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Topografía de la otra muerte

Los cementerios musulmanes en España (siglos XX-XXI)

25/08/2013 - Autor: Sol Tarrés - Jordi Moreras - Fuente: Religio in labyrintho
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Tumba Shaij Mansur (Almodovar del Río)

Resumen
A lo largo de la historia, los cementerios se han constituido como espacios en los que considerar la diversidad cultural y religiosa. La agitada historia de los cementerios en España, reflejo de las circunstancias socio-políticas cambiantes, puede ser entendida como una sucesión de respuestas en relación a la muerte diversa (la que difiere del canon cristiano), emplazando ésta intra- o extramuros del recinto del cementerio.
La (c)reciente diversidad religiosa de la sociedad española también comienza a hacerse patente en los espacios funerarios, reclamando nuevas alternativas de gestión en el tratamiento de la muerte. En el caso concreto de los cementerios musulmanes (en España existen hoy en día cerca de treinta parcelas reservadas para la inhumación islámica), se contempla esta especificidad desde el punto de vista de la gestión administrativa de la diversidad. No obstante, esta gestión contemporánea planea sobre un precedente histórico: una significativa proporción de estos cementerios fueron creados durante la guerra civil española para enterrar a los soldados marroquíes que combatieron en el ejército de Franco. Este texto elabora un breve ejercicio de  comparación entre los diferentes espacios funerarios musulmanes españoles,  analizando el desarrollo de las prácticas contemporáneas de su gestión.

 

INTRODUCCIÓN

“Jamás los muertos han sido tan perturbadores para los urbanistas”, así sentenciaba
Louis-Vincent Thomas (1975, p.355) lo que representaba en los años 70 del siglo
pasado la planificación de nuevos cementerios que dieran servicio a las grandes ciudades europeas. Las viejas necrópolis urbanas estaban saturadas, y era preciso disponer de nuevos terrenos, o bien recurrir a otras alternativas imaginativas, sugeridas en forma de nuevos servicios, por parte de la siempre floreciente industria funeraria.
De aquella preocupación por la planificación urbanística de nuevos cementerios se ha pasado, en la actualidad, al interés por la ordenación del espacio interior de los mismos, a fin de acoger la variedad de dimensiones culturales, religiosas y emotivas que se expresan en torno a la muerte en nuestras sociedades. Todo buen observador de estos espacios silentes convendrá que los cementerios resultan ser uno de los espacios sociales con mayor confluencia simbólica, y un ejemplo significativo de reproducción de las formas y estamentos sociales mediante alegorías que hablan de centralidad y periferia, de poder y de dominio.
Por definición, los cementerios son espacios plurales, donde la diversidad (cultural,
social, religiosa, de poder…) intenta superar la uniformidad que acompaña a la muerte. Ésta es una constatación que procura superar el supuesto inexacto que afirmaría que la diversidad se hace presente en los cementerios en el momento de enterrar a difuntos “diferentes”. Es cierto que toda sociedad sabe cómo enterrar a sus muertos, pero no tanto cómo enterrar a otros muertos. La historia de los cementerios es el vivo reflejo de cómo cada sociedad ha tenido que gestionar la muerte de sus otros difuntos. Es decir, de aquellos que profesaban una creencia distinta de la mayoritaria, o cuyo comportamiento les había alejado de la moral constituida, o que habían decidido acabar con su vida, o bien, que simplemente eran extranjeros.
En su clásico trabajo, José Jiménez Lozano (1978) acaba relatando la historia de los cementerios como una continua negociación con la propia diversidad constitutiva de la sociedad española que, dependiendo de las circunstancias históricas, decidía quién era enterrado intra- o extramuros, y quién sería confinado al olvido en la fosa común.
Hoy, de nuevo, la sociedad española vuelve a preguntarse dónde emplazar a los otros difuntos, si bien esta vez se parte de un criterio distintivo, pero integrador, como prueba de la creciente pluralización de esta sociedad. Se han elaborado diferentes
recomendaciones en favor del reconocimiento de la diversidad religiosa en el ámbito funerario (Fundación Pluralismo y Convivencia, Generalitat de Catalunya, modificación del ordenamiento legal para poder ser enterrado sin ataúd por parte de la Junta de Andalucía), y se establece como buena práctica la reserva de parcelas para agrupar a los difuntos de acuerdo a sus pertenencias religiosas.
En el caso de las comunidades musulmanas, todos estos procedimientos y recomendaciones se encuentran con una circunstancia inesperada, pero que tiene una dimensión simbólica de primer orden: la previa existencia de cementerios destinados
a musulmanes, ya sea en el caso de Ceuta debido a la relevancia de la población musulmana de esta ciudad, ya sean los cementerios creados a lo largo de la Guerra Civil, por parte del bando insurgente, para poder enterrar a las tropas marroquíes
reclutadas desde el inicio de la contienda. Una parte sustancial de los cementerios
que hoy en día albergan a difuntos musulmanes tienen su origen en estos equipamientos. Su recuperación y posterior reivindicación para volverlos a poner en funcionamiento proviene de comunidades musulmanas formadas, o se produce por iniciativa de conversos al islam.
En síntesis, el estudio de estos cementerios destinados al rito musulmán no puede plantearse únicamente desde la perspectiva de la gestión de la diversidad religiosa,
sino que debe tener en cuenta la confluencia de otros factores históricos y simbólicos, a través de los cuales se puede recuperar una parte de la memoria de nuestra sociedad, y ver cómo confluye con las expresiones de una memoria familiar y comunitaria que se expresan ante la defunción de un miembro de esta colectividad.

RITUAL FUNERARIO ISLÁMICO

Los musulmanes tienen prescripciones religiosas específicas en relación a la muerte.
El Corán especifica que las inhumaciones de musulmanes deben ser en tierra, pero no habla mucho de los ritos funerarios, por lo que éstos se han ido estableciendo de conformidad con la tradición del Profeta Muhammad, adaptándose a los contextos socio-históricos.
Los rituales mortuorios islámicos comienzan en el momento de la agonía. Es preferible estar acompañado por la familia y los amigos más cercanos, que salmodian el Corán y orientan, si es posible, al agonizante hacia La Meca. En el momento posterior a la muerte, uno de los presentes deberá cerrar la mandíbula del difunto, así como sus ojos, y cubrirlo por entero. A continuación, deberá procederse a la purificación ritual: la ablución del cuerpo, seguida de su amortajamiento, tras lo cual el cadáver no debe ser manipulado de nuevo. Por esta razón, tal purificación debe realizarse después de otras manipulaciones que deba recibir el cuerpo, si es el caso (autopsia, embalsamamiento para su posterior repatriación, etc.). Este proceso de lavado ritual se realiza siempre en España, tanto si el cuerpo es enterrado in situ como si ha de ser repatriado.
El lavado del cuerpo debe ser realizado por una persona del mismo sexo, siendo preferible que tenga una formación religiosa adecuada, aunque también puede realizarlo un familiar y/o amigo que conozca la secuencia ritual y tenga experiencia
en su práctica. El cuerpo es lavado tres veces siguiendo un orden concreto para conseguir su purificación (ghusul) y después se envuelve en un sudario blanco (kafm). Este proceso puede realizarse en el domicilio del difundo, en el tanatorio (cuando en éste se deja una sala a los encargados de dicho proceso, que es la situación más frecuente), o bien en el espacio acondicionado para este uso en el interior del espacio del cementerio.
Tras la purificación, suele realizarse una ceremonia de despedida u oración fúnebre,
que puede tener lugar en el cementerio, el tanatorio, la mezquita o el domicilio.
En caso de que el cuerpo deba ser trasladado para su posterior inhumación, éste debe
introducirse en un ataúd, según marca la legislación vigente. Las exequias en la  mezquita no son, en la actualidad, una práctica habitual. La inhumación, según el ritual islámico, debe realizarse en las primeras veinticuatro horas. No obstante, la normativa española marca que ésta será entre las veinticuatro y setenta y dos horas posteriores a la defunción, a lo que se han adecuado los musulmanes. La inhumación debe  realizarse en tierra, sin ataúd y orientada hacia La Meca. En el caso español, sólo la comunidad andaluza contempla el enterramiento directamente en tierra:

“En aquellos casos en que, por cuestiones de confesionalidad, así se solicite y se autorice por el Ayuntamiento, siempre que se trate de cadáveres incluidos en el grupo 2 del artículo 4LAN2001164 de este Reglamento, podrá eximirse del uso del féretro para el enterramiento, aunque no para la conducción” 1.

No obstante, en el resto de España, la práctica habitual es el uso de un féretro,
siempre en el formato más sencillo posible. Asimismo, la doctrina islámica recomienda que las tumbas sean sencillas, nada ostentosas, y evitando en lo posible los adornos excesivos, fotografías y símbolos.

CEMENTERIOS MUSULMANES EN ESPAÑA

El Acuerdo de Cooperación entre la Comisión Islámica de España (CIE) y el Estado
Español, ley 26/1992, establece el reconocimiento de las comunidades musulmanas
pertenecientes a la CIE:

“el derecho a la concesión de parcelas reservadas para los enterramientos islámicos
en los cementerios municipales, así como el derecho a poseer cementerios propios. Se adoptarán las medidas oportunas para la observancia de las reglas tradicionales islámicas, relativas a inhumaciones, sepulturas y ritos funerarios, que se realizarán con intervención de la Comunidad Islámica local” (Art. 2.5)2.

En virtud de este artículo se han firmado diversos convenios entre municipios y comunidades religiosas: por ejemplo, los que ayuntamientos como el de Barcelona (en 1997), Murcia (en 1999), Jerez de la Frontera (en 2002), Valencia (en 2002), Bilbao (en 2008) y otros han sellado con comunidades islámicas locales, mediante los cuales se concede una parcela reservada a enterramientos islámicos en el cementerio municipal. Asimismo, se han firmado convenios específicos que suponen retomar el uso funerario al que determinados espacios fueron inicialmente destinados: se trata de los  cementerios que se construyeron durante la guerra civil para la inhumación de los soldados marroquíes que combatieron en la misma, como es el caso de los existentes en Sevilla (reabierto en 1987) o en Granada (reinaugurado en 2009).
La cesión de parcelas en cementerios municipales responde, en general, a la petición expresa de las comunidades musulmanas ante las necesidades que se presentan a una población creciente de fieles de esta confesión; pero también a la sensibilidad mostrada por las administraciones locales (en ocasiones, fundamentada en una tradición histórica, como es el caso, por ejemplo, de León) ante las demandas de una parte de la ciudadanía.
En la actualidad hay en torno a una treintena de parcelas destinadas al enterramiento
musulmán en España. Éstas tienen distintas superficies, así como un uso desigual, debido, fundamentalmente, a la composición y a la dinámica del colectivo musulmán. Éste está integrado en la actualidad tanto por españoles que profesan esta religión como por, y mayoritariamente, inmigrantes. Es interesante observar que en colectivos de prolongado proceso migratorio hacia España (como es el caso de la inmigración marroquí), la movilización colectiva para hacer frente a la muerte de uno de sus miembros se ha orientado claramente hacia la repatriación de su cadáver a su región de origen, y no tanto a reivindicar el reconocimiento público de su especificidad ritual funeraria. Probablemente, detrás de tales iniciativas ya emergía una voluntad compartida de evitar el olvido que acompañaría al hecho de ser enterrado en algún anónimo nicho de beneficencia (que ha sido la situación frecuente en el pasado), por no disponer de recursos económicos para ser repatriado.
No obstante, conforme la migración se estabiliza y se procede al reencuentro familiar, se alienta un principio de previsión en el futuro, que se concreta en la contratación de seguros de repatriación para hacer frente a la posibilidad de que pueda fallecer alguno de sus miembros, así como a la reivindicación de espacios funerarios donde poder inhumar a los difuntos según su tradición religiosa. Es decir, se podría sugerir que el incremento de la conciencia de la muerte como variable crece en paralelo con el proceso de estabilización, asentamiento y visibilización de los colectivos musulmanes. Y esto se refleja también en las parcelas reservadas a la inhumación según sus creencias: se observa que la mayor parte de las unidades de enterramiento están ocupadas por “fetos” y niños de corta edad, y en medida mucho menor por adultos, ya sean estos españoles o extranjeros.
De acuerdo con el perfil de los espacios destinados a las inhumaciones según el rito musulmán en España, hemos elaborado la siguiente tipología:

Tipo I: Ceuta
Historia : El primer cementerio, desde el siglo XVIII debido a la composición
musulmana de la población de esa ciudad.
Adscripción administrativa: Gestión municipal junto con las comunidades musulmanas locales.
Morfología: Cementerio independiente, emplazamiento histórico.

Tipo II: A Coruña, Barcia, Talavera de la Reina.

Historia: Cementerios en desuso, creados durante la Guerra Civil.

Adscripción administrativa: Municipios en donde se emplazan.

Morfología: Restos cementeriales en proceso de patrimonialización.

Tipo III: Granada, Sevilla, Córdoba, Zaragoza, Burgos, León

Historia: Cementerios creados durante la Guerra Civil, que hoy han sido recuperados para su uso como espacios de inhumación.

Adscripción administrativa: Gestión municipal junto con las comunidades musulmanas locales.

Morfología: Recintos reservados; algunos de ellos no se sitúan en el mismo emplazamiento que el antiguo cementerio.

Tipo IV: Melilla, Barcelona, Valencia, Derio-Bilbao, Almódovar del Río, Murcia, Benalmádena, Jerez de la Frontera, Manresa, Lucena, Las Palmas de Gran Canaria, Palma de Mallorca, Órgiva, Logroño, Sant Feliu de  Guíxols, Calonge.

Historia: Espacios reservados en los cementerios municipales.

Adscripción administrativa: Gestión municipal junto con las comunidades musulmanas locales.

Morfología: Recintos reservados, separación formal respecto las otras tumbas (excepto en el caso de Melilla, donde se trata de un cementerio independiente).

Tipo V: Griñón-Madrid, Fuengirola, La Puebla de don Fadrique.

Historia: Cementerios privados unicamente para musulmanes.

Adscripción administrativa: Gestión privada.

Morfología: Cementerios independientes, vinculados a una mezquita o centro islámico.

Tipo VI: Ribarroja de Turia, Alcobendas.

Historia: Cementerios privados, con espacios confesionales que se ofrecen a particulares.

Adscripción administrativa: Gestión privada.

Morfología: Cementerios pluriconfesionales de titularidad privada.

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A continuación, analizaremos cuatro ejemplos de espacios cementeriales destinados
a la inhumación musulmana en España.


                                  El cementerio de Sidi Embarek, Ceuta

El cementerio ceutí de Sidi Embarek es el camposanto musulmán en uso más antiguo
de España. Su existencia se constata ya en el siglo XIX, y su origen está vinculado
al morabito del mismo nombre (que data del siglo XVIII), en cuyas
inmediaciones se enterraban los musulmanes devotos, siguiendo la tradición del
norte de África. Los enterramientos más antiguos se encuentran situados en las inmediaciones del morabito, y poco a poco se van extendiendo por los bancales próximos.
Hasta bien entrado el siglo XX, las prácticas funerarias islámicas se realizaban de forma privada y familiar. De hecho, no existe un registro fiable de los fallecidos y de sus ubicaciones en el camposanto.
El cementerio de Sidi Embarek constituye una unidad independiente dentro del Departamento de Sanidad y Salud Pública de la Consejería de Sanidad y Consumo de la ciudad autónoma, y desde mediados de la década de los ochenta, gracias a la firma de un Convenio con la Asociación Religiosa Masyid An Noor, ésta pasa a hacerse cargo de la organización y gestión del cementerio. En la actualidad, el cementerio antiguo situado en los aledaños del morabito ha sido clausurado por saturación, aunque las instalaciones funerarias del mismo siguen en funcionamiento: sala de cadáveres, almacén de material y casa del moqaddem. Éste último se ocupa del mantenimiento del morabito, así como de la asistencia a los familiares de los difuntos enterrados en el cementerio, de las oraciones fúnebres, etc. En la actualidad, se utilizan los bancales situados frente a los terrenos del morabito como camposanto.
La oficina del cementerio, situada en el cercano barrio de La Reina, es la sede
administrativa desde la que se gestiona la asistencia inicial a los familiares del difunto, la documentación, el archivo de todas las tumbas y datos de los difuntos, así como el ordenamiento del espacio funerario.
El cementerio actual de Sidi Embarek es insuficiente para las necesidades crecientes
de la comunidad musulmana de la ciudad (desde el año 2000 la media de enterramientos se sitúa en torno a las veinte o treinta personas por mes), por lo que
está prevista su ampliación, que ocupará una nueva zona de 13.000 metros cuadrados
que unirá la parte clausurada con la que en la actualidad está en uso y que contará con nuevas instalaciones. Las tumbas siguen, en general, la tradición magrebí, en la que el perímetro se señala con pequeños muretes de piedra, en muchas ocasiones encaladas. Las tumbas más antiguas han perdido, en su mayoría, la identificación del difunto, mientras que en las actuales ésta suele señalarse mediante el nombre y alguna pequeña leyenda en árabe, o bien mediante el número de registro.

El cementerio de Sidi Embarek es un camposanto “vivo”, visitado periódicamente
por los familiares de aquellos que en él descansan.

                                         

                                         Patio islámico La Rauda de Granada

El cementerio islámico de La Rauda de Granada reúne en un mismo espacio varios
aspectos significativos: es un ejemplo de reutilización de un camposanto abierto durante la guerra civil para inhumar a los soldados marroquíes que combatieron en el bando insurgente; se trata de una parcela cedida para enterramientos musulmanes,
cuyo terreno depende del Patronato de la Alhambra; los aspectos prácticos y religiosos son gestionados por una comunidad musulmana local, mientras que la empresa funeraria municipal, EMUCESA, asume la gestión administrativa del espacio. A esto se añade la singularidad de estar situado en un espacio patrimonial, el Parque Periurbano de la Alhambra y el Generalife.
El cementerio “moro” (que acoge a una treintena de soldados marroquíes) fue clausurado en la década de los cuarenta del siglo XX, siendo abandonado tras la contienda, y así continúa hasta mediados de la década de los setenta, cuando la comunidad musulmana vuelve a utilizarlo de forma irregular. Tras una larga negociación entre los musulmanes de la ciudad y las autoridades locales, no exenta de tensiones e inhumaciones irregulares, en el año 2002 se firma un Acuerdo entre el Ayuntamiento, el Consejo Islámico de Granada y EMUCESA. Este Acuerdo establece el uso de la parcela para enterramientos musulmanes durante setenta y cinco años, renovables: en ella pueden enterrarse los musulmanes residentes en Granada y su área metropolitana (integrada por cincuenta y un municipios en la actualidad), o quienes siendo musulmanes fallezcan en la ciudad sin que su cuerpo sea reclamado.
Tras una serie de obras de rehabilitación, acondicionamiento y construcción de espacios destinados a tanatopraxia, salas de espera, aseos, zona administrativa, etc., el espacio funerario se inaugura en enero de 2009. La Rauda de Granada tiene la consideración jurídica de “patio”, ubicado en el seno de las demarcaciones del cementerio municipal, aunque se encuentre separado del mismo por mil metros, y cuenta con una superficie cercana a los cinco mil metros cuadrados, de los cuales seiscientos setenta y seis están ocupados por tumbas (en julio de 2010 había un total de ciento treinta y nueve  inhumaciones, de la que ochenta están identificadas nominalmente). De su  mantenimiento y gestión funeraria (lavado y amortajamiento, tumbas, exequias, limpieza, etc.) se encarga la Comunidad de la Mezquita at-Taqwa, cuyo presidente fue uno de los firmantes del Acuerdo de 2002. La tipología general de las tumbas sigue la práctica habitual en el norte de África: tumbas excavadas en el suelo, con recubrimiento de tierra y señalizadas por un perímetro de piedras. Las más sencillas no tienen ninguna indicación del difunto, mientras que otras cuentan con pequeñas estelas funerarias en las que se señala el nombre del fallecido.
Entre las tumbas singulares de este camposanto se encuentra la de Muhammad Asad, periodista austríaco de origen judío que abrazó el islam en 1927. En su prolongada vida formó parte de importantes proyectos, siendo uno de los impulsores de la creación del Estado de Paquistán. Falleció en la localidad malagueña de Mijas en 1992. La presencia de esta tumba histórica, junto a las de los marroquíes fallecidos en la guerra civil, refuerza el sentido simbólico, patrimonial y de memoria histórica del espacio funerario de La Rauda. Consecuentemente, desde su reapertura se ha puesto énfasis en el uso cultural de este espacio como jardín islámico (requisito planteado por el Patronato de la Alhambra y el Generalife, así como por la legislación vigente relativa al patrimonio histórico español), que debe estar abierto al público varios días a la semana.

                   Recinto islámico en el cementerio de la Collserola, Barcelona

En 1997, el Ayuntamiento de Barcelona firma con representantes de varias entidades
musulmanas (Centro Islámico de Formación Religiosa, Wright Protection Association, Asociación Cataluña-Líbano y Asociación Catalana-Palestina) un Acuerdo mediante el cual se cede una parcela de quinientos cincuenta y dos metros cuadrados en el cementerio de Collserola para inhumaciones según el ritual islámico.
Este Acuerdo reconoce que algunos rituales, como el lavado y amortajamiento del cuerpo, pueden realizarse en el domicilio del difunto y, además, que el cuerpo se puede trasladar a una mezquita donde celebrar la ceremonia religiosa.
Asimismo establece que el enterramiento deberá realizarse en ataúd, según marca la normativa catalana vigente. Los trabajos de adecuación y construcción de las tumbas han sido sufragados por la comunidad musulmana. En la actualidad, este equipamiento recibe entre veinte y treinta difuntos a lo largo del año. El recinto islámico (que es como se denomina a esta parcela) está separado del resto de las tumbas por una fila de cipreses. Las tumbas tienen un diseño uniforme y muy sencillo, y tienen la particularidad de organizarse en tres cuerpos por debajo del nivel del suelo (a modo de nicho en sentido inverso al habitual), lo que ha generado una serie de desacuerdos en el seno del colectivo musulmán. Exteriormente sólo algunos enterramientos se encuentran individualizados mediante pequeñas lápidas indicativas u adornos efímeros (flores) y discretos.
El recinto islámico de Collserola está configurado como un espacio funerario al servicio de toda la región catalana, ya que no se ha establecido la condición (frecuente en otros casos) de inhumar sólo a aquellas personas que estén previamente empadronadas en la Ciudad Condal. Así, y según los datos proporcionados por el responsable musulmán encargado de la gestión de este espacio, el 9% de los enterrados entre 1998 y 2002 no estaban empadronados en Barcelona. Desde 2007, los musulmanes catalanes cuentan con un tanatorio, que dispone de una sala de tanatopraxia preparada para la realización de las prácticas rituales previas a la inhumación, y de una cámara refrigerada para la conservación de los cuerpos en caso de que deban ser repatriados. Dispone también de salas de espera y de un espacio donde realizar la oración por el difunto.


                                          Parque Cementerio islámico Suhail
                                                      (Fuengirola, Málaga)

En 1996 se inaugura el Parque Cementerio Suhail. Se trata de un cementerio privado
islámico situado en las cercanías del cementerio municipal de la localidad malagueña
de Fuengirola, gestionado por la Comunidad Islámica Suhail a través de la Empresa Funeraria.
El Parque Suhail ofrece, en un espacio que supera los cinco mil metros cuadrados,
todos los servicios de tanatorio y funerarios que los musulmanes precisan: la posibilidad de realizar todos los trámites administrativos necesarios, una zona para
llevar a cabo las prácticas funerarias rituales (sala de lavado y amortajamiento, oratorio), salas de espera, un amplio aparcamiento y una zona de enterramientos, todo ello con vigilancia constante. La necrópolis está urbanizada y organizada en bloques separados, que combinan zona ajardinada y tumbas dispuestas directamente en suelo donde, según la legislación andaluza, se puede inhumar sin ataúd. Disponen de un espacio específico destinado a inhumaciones de niños, que son las más frecuentes. Estéticamente es un cementerio muy austero: las tumbas cuentan con una pequeña estela funeraria en la que figura el nombre del fallecido (en algunos casos, un simple número) y pocos datos más, primando el idioma árabe en ellas.
Al tratarse de un cementerio privado, un elevado porcentaje de los enterrados proceden de otras regiones de Andalucía e, inclus, o de fuera de la misma.


CONCLUSIONES

La muerte es un reto para las sociedades actuales, obligadas a dar una respuesta a
las necesidades de una población diversa en sus creencias y convicciones. La demanda
de espacios donde poder enterrar según las propias creencias –en este caso las islámicas–, constituye una oportunidad para expresar la propia identidad, ya sea en referencia al lugar de origen (real o mítico) o al de residencia, en tanto que expresión
de integración en la misma. E implica la adaptación y resignificación del ritual según el contexto (tanto legislativo como social). La respuesta a esta demanda expresa el reconocimiento de las especificidades culturales y religiosas de la población, así como la voluntad de integrar esta diversidad, y la visibilidad de lo religioso, en un espacio social plural. Y para ello se hace necesaria la reordenación y (re)ubicación de esta diversidad en los espacios funerarios, conformados como espacios plurales, en permanente transformación para acomodarse a los diferentes contextos socio-culturales, en los que la industria funeraria establece formas de gestión diversa y productos específicos.
Los cementerios, y también las parcelas musulmanas, son lugares vivos, en los que las distintas comunidades interactúan, expresan las identidades múltiples y se intenta superar la uniformidad que acompaña la muerte. Por ello, concretan espacios patrimoniales, espacios privilegiados de la memoria, que constituyen una expresión
singular de la diversidad cultural.

BIBLIOGRAFÍA

J. Jiménez Lozano (1978), Los cementerios civiles y la heterodoxia española, Barcelona.
J. Moreras (1999), Musulmanes en Barcelona. Espacios y dinámicas comunitarias,          Barcelona.
J. Moreras (2004), “Morir lejos de casa: la muerte en el contexto migratorio”, Atlas de la inmigración marroquí en España. Atlas 2004, dirs. B. López García - M. Berriane, Madrid, pp.427-429.
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F. J. Rosón (2008), ¿El retorno de Tariq? Comunidades etnoreligiosas en el Albayzín
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O. Salguero (2011), “El cementerio islámico de Granada. Sobre la recuperación del espacio público por la comunidad musulmana local”, Bandue, 5, pp. 201-228.
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NOTAS:
1 Reglamento de la Policía Sanitaria Mortuoria de Andalucía, Decreto 95/2001 de 3 de abril, Art. 21.4.
2 Según la ley 49/1978 de 3 de noviembre, que regula las normas que rigen los cementerios municipales, se establece, en su punto primero, que “los Ayuntamientos están obligados a que los enterramientos que se efectúen en sus cementerios se realicen sin discriminación alguna por razones de religión ni por cualquier otra”, y en su disposición transitoria segunda establece que “los Ayuntamientos revisarán sus  Ordenanzas y Reglamentos para excluir las restricciones que pudieran contener el principio de no discriminación, tanto en el régimen de los cementerios como en el de servicios funerarios”. A su vez, la Ley Orgánica 7/1980 de Libertad Religiosa establece el derecho de toda persona a “recibir sepultura digna, sin discriminación por motivos religiosos” (Art. 2.1b), pero también a “no ser obligado a practicar actos de culto o a recibir asistencia religiosa contraria a sus convicciones personales”. La no discriminación por motivos religiosos, y la garantía de la libertad religiosa, implican que las administraciones competentes deben dar respuesta a las demandas de sus  ciudadanos sobre el particular y, en consecuencia, garantizar también a todos los ciudadanos el derecho a practicar sus ritos funerarios de acuerdo a sus creencias religiosas.

 

 

 


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