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¿Quién devora el corazón de Siria?

Demasiado sadismo, demasiada crueldad. ¿Por qué devoran su corazón aun palpitante a dentelladas?

16/09/2013 - Autor: Carlos de Urabá - Fuente: Webislam
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El corazón de siria es deborado poco a poco
El corazón de siria es deborado poco a poco

Desde hace dos años y medio, prevalece en Siria el caos, el dolor y la angustia. El país se hunde la ruina económica y social: escasean los alimentos de primera necesidad, en muchas regiones se pasa física hambre, faltan las medicinas, el agua, la electricidad o la gasolina. Además hay que sumarle a todo esto 100.000 muertos, otros tantos miles de heridos, torturados, encarcelados, desaparecidos. En fin, como si fuera poco, gran cantidad de ciudades y pueblos han sido literalmente demolidos, las infraestructuras colapsadas, cuatro millones de desplazados internos  y otros dos millones que han  buscado refugio en los países vecinos, donde sobreviven gracias a la ayuda humanitaria prestada por la ONU, la Cruz Roja y las organizaciones no gubernamentales. ¿Es posible encontrar una solución política a esta guerra infame?

Los intentos de diálogo propiciados por los mediadores internacionales llámense la ONU, la liga Árabe o la Unión Europea, han sido infructuosos pues ambos bandos, la Coalición Nacional Siria y el gobierno baazista, no dan su brazo a torcer. Las balas priman sobre las palabras. Lo único cierto es que cuando se terminen las hostilidades, la reconstrucción del país será una descomunal tarea que necesitará de una multimillonaria inversión por parte de las potencias occidentales.

Indudablemente, los verdaderos perdedores de esta guerra son los niños. Según las estadísticas de la ONU y UNICEF, ya se contabilizan más de 8.000 niños muertos; millones de niños dignificados, muchos de ellos heridos, mutilados o huérfanos. Y  lo más cruel, serán los traumas psicológicos que tendrán que arrastrar el resto de su existencia. Este crimen imperdonable pesará sobre la conciencia de quienes lo han consentido y amparado, en especial la indiferencia de la ONU, la Liga Árabe y  el veto de Rusia, China e Irán a cualquier resolución que ponga fin al derramamiento de sangre.

Siria no puede seguir acaparando las páginas necrológicas de los periódicos o los noticieros de televisión donde el rictus mortis de las víctimas es el reclamo preferido para elevar los índices de audiencia. Demasiado sadismo, demasiada crueldad. ¿Por qué devoran su corazón aun palpitante a dentelladas? Es necesario urgentemente abrir caminos que nos conduzcan hacia la paz, alguna manera habrá que encontrar para acabar de una vez por todas con esta pesadilla. El problema es que las oraciones, poemas o palomitas poco conmueven a los verdugos.

En el futuro habrá que buscar alternativas para que las comunidades alauitas,  sunitas, kurdos, drusos, armenios o cristianos convivan en “relativa tranquilidad”. Es utópico creer que a corto plazo se vaya a borrar de la memoria el recuerdo de tan brutal holocausto. Lo más seguro es que la división sectaria o étnica se radicalice y, atrincherados en sus guetos o zonas autónomas, los respectivos grupos paramilitares  impongan la ley y el orden. El método más indicado sería levantar muros de separación (al estilo a los construidos por Israel en Cisjordania), alambradas, garitas y chekpoints. Sólo con esas barreras físicas se podría garantizar la paz y la seguridad. O sea, instaurando una política del apartheid y segregación como la que se aplica en la actualidad en Palestina, Líbano o Irak. Las armas prevalecerán en la toma de decisiones y serán el mejor argumento para disuadir cualquier tipo de desavenencias.

El nuevo mapa sirio, si acabaran en este momento las hostilidades, sería el siguiente: al ESL le pertenecen las zonas liberadas del norte del país y la mitad de la ciudad de Alepo; al noreste, los Kurdos se hacen fuertes en su territorio y, seguramente, exigirán una amplia autonomía o la independencia; hacia la frontera con Irak, los rebeldes sunitas y los grupos yihadistas imponen su autoridad, en el centro, el dominio de las ciudades de Homs y Hama se lo disputan ambos bandos sin que todavía se decida su suerte; en el sur, la región de Deraa y los altos del Golán el ESL y el frente Al Nusra consolidan sus posiciones; Damasco (menos los extrarradios) permanece en poder de Bachar el Assad y sus aliados cristianos, ismaelitas, armenios y drusos; en la frontera con el Líbano, con la recuperación de al Qusayr, el ejército sirio controla el pasillo estratégico con el valle de la Bekaa, por donde recibe el apoyo de la milicia de Hezbolá; en la costa del Mediterráneo, los puertos de Latakia, Tartus y Banyas son el feudo histórico de la comunidad Alauita.

Este panorama nos recuerda un poco a lo sucedido con la desintegración de Yugoeslavia en la década de los noventa del pasado siglo XX.

Para comprender mejor los orígenes del conflicto sirio tenemos que remontarnos al año 1916 cuando, una vez derrotado el imperio Otomano, Gran Bretaña y Francia firmaron el acuerdo secreto Sykes-Picot mediante el cual se repartieron Oriente Medio. Las potencias coloniales, más interesadas en proteger sus intereses económicos y geoestratégicos, trazaron unas fronteras artificiales sin respetar los rasgos étnico-culturales de los pueblos autóctonos.

Estuve recorriendo la carretera que va de Amman hasta el puesto aduanero de al Karama en la frontera con Irak. Esta es una vía muy importante (en la guerra del golfo la utilizó Sadam Hussein para romper el bloqueo impuesto por EE.UU. y sus aliados en el Golfo Pérsico), pues por aquí transitan los camiones cisterna que abastecen con el petróleo iraquí la refinería de Zarqa en Jordania. El paisaje en su totalidad es árido y pedregoso de origen volcánico, prácticamente deshabitado, con excepción de algún pueblo o aldeas beduinas. Al otro lado de la linde, se halla la ciudad Siria de At Tanf, perteneciente a la provincia de Muhafazat Hims (hace algunos años allí existía un campo de refugiados palestinos expulsados de Irak tras la caída del régimen de Sadam Hussein). La línea fronteriza entre Siria y Jordania es bastante  permeable y en las horas de la noche comienza el trasiego de refugiados y de los contrabandistas de armas que actúan en complicidad con el gobierno jordano. Mientras que del lado iraquí, el foco del mercado negro gravita en torno a la ciudad de Mosul. La única vía abierta entre Damasco y Bagdad (los otros puestos han sido bloqueados por los rebeldes) discurre por Ar Rutbah provincia de Al Anbar (mayoritariamente sunita y con presencia de grupos yihadistas), que es por donde el régimen de Bachar al Assad recibe los envíos de armas procedentes de Irán con el visto bueno del gobierno chiita iraquí.

La rivalidad entre las facciones chiitas y sunitas comenzó cuando el ejército Omeya al mando de Yazid, partidario del primer califa del islam Abu Bakr (defensores del califato dinástico) y los seguidores Husayn ibn Ali, nieto de Mohamed (su padre Ali tuvo varias esposas siendo la más querida Fátima, la hija del profeta -saws-. De ahí viene la denominación de shiat Ali o partidarios de Ali) se enfrentaron en la batalla de Kerbala el día de la ashura del año 680. El ejército sunita resultó vencedor y Husayn ibn Ali pagó con su martirio el tributo más glorioso. Desde ese instante se selló el cisma entre chiitas y sunitas que ha derivado, a través de los siglos, en cruentas guerras de exterminio.

En el poblado de Ar Rawayshid (Jordania), situado a unos 40 kilómetros de la frontera Siria, asistimos al funeral de un guerrillero caído en la la batalla. El imam de la mezquita, después de lavar el cuerpo y someterlo a las abluciones rituales, lo amortajó con esmero, colocándolo en una camilla. Luego fue transportado en andas por sus familiares hasta el “umbral del paraíso”, una fosa abierta en un cochambroso cementerio donde revolotean los cuervos. Allí colocaron el cuerpo inerte del combatiente con la cabeza inclinada hacia la derecha en dirección a la Meca, mientras con el Corán en la mano, el imam rezaba la oración fúnebre -fard kifai-.

Entonces, como cita el Corán: “de la tierra os creamos, a la tierra retornaremos y de ella os haremos surgir otra vez”. En ese oasis bendito de montañas de almizcle donde los ríos de leche y miel fluyen por valles de diamantes y rubíes. Hospedados en palacios de oro, plata y perlas serán atendidos por 86.000 sirvientes prestos a satisfacer todos sus deseos. Se hartarán de deleitar los mejores manjares o el vino más exquisito y, como si fuera poco, gozarán hasta la extenuación del amor carnal de las huríes.

La población civil Siria, no importa al bando al que pertenezca ni el grupo étnico o confesional, experimenta en carne propia una de las mayores tragedias jamás conocidas en Oriente Medio. La rutina diaria está marcada por el traquetear de las ametralladoras, los bombardeos de la aviación, el fuego graneado de morteros o el lanzamiento de los misiles Escud o Grad, quién sabe si cargados con gas mostaza o sarín; bombas de fósforo o de napalm. ¡Qué más da! Todo es válido, con tal de neutralizar a “los peligrosos terroristas que intentan destruir a Siria”, según palabras del rais Bachar al Assad.

Siria se ha convertido en el centro global del yihadismo y donde miles de voluntarios islamistas procedentes de los países de la Umma o del mundo entero llegan a combatir a los “impíos y apostatas” alauitas. Pero tampoco los chiitas se quedan atrás y acuden presurosos a solidarizarse con sus hermanos de sangre. Entre los distintos actores protagonistas del conflicto bélico cabe destacar: el frente al Nusra, leales a Ayman Zawahiri, líder de al Qaeda (brigada Tawhid al Asheh, Al Sahaba, Fursan al Sunnah) los guerrilleros del Ahrar ash- Sham (Frente Islámico Sirio) también de los de Hezbolá (brigada Nasr), AMAL, o los guardianes de la revolución iraníes Pasdarán, que llevan colgado en el pecho el retrato del imam Jomeini, ESL (Geish al Jor- Ejército Sirio Libre) el Hamas palestino, las Brigadas de Unificación de los Muyahidines (chiitas iraquíes), los filipinos de Abu Sayyaf, los chechenos del Imarat Kavkaz, los yihadistas barbudos de trajes yemenitas, cuchillos curvos y kalashnikov en ristre reclutados por Qatar, el wahabismo saudita más radical que patrocina varios batallones de mártires entre los que no faltan musulmanes españoles, franceses, holandeses, británicos o americanos, el Movimiento Muyahidín de Marruecos, los matones de la Shabiha de Bachar al Assad, el Frente de Liberación Popular de Turquía al mando del “carnicero de Baniyas” Mihrac Ural, pro alauita, combatientes del Estado Islámico de Irak y Levante, simpatizantes de Al Qaeda, combatientes egipcios de los Hermanos Musulmanes, los islamistas de Ansar al- Islam, el Ansar al Sharia tunecino, los kurdos del (PYD) Partido Democrático del Kurdistán, afiliado al PKK, los paramilitares Cristianos Sirios aliados de Bachar al Assad, el Movimiento Salafista Yihadista Jordano, el Lashkar e Talibán de Pakistán, los Hermanos Musulmanes sirios, los libios del CNT, los palestinos del FPLP aliados de Bachar, los cristianos maronitas libaneses pro sirios, los Drusos de las montañas de Sweida y los altos del Golán, Armenios, Asirios y Arameos, minorías fieles a Bachar al Assad. También hay que mencionar los asesores rusos, de Corea del Norte y China, o los mercenarios y espías de todas las nacionalidades captados por la CIA, La OTAN, Rusia, Irán, Qatar, Emiratos Árabes o Arabia Saudí.

Desde hace meses, se venía denunciando el uso de armas químicas por parte del ejército sirio, lanzadas desde aviones de combate o con misiles Grad contra los rebeldes y la población civil. Aunque los voceros gubernamentales traten de culpar de dichos atentados a los “grupos terroristas extranjeros”, las pruebas incriminatorias recogidas por ONGs, la MSF o la Cruz Roja son contundentes y demuestran la práctica sistemática del terrorismo de estado. El ejército sirio posee uno de los arsenales de armas químicas más grande del mundo, cuyo programa lo ha  desarrollado desde los años 70 con el asesoramiento de Egipto y la Unión Soviética. (En la actualidad Rusia e Irán) En julio de 2012 Bachar Al Assad amenazó con utilizar con el gas sarín, mostaza o el VX  en el caso de una intervención militar occidental.

El último ataque con armas químicas realizado el 21 de agosto del presente año por la 155 brigada de la cuarta división al mando de Maher Al Assad, hermano menor del rais, contra el suburbio de Ghuta en Damasco dejó la escalofriante cifra de más de 1400 muertos (400 de ellos niños). Se especula que tras el atentado con explosivos (operación Volcán de Damasco), cometido por una comando del ELS en el edificio de la Seguridad Nacional el 19-07-2012 y  que le costó la vida a varios miembros de la cúpula militar, Maher Al Assad sufrió la mutilación de una pierna y un brazo. Es por este motivo que la fiera herida tiene que saciar su sed de venganza a como dé lugar.  Definitivamente Maher es quien ordena y toma las decisiones, siguiendo la línea dura trazada por Hezbolá e Irán, bajo el paraguas protector de Rusia y China.

La agencia de noticias siria SANA afirma que “los misiles cargados con sustancias neurotóxicas fueron disparados por los mismos terroristas con el objetivo de ensuciar el buen nombre del glorioso ejército sirio”. Los agentes de la seguridad del estado o- mujabarat- son especialistas en propagar mentiras o fabricar falsas pruebas. En todo caso, los responsables de tan alevoso crimen tendrán que comparecer tarde o temprano (si es que sobreviven) ante la Corte Internacional de Justicia de la misma forma que lo hiciera en su día Milosevic, Radovan Karadzic o Ratko Mladic, responsables de múltiples violaciones de los derechos humanos en la guerra de los Balcanes.

Organismos de reconocido prestigio como la Cruz Roja o MSF corroboran lo contrario. Es decir, que fue el ejército gubernamental quien deliberadamente cometió el ataque. Por si fuera poco, las declaraciones del coronel sirio Hasan Muri Hamada piloto de un Mig 21, al que Jordania concedió asilo político, clarifican cualquier duda al respecto. El coronel Muri Hamada confesó a los funcionarios del Ministerio del Interior que él, personalmente, recibió órdenes del alto estado mayor de bombardear las zonas rebeldes con napalm. Moralmente, estaba incapacitado para obedecer a sus superiores, así que decidió desertar en cuanto puso a su familia a salvo.

Bachar Al Assad representa la cara amable del régimen, un respetable oftalmólogo graduado en Londres, el “padre de la patria”, incapaz de hacer daño a una criatura inocente. Su discurso se repite una y otra vez con los mismos argumentos: “Siria es víctima de un complot promovido por el sionismo, la CIA, la OTAN, los jeques árabes y al Qaeda”.

Está en juego la supervivencia de la dinastía Assad, un clan familiar compuesto por una larga lista de hermanos, primos, tíos, cuñados, nueras o yernos que acaparan, no sólo el poder político del Partido Baaz árabe-socialista, sino también los más importantes cargos en el ámbito económico y militar del país. Quizás, el clan Assad ya esté preparando una retirada estratégica hacia la zona del Mediterráneo, donde la población Alauita es mayoritaria. Por lo menos, a través de la base rusa de Tartus podrían seguir recibiendo armas y pertrechos esperanzados en hacerse fuertes con la intención de resucitar la antigua república de Latakia.

El uso de armas químicas demuestra la actitud desesperada del régimen sirio ante el avance de los rebeldes en la periferia de Damasco. Seguramente, han entrado en acción las fuerzas especiales del ESL (compuestas por desertores del ejército sirio) equipadas con un sofisticado armamento y entrenadas por la CIA en una base secreta situada cerca de Al Thughra, Jordania.

Se prevé que, en las próximas semanas, Estados unidos junto a Francia, si así lo deciden sus respectivos gobiernos, inicien una intervención armada, sin el aval del Consejo de Seguridad de la ONU. Su propósito es escarmentar al régimen de Bachar al Assad por el lanzamiento de misiles Grad cargados con gas sarín contra el suburbio de Ghuta (Damasco) que ocasionó tan espantosa masacre.

Según el gobierno estadounidense, se trata de una misión aeronaval que busca  debilitar la capacidad ofensiva del ejército sirio. Si se llegará a producir el ataque, Bachar Al Assad ha advertido que “un voraz incendio consumirá por completo Oriente Medio”. Todavía está por ver si pasa de las palabras a los hechos o se trata de un mero arrebato pasional. La milicia chiita de Hezbolá tiene 3000 cohetes Fajar-1 y Khaibar-1 listos para disparar sobre el norte de Israel. El ejército sirio dispararía sus misiles contras los altos del Golán y las bases militares jordanas situadas muy cerca de la frontera común (porque Jordania es la retaguardia de la insurgencia). Aunque no hay que descartar el inicio de una campaña terrorista contra intereses hebreos  y occidentales en la que participarían los servicios secretos iraníes.

Esto no son más que hipótesis, todos los frentes están abiertos, aunque lo más probable es que Bachar Al Assad y sus aliados chiitas actúen con contención dadas las circunstancias y se mantengan a la defensiva, a la espera de dar un golpe de mano en el momento menos pensado.

Un ataque de este tipo sin una invasión terrestre difícilmente podrá derrocar a Bachar Al Assad. Muy por el contario lo más seguro es que se intensifique el conflicto  provocando un mayor número víctimas y de refugiados.  La población civil, ya de por si sumida en una catástrofe humanitaria de dimensiones apocalípticas, exige al menos morir dignamente. Lo más seguro es que, del mismo modo que sucedió en la guerra de los Balcanes,  los cascos azules de la  de la ONU o de la Liga Árabe tendrán que hacer acto de presencia a supervisar lo que queda debajo de los escombros.    
 

La  caída de Bachar sería un terrible golpe para Hezbolá e Irán pues perderían un aliado irremplazable.  Israel paradójicamente también saldría perjudicado pues el ejército sirio desde la guerra e los Seis Días en 1967 no ha hecho nada por recuperar los Altos del Golán. El sionismo saben de antemano que tras  las intifadas árabes del 2011 el  nuevo orden  que comienza a estructurase en la región no les favorece. Ellos prefieren a un dictador manso y pasivo que  al islamismo radical cuyo  objetivo supremo es “extirpar un cáncer llamado Israel”. De ahí que desde hace semanas hayan movilizado a sus reservistas y el Tzahal se encuentre en estado de alerta máxima. Incluso se han agotado  las máscaras antigás pues la población teme que si se produce intervención americana Bachar al Assad o Hezbolá desaten una lluvia infernal de cohetes cargados con gas sarín o gas mostaza. Una escalada bélica en Oriente Medio tendría unos efectos desastrosos para la economía mundial que desesperadamente trata de salir de la crisis: subirían los precios del petróleo, caerían  las bolsas, habría una mayor recesión y encima las de por si tensas relaciones entre occidente y los países islámicos sufrirían un grave deterioro.

Carlos de Urabá 2013
Amman-Jordania

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