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Sexo y gramática

Tentativa de diagnóstico de si el antimujerismo procede de la gramática o del usuario

21/06/2013 - Autor: Cartas de la Zarzamora - Fuente: La Zarzamora
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Yo pata, tú pato

Ay, Violetita, hija mía, he estado pensando y ¿sabes lo que te digo? Pues esto:

¿La gramática es sexista o somos las mujeres las que estamos en la higuera? Más bien creo que lo segundo, que somos las mujeres las que estamos en la higuera. Es más: creo que siendo todo sexista, o casi todo (para no pillarnos los dedos)  en el hacer humano, yo diría que la gramática, de serlo, lo sería de lo que menos. Y lo digo porque, si la gramática se deriva del uso de la lengua y la lengua en muy buena parte es de uso instintivo y en ella gobierna muchísimo el subconsciente y el subconsciente siempre cuadra las cuentas, el lenguaje hablado, por mucho que se imposte y se pase conscientemente por el tamiz del culto al varón, inconscientemente, por otro lado, se desquita. Y la gramática, para ser útil y real, siempre ha de tener en cuenta lo que se dice, aunque luego los gramáticos lo expliquen y juzguen de través. Y está claro que aunque en algunos casos el comadrón gramático sea negado, la gramática, en sí, nos notifica muy eficazmente las verdades de la vida.

¿Por qué un mexicano, si se mete un golpe de padre y muy señor mío (¡Huy esto de padre y muy señor mío me va a pasar factura al final del artículo! Olvidémoslo) dice: ¡Casi me parto “la madre”!? O sea se ha metido un tortazo supremo y lo que se parte no es el padre ni el abuelo ni el hermano, sino la madre de todas las mujeres, o sea, la madre, la mera madre, lo más importante; como decimos en España y no sé si en alguna parte más, la madre del cordero. ¿Eso es machista? ¡Quiá! Eso es mujerismo militante por muy inconsciente que sea, como la madre del cordero es mujerismo militante por muy ganadero que suene.  Cuando alguien piensa en una causa fundamental de algo admirable o sorprendente nunca dice ¡El padre que te engendró! Sino que dice ¡La madre que te parió! El escalafón está claro, creo yo. En España, a diferencia de México, si con alguien tienen que pelear las madres cuando uno se parte algo es con las narices o con la crisma. Todas ellas, curiosamente, palabras del género femenino. Cuando un mexicano casi se parte la madre, un español casi se rompe las narices que son más, por número, claro. Madres no hay más que una, y narices en cada cara sólo hay una, pero a efectos sentimentales se duplican, porque finalmente son dos agujeros dos. Pero lo cierto es que nadie se figura que partirse el padre sea nada para lanzar exclamaciones. Sin embargo, partirse la madre ya es otra cosa. También esta lo de decir “A toda madre”, que en España se diría “a toda hostia” que, aunque no es madre, sigue siendo una palabra de “género femenino” y, preciso es reconocerlo, muy redonda.

Y vayamos ahora con cosas aparentemente menos instintivas. Pongamos, por ejemplo, que hablamos de abogados o de bomberos. Se va a decir siempre al englobarlos no abogadas ni bomberas sino abogados y bomberos. Eso irrita a algunas(os). Por qué eso irrita y en cambio deja indiferente que a los varones, que no hombres, se les llame comunistas y no comunistos o mercantilistas y no mercantilistos, yo no lo sé. La “a”, tan femenina ella, debiera irritar lo suyo también ¿no? Sin embargo los comunistas o istos y los tenistas o istos, siguen tan frescos(as). Intriga ¿no? Y otra cosa que también es una crucecita a cuestas para algunos es eso de ¿Qué es eso de que si hay cuarenta mujeres y un solo varón (varón, que no hombre, porque hombres en total habría 41, cuarenta de ellos mujeres y uno de ellos varón) se emplee el plural masculino?

Hago punto y aparte porque lo merece. ¿Han sido los gramáticos los que han dicho semejante sandez o han redactado las gramáticas diciendo semejante desatino? Miren ustedes, yo no lo sé. Y debo decir que tampoco me quita el sueño no saberlo. Lo que sí sé, en cambio, y no crean que me come la moral el imaginar que sea la única en el mundo en saberlo, lo que sí sé, digo, es que semejante formulación es una majadería como para hacerla desfilar en pasarela y con flashes. ¿Cómo va a ser un plural masculino si hay personas de dos sexos? No. Es como si dijéramos que tenemos varias tenazas y que si les añadimos un martillo podemos legítimamente decir “ahí hay varios martillos”. Tenemos que emplear un plural que englobe a todas sin especificar o especificar lo que hay. “Ahí hay cuatro herramientas” o “varias herramientas” o decir que hay cada cosa.

Vamos a ver otro caso. Voy y digo: “Escribía a fulano”. La pregunta inmediata si no ha mediado un contexto que lo aclare seria ¿Quién escribía? Podría ser yo o podría yo estar hablando de la ex novia de fulano que está que no se tiene queriendo ponerle las peras al cuarto. Es decir, “escribía” es tercera persona del singular del pretérito imperfecto de escribir. Pero si la que escribía era  yo, también hubiera yo tenido que decir, refiriéndome a mí, que “escribía”. Entonces siguiendo el mismo criterio que con los plurales masculinos y los que contienen seres masculinos y femeninos, ¿debieran decir las gramáticas que al conjugar los verbos en la primera persona del singular en el pretérito imperfecto ha de usarse la tercera persona y no la primera? ¿Eh? ¿Debieran decir eso? No, ¿verdad? Sucede que ambas personas tienen la misma forma y que quién lo hace debe deducirse del contexto o especificarse. Pues exactamente lo mismo es el caso del plural que encierra seres de ambos géneros. Se trataría de un plural genérico y no de un plural masculino. No es un plural masculino, es un plural genérico, mixto o como se lo quiera llamar, pero gramaticalmente distinto del masculino. El delito no está en la gramática sino en quienes hablan y explican la gramática. Y no es un pleito, no debiera ser un pleito de los seres femeninos con la gramática sino un conflicto y muy gordo con la mentalidad varocéntrica que hasta a la mismísima gramática ha llegado a envilecer. Y esto sucede en varias lenguas porque generalmente en todas ellas, todas las que yo conozco, cuando se engloba a ambos géneros en el plural, esa forma gramatical es la misma que la del plural masculino. El encasquetarnos, por la jeta, que es que domina el masculino y en el plural lo femenino ha de someterse, son ganas de rebelarse contra la lógica, la gramática, la naturaleza… la VERDAD.  Esto es cierto pero, desde el punto de vista de la mentalidad de dominio, es muy interesante y productivo inocular esa mentira y soberana idiotez. Porque, en efecto, ya a partir de algo tan fundamental en la formación del ser humano como es la lengua, que es como si fuera la madre, se inculca que hay dominio y que ese dominio es el masculino. Eso, desde pequeño, cuando te enseñan la gramática, se interioriza y ahí estamos las mujeres, como auténticas pasmadas protestando porque se use el masculino cuando en el grupo hay mujeres. Es como si alguien apuntara a un árbol con un fusil y para proteger al árbol se lo quisiera cambiar de sitio antes de que le disparen. Pues no. A quien  hay que hacerle algo no es al árbol, el árbol está perfectamente en su sitio, lo que hay que mover o mejor dicho suprimir es el fusil y dejarle las manitas quietas al que apunta.

Pero esa es la tragedia de las mujeres, que nos metemos en esas camisas de once varas por el sitio que no es y ello por una razón muy sencilla: porque no hemos sido capaces todavía de quitarnos esa configuración por defecto, esa segunda pero prácticamente primera naturaleza por usurpación que nos convierte en receptoras de autoridad y no en ejercedoras de autoridad. Miramos a alguien que nos quite esos plurales ofensivos, reclamamos que no se  haga así. Cierto es que algunas incluso hablan como creen  para sacudirse esos plurales ofensivos. Pero la cuestión es que lo que no se sacude es ese interiorizado y enconado sentimiento de no estar en el primer eslabón de la cadena de mando. Somos reaccionarias natas, aunque pudiéramos no serlo, pero tomamos la gramática enseñada por los gramáticos masculionoides y los discutimos, pero los discutimos partiendo de la tácita aceptación de sus majaderías, como es eso de que se usa el masculino para el plural cuando hay un grupo mixto. Que eso quisieran. Pero, recuerdo, la lengua, es una de las cosas que sí que se hacen con el subconsciente y es en el subconsciente donde precisamente se ha refugiado lo femenino. Para decir cosas como ¡Ay que me parto la madre! ¡Madre mía, qué tortazo! ¡Ay, madre, ¿y qué hago yo ahora?! No. El lenguaje es sabiamente inconsciente. Si, hasta esos plurales que tanto nos ofenden. No, no son masculinistas. Todo lo contrario. Son feministas. ¿Por qué?

Pues, para ver por qué, supongamos lo contrario. Supongamos que vivimos en un mundo en el que los plurales genéricos tienen la misma forma que el plural femenino. Habría un plural reservado en exclusiva para los varones, para los seres del género masculino. En un mundo así y en el que hipotéticamente hubiera imperado la misma mentalidad varocéntrica que conocemos y sufrimos ahora, ¿qué diríamos las mujeres disconformes?: ¿Que se reservan ellos un plural más exclusivo y con más privilegios para ellos solos y nos dejan fuera? Eso sería lo lógico ¿no? Como también era lógico que una profesión prestigiosa, como la de médico, que solía estar bien pagada, en la Unión soviética, donde la ejercían en mayoría las mujeres, fuera de las peor pagadas. De hecho es lo que se hace ahora con ese plural genérico: apropiárselo para ellos y decir que se refiere a los varones por defecto y echarnos fuera. De la otra manera nos echarían fuera de otra forma pero, encima, ellos serían los exclusivos. Habría un plural con una forma exclusiva, de la misma manera que tienen la exclusiva del fútbol y de sus millones que, aunque haya futbolistas mujeres, como si no las hubiera porque se las ignora y, aunque la palabra futbolista parezca femenina, nos echan de ella tan, tan igual como si se dijera futbolisto y más que futbolisto. Como existen y han existido los clubes masculinos donde no se admiten mujeres salvo a la Thatcher (me imagino) o esos clubes masculinos donde las mujeres sólo entran para que las consuman ellos… Sí, eso es lo más probable que sucediese si hubiera una forma de plural exclusiva para los seres masculinos. Eso creo porque, como dije ya al principio, el defecto no es de la gramática sino de quienes la han conceptualizado y de los ideólogos a los que esa conceptualización apaña a las mil maravillas.

Pero entonces ¿de dónde viene esa forma de plural genérico que es igual que la forma del plural masculino? Voy a decir lo que sospecho y que me parece que encierra lógica. Vuelvo a la madre de todas las palabras, a la palabra “madre”. Pensemos en nuestro padre y en nuestra madre. Cuando hablamos de ambos decimos un dual: “padres” “mis padres”, “nuestros padres” o “los padres de los alumnos”, la “asamblea de padres” que suele estar formada casi toda ella por madres. No podríamos decir, es decir, podríamos pero ni se nos ocurre decir  “mis madres”. “Mis madres se han ido a celebrar su aniversario de boda”, pongo por ejemplo.  No se nos ocurre y no se nos ocurre porque una madre sí es biológicamente un padre, pero un padre biológicamente no es una madre. Además del aporte genético, lo mismo que el del padre, la madre es bastante más pero como la mentalidad innata humana es justa, amable e inclusiva, al poner en común a padres y madres, adopta la forma menos excluyente y acoge al padre hermanándolo con la madre y, en lugar de decir continuamente padre y madre, dice padres acudiendo al mínimo común denominador. Y sospecho que de ese concepto básico de que una madre es un padre y algo más; de que una mujer es un varón y algo más, viene el plural genérico en el que la hembra, la mujer, amistosamente se coloca junto al varón. Y ¿cómo se ha pagado esa amistad, no por los varones, sino por la mentalidad satánica siempre aplicada a envilecer a la humanidad?: Si, así, diciendo que lo masculino domina. Eso es lo que ellos, esos locos, quisieran. Pero no es así y nunca lo va a ser, por la sencilla razón de que no es verdad y es imposible.

Yo no me cansaré de decir que el plural masculino no se usa porque domine. Ni tampoco me cansaré de decir que no es el plural masculino lo que se usa sino un plural genérico que es fiel a la realidad incluyendo a varones y mujeres. A seres de sexo o género femenino y masculino. No admito que se diga que se usa el plural masculino cuando se trata de un grupo mixto porque eso es una necedad de categoría.  Lo que tenemos que hacer las mujeres y los varones veraces no es destruir la sabiduría de la lengua, en la que al fin y al cabo las mujeres siempre hemos tenido más intervención que en cualquier otra cosa. Lo que tenemos que hacer es dejar de ser reaccionarias, dejar de que sean otros los que nos llamen, los que nos definan, los que nos digan cuál es nuestro lugar. Dejar de estar a expensas de “la autoridad”. La autoridad somos nosotras y la hemos ejercido ejemplarmente en la gramática con esos plurales genéricos que no excluyen sino que incluyen y hermanan. No tenemos nada que reprocharnos. Lo que hemos hecho lo hemos hecho bien. No aceptemos más autoridad que la nuestra y recuperemos la propiedad de la gramática, la lengua, sí, la lengua, que es materna, no paterna. No entremos en los jueguecitos idiotas esos de decir bomberos y bomberas, más bien preocupémonos de que siempre cuando se diga un plural que nos importe, estemos allí, por derecho, por verdad, por amor a las demás mujeres y por amor a nuestros varones, que están muy perdiditos tantas veces y les hemos dejado todo el terreno para que se pierdan más. No, no estamos ni de invitadas ni de intrusas en la vida, estamos por derecho y no tenemos que aprender gramática sino enseñarla.

Rompan filas y vayan* con Dios.

 

*Plural genérico, tercera persona. O sea, ellas también pueden ir ¡qué suerte ¿verdad?! Pero ellos o ellas, sobre todo ellos, pórtense bien.


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