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Salafismo, imperialismo, terrorismo, historia de una relación (segunda parte)

Análisis de las relaciones entre el salafismo y las políticas imperialistas de EEUU y sus aliados

26/08/2013 - Autor: Anuar Ben-Abderrahman - Fuente: Webislam
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Rey Abdellah junto a los líderes de EEUU, Francia, ONU y FMI

Concluíamos la parte primera con la creación bajo patrocinio británico del Reino de Arabia Saudí en 1925, factor que garantizaba a los imperialistas la imposibilidad de unión por motivos religiosos o étnicos de los árabes, cuyas tierras habían quedado divididas entre Francia y Reino Unido según el tratado Sykes-Picot de 1916. Otro de los elementos que ejemplifica perfectamente el interés de los imperialistas en fomentar la división y enemistad entre los musulmanes fue la partición por parte de Francia del territorio de Siria y Líbano, bajo su autoridad en distritos religiosos, fomentando una separación que no se había dado en ningún momento bajo el dominio otomano.

La dominación política Europea de los territorios musulmanes tuvo consecuencias nefastas para la autoridad que tradicionalmente ostentaban los sabios y estudiosos de las diferentes escuelas, las generaciones jóvenes fueron rápidamente seducidas por las corrientes intelectuales importadas de las metrópolis, así, liberalismo, nacionalismo, socialismo... se convirtieron en parte indispensable del ideario colectivo de las élites con acceso a la enseñanza en las sociedades colonizadas.

En este contexto, el salafismo, a pesar de su pretendido rechazo a la dominación extranjera, fue uno de los factores que  evitaron una reacción intelectual coherente de las autoridades religiosas islámicas.

El salafismo se oponía al principio de autoridad de las escuelas tradicionales, citamos de manera breve la cuestión de la jurisprudencia, según el derecho islámico, con matices entre las diferentes escuelas; una disposición legal o fatwa, debe estar vinculada con los pronunciamientos precedentes sobre los mismo hechos que hayan hecho en el pasado los jurisconsultos anteriores que a su vez deben haber tomado como referente el ejercicio del Derecho del Enviado de Dios sobre las normas contenidas en el Libro Sagrado, de ahí el término jurisprudencia que vincula la práctica de los jueces a sus predecesores y que garantiza adecuar los casos a los contextos. El salafismo pretendía desvincularse de la práctica del derecho tradicional haciendo un tratamiento jurídico vertical, deducir la norma directamente sin contextualizarla ni vincularla a edictos precedentes, la imposición de dicha metodología abría la puerta del error derivado de la opinión personal del juez.

Tampoco quedaron exentas del “reformismo” salafista otras materias de enseñanza islámica como la ciencia del hadiz, sirva como ejemplo, aunque algo posterior, el rechazo por parte de Al-Albani de dos de las principales recopilaciones de hadiz, los Sahih de Muslim y de Bujari que son obras sobres las que existió consenso sobre su rigor durante siglos.

El fin de la Segunda Guerra Mundial supuso el fin del dominio directo de las potencias sobre las colonias y la configuración de un mundo bipolar dividido entre dos súper potencias la URSS y EEUU. Este “nuevo orden mundial” profundizó la división entre los musulmanes y mantuvo las relaciones de dependencia económica en un estricto orden neo colonial, definido como un sistema en el que la antigua colonia carece de capacidad para aprovechar sus recursos, que deben ser gestionados por la metrópoli y al mismo tiempo se ve obligada a desarrollar infraestructuras, comprar equipos y tecnología que suministra la potencia. El hecho de que la mayoría de los estados productores de petróleo no pudieran nacionalizar sus reservas hasta los años 70 pone de manifiesto esta dependencia neo colonial: las potencias se marcharon, pero dejaron a las compañías petroleras en diferentes naciones árabes como la Anglo Persian, Royal Dutch, Gulf o Standar Oil como garantes de sus intereses.

EEUU a través precisamente de Standar Oil había iniciado relaciones con Arabia Saudí en los años treinta y a partir de 1956, fecha de la nacionalización del canal Suez por parte de Gamal Abdel Nasser, se convirtió en la potencia hegemónica de Oriente Medio, ya que la intervención conjunta de Francia, Reino Unido e Israel para romper el bloqueo impuesto sobre el canal, había enemistado a los árabes con dichas potencias. EEUU preocupado por evitar que los estados árabes y el suministro petrolero cayeran bajo influencia soviética, inició políticas de apoyo financiero y armamentístico para asegurarse lealtades. La década de los sesenta marca la consolidación del predominio norteamericano y el inicio de la Daawa internacional del Reino de Arabia Saudí. El panarabismo de Nasser había resultado un fracaso, lo que garantizaba la división entre los árabes y la supervivencia del estado de Israel (objetivo prioritario de USA). Debía por tanto ser neutralizado el único elemento de unión entre naciones tan dispares, el Islam y la difusión del salafismo con su práctica inquisitorial takfiri, aseguraba dicho frente.  Un panorama de humillación (creación del Estado del estado de Israel, frustración, falta de libertad, crisis económicas y culturales de las naciones árabes, la incapacidad de crear  fórmulas de gobierno liberales y las derrotas ante el ejército de Israel), hicieron que el salafismo, apelando al Islam y aportando la poca ayuda con la que se podía contar bajo el yugo de regímenes autocráticos, se convirtiera en la única esperanza de quienes habían visto el fracaso de las ideologías nacionalistas y la escasa proyección política del Islam tradicional de las cuatro escuelas.

No resulta casual que la única reacción coherente basada en el Islam que tuvo éxito, procediera de la rama minoritaria de Islam, el shiismo, inmune a la influencia del salafismo y con una estructura jerárquica que garantizaba el principio de autoridad de los sabios (marya). Así en 1979 una revolución popular dirigida por el Imam Jomeini expulsaba al principal y más poderoso aliado de EEUU en Oriente Medio, el Sha Reza Pahlevi  y transformaba el reino de Persia en una República Islámica. La sorpresa de EEUU fue absoluta y queda remarcada en la pregunta que el Presidente Carter le hizo a su embajador en Irán: “¿No tenemos tiempo para organizar otro golpe de estado?”.
El triunfo de la Revolución Islámica en Irán y el discurso de Imam Jomeini apelando a la unión de los musulmanes , a la emancipación de la dependencia neocolonial y a la liberación de Palestina, influyó en las masas y muchos musulmanes sunníes comenzaron a cuestionarse la tradicional visión negativa (causada por las calumnias históricas) que se tenía del shiismo.

La reacción de EEUU y de sus aliados salafo-wahhabíes, asustados por el ascendente de los revolucionarios iraníes no se hizo esperar, apelaron a sentimientos de xenofobia contra los persas y a la rivalidad entre sunníes y shiíes para formar una coalición de apoyo a Saddam Hussein, Presidente de Iraq y líder del partido Baaz, que en 1980 inició una guerra contra la joven República Islámica al tiempo que incrementaban de manera astronómica las donaciones para Daawa salafista, miles de estudiantes de todo el mundo musulmán fueron formados en las universidades saudíes,se financiaba a organizaciones salafistas y se abrían innumerables madrasas de corte wahhabo-salafista. La violencia contra los shiia se hizo general, sus líderes eran asesinados y sus mezquitas objeto de ataques, principalmente en Iraq y en Pakistán donde los shiia eran mayoritarios en determinadas regiones.

El fracaso de dicha coalición coincidió con el derrumbamiento del bloque soviético (1989-1990) pero el acercamiento de las dos partes de un mundo anteriormente dividido no entraba dentro del esquema productivo (y de beneficio) de las industrias de armamento norteamericanas, Así, el antiguo aliado Saddam Hussein, invadió el pequeño emirato de Kuwait, que paradójicamente había sido uno de los más activos apoyos de Iraq en su guerra contra Irán, no vamos a entrar a conjeturar sobre la lógica (o falta de ella) de dicha invasión, no es preciso hacerlo, basta con analizar los multimillonarios contratos armamentísticos que contrajeron los estados del Golfo, los acuerdos que permitían el establecimiento de bases en sus territorios y en definitiva el dominio directo, para entender quién estuvo detrás de la aparentemente suicida decisión de Saddam Hussein. Esta situación de verdadero vasallaje indignó a no pocos ulemas wahhabies, que veían humillante que tropas de infieles se encontrasen acantonadas próximas al Haramein (Meca y Medina, los santos lugares del Islam) y se produjo una fractura entre los salafistas que no cuestionaban las decisiones de sus monarcas y quienes consideraban preciso combatir y expulsar a EEUU de las tierras musulmanas, esta escisión pasó a denominarse “salafismo yihadista”.

Esta nueva corriente se estructuró en torno a los muyahidin afganos (entrenados y armados por la CIA  a través del servicio de inteligencia paquistaní ISI) sirvió para que Arabia Saudí se librara de su disidencia más incómoda, enviándola a Afganistán al tiempo que se nutría de elementos radicales de todo el mundo musulmán.

La CIA, a pesar de que esta nueva rama del salafismo podía resultar una amenaza para sus intereses, mantuvo su apoyo a la misma al considerar que Hamed Gul, Jefe del ISI sería capaz de conducir a los radicales y asegurarse su influencia en las nuevas repúblicas ex-soviéticas vecinas de Afganistán, un nuevo territorio a dominar anteriormente bajo influencia de la URSS. La organización de los talibán y las “brigadas internacionales” de muyahidin respondía a la pretensión de Paquistán de convertirse en la primera potencia musulmana y se calcula que hasta 100.000  radicales de todo el mundo musulmán recibieron entrenamiento y adoctrinamiento salafo-wahhabi en  Peshawar y campamentos ubicados a lo largo de la frontera entre Afganistán y Paquistán.

La aparente permisividad de EEUU ante la organización por parte de sus aliados Paquistán y Arabia Saudí, de grupos de radicales debe entenderse dentro de la lógica de la oferta y la demanda de su industria de armamento que debido a la Guerra Fría había adquirido una dimensión colosal y necesitaba para mantener el volumen de ventas, sustituir la amenaza soviética por otras, como los “regímenes perversos” (lo que posteriormente llamó Bush, “Eje del Mal”) y el yihadismo internacional, fue la respuesta.

Llegados a este punto de nuestro análisis no es preciso conjeturar sobre el papel que tuvo al-Qaeda como pretexto convincente para que EEUU mediante la invasión de Afganistán e Iraq pasara a dominar directamente dos regiones: Oriente Medio y Asia Central, cuyo interés geoestratégico resulta evidente y consideramos que queda demostrada la relación bien mediante el acuerdo directo con la monarquía wahabbita, bien mediante el uso instrumental de grupos y organizaciones terroristas que el salafismo ha contribuído y contribuye en garantizar las estrategias de dominación global de EEUU y sus aliados.

Los acontecimientos posteriores al 11S, cuyas consecuencias llegan hasta la actualidad, serán tratados en otro escrito, In sha llah.


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1 Comentarios

Eduardoantonio Paz dijo el 27/08/2013 a las 13:00h:

Pido a todos que después de haber leído esta materia, den una mirada a esta otra: http://www.juliusevola.com.ar/El_Fortin/70_1.htm Es importante que los que estamos fuera del contexto islámico,pero nos sentimos unidos a sus dolores,procuremos oir otras campanas. Saludos a todos


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