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La Verdad sobre la Verdad; un tópico de Epistemología

Cada ser humano en su corazón busca intuitivamente la verdad desde la cuna a la tumba, y la busca en forma de certezas o convicciones, no de negaciones, de dudas o de contradicciones.

21/06/2013 - Autor: Moámmer al-Muháyir - Fuente: Envio Webislam
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No podremos nunca construir colectivamente una nueva comprensión de la realidad con amor y justicia si lo único que tenemos para ofrecer son refutaciones de fulano de tal
Epistemología

Que la paz sea con todos ustedes.

Introducción

El tópico de la verdad universal es en muchas sociedades y especialmente en las nuestras, conocido a través del discurso imperialista y dictatorial. En Europa y sus colonias fue principalmente defendido por la Iglesia Católica. Efectivamente, el discurso hegemónico colonialista se llena la boca hablando de la verdad única. Por eso, antes de comenzar con el desarrollo de este tópico sería importante hacer una aclaración fundamental a los lectores: el marco teórico en que está escrito este artículo.

Es probable que alguien lea este artículo sin haber leído otra cosa escrita por mí previamente y crea que mi objetivo es apoyar el discurso hegemónico colonial y europeocentrista defendido por la Iglesia y sus dictadores. Nada más lejos de la realidad. Como he tratado siempre de demostrar en publicaciones anteriores, me siento profundamente comprometido con la causa contra el discurso hegemónico europeocentrista. Yo la apoyo con lo mejor de mi esfuerzo, refutando el discurso dominante tanto como puedo en mis escritos. Pero el objetivo último de mi construcción argumental siempre es arribar a conclusiones objetivas sobre un asunto determinado, no meramente contradecir al opresor o la visión dominante obviando la realidad de lo que se está discutiendo. Por ejemplo, si el discurso opresor es machista e intenta fundarse en el patriarcalismo, yo no refutaré el patriarcalismo pretendiendo con eso desestructurar las bases del discurso opresor, porque estoy convencido de que a grandes rasgos el patriarcalismo y su repartición de roles se funda en el instinto de conservación de nuestra especie y nuestro dimorfismo sexual, y esto lo corrobora la ciencia día a día cada vez que extiende un poco más sus fronteras, por ejemplo, con los últimos descubrimientos de la neuropsicología sobre las diferencias funcionales entre el cerebro masculino y el femenino (ver 'La Gran Diferencia: cómo son realmente los cerebros de hombres y mujeres', por el director del Autism Research Centre de Cambridge, Inglaterra, Simon Baron Cohen, Amat Editores, 2005).

Diré entonces que el machismo es una degeneración dictatorial del patriarcalismo natural de nuestra especie, y construiré mi discurso para refutar y combatir al primero diferenciándolo del segundo, porque refutar ambos conceptos pretendiendo que así le doy más fuerza a mis argumentos sería desinteresarme por la verdad del asunto, e ignorar las evidencias de diversas ramas de las ciencias humanas y naturales. En otras palabras, perder la objetividad científica por un objetivo político, algo que veo demasiado a menudo hoy en día entre colegas y compañeros.

Por consiguiente, existe el riesgo de que otros pensadores que se oponen al discurso dominante europeocéntrico me lean e intenten interpretar o abordar este tópico desde una perspectiva política, lo cual sería un error. Y por eso aclaré en el título que usaré la perspectiva epistemológica, es decir, definir a la verdad desde la filosofía de las ciencias, y no desde la disputa dialéctica actual con el poder de esos impotentes enemigos del pensamiento y las libertades individuales.

El enfoque epistemológico: la verdad y la realidad

Lo que la Iglesia y sus gobiernos hegemónicos blancos europeístas digan sobre la verdad no tiene ningún valor en la construcción de una filosofía de las ciencias ni de una comprensión falsable de la realidad, en esto deberíamos estar de acuerdo todos sus opositores políticos. Si lo estamos, no puede decirse menos que hay muchos que no parecen actuar en consecuencia, ya que construyen su visión de la realidad durante el riesgoso ejercicio de contestar el discurso opresor, lo cual es signo de la relevancia que le asignan.

Pero argumentar en contra del discurso del opresor tampoco tiene ningún valor intrínseco en estos campos de la civilización universal, porque que los farsantes se llenen la boca hablando del amor y la verdad no convierte al amor y a la verdad en una falacia. No es lo mismo hablar de una realidad universal o de una verdad única, que el discurso de la verdad única de un actor en particular en un momento particular de la historia humana. Ambos son tan diferentes entre sí como la pipa y la pintura de una pipa, como en el famoso cuadro del pintor surrealista René Magrite titulado "Ceci n'est pas une pipe" (Esto no es una pipa), acerca del cual escribí una reflexión pertinente a este tema sobre la relación entre el significante y el significado: http://www.webislam.com/articulos/62360

La realidad universal y la verdad única son un tópico de la filosofía de las ciencias o epistemología, por eso me remitiré a la disciplina de la observación y la doctrina de la objetividad, afirmando que la única verdad es la realidad, o más exactamente, lo que honesta, desapasionada y objetivamente la humanidad sabe de ella.

Epistemológicamente, sabemos:

1 - Que las ciencias son un discurso o construcción teórica que intenta explicar la realidad observable;

2 - Que esa definición o explicación de la realidad jamás es definitiva;

3 - Que está sometida a constante evolución y mejoramiento, tanto cuantitativo (como acumulación de información) como cualitativo (cuando mejora nuestra comprensión de esa información);

4 - Que es siempre limitada y predispuesta a fallos porque necesita formularse por medio del lenguaje para su ordenamiento y comprensión, el cual al resaltar sólo lo importante para economizar la energía necesaria en la expresión, acaba omitiendo detalles que con el transcurso del tiempo revelan ser de fundamental importancia para nuestra comprensión original de la realidad, y por lo tanto para la re-construcción de toda teoría científica;

5 - Y por sobre todo: que ese discurso sobre la realidad, aun cuando alcanza el carácter de verdad objetiva demostrable lógica y empíricamente mediante falsabilidad, no reemplaza nunca a la realidad que describe: no es más que una explicación expresada en un lenguaje determinado, y sólo tiene significado para la conciencia que puede decodificarlo.

6 - Todo lo antedicho requiere que creamos en la existencia de la realidad, y que puede ser observada y comprendida, una creencia básica de toda ciencia que a menudo muchos no comparten.

Y sobre este último punto sería pertinente mencionar algunos de los accidentes que le ocurren habitualmente a la gente en su comprensión de la realidad.

Las supersticiones de la educación ilustrada en las grandes metrópolis

Mi experiencia dialogando, observando a la gente, y debatiendo con ella toda clase de tópicos y convicciones, me ha demostrado que así como la gente del campo tiene sus mitos y supersticiones, las grandes metrópolis también tienen los suyos. Dos de esos mitos son: que todos creemos en la existencia de una realidad constatable, y que todos pensamos racionalmente sólo por ser humanos. Ambos mitos son falsos, y por eso considero fundamental comprender la diferencia entre la realidad y la verdad, entre el significante y el significado.

En primer lugar, en la historia conocida del universo la verdad es la realidad vista a través del espejo de la conciencia. Verdad es todo lo que como seres concientes sabemos acerca de la realidad. Y la realidad es el universo mismo que la conciencia observa, en el cual la conciencia es una realidad entre muchas otras, y la más incomprensible para nuestra época, a tal punto que muchos científicos modernos se dan el lujo de dudar si existe. La realidad es muda, eterna e inmutable, y no necesita de la conciencia para existir. La realidad existía mucho antes de que apareciera la vida orgánica en el universo. Y esto es lo que más cuesta comprender a nuestra especie: que algo exista sin que nadie lo esté observando. Esta dificultad es un remanente de nuestra historia evolutiva como seres concientes; hasta el año y medio de edad, etapa del desarrollo ontogénico donde se recapitula la evolución filogénica, los niños tienen la creencia natural de que si no ven algo, entonces eso no existe. Esta es la explicación de ese conocido juego infantil común a todos los pueblos en el cual los niños pequeños se tapan la cara y simulan así esconderse completamente de los adultos.

Pero actualmente, esa dificultad se perpetúa en la vida adulta como una forma de inmadurez psicológica, porque el desarrollo de la medicina, la tecnología y las comodidades de las grandes metrópolis estimula un desarrollo neoténico en la gente, donde estamos estirando la etapa de la juventud y postergando la etapa de la madurez y la responsabilidad cada vez más en nuestras vidas. En el pasado ya sabíamos que el ser humano es quizás la especie mamífera con la infancia más larga y más disfuncional. Pero esta tendencia evolutiva se está acentuando, y hoy en día es muy común ver a adultos jugando Play Station y viviendo con sus padres hasta los 40 años, cosa que hace sólo medio siglo era impensable.

Creo que muchos sabios del pasado entendieron esa dificultad natural de nuestra especie para comprender que hay una realidad única e inmutable más allá de los significados compilados por el lenguaje, y supongo que en eso estaban pensando los monjes budistas que compusieron el siguiente y famoso koan zen para enseñar a sus discípulos: "Si un árbol cae en un bosque donde no hay nadie observando, ¿hace ruido?".

En segundo lugar, la educación urbana moderna nos ha inculcado la falsa creencia de que todos los seres humanos pensamos racionalmente. Este es uno de los mitos inculcados durante la 'dictadura del lado izquierdo', como llamaron tempranamente los neurólogos al predominio en la cultura de las habilidades del hemisferio izquierdo de nuestro cerebro, que puede apreciarse desde la revolución científica que comenzó a finales de la Edad Media. Esta 'dictadura' racionalista del Occidente ilustrado ha restado relevancia a las habilidades sociales y emocionales del ser humano y ha causado un enorme sufrimiento a la gente en nuestras sociedades, difundiendo una definición machista de la inteligencia según la cual la inteligencia de una persona se mide por sus capacidades lógico-deductivas, capacidades del hemisferio izquierdo de nuestro cerebro en que se ha probado científicamente que los hombres somos estadísticamente más hábiles que las mujeres (Baron Cohen, 2003, Teoría Empatía-Sistematización). Es decir, la definición de inteligencia que todavía primaba en el siglo XX era de la inteligencia masculina solamente. Afortunadamente esta concepción obsoleta de la inteligencia humana ya ha sido destronada en la ciencia moderna, pero sobrevive a nivel social, donde poco a poco está cediendo terreno en la mente de la gente ante conceptos nuevos como el de la inteligencia emocional o las inteligencias múltiples.

Recordar y reevaluar la preponderancia que la conducta social y emocional tiene en la vida humana nos conducirá seguramente a adoptar una visión más sensible e integral de nosotros mismos, y nos ayudará a encontrar el equilibrio y la felicidad. Pero también nos conduce inevitablemente a dos conclusiones difíciles de tragar para la mayoría de la gente:

1 - Somos animales, y la lógica de nuestra conducta gregaria es básicamente la misma que la de los macacos, los lobos o los pájaros. Basta ver un documental de etología sobre la conducta social de los macacos en Camboya y veremos que no hay ninguna diferencia con cualquier reunión social en una gran metrópoli. Más aún: si ignoramos el ruido que hacemos con nuestras bocas al hablar, veremos que el repertorio de nuestros gestos es básicamente el mismo. Esto no es ninguna novedad para las modernas ciencias del comportamiento humano y animal.

2 - Y en segundo lugar, el ser humano tiene la capacidad potencial de aprender a pensar racionalmente, pero inclusive en las grandes metrópolis del planeta son muy pocas las personas que alguna vez desarrollan esta capacidad. Quizás nos olvidamos que la mayoría no acude a las grandes ciudades buscando educación, sino buscando sexo, dinero, vicios, entretenimiento, etc. Pero como fuimos a la escuela y oímos hablar de los grandes pensadores de nuestra historia, como sabemos leer y escribir igual que ellos y pertenecemos a la misma especie, entonces estamos acostumbrados a creer que todos pensamos. La realidad es que no es así, y cualquiera que haya gastado algunas horas de su vida leyendo y luego salga al mundo a ver cómo la gente enfrenta e intenta resolver problemas, lo habrá notado. Todavía hoy en día en la gran mayoría de la población humana planetaria, la conducta animal y emocional ocupa un espacio tan grande y preponderante en nuestras vidas que no deja espacio para el desarrollo del pensamiento racional, y el inminente colapso energético, político y ecológico de nuestra civilización ilustrada es una clara evidencia de ello.

Los riesgos del discurso político

Pero, ¿qué pasa con el discurso político?

Aun cuando sea motivado por razones éticas, el discurso político suele tener de antemano la finalidad de contestar o limitar el poder de un actor previo, generalmente contradiciéndolo. A menudo hoy en día el discurso político puede tener un nivel de sintonía con el discurso filosófico y científico, pero no deja de ser un discurso subjetivo cuya finalidad es resolver una coyuntura política. Aun cuando se defienda con este discurso la justicia y la equidad, su objetivo de antemano no es construir una comprensión objetiva de la realidad. Por lo tanto, hay que tener cuidado con las afirmaciones que salgan de un discurso politizado por una rivalidad dialéctica con el poder, porque así como el tiempo convierte a los amantes en gemelos, el tiempo también convierte a los odiantes en gemelos, y esto queda demostrado en cantidad de coyunturas políticas de la historia moderna, como el actual Estado de Israel.

Esta relación dialéctica acaba convirtiéndose en una partida de ajedrez en la cual la rivalidad inherente y la naturaleza humana nos lleva progresivamente a hacer cualquier cosa por vencer, incluso instituir como verdad ante la sociedad premisas demostrablemente falaces por la ciencia y la lógica. Ni que hablar de la ética. Y en ese proceso, el significado etimológico y filológico de los términos se desdibuja, los escrúpulos se ablandan y el conocimiento de la realidad cuya carencia nos dejó a merced del opresor en primer lugar, queda relegado a un papel de menor importancia, tranformándose en una mera herramienta cuando debe ser la finalidad última de cualquier espíritu noble.

La mejor manera entonces de contestar el discurso opresor no siempre es contradecirlo, sino construir y fortalecer nuestra visión alternativa de la realidad, de una forma genuinamente independiente que reconozca al opresor su lugar real pero lo revele despreciable, y no que le conceda relevancia afirmando o negando sus postulados. Es decir, mantener siempre nuestras ojos puestos en la realidad y eliminar toda influencia o interferencia del discurso del opresor en nuestra visión de ella, de la misma forma que no permitiríamos que alguien confundido y perverso eduque a nuestros hijos. Porque cada ser humano en su corazón busca intuitivamente la verdad desde la cuna a la tumba, y la busca en forma de certezas o convicciones, o de afirmaciones lógicas demostrables, no de negaciones, de dudas o de contradicciones. No podremos nunca construir colectivamente una nueva comprensión de la realidad con amor y justicia si lo único que tenemos para ofrecer son refutaciones de fulano de tal.

Cuando en una discusión alguien afirma y el otro niega, el primero corre siempre con ventaja, porque su afirmación no necesita negaciones para existir. En cambio las negaciones carecen de valor específico si no se sabe qué se está negando; son subsidiarias de una afirmación previa. Contradecir al opresor siempre significa reaccionar y construir nuestro discurso, argumentación y noción de la realidad en función de él, tomándolo a él como punto de partida. Esto nos lleva a pelear de visitantes, en su terreno, en el cual probablemente nos gane pues lo conozca mejor que nosotros.

Vale recordar que el opresor que ha caído en la ruina moral no merece que construyamos nuestro discurso y conocimiento de la realidad en torno a él; ni siquiera nuestros amigos queridos merecen ese lugar. Ese lugar está reservado a aquello que nuestros amigos queridos y nosotros mismos amamos más, a la causa por la cual luchamos y por la que nos sacrificaríamos.

Contradecir al opresor entonces, es no ser libre de él.

Hay muchos ejemplos claros de esta mecánica en el actual discurso progresista contestando al discurso hegemónico. Por ejemplo, las facciones del feminismo que desprecian y combaten el dimorfismo sexual en las personas, con un desprecio por la femineidad y la masculinidad de nuestros abuelos que refleja un claro síndrome de Estocolmo con el machismo al que dicen combatir. Incluso en sus métodos, es posible apreciar que no logran escapar a la lógica de la imposición y dominación de un género sobre el otro que el machismo les impuso.

Otro claro ejemplo es el ateísmo liberal criollo que derivó en el moderno laicismo. El ateísmo criollo no es una evaluación reflexionada de los significados de ninguna religión (habría que aclarar cuál religión, porque proponer que "las religiones son todas iguales" es irracional y falaz).

El ateísmo criollo es simplemente una reacción intuitiva de oposición al autoritarismo de la Iglesia Católica, que no es lo mismo. Y por eso no existe un solo ateísmo en el mundo, sino que cada religión produce el suyo en la medida que la práctica y comprensión social de dicha religión se oscurece a lo largo de los siglos, y quienes la heredan la convierten en superstición. El ateísmo surge entonces como una oposición racionalista al surgimiento del mito, y surge entre las clases medias y alta ilustradas de una sociedad. Ya ha sucedido a lo largo de la historia en el seno de todas las grandes sociedades ilustradas del planeta y nuestras modernas sociedades occidentales no son la excepción. Por ejemplo, en el siglo VIII, la sociedad más ilustrada del planeta era la del Califato 'Abbásida de Bagdad. En su seno surgió el movimiento mu'tazili, encabezado por el califa Al-Ma'mún, que impuso durante breves 22 años una de las únicas dictaduras racionalistas de la historia de la humanidad en el centro político del imperio musulmán clásico, en el marco de una disputa dialéctica entre la religión devenida en superstición popular, y el conocimiento científico filosófico.

El ateísmo que conocemos aquí en Occidente es entonces el ateísmo cristiano. Y si los observamos de cerca, los ateos del cristianismo tienen más acuerdos y sobreentendidos con la Cristindad católica apostólica romana de sus padres y abuelos, que los acuerdos que tienen con un ateo de la India, de Europa oriental o de Oriente Medio; e incluso a veces que los que tienen con los grandes racionalistas ateos de la antigüedad en los que dicen basar sus ideales. Esto se comprueba observando que las concepciones culturales europeocéntricas que sustentan la idea de la superioridad moral y cultural de Europa ante el resto de los pueblos del mundo, se pueden encontrar indistintamente en nuestros ateos blancos de clase media y alta, como entre nuestros devotos cristianos blancos de clase media y alta. Los denominadores comunes de la raza y el estatus social son aún predominantes en ellos, y aquí en América los pueblos nativos no han dejado de ver al biólogo o al médico criollo, ateo y librepensador, como un descendiente del colonizador español que cree que su cultura es superior. Aun cuando se opongan a algunas concepciones europeocéntricas del colonialismo cristiano y lo hagan con cierto desarrollo intelectual, el contenido semántico de la respuesta conductual del ateo suele ser: "Si tú eres autoritario y dices que crees en Dios, entonces yo simplemente digo lo contrario porque rechazo tu autoritarismo, aunque no sepa bien qué significa eso que dices y que yo estoy negando".

Entonces, viene la Iglesia con sus gobiernos dictatoriales, destruye tu cultura y tu economía, suprime tu identidad y te rebautiza, diciendo: "Tú no crees en Dios, eres satánico". Luego estos ateos laicos salen al mundo y dicen: "Yo no creo en Dios, soy satánico", y construyen su identidad en base a lo que el opresor dice de ellos, y llaman a eso... rebeldía.

¿Eso es rebeldía? Definirse a sí mismo como te definió el opresor es una clara forma de convalidar su autoridad, de claudicación ante su poder.

Otra pequeña muestra en nuestra cultura del fracaso dialéctico ante el opresor es la postura política de la famosa banda musical española El Mago de Oz.

Los chicos de El Mago de Oz son muy valientes y buenos artistas, me gusta mucho la música que hacen. Pero ideológicamente no han logrado despegarse del discurso hegemónico dominante. Tienen un claro enfrentamiento con la Iglesia Católica, vocación que destaco y comparto ampliamente. Pero se han limitado a creer el discurso de la Iglesia y simplemente contradecirlo.

Como es sabido en la historia de Europa y América, la Iglesia Romana conquistó mediante gobiernos dictatoriales lacayos a una gran diversidad de pueblos nativos, a los que tachó de paganos e idólatras, y cuyas religiones, creencias, identidad y cultura, intentó abolir para imponer su régimen de pan y circo o pax romana, como hemos visto en diversas partes del mundo. Desde entonces han surgido muchas formas de resistencia popular y reivindicaciones de la propia identidad cultural, que cuando no han logrado desembocar en la solidaridad internacionalista han caído torpemente en el nacionalismo chauvinista. Por ejemplo, la Iglesia combatió las creencias paganas e idólatras locales tanto en Europa como en América en nombre del monoteísmo. Y los chicos del Mago de Oz quieren llevarle la contraria, así que proponen una vuelta al paganismo animista de los pueblos celtas.

Pero al hacerlo, no se han dado cuenta que la Iglesia misma es pagana e idólatra. Lo ha sido siempre, jamás dejó de serlo, porque la Iglesia Católica básicamente es el Imperio Romano refundándose a sí mismo con el cristianismo, y disfrazando su culto mitraico pagano para evitar su desaparición. Que maten en nombre de la paz no los hace pacifistas, y combatir el paganismo e idolatría de otros pueblos en nombre del monoteísmo no los hace monoteístas. Su doctrina de la Trinidad abolió el monoteísmo cristiano desde la refundación del Imperio por parte de Constantino el Grande en el famoso Concilio de Nicea del 325 después de Cristo, quien presidió el concilio siendo pagano mitraísta, y murió siéndolo. La Iglesia describe a Dios en términos antropomórficos y ha divinizado a un hombre, Jesús. Sin contar la cantidad de amuletos, trofeos, reliquias, medallitas, supersticiones, y muñecos pintados que tienen como parte de su siniestro culto.

Conociendo las definiciones etimológicas y filológicas de los términos 'paganismo' e 'idolatría', y los lineamientos básicos y filosóficos del monoteísmo en la historia de la humanidad, cuyos más claros exponentes han sido el Judaísmo y el Islam, puede afirmarse objetivamente que la Iglesia Católica Romana jamás fue monoteísta, sino idólatra y pagana. Lo que la Iglesia Romana ha hecho simplemente fue reemplazar otras formas de paganismo idolátrico por su propio paganismo idolátrico, como parte de su dominio global.

Los chicos del Mago de Oz no parecen comprender bien esto, y al escucharlos se nota que ellos creen que son muy malos y muy rebeldes porque 'son paganos'. "¡Ah, somos paganos! ¡Fiesta pagana! ¡Qué rebeldes y malos que somos!". Esto resulta un poco gracioso, porque si la propuesta para Europa y sus ex-colonias es ser paganos, pues para eso nos quedamos como cristianos adorando crucifijos y nos llevamos el premio gordo.

He aquí algunos claros ejemplo de cómo se fracasa cuando estamos seguros de que el opresor miente pero no sabemos bien cuál es la verdad del asunto. Estos son algunos de los accidentes a los que uno queda expuesto cuando intenta abordar tópicos objetivos desde una óptica política y coyuntural, y la razón por la cual considero que si no creemos en la existencia de una verdad objetiva y única, sin contradicciones, no hay forma alguna de escapar a la violencia y los desvaríos semánticos del opresor.

Vox populi: refranes y lugares comunes de los cómodamente conquistados

Nuestra sociedad moderna, conceptualmente confundida por estos debates impuestos por el poder dictatorial de la Iglesia, tiene hoy en día una definición de la verdad muy distinta de la que encontramos tradicionalmente en la literatura y el pensamiento universal, que es epistemológica. Hoy en día es común escuchar que la gente dice cosas como "No hay una única verdad", "No hay una verdad absoluta", o "Cada uno tiene su verdad", indicando claramente que no creen que exista una verdad objetiva y válida para todos, en todas las circunstancias. Al parecer, a lo que la gente llama hoy en día "la verdad" no es más que una mera opinión subjetiva.

Nunca entendí estas afirmaciones, me parecen una perversión del término, del concepto mismo de verdad. Según esta lógica por ejemplo, afirmar que el magnesio en polvo es inflamable es inútil y no puede considerarse una verdad, porque 'no hay verdades objetivas'. Según esta lógica por ejemplo, es posible responder a un profesor de física en la universidad algo como esto:

"Usted tiene su opinión y yo tengo la mía. Mi opinión es que el agua no está compuesta de oxígeno e hidrógeno, porque el hidrógeno es inflamable y el oxígeno sirve para respirar. En cambio el agua no sólo no se puede respirar, sino que además es imposible usarla como combustible. De hecho, la gente que respira agua se ahoga, y el agua se usa efectivamente para apagar incendios. Por lo tanto no diga que lo que yo afirmo es una estupidez; sea tolerante y respéteme, usted tiene su verdad y yo tengo la mía. No hay verdades absolutas...".

¿Qué pensarían los grandes filósofos, científicos, y pensadores de la historia de la humanidad, de esa definición popular y moderna de "verdad", degradada al rango de mera opinión?

¿Qué pensarían Aristóteles o Arquímedes del pequeño burgués hedonista y liberal, a veces religioso o a veces ateo, que responde sonriente con la frase "cada uno tiene su verdad" al hindú que afirma que el mundo no es redondo y está sostenido por la trompa elefantiásica de Ghanesha?

Algunas verdades sobre La Verdad

La verdad, si no es universal, no es verdad en absoluto, de lo contrario estaríamos hablando de una creencia, o de una interpretación a lo mucho. La verdad es algo objetivo; existen verdades objetivas acerca de los sujetos, pero no existen verdades subjetivas. Claro, para entender esa sutil diferencia hay que conocer un poco los conceptos de la filosofía y los términos de un idioma, y no enredarse fácilmente con los eufemismos del vulgo.

La verdad no está hecha de fórmulas complicadas y predecibles mediante cálculo matemático; se requiere muchísima imaginación para comprender la verdad, porque la verdad siempre supera la ficción.

La verdad no es democrática ni está sometida a votación o aprobación popular: el cielo no comenzará a verse anaranjado porque todos afirmemos que lo es, los crímenes dictatoriales no desaparecerán porque los neguemos, la generación espontánea no se hará realidad porque neguemos la evolución, y la opinión del vulgo jamás se elevará al rango de verdad establecida por más que bañemos en sangre a quien diga lo contrario y lo repitamos hasta el hartazgo.

A la verdad sólo puede arribarse examinando la realidad y consultándonos unos a otros sobre nuestra experiencia individual hasta convertirla en experiencia colectiva. Dos pueden más que uno, pero lo que permitirá arribar a la verdad siempre será la objetividad del método y la honestidad intelectual, no la cantidad de gente que se junte. Una simple persona puede conocer y entender la verdad a solas y en medio de la confusión de la multitud, aun cuando su sociedad haya gastado lo mejor de sus esfuerzos en convencerle de lo contrario. Por ejemplo, Albert Einstein descubrió y explicó las leyes que gobiernan a los astros pensando a solas en el estudio de su casa, logrando lo que no habían podido en conjunto los científicos más calificados de la época.

La verdad no es aquello en lo que cree la gente de tu país, de tu ciudad, de tu religión, de tu barrio o tu familia; no es aquello en lo que tu grupo de pertenencia se pone de acuerdo y defiende con ahínco. La gente afirma y repite muchas propuestas irracionales que no resisten el menor análisis lógico, como que "River es mejor que Boca", "mi mamá es la mejor del mundo", "eres únic@ y especial", "no hay nada como mi país", "dios es tres y murió en la cruz por tus pecados", etc. Cada ser humano en este planeta tiene la tendencia animal e irracional a ver con desagrado las suciedades ajenas, y a encontrar las suciedades propias de una santidad gloriosa y singular. Ninguna de todas esas preferencias es alguna clase de verdad: ni "mi" verdad, ni "su" verdad, ni "tu" verdad ni la verdad de nadie, porque no hay verdades individuales y divorciadas de la realidad.

La verdad no es del dominio de los cobardes, ni de los mediocres ni de los distraídos, eso es una verdad consagrada por la historia y corroborada diariamente por la experiencia. Investigar y comprender la realidad requiere talento e imaginación, pero por sobre todo requiere mucha paciencia, constancia y disciplina. Y decir en sociedad esa verdad es una tarea aparte, que requiere coraje, claridad mental, conocimiento especializado de un idioma y algo de elocuencia, cuando no también la temerariedad de decirla sabiendo que te van a matar por ello.

La verdad tiene y seguirá teniendo muchos mártires: mucha gente inocente y sabia fue perseguida, torturada y asesinada por investigar o decir la verdad; y lo seguirá siendo, razón por la cual es indignante y preocupante que ahora venga una generación de cobardes y hedonistas a decir que cada uno tiene su verdad.

La verdad no está al alcance de ese vulgo que pasa sus días y sus noches consumiendo ficción y fantasías o mirando fútbol con una cerveza en la mano. Vivirán y morirán sin entender qué les pasó ni en qué mundo vivieron.

La verdad no está tampoco al alcance del indolente al que todo le da igual, porque carece de la curiosidad y la capacidad de asombro necesarias para encontrarla; ni tampoco está al alcance del engreído que cree que lo sabe todo, porque éste carece de la humildad necesaria para verla.

La verdad es para quien la busca y la conoce; es el bien espiritual intangible más valioso y preciado por definición para una persona de bien; la verdad es la luz del corazón, la puerta de la libertad, el asiento de la paz interior, la única llave de la felicidad. Es todo aquello por lo que vale la pena luchar y atesorar para el inocente, el sabio y el valiente.

Lo contrario de una gran verdad no es otra gran verdad como afirmó un famoso escritor; lo será acaso una proposición lógica de otra, cuando su enfoque no sea holístico sino parcial. Lo contrario de una verdad siempre es la falsedad y la mentira; cualquier otra premisa que ésta carece de ética y lógica.

La verdad, la única verdad, la eterna y objetiva verdad, no es más que el fenómeno de la conciencia surgido como síntesis evolutiva de este insondable y misterioso universo que nos rodea, sus causas, sus efectos y todo lo que se encuentra en él, tanto lo que vemos como lo que no podemos ver aún; gira alrededor de cada uno de nosotros pero ninguno de nosotros es su centro. Despliega día a día ante nosotros el único espectáculo que vale la pena ver mientras estamos ocupados peleándonos o comerciando con nuestras diminutas miguitas de pan. Visto desde el espacio, todo nuestro planeta y su historia incluyendo la de nuestra especie y nuestra diminuta historia personal, no es más que una insignificante y perdida mota de polvo enmohecida flotando en el vacío. La claridad de nuestros días soleados, nuestro cielo azul y el paso majestuoso de las nubes son una ilusión causada por nuestra atmósfera: lo que hay allí afuera es una noche eterna, interminable, coronada de tímidos faroles vacilantes que flotan sin viento y que duran apenas un instante en la magna historia del universo; las lejanas galaxias y lunas distantes no saben nada de nuestro diminuto cielo.

La única verdad es la realidad; y no hay nada fuera de la realidad que pueda ser llamado "verdad". Llamamos verdad a la realidad una vez que hemos logrado conocerla, comprenderla y transmitirla a otros, cuando la hemos convertido en fuente de conocimiento, asombro y sabiduría.

Conclusión:

Al parecer, en nuestras sociedades modernas las convicciones, las afirmaciones y las certezas están prohibidas, o son cuanto menos un signo de soberbia, autosuficiencia, arrogancia; incluso de fanatismo. El universo a nuestro alrededor parece haberse convertido en una entelequia en la cual las personas ya no somos vertebrados mamíferos gregarios de la especie Homo sapiens habitando un mundo real gobernado por leyes físicas, sino una colección de personajes variopintos en un mundo virtual al estilo Second Life, donde cada uno afirma ser lo que quiere ser y se ofende si le señalan la verdad. Los cantautores románticos latinos juntan palabritas que terminan igual y dicen ser poetas; los políticos pactan con nuestros explotadores y se dicen nuestros representantes, los premios Nobel de la Paz ahora bombardean países y saquean naciones para "liberarlas", y Carlos se puso un corpiño con almohadones y ahora dice que hay que llamarlo Marta. Ahora hay en las grandes capitales niños y niñas que se operan y toman hormonas para cambiar algo tan irreversible como su sexo, y está prohibido recordarles que nunca lograrán ser lo que pretenden. Y hay que creerles y decirles todo que sí, porque sino se ofenden y nos acusan de "intolerantes". La realidad ha pasado a no tener ningún valor, y por lo tanto el conocimiento de la realidad ya no es necesario en nuestras sociedades liberales post-modernas; decirla es incómodo y censurable.

Y yo me pregunto, ¿cuándo volverá a ser peligroso? Siendo la conducta humana tan proclive a olvidar la realidad y a sumergirse en el vicio y la fantasía, no me extrañaría que la próxima cacería de brujas se haga en nombre de la tolerancia, la democracia, o la igualdad de género.

Mientras pueda, a mí todavía me gusta llamar a las cosas por su nombre, y por lo tanto los invito a que cuando volvamos a escuchar esa afirmación mediocre de que "cada uno tiene su verdad", incentivemos a esa persona a que coja por una vez en su vida un diccionario o un libro de filosofía, y deje de atentar contra la educación del pueblo, contra la lógica y la etimología del idioma con frases vacías.

Pero por sobre todo, nos invito a todos a leer y reflexionar en los grandes pensadores de la historia de la humanidad, y someter nuestra sabiduría popular a su lógica y moralidad. Porque las verdaderas revoluciones nacieron de su comprensión de la realidad, no de las divagaciones del hedonismo burgués.

Mo'ámmer al-Muháyir. Se permite su reproducción total citando al autor, bajo licencia de Creative Commons, 2012.

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