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Maya Nura, diseñadora chilena: “El Islam me ayudó a dejar las drogas y recuperar mi creatividad”

Creativa de los aromas y el vestuario, comparte los cambios que el Islam trajo en su vida y su proyecto Mercado de Nur, emprendimiento que promueve el uso de lo Halal en el público chileno

29/07/2013 - Autor: Vanessa Rivera de la Fuente - Fuente: Mariposas en la Tormenta
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Francisca Montecino o Maya Nura, en su Taller

Francisca Montecinos usa el Alias “Maya Nura” en Facebook. Tiene 27 años y es Diseñadora “Integral”. Estudiaba diseño industrial en la ciudad de Concepción, cuando la participación en un congreso en Buenos Aires le reveló su camino: El Diseño Textil.

Desde ahí, ha seguido una ruta de creatividad y exploración de su entorno y de su identidad, que la llevó a ligar su propuesta artística con las culturas ancestrales. "Viví en una comunidad mapuche en donde la mayoría de las mujeres trabajaban las lanas relmu witral", relata.

El Encuentro con el Islam

Es buscando un espacio para desarrollar su visión del diseño y lidiando con las dificultades de un Chile tradicional, empaquetado en la uniformidad o la copia y resistente a la innovación y la diferencia, que Francisca o Maya encuentra el Islam. Cuenta que “por motivos de estudios mi vida tomó un nuevo rumbo y así llegué a la ciudad de Valparaíso. Y es aquí donde se me presenta el Islam”.

Maya relata que la aparición de la Fe Islámica en su vida fue en un momento más que oportuno: “Necesitaba un cambio urgente en mi vida, vivía una situación de descontrol, emocional, físico y espiritual, acompañado de drogas y alcohol…  Pasé 4 años luchando con mis “demonios” y sufrí un desgaste creativo que me volcó en una depresión profunda la cual hizo que casi terminara con mi vida.”

Pero esta diseñadora musulmana sigue aquí. Su camino en el Islam no estuvo exento de ripios en el comienzo. Cuenta que el primer Corán (traducido) llegó a sus manos gracias a su hermana mayor: “Me prestó una traducción del Corán que había adquirido en un viaje y ¡fue fatal! La peor traducción que he leído, y voy aprovechar para dejar el nombre y la editorial. Lleva por título “Mahoma, El Sagrado Corán” de ediciones Obelisco. Así fue como leí que los hombres son superiores a las mujeres, las mujeres son sumisas y que ¡los hombres tienen derecho a AZOTARLAS  si estas son desobedientes!”

Maya no se rindió y siguió investigando sobre la Fe que había entrado en su corazón. pero no sería lo único. De tanto ver videos en youtube y leer textos de mujeres maltratadas, denigradas, humilladas y lapidadas en nombre del Islam, decidió escribir a una Musallat (oratorio de una pequeña comunidad musulmana) en la ciudad de Viña del Mar: “Es aquí donde entra en mi vida, quien se transformaría en mi compañero de ruta, mi marido. Él me responde con muy bellas y elocuentes palabras sobre lo que dice su traducción del Corán, que difería en mucho con el que yo tenía, me invita a ir a la Musallat y hacer todas las preguntas que tenía respecto al Islam….. Al cabo de un mes yo haría mi Shahada (Testimonio de fe) y es así como me hice musulmana.

De dulce y de agraz

Ser musulmana ha tenido para Maya un impacto positivo: “Soy una persona sana, dejé las drogas y el alcohol, la creatividad volvió a mi vida, mi familia dejó de gastar plata en psiquiatras y tratamientos inservibles, controlé la frustración y el ego y cada día trabajo para ser una persona mas tolerante y respetar a mis pares”.

También menciona aspectos negativos, tanto propios como externos: “Al principio fui bastante “estricta” en mi modo de actuar, comencé a usar el velo casi de inmediato, sin entender en su totalidad el concepto de este mismo y los cambios que iban a repercutir de manera inmediata en mi vida, me volví bastante indolente. En algún momento obligué a una hermana a usar el velo..”

Esto la llevó a sentirse frustrada y a una reflexión sobre el significado de lo que estaba haciendo: “Me dí cuenta que no lo estaba pasando bien usándolo y que no había entendido el significado de éste. Cuando me preguntaban porque lo usaba, no sabía que responder, o repetía como loro, lo que abunda en internet -el Hiyab es mi elección, mi derecho, etc.- Me sentía amargada, me daba cuenta que no era una elección, no era algo que yo hubiera elegido, sino mas bien era una imposición, para agradar al resto de los musulmanes, porque si no lo usaba me sentía juzgada, me sentí perdida, me estaba contradiciendo en mi creencia… por otra parte tenía que trabajar para ayudar a mi marido, y  fue allí cuando decidi dejar de usarlo en público y entender el verdadero significado de “Hiyab”.

Chile y el uso del pañuelo islámico

El uso del pañuelo islámico puede ser problemático en sociedades que no conocen el Islam, sobre todo en Chile, donde la discriminación social y la poca aceptación de la diversidad están enraizados en la idiosincrasia.

Maya cuenta que al principio, su familia se asustó “porque las mujeres de mi familia son bastantes feministas, debe haber pasado por sus mentes que el velo me iba a impedir alzar la voz o que me volvería “sumisa” hacia un hombre”. Señala que los medios de comunicación también hacen su parte al respecto: “El miedo de mi madre, por el tema del “Terrorismo” o la discriminación, la gente es bien ignorante y si ven a alguien con pañuelo inmediatamente es árabe, fundamentalista y terrorista, conceptos inculcados por los medios de comunicación masivos, como la gente no lee mucho y no investiga mas allá, se quedan con lo que sale en la tele”. Finalmente, esos miedos cambiaron y en su familia se dan cuenta que un pañuelo no cambia su modo de pensar ni nubla sus ideas.

Fracisca confiesa que ella ha tenido bastantes conflictos con el uso del pañuelo en público. “Me refiero al velo, ya que el concepto de hiyab comprende algo más que el pañuelo, una manera de vestirse”. Ella afirma que la transición no ha sido difícil ya que siempre vistió ropa holgada, pero la batalla comienza al ponerse el pañuelo en la cabeza ante más allá de la mezquita: “Batallar con las miradas de la gente, de los hombres, las señoras que gritan tonteras y mucho más cuando salimos con mi marido… es verdaderamente desgastante. Me siento como una estrella de cine, acosada por la gente. Para mi el uso del velo es mi Yihad, estoy en una constante lucha para ponérmelo, como te decía anteriormente me afecta mucho ser el foco de atención en la calle, en el trabajo o donde vaya, me gusta ser más bajo perfil, me gustaría poder salir con el velo y que nadie estuviera pendiente de mí, pero eso sucede…. O hasta que diseñe un hiyab “occidental” no árabe. Algo chileno…

El Mercado de Nur: diseño, religión e identidad

Francisca se define como Diseñadora Integral: “Desde chica me han gustado las artes, quise estudiar arte o arquitectura. En mi familia me habían comentado que existía diseño, mi mamá me hablaba de la Bauhaus. Indagué en la carrera, me gustó y postulé. Sin duda el diseño es la mejor carrera que pude haber elegido. ¡Me encanta! Y tiene un campo bastante amplio y en Chile cada vez se van abriendo más caminos.”

El año 2011 abrió su primera tienda “Newen” en la cual trabajaba el diseño mapuche. Ahora quiere incorporar aspectos de la moda islámica en el proceso creativo de elementos que expresen identidad: “La moda propiamente tal, no es frívola, en estricto rigor la moda es un “modo” o costumbre que está en boga por un tiempo, o en determinado lugar o país. Lo que pasa es que el capitalismo la volvió un elemento de consumo.”

Es por eso que hace unos meses comenzó con “El Mercado de Nur” , para diseño de aromas y vestuario: “Se trata de un cambio diametral, en este indagar; quise hacer diseño con lo que soy ahora, dejar atrás el pasado y enfocarme en el presente y futuro in sha’ Allah. Ahora tengo un mercado que atender que es el islámico. Un hermano me dijo una vez: “Hermana tienes que diseñar ropa para hombres, pero algo con lo cuál no nos sintamos “disfrazados” ya que a los nuevos hermanos les incomoda la “túnica” parroquial (como yo le llamo).  Sin ofender a nadie, ¡pero esa túnica es incómoda! Cuesta caminar y, sin lugar a dudas, serás la persona más notoria del centro de Santiago!”

El Mercado de Nur ofrece una serie de productos para el cuidado de la piel, elaborados artesanalmente, con insumos naturales como la cera de abeja y la manteca de Karité, que respetan la piel y la vida, ya que no contienen fragancias que irritan ni conservantes de origen animal. La propuesta del Mercado de Nur está dirigida a todo público, sean o no musulmanes: "Eso es lo que busco, la integración. Latinoamérica tiene una tradición de colores, tejidos y texturas. La invitación es a que la gente en Chile conozca el islam a través de mis diseños, sepa lo que es Halal y que lleve una vida más sana. ¡Si puedo hacer Da´wah (enseñar algo del Islam) con mi profesión y además vivir de esto yo ya estoy pagada!”.




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