pura luminosidad; tal creencia religiosa, por el contrario, admitirá que la luz es roja y no verde, mientras que otra creencia afirmará lo contrario. Las dos tendrán razón en tanto ambas distinguen la luz de la oscuridad, pero no la tendrán en tanto la identifican con tal o cual color. Mediante este ejemplo tan rudimentario, queremos mostrar que el punto de vista teológico o dogmático, por el hecho de que se funda, en el espíritu de los creyentes, sobre una revelación y no sobre un conocimiento accesible a cada uno –cosa, por otro lado, irrealizable para una gran parte de la colectividad humana- confunde necesariamente el símbolo o la forma con la Verdad desnuda y supraformal, mientras que la metafísica, que no se puede asimilar a un "punto de vista" más que de una manera enteramente provisional, podrá servirse del mismo símbolo o de la misma forma a título de medio de expresión, pero sin ignorar su relatividad. Es por esto por lo que cada una de las grandes religiones intrínsecamente ortodoxas, por sus dogmas, sus ritos y sus demás símbolos, puede servir de medio de expresión a toda verdad conocida directamente por el ojo del Intelecto, órgano espiritual que el esoterismo musulmán denomina "el ojo del corazón".

He aquí un asunto de suma importancia, no resulta casual que el Islam, como completud de la revelación que descendió paulatinamente por medio de cada Profeta desde Adán –as- hasta Muhammad –saws- no impone “verdades contradictorias” el verdadero Islam es comprensible, ya que no tendría sentido que Dios se comunicase con el ser humano por medio de la revelación para no ser comprendido; por el contrario, el Islam, como suma de la revelación y Mensaje Completo Revelado, indica la solución más perfecta que el ser humano puede lograr en cada aspecto de la vida, material y espiritual, incluso nos indica que no existe dualidad material-espiritual, sino unicidad, allí donde lo aparente hace ver dos aspectos diferenciados. También es necesario poner el acento en que si bien el descubrimiento de la verdad trascendente que el dogma expresa solo veladamente, es un acto de realización íntimo y personal, como todo producto de la intuición racional, solo se dá en el ámbito de lo tradicional, de la transmisión de saberes que rondan el centro y permiten finalmente la penetración del mismo por el individuo, Existe aquí entonces, un trabajo colectivo tradicional, y un trabajo individual que son complementarios.

Acabamos de decir que la religión traduce las verdades metafísicas o universales en lenguaje dogmático; ahora bien, si el dogma no es accesible a todos en su Verdad intrínseca, que sólo el Intelecto puede alcanzar directamente, el mismo dogma no es menos accesible por la fe, único modo de participación posible, para la gran mayoría de los hombres, en las verdades divinas. En cuanto al conocimiento intelectual que, lo hemos visto, no procede de una creencia ni de un razonamiento, sobrepasa el dogma en el sentido de que, sin contradecirlo jamás, lo penetra en su "dimensión interna", que es la verdad infinita que domina todas las formas.

El dogma es en cuanto al conjunto de lo revelado, es decir el dogma islámico, muy escueto para el iniciado y muy abundante para el rudimentario, necesariamente esto ha de ser así, el sufismo, no es otra cosa que el ejercicio de la razón intuitiva que extingue la necesidad del dogma, si el ser humano logra la primacía absoluta del ruh sobre el nafs, no hay necesidad alguna de fe dogmática, el dogma es necesario para el espíritu poco desarrollado, que requiere asideros aunque no sepa a que se aferra con claridad, para el gnóstico no existe el dogma, porque lo ha penetrado en su realidad esencial.

A fin de ser absolutamente claros, insistiremos todavía sobre que el modo racional de conocimiento no sobrepasa el dominio de las generalidades ni alcanza por sí solo ninguna verdad trascendente; puede, sin embargo, servir de modo de expresión a un conocimiento suprarracional –es el caso de la ontología aristotélica y escolástico-, pero esto será siempre en detrimento de la integridad intelectual de la doctrina. Algunos objetarán quizá que la metafísica más pura se distingue a veces muy poco de la filosofía; que ella utiliza, como ésta, argumentaciones y, como ésta, parece llegar a conclusiones; pero esta semejanza se debe al hecho de que toda concepción, en cuanto se expresa, se reviste forzosamente de los modos el pensamiento humano, que es racional y dialéctico; lo que distingue aquí esencialmente la proposición metafísica de la proposición filosófica es que la primera es simbólica y descriptiva, en el sentido de que ella se sirve de los modos racionales como de símbolos para describir o traducir conocimientos que comportan más certidumbre que cualquier conocimiento de orden sensible, mientras que la filosofía –que por algo ha sido llamada ancilla theologiae- nunca es más que lo que ella expresa; cuando razona para resolver una duda, esto prueba precisamente que su punto de partida es una duda que quiere llegar a remontar, en tanto que, como hemos dicho ya, el punto de partida de la enunciación metafísica es siempre esencialmente una evidencia o una certidumbre, que se tratará de comunicar a aquellos que sean capaces de recibirla, por medios simbólicos o dialécticos adecuados para actualizar en ellos el conocimiento latente que portan inconscientemente, diremos también "eternamente", en sí mismos.

La metafísica, que en el ámbito del Islam podemos con toda justicia identificar con el sufismo, se ocupa de multitud de cuestiones que no son expresables en lenguaje articulado. El dogma expresa en palabras verdades que no son cognocibles por las palabras, esta es la gran contradicción y lo que desconcierta a muchos al observar ciertas actitudes del sufismo. Así pues, la expresión verbal de la verdad es el dogma, pero el dogma no puede expresar la verdad metafísica, accesible únicamente por la intuición racional, nunca por el lenguaje.

Tomemos, a título de ejemplo de los tres modos de pensamiento que hemos considerado, la idea de Dios. El punto de vista filosófico, cuando no niega a Dios pura y simplemente -lo que no hará sino dando a esta palabra un sentido que no tiene- intenta "probar" a Dios mediante toda clase de argumentaciones; en otros términos, este punto de vista trata de "probar" ya sea la "existencia", ya la "inexistencia" de Dios, como si la razón, que no es más que un intermediario y en modo alguno una fuente de conocimiento trascendente, pudiera "probar" cualquier cosa; por otra parte, esta pretensión de autonomía de la razón en dominios donde sólo la intuición intelectual, de una parte, y la revelación, por otra, pueden comunicar conocimientos, caracteriza el punto de vista filosófico y revela su insuficiencia. En cuanto al punto de vista teológico, no se preocupa de probar a Dios –él permite inclusive admitir que ello es imposible- sino que se funda sobre la creencia; añadamos que la fe no se reduce en absoluto a la simple creencia porque, de ser así, Cristo no hubiese hablado de la "fe que mueve montañas", pues ni qué decir tiene que la creencia religiosa no posee esta virtud.

Metafísicamente, en fin, no se tratará ya ni de una "prueba" ni de "creencia", sino exclusivamente de evidencia directa, de evidencia intelectual que implica certidumbre absoluta, pero que, en el estado actual de la humanidad, no es accesible más que a una élite espiritual cada vez más restringida; ahora bien, la religión, por su naturaleza e independientemente de las veleidades de sus representantes, que pueden no tener conciencia de ellas, contiene y transmite, bajo el velo de sus símbolos dogmáticos y rituales, el Conocimiento puramente intelectual, como hemos hecho notar anteriormente.

Sin embargo, tendría uno perfecto derecho a preguntarse por qué razones humanas y cósmicas, determinadas verdades, que podemos calificar de "esotéricas" en un sentido muy general, son expuestas y explicitadas precisamente en nuestra época tan poco inclinada a las especulaciones; hay en esto, efectivamente, algo de anormal; no en el hecho de exponer estas verdades, sino en las condiciones generales de nuestra época que, marcando el fin de un gran período cíclico de la humanidad terrestre –el fin de un maha-yuga, según la terminología hindú- debe recapitular o remanifestar de una u otra manera todo lo que se encuentra incluido en el ciclo entero, de acuerdo con el adagio que dice que "los extremos se tocan", de suerte que cosas que son anormales en sí mismas pueden hacerse necesarias en razón de las condiciones apuntadas. Desde un punto de vista más individual, el de la simple oportunidad, hay que convenir que la confusión espiritual de nuestra época ha alcanzado un grado tal que los inconvenientes que, en principio, pueden resultar para algunos del contacto con las verdades de que se trata, se encuentran compensados por las ventajas que otros obtendrán de dichas verdades; por otro lado, el término "esoterismo" es muy a menudo usurpado para enmascarar ideas tan poco espirituales y tan peligrosas como es posible, y lo que se conoce de las doctrinas esotéricas es tan a menudo plagiado y deformado –aparte de que la incompatibilidad exterior y voluntariamente amplificada de las diferentes formas tradicionales arroja el más grande descrédito, en el espíritu de un gran número de nuestros contemporáneos, sobre toda tradición, sea religiosa o de cualquier otra índole- que no hay solamente ventaja, sino inclusive obligación de hacer entrever, de una parte, lo que es el esoterismo verdadero y lo que no lo es y, de otra parte, lo que constituye la solidaridad profunda y eterna de todas las formas del espíritu.

Es un hecho evidente, cuando se observa esa incomprensible hostilidad hacia el sufismo, es decir hostilidad hacia saber porque se cree en lo que se cree, y dijo Ali –ra- “Ninguno cree verdaderamente hasta saber por qué cree en lo que cree”, que el verdadero conocimiento es accesible solo a quien logre la primacía del ruh sobre el nafs, es decir a quien transite seriamente el sendero del sufismo, es por ello que en esta época de marcada decadencia, tienen un éxito relativo las sectas modernistas, puramente exoteristas, dogmáticas y ritualistas, que ya no solo presentan el dogma, sino que elevan el dogma como un ídolo, negando la posibilidad de penetración esotérica en la verdad en contra de la evidencia de que este es el objetivo real de lo religioso, tal y como lo demuestra el sufismo. Vemos asi que la postura de las sectas modernistas no es en realidad anti-sufí, sino anti-islámica, lo cual es en realidad redundante, ya que no puede existir Islam verdadero sin sufismo.

Para volver al tema principal que nos hemos propuesto tratar en este libro, insistiremos en que la unidad de las religiones no solamente no es realizable en el plano exterior, en el plano de las formas, sino que no debe siquiera ser realizada, suponiendo que fuese posible, sobre este plano, sin que las formas reveladas fuesen desprovistas de razón suficiente; y decir que son reveladas es como decir que son queridas por el Verbo divino. Al hablar de "unidad trascendente" queremos decir que la unidad de las formas religiosas debe ser realizada de una manera puramente interior y espiritual, sin ser traicionada por ninguna forma particular. Los antagonismos de estas formas no perjudican más a la Verdad una y universal que los antagonismos entre los colores opuestos o a la transmisión de la luz una e incolora, por utilizar la misma imagen que antes; y de la misma manera que todo color, por su negación de la oscuridad y su afirmación de la luz, permite encontrar el rayo que la hace visible y remontar este rayo hasta su fuente luminosa, de la misma manera toda forma, todo símbolo, toda religión, todo dogma, por su negación del error y afirmación de la Verdad, permite remontar el rayo de la Revelación, que no es otro que el del Intelecto, hasta su Manantial divino.

He aquí finalmente el sencillo hecho de que si en verdad aceptamos la revelación, si en verdad reclamamos el derecho a denominarnos “musulmanes” debemos considerar todas las formas exteriores de las otras religiones reveladas como atavismos respetables, ya que en su época, lo revelado a Ibrahim –as- fue la completud del Islam, en su época, lo revelado a Musa –as-, fue la completud del Islam, en su época, lo revelado a Isa –as- fue la completud del Islam, y finalmente la “completud perfecta” se realiza en la revelación a Muhammad –saws-, que no niega ni contradice, sino continúa y culmina la revelación a los demás profetas.

Conclusión

La revelación y la intuición intelectual, son en verdad los medios de comunicación que Allah –swt- ha establecido entre la humanidad y Él -swt-; cuando los modernistas niegan la validez del sufismo, niegan la intuición racional y la intuición intelectual, y por ende, reniegan del Islam profundo, manteniéndose musulmanes sin comprensión verdadera.



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