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El árbol de ARGÁN

26/05/2013 - Autor: Dulce revolución córdoba - Fuente: dulcerevolucioncordoba
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Argania Spinosa, (sinónimo A. Sideroxylon Roem. & Schult.) es una especie de planta de flores perteneciente a la familia Sapotaceae, siendo endémica de los semidesiertos calcáreos del suroeste de Marruecos, y la provincia de Tindouf, en el oeste de Argelia. Es la única especie del género Argania y recibe en español el nombre indistinto de argán y erguén (no confundir con las especies del género Calicotome).

 

 

 

 

Nombre: Argania                                                               
Apellido: Espinosa                                                            
Edad: 80 millones de años
Lugar de residencia: Suroeste de Marruecos
Estatus: Superviviente en peligro de extinción            

El argán crece hasta los 8-10 metros de altura y vive unos 150-200 años. Crece en la zona comprendida entre Tiznit y Esauira. Es espinoso con el tronco rugoso. Tiene pequeñas hojas de 2-4 cm de longitud., ovales con el ápice redondeado. Las flores son pequeñas, con cinco pétalos amarillo-verdosos; florece en abril. El fruto es de 2-4 cm de longitud y 1.5-3 cm de ancho, con piel espesa y gruesa que rodea la cáscara amarga con dulce olor; ésta rodea a los frutos que contienen 2-3 semillas que son ricas en aceite. El fruto tarda un año en madurar hasta junio-julio del siguiente año.

La superficie de los bosques de Argania ha menguado en un 50 % en los últimos 100 años, debido a su utilización como combustible, el pastoreo y el cultivo intensivo. Su mejor protección para su conservación podría encontrarse en el reciente desarrollo de la producción de aceite de argán para su exportación como un producto de alto valor comercial.

En 1998, la Unesco declaró Reserva de la Biosfera Arganerie de 2.568.780 hectáreas al suroeste de Marruecos en las que crece el argán. En el corazón de esta reserva se encuentra el Parque Nacional de Souss-Massa.

El árbol de argán, a lo largo de los siglos, se ha hecho merecedor de nuestro respeto. Es un vestigio de la Era Terciaria que, a pesar de ser declarado Patrimonio Universal por la UNESCO en 1998, ha visto como desaparecía la mitad de su población. Según las estimaciones más optimistas, se pierden cada año unas 600 hectáreas de arganes. Es víctima del clima y de la actividad humana, de la sobreexplotación, la tala por escasez de recursos, el urbanismo, el turismo, el pastoreo y nuevas formas de cultivos intensivos que degradan su entorno y hacen peligrar no sólo su supervivencia sino también la de todo un ecosistema sutil y frágil. La capacidad del argán para atrapar la humedad atmosférica nocturna, almacenar el agua y devolver parte de ella al subsuelo le convierte en una pieza clave para la subsistencia de una flora endémica que depende de él en un medio en el que las precipitaciones son escasas. Con razón, las tribus locales llamaron a este árbol mítico “el Padre de Todos”. El bosque de arganes es el último baluarte frente al proceso de desertización y la progresión del Sahara.

Su enorme valor, tanto ecológico como económico y sociocultural, se ha convertido en un arma de doble filo y puede hacer de él  una simple reliquia del pasado.

El Argán o Arganero (Argania Spinosa) es un árbol de la familia de los Sapotáceos que crece solamente en la parte suroeste de Marruecos. Es un vestigio de cuando el clima era cálido y templado. La etimología de “argán” podría ser “serg” que significa “hacer leña” en la tribu de Ait Bouzemmour, que derivó en “erg” y luego “ergen”, con el sentido de “hueso de madera”; “Ergen” habría evolucionado en “argan”, con el significado de árbol de madera pesada o árbol de madera de hierro. Otros autores hacen derivar esta palabra del bereber “arjan”, a su vez del árabe “rajnah”, con el sentido de “quedar encerrado en un lugar determinado”. Como suele ocurrir con términos populares, las etimologías son inseguras.

Dadas sus muchas peculiaridades, el argán se identifica con facilidad: copa amplia y redondeada, tronco nudoso y algo corto formado por varias ramas entrelazadas. Sus ramillas están cubiertas de espinas y de hojas capaces de soportar la estación seca. Crece en dehesas, en cualquier tipo de suelo excepto en los suelos sueltos tales como la arena.

No teme el calor; se encuentra en suelos áridos, semiáridos y hasta en puertas del desierto. Poco exigente en agua, sus raíces pueden hundirse hasta los 30 metros en busca de las aguas profundas. En caso de gran sequía, el argán pierde sus hojas para resistir a la evaporación y luego “se hace el muerto” y vuelve a la vida cuando aumenta el porcentaje de humedad.

El argán da sus frutos entre mayo y junio. Éstos tienen un aspecto parecido a la aceituna pero son más grandes y más redondos. Encierran una almendra muy dura que, a su vez, contiene hasta tres semillas de las que se extraerá el aceite. En la actualidad se recolectan los frutos por vareo y se ponen a secar al sol.

Toda la calidad del aceite de argán cosmético, en particular su olor, descansa sobre la trazabilidad de los frutos. Por lo tanto, para conseguir un aceite que sólo huela a fruto, hay que seleccionar los frutos sin despulpar, porque las semillas vendidas a granel en los mercados pueden proceder de frutos que han sido previamente ingeridos por las cabras. Éstos proporcionan un aceite con un olor caprino característico, muy fuerte y casi fecal,  llamado  “aceite de cabra”. De ahí que personas, poco o mal informadas,  tengan la idea de que el inconveniente del aceite de argán sea su olor desagradable.

Tradicionalmente, al escasear el pasto, las cabras se subían a los árboles de argán para comer sus brotes y sus frutos. De vuelta al aprisco, rumiaban y regurgitaban los huesos de los frutos. Era, para los pastores, una forma cómoda de recolectar las almendras sin correr el riesgo de pincharse; son las llamadas “almendras de cabras”.

En este contexto, cabe señalar que el cliché de la cabra encaramada en las ramas del argán, alimentándose de sus frutos, ya no se corresponde con la realidad que impera en la actualidad y, si bien aún quedan algunos sitios aislados en los que aún pueden verse cabras en los árboles, ha pasado a ser un mero reclamo turístico, una postal curiosa. Por motivos obvios de calidad sanitaria, hoy en día, en las cooperativas tradicionales, cuya gran labor debemos reconocer, las cabras tienen prohibido el acceso a los arganes y se llevan a cabo labores de poda para que no puedan trepar. Por otra parte, hoy en día, el aceite cosmético suele someterse a un proceso de desodorización.

Cuando los frutos están secos, se retira la pulpa para  extraer la almendra, descascarillarla con medios manuales y conseguir sus semillas. Éstas se tuestan, se muelen y se prensan para conseguir el aceite de argán alimentario. Esta torrefacción le confiere al aceite una fragancia característica a avellana y un color dorado ambarino.
Para elaborar el aceite cosmético, no se tuestan las semillas y se prensan en frío. De ahí que el aceite de argán cosmético tenga un color más neutro y su olor sea tan tenue.

Una hectárea de bosque de arganes suministra 800 kilos de almendras maduras; tras el secado, proporcionarán unos 40 kilos de semillas que permitirán extraer 18 litros de aceite.

La producción total para el conjunto del país es de unas 130.000 toneladas de almendras maduras.

Usos

En la zona del Souss, situada en el sur-oeste de Marruecos, se utiliza principalmente como alimento, en forma de aceite, para untar el pan o preparar tajines. También es muy apreciado su uso cosmético, presentándose en forma de jabones, cremas, lociones, aceites, dadas sus propiedades hidratantes, antiacneicas, para el tratamiento de la psoriasis y bronceadoras, entre otras.

En algunos lugares de Marruecos, el argán toma el lugar del olivo como fuente de recursos, ya que se utiliza como forraje, petróleo y madera. Es el combustible de la sociedad bereber, especialmente cerca de Essaouira. Cuando escasea el alimento, las cabras se suben al árbol para comer sus hojas.

Aceite de Argán

El aceite de Argán, es la base fundamental de la cultura de los bereberes. Lo han venido cultivando y aplicándolo tanto en su alimentación como en su piel y cabellos, desde hace siglos. Las mujeres bereberes, producen el aceite de argán para las necesidades alimentarias de la población local, pero también en el uso tradicional de atención a su piel y el cabello. Las mujeres bereberes siempre han usado el aceite de argán por sus virtudes alimentarias. Al igual que el té que se sirve a los huéspedes, el aceite de argán junto a un plato de miel es un signo de hospitalidad entre esos pueblos.

Propiedades medicinales.

El aceite de Argán, es rico en ingredientes naturales que desempeñan un papel en la renovación y regeneración celular. En la farmacopea tradicional marroquí , el aceite de argán se adopta para los tratamientos corporales, en bebés y niños  para el masaje corporal, para combatir los estragos de la edad y el clima: funciona perfectamente en las arrugas y sequedad de la piel, reduce las huellas visibles dejadas por granos de acné , secuelas de la varicela, y otras lesiones de la piel o irritaciones de dichas marcas de estriamiento. Es extraordinario en los casos de: quemaduras y grietas, eccemas, psoriasis o cualquier alteración que guarde relación con la piel. También se utiliza para el cuidado del cuero cabelludo: El aceite de argán devuelve el brillo al cabello iluminándolo de nuevo a través de su alta capacidad nutricional y fortalece las uñas quebradizas. Por último, el aceite de argán alivia el dolor en personas que padecen reúma o dolor articular (los bereberes dicen que este aceite “calienta” las articulaciones) y es muy popular para masajes corporales.

Beneficios en la cosmética

Debido a la enorme presión de la demanda en los mercados occidentales en los últimos años, los productores de aceite adquieren las semillas para productores locales. Esto se lleva a cabo a veces sin garantía alguna de procedencia. Por ello, deseamos dejar meridianamente claro que un aceite de argán cosmético digno de ese nombre carece de olor. Recuerde que para producir aceite cosmético de argán, no se tuestan las almendras como en el caso de la producción de aceite alimentario. La presión ha de hacerse en frío con el fin de conservar todas sus características.

A diferencias de otros aceites, el aceite de argán, debido a su contenido en vitamina E, antioxidante natural, se conserva bastante mejor que otros.

El aceite de argán puro es una verdadera joya para el cuidado de la cara, del pelo, de las uñas y del cuerpo. Es un aceite único, cuya eficacia, avalada por siglos de tradición, está siendo en la actualidad corroborada por la investigación científica.

Propiedades y composición.

Principios activos: Ácido oleico (45%), ácido linoleico (35%). El insaponificable del aceite contiene alcoholes triterpénicos y esteroles derivados del cicloartano. Las tortas contienen saponósidos, bidesmósidos de ácidos polihidroxilados de las series del oleanano.

Composición

El ácido linoleico (poliinsaturado): 35% El ácido oleico (monoinsaturado): 45% Tocoferoles: 62 mg/100 g, Polifenoles: 5,6 mg/100 g, Caroteno: 300 mg/100 g, Esteroles: 160 mg/100 g, Terpeno alcoholes: 150 mg/100 g.

El aceite de argán está compuesto hasta en un 80% de ácidos grasos esenciales, AGE:  ácido oleico (45%), ácido linoleico o vitamina F (35 %), ácido alfa-linolénico (15 %), ácido gamma-linolénico (3 %), ácido araquidónico (1%); contiene grandes cantidades de tocoferoles o vitamina E (unos 700 mg/kg), casi tres veces más que el aceite de oliva por ejemplo, carotenoides de los que un 50% son betacarotenos, precursores de la vitamina A, fitoesteroles (D-7steroles) -que raramente se encuentran en los aceites vegetales- y esqualeno.

En la actualidad la presencia de estos esteroles en el aceite de argán ha suscitado el interés de médicos e investigadores, en particular, el escotenol (48%) y el espinasterol (44%). No se conoce, de momento, ningún otro aceite vegetal que presente tal concentración de esteroles distintos.

Por otra parte, el aceite de argán es rico en esqualeno (320 mg/litro), cuya concentración suele ser débil en el reino vegetal. Si lo comparamos con el aceite de oliva, de almendra o de colza, el aceite de argán tiene la más alta concentración de ácidos grasos esenciales y ácidos linoleicos en asociación natural. Los ácidos grasos insaturados esenciales, es decir aquellos  que el organismo no puede sintetizar por sí solo y deben obtenerse de un aporte externo (dieta o cosméticos), son nutrientes vitales que están involucrados en procesos fisiológicos y bioquímicos relacionados con la regeneración de tejidos. Desarrollan, pues, un papel importante para atenuar las cicatrices, las arrugas y aportar a la piel tersura y suavidad.

Tiene un tenor de tocoferoles, como se ha dicho, mucho más elevado que el aceite de oliva (aceite de argán 620 mg/litro, aceite de oliva 320 mg/litro). Se creía hasta hace poco que los alfa-tocoferoles (75 mg/litro) eran la forma más activa de vitamina E. Sin embargo, estudios más recientes han puesto de manifiesto la importancia biológica del gamma-tocoferol, predominante en el aceite de argán (75%). El gamma-tocoferol es un antioxidante mucho más eficaz que el alfa-tocoferol. Esto explica sus buenos resultados en la lucha contra la oxidación y los radicales libres, causa directa de la falta de elasticidad de la piel y la consiguiente aparición de arrugas, estrías…. Por otra parte, al oxigenar la piel, el aceite de argán favorece la restauración de la capa hidrolipídica y de las células cutáneas cuyo tenor en nutrientes incrementa considerablemente. Los beneficios son elasticidad, suavidad y luminosidad de la piel.

En cuidado antiedad, el aceite de argán suaviza la piel, la hidrata y la protege de la sequedad.

El aceite de argán contrariamente al aceite de rosa mosqueta, por ejemplo, no es comedogénico, es decir que no obstruye los poros. Resulta recomendable por lo tanto incluso para las personas que tienen piel grasa y/o acné con resultados muy favorables en la recuperación de marcas o cicatrices residuales de dicha patología, aunque en un primer tiempo y por pura lógica, uno se muestre reacio o dude de la conveniencia de aplicar un aceite en una piel de por sí grasa.

En el masaje corporal, nos permite unir el placer sensual del masaje con el beneficio de la vitamina E, aportando hidratación, nutrientes y suavidad a la piel después del baño o de la ducha. Se recomienda su uso en quemaduras solares e irritaciones cutáneas; el aceite aliviará la sensación de ardor, picor, quemazón y tirantez.

Por si todas esta aplicaciones fueran pocas, también se usa para uñas quebradizas o abiertas en capas. Las fortalece y protege de las agresiones externas. En tratamiento capilar, le dará brillo y resistencia al cabello seco, apagado y quebradizo. Eso se debe a su contenido en lupeol, que favorece la generación de queratinocitos, células que producen la queratina, principal componente de  epidermis, uñas y cabello.

¿Cómo elegir un buen aceite de argán cosmético?

La elección de un aceite de argán es sencilla. Basta con seguir 3 criterios básicos, que nos evitarán algún disgusto que otro: el olor, el color y la capacidad de penetración.

El olor: Un buen aceite de argán cosmético carece de olor extraño o desagradable; no huele, ni a tostado ni a cabra. Como comentábamos anteriormente, es señal de que ha sido prensado en frío de semillas no tostadas. Los olfatos más sensibles pueden percibir un olor sutil que es el del fruto del argán.

El color: El aceite de argán se caracteriza por un color natural dorado parecido al del aceite de albaricoque.

Si como hemos visto, un aceite demasiado claro es indicio de excesivo refinado, por lo contrario un aceite demasiado oscuro es un aceite que ha sido calentado.

Capacidad de penetración: El aceite de argán se caracteriza por su capacidad de hidratación profunda. Contrariamente a otros aceites, no engrasa la piel. Una simple aplicación y un suave masaje circular consiguen su total penetración al cabo de un par de minutos.

Estos tres criterios básicos evitarán que compremos algo distinto de aquello por lo que pagamos, sobre todo si lo adquirimos in situ.

Modo de empleo

Desmaquillar o limpiar el rostro. Aplicar la crema en el rostro y cuello, usando los dedos medio y anular, con suaves masajes ondulantes hasta 2 veces al día. Es preferible dejarla actuar durante toda la noche.
 


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