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Ciencias del Hadiz X

El hadîz sahîh

06/09/2013 - Autor: Redaccion Musulmanes andaluces - Fuente: Musulmanes andaluces
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A la cabeza de los sahîh estarían aquellos en los que coincidieron al-Bujârî y Muslim.

El hadîz sahîh (relato auténtico, sano, válido, correcto) ha sido definido como: “Hadîz músnad (es decir, aquel cuyos trasmisores están debidamente ‘encadenados’ el uno al otro) cuyo isnâd (genealogía, cadena de trasmisores) es ininterrumpido de modo que cada uno de sus miembros es un ‘adl (fedatario digno de confianza) dâbit (estricto en el control de sus comunicaciones) que a su vez ha recogido el hadîz de un ‘adl dâbit, llegando la cadena hasta el Profeta (s.a.s.), o bien acaba en un sahâbi o un tâbi‘î, no siendo el hadîz ni shâdzdz (aberrante) ni mu‘allal (defectuoso)”.

Queremos resaltar algunos de los conceptos contenidos en la definición que hemos presentando:

En primer lugar, el hadîz sahîh es un hadîz músnad, que es todo aquel en el que hay comunicación plena (ittisâl) entre los trasmisores que conforman su cadena (isnâd). A este tipo de hadices en los que no hay ninguna laguna en la cadena de trasmisión se le llama también múttasil o mawsûl. Por su parte, si en el isnâd de un hadiz falta la mención del sahâbi que recoge las palabras del Profeta (s.a.s.), el hadiz es llamado múrsal y es considerado, por lo general, débil (da‘îf). Si falta cualquier otro nombre en la cadena, o bien alguno de sus eslabones es un desconocido o se emplea un término ambiguo, el hadiz es llamado múnqata‘. Por tanto, con más razón, no puede ser considerado hadîz sahîh aquél en cuya cadena faltan dos o más nombres (o son nombres ambiguos), siendo llamado hadîz mú‘dal. Estudiaremos más adelante, in shâ Allah, todos estos casos.

En segundo lugar, no se considera hadîz sahîh aquel que sea shâdzdz, es decir, aberrante, siendo considerado tal el hadiz que es trasmitido por un ziqa (una autoridad digna de confianza) pero en contradicción con lo que han trasmitido otros sabios ziqât.

En tercer lugar, no puede ser un hadiz mu‘állal, defectuoso, que es todo hadiz en el que se descubre algún defecto casi imperceptible (‘illa jafía) lo cual anula la posibilidad de ser tenido en consideración de sahîh, aun cuando aparentemente el hadiz sea irreprochable.

En cuarto lugar, los trasmisores del hadiz deben ser cada uno de ellos ‘adl y dâbit, alguien cuyo testimonio sea aceptable y sea severo a la hora de trasmitir información sobre el Profeta, de modo que si alguno de los miembros de la cadena de trasmisión carece de estos caracteres el hadiz deja de ser considerado sahîh. En el capítulo consagrado a las condiciones del trasmisor ya hemos definido los conceptos de ‘adâla y dabt.

A su vez, podemos subdividir los hadices sahîh en sahîh por sí mismo (sahîh li-dzâtihi) o sahîh por otro (sahîh li-gáirihi). El sahîh li-dzâtihi es el que cuenta con las condiciones para su aceptación en grado máximo. Por su parte, el sahîh li-gáirihi es aquel que debe su validez a un refuerzo exterior; es decir, carece de alguno de los elementos para una aceptación absoluta (como es el caso del hadîz hásan), pero si, por ejemplo, resulta que existen otras versiones del mismo texto con validez absoluta, esa coincidencia eleva a la categoría de sahîh el hadiz que por sí solo sería hásan.

Ya hemos visto que un hadîz sahîh es músnad y múttasil (cuenta con una cadena completa de trasmisores fidedignos y estos están encadenados correctamente entre sí). A esta descripción se puede añadir otra, diciendo que tal hadîz sahîh es mutawâtir o âhâdî. También veremos en próximos capítulos que un hadiz auténtico puede ser garîb o mashhûr, y otros calificativos que también se pueden aplicar a los hadices hásan y da‘îf.

Llamamos mutawâtir al hadiz sahîh que ha sido trasmitido en cada una de sus generaciones por tal cantidad de fedatarios que sea imposible a la razón pensar que puedan coincidir en mentir. Efectivamente, las palabras dichas en público por el Profeta (s.a.s.), así como los actos que realizaba en presencia de gran cantidad de personas, han podido ser trasmitidos por muchos de los asistentes, y sus oyentes, a su vez, lo han podido trasmitir a gran cantidad de discípulos, y así generación tras generación. A este tipo de trasmisión se le llama en árabe tawâtur (trasmisión masiva), y mutawâtir es el nombre que recibe el relato trasmitido según ese modo.

En la definición del hadiz sahîh mutawâtir hemos dado cabida a una  expresión genérica: “Tal cantidad de fedatarios que sea imposible a la razón pensar que puedan coincidir en mentir”. Con ello evitamos entrar en la polémica en torno a la cantidad exacta de trasmisores a partir de la cual se produce el tawâtur o trasmisión masiva.

Efectivamente, se ha dicho que son suficientes cuatro testigos distintos; otros autores hablan de cinco, y así hasta elevar la cifra a ciento quince testigos, teniendo cada número algún respaldo en el Corán, pero nunca definitivo. Por ello, preferimos la definición que hemos dado, más ambigua, pero que recoge el espíritu de la cuestión. Según Ibn Háŷar al-‘Asqalâni: “En la opinión más sensata, no tiene sentido fijar un número determinado”.

A su vez, el hadîz mutawâtir se subdivide en literal (lafzí) y por el sentido (ma‘nawí). El hadîz sahîh mutawâtir lafzí consiste en que todos los trasmisores de determinadas palabras del Profeta (s.a.s.) coincidan literalmente al trasmitirlas, y esto se dio en pocas ocasiones (como en el caso del Corán mismo, que nos ha llegado de acuerdo a este sistema de trasmisión masiva y al pie de la letra).

Por su parte, el hadîz sahîh mutawâtir ma‘nawí es aquel que nos ha llegado en una gran cantidad de versiones en las que los trasmisores coinciden en el significado pero no en su letra. A esta categoría pertenece una gran cantidad de hadices.

Según algunos autores, deben considerarse mutawâtir algunos hadices que en sus comienzos hayan sido âhâdî (un hadiz âhâdî es el que no reúne las condiciones del mutawâtir: puede haber sido trasmitido por un solo comunicante -garîb-, dos o más -‘açîç-, o hacerse célebre -mashhûr-), siempre que tras sus primeros eslabones pase a reunir las condiciones del masivo, como en el caso del hadiz “las acciones valen lo que sus intenciones”, que fue recogido en principio sólo por ‘Omar, ‘Omar lo comunicó a ‘Alqama y éste a Muhammad ibn Ibrâhîm at-Tîmî, quien lo trasmitió a Yahyà ibn Sa‘îd al-Ansâri, y éste último lo difundió alcanzando a partir de él el nivel de un mutawâtir.

El tawâtur o trasmisión masiva no es un tema que analicen los muhaddizûn (los expertos en materia de hadiz) ni califican con este término los hadices que examinan, pues la ciencia de la trasmisión del hadiz investiga un texto para determinar su validez o debilidad, y juzgar por ende si el hadiz debe ser tenido en cuenta o rechazado, analizando las biografías de los trasmisores y las formas de trasmisión, mientras que en el tawâtur sólo se tiene en cuenta la cantidad (es decir, la autenticidad del texto se basa en la imposibilidad de que tal cantidad de trasmisores puedan haberse puesto de acuerdo en mentir).

Lo que sí es relevante es que los muhaddizûn están de acuerdo en que el hadiz mutawâtir, tanto el lafzí como el ma‘nawí, es fuente de un conocimiento tajante y cierto (‘ilm qat‘í yaqîní). Pero discrepan en lo relativo al hadîz âhâdî, el cual, como hemos visto, es el que no reúne las condiciones del mutawâtir. Para algunos autores, como el Imâm an-Nawawí, consideran que el hadîz âhâdî proporciona una información de valor relativo que es aceptada con reservas, es decir, es una hipótesis (zann). Otros admiten el hadîz ahâdî como fuente de conocimiento cierto (qat‘) cuando ha sido recogido por los dos Shayjs (al-Bujârî y Muslim). Por último, otros, como Ibn Hazm, aceptan sin reservas este tipo de hadices: “La información que proporciona una persona ‘adl a partir de otro ‘adl hasta el profeta nos hace saber y nos obliga a actuar”.

Tal vez la opinión de Ibn Hazm sea la más coherente. Efectivamente, el profundo aprecio que los musulmanes sienten por los Sahîh de al-Bujârî y Muslim no debe servir para desacreditar los exámenes realizados por otras autoridades, aunque no tengan el renombre de los Dos Maestros. Todo hadiz que reúna las condiciones de validez que se exigen para el sahîh, aunque no haya sido recogido por los Dos Šayj, debe ser objeto de la misma consideración. En cuanto al parecer del Imâm an-Nawawî según la cual el valor de un hadiz âhâdî es relativo e hipotético (zanní), carece de sentido si se confirma su rango de hadiz sahîh, el cual implica un dato seguro de carácter tajante (qat‘í).

Estos dos últimos términos merecen una breve explicación. Un hadiz es un conjunto de palabras o la descripción de un acto atribuidos al Profeta (s.a.s.). Esa atribución puede ser segura, como en el caso de que el hadiz sea sahîh, y entonces el musulmán está obligado a actuar conforme a la enseñanza contenida en el hadiz. Se dice entonces que el dato que proporciona el hadiz es qat‘í, tajante, pues es indudable su autenticidad. Los hadices de las demás categorías, los cuales no responden a todas las garantías que ofrece el sahîh, ofrecen una información de valor hipotético (zanní): es probable o posible -según el rango del hadiz- que el Profeta (s.a.s.) dijera o hiciera tal cosa, aumentando la certeza si el hadiz es confirmado o matizado por otros textos.

Cuando un hadiz sahîh ha sido trasmitido por un solo comunicante de gran autoridad (ziqa) recibe el nombre de garîb (extraño). Su ‘extrañeza’ puede residir en el texto o en la genealogía. Si a partir de esa única autoridad (ziqa) es comunicado a la Nación por un grupo considerable de trasmisores, entonces recibe el nombre de mashhûr (célebre). Y se le llama ‘açîç, reforzado, si la trasmisión del hadiz es confirmada por dos testigos discípulos del sahâbi comunicante (para algunos autores, esta es una condición para la validez de un sahîh, y otros lo consideran innecesario).

El primer autor en consagrar su labor a la reunión de los hadices sahîh fue el Imâm al-Bujârî, que utilizó esta misma palabra para dar título a su libro más importante, el Sahîh. Es decir, fue el primero en juntar este tipo de hadices excluyendo los que no reunieran todas sus condiciones. Si bien el Imâm Mâlik le precedió, en su Mawatta hay hadices que no pertenecen a dicha categoría, por lo que no puede ser considerada la primera recensión sistemáticas de hadices sahîh. El trabajo iniciado por al-Bujârî fue continuado por su discípulo Muslim, y tras este último los demás autores de colecciones de hadices tal como hemos mencionado en el capítulo consagrado a los Seis Libros.

Los hadices sahîh constituyen una gigantesca materia sobre la que trabajan los alfaqíes a la hora de sistematizar la práctica del Islam. Tras el Corán, son la principal fuente para el conocimiento del Islam tal como fue enseñado por Sidnâ Muhammad (s.a.s.). No obstante, los alfaqíes y los muhaddizûn han acordado una subdivisión que ordena de mayor a menor la importancia de estos hadices. El Imâm an-Nawawî propuso la siguiente clasificación:

A la cabeza de los sahîh estarían aquellos en los que coincidieron al-Bujârî y Muslim. Se trata de los textos que merecieron el aprobado coincidente de estos dos maestros, superando, por tanto, las severas condiciones que pusieron cada uno de ellos.

En segundo lugar estarían los hadices de al-Bujârî.

En tercer lugar, los hadices de Muslim.

En cuarto lugar, los hadices que cumplen con las condiciones de ambos autores pero que ellos no recogieron.

En quinto lugar, los hadices que cumplen las condiciones de al-Bujârî.

En sexto lugar, los hadices que cumplen las condiciones de Muslim.

En séptimo lugar, los hadices considerados sahîh por otros imames.

También existe una especialización según la geografía. Y, así, Ibn Taymiyya aseguraba que “las gentes de ciencia (los ‘ulamâ) están de acuerdo en que los hadices más auténticos son los que se trasmiten en Medina, después los que pueden encontrarse en Basra (Basora), y luego en Shâm (Siria y regiones adyacentes)”. Para al-Jatîb “las vías de trasmisión de las sunnas más seguras se encuentras en los dos Haram (Meca y Medina), lugares en que escasea el tadlîs (la ligereza a la hora de trasmitir tradiciones), así como la mentira y la invención de hadices es excepcional en esa región. También las gentes del Yemen tienen trasmisiones excelentes, pero sus vías son menos en número, y están subordinados en ellos a las gentes del Hiyaz. Por su parte, en Basra hay sunnas sujetas a genealogías sólidas y en abundancia. Los kufíes se asemejan en ello a los basríes, si buen sus trasmisiones a veces son confusas. En las comunicaciones de los shâmíes hay hadices cortados, pero todo lo que entre ellos aparece completo es bueno y provechoso, y predominan los hadices de contenido ético”.

Cada sahâbi tuvo sus discípulos (los cuales configuraron la siguiente generación del Islam, la de los tâbi‘în, o continuadores) que recogieron con cuidado lo que les contaba acerca del Profeta (s.a.s.). A su vez, los tâbi‘în comunicaron esos saberes a sus seguidores. Se formaron así cadenas de trasmisión (sánad, isnâd). Los ‘ulamâ (expertos en ciencias islámicas en general) y los muhaddizûn (expertos en ciencias del hadiz en particular) han intentado determinar cuales de esas cadenas son las mejores y más fiables, y las opiniones son variadas. Pero tanto los sahâba como los tâbi‘în son, en su mayoría, ziqât, fedatarios dignos de confianza, por lo que tales discusiones en torno a las mejores cadenas de trasmisión carecen de mucho sentido.

Para terminar, volviendo a la cuestión de la terminología técnica (el istilâh), hay que diferenciar entre las expresiones hadîz sahîh y sahîh al-isnâd que emplean los críticos del hadiz. Con hadîz sahîh emiten un juicio con el cual consideran un hadiz como auténtico, mientras que la segunda expresión tiene en consideración únicamente su genealogía (dejando al lado el texto, que puede tener algún defecto); en este segundo caso, el hadiz es correcto en su trasmisión, pero no quiere decir que sea plenamente auténtico en esu texto. Por otro lado, si los críticos dicen de un hadiz que es el más sahîh (asahh) sobre una cuestión, no necesariamente tiene por qué ser sahîh en sí, e incluso puede tratarse de un hadiz débil. Se refieren simplemente a que es el más digno de confianza de todos los que hay sobre una cuestión determinada.


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